domingo, 16 de diciembre de 2012

LA GRANDE BOUFFE I


El combate entre el carnaval y la cuaresma. (Según Bruegel el viejo).

Un weekend gastronómico.(Títulos para elegir).



Viene siendo tradicional en los happenings fin de fiesta de cada civilización moribunda. Los príncipes de la cosa, al ver que el negocio de estar arriba -de los demás- se vuelve insostenible, deciden quemar sus últimos cartuchos en frenéticas orgias a sabiendas de que el mundo se acaba justo después de ellos.



La de Saló, la república de Pasolini, y la de los días finales del fascismo italiano, que no he llegado a ver por aquello de que el gore me da pesadillas. Sin ir más lejos las fotos de la momia de Prim me tienen desvelado desde hace un mes, gracias a  los desgraciados de la prensa facinerosa que nos asuela.

Las del final del Imperio romano debieron ser buenas también, después de siglos de perfeccionismo en el arte de los placeres, los conocidos y los otros. Porque, parcos nosotros en dichos menesteres, debemos sospechar que existen otros, aparte de los que nos tiene prohibido el bolsillo y la santa madre. Seguro que hay otros.

Posiblemente la desaparición de los mayas, no sería tan misteriosa ni tan críptica si consideramos que ellos sabían perfectamente cuando y donde iba a ser el fin del mundo, al menos del suyo, y decidieron llegar ellos antes por la vía satánica.

Otro pequeño salto temporo espacial, hacia delante, en los disparates de la humanidad, y nos encontramos, hace bien poco, en la Guyana francesa, a miles de fieles comulgando con un mortífero sacramento que hizo desaparecer a una religión completa.


Pero no es de religiones, de disparates, o de invasiones, sino de placeres de lo que vamos a tratar.



La de Ferreri, La gran comilona,  me resultó disparatada, exagerada y, sobre todo poco placentera, por lo que la tengo en el cajón de las barrabasadas de nuestro buen Azcona, como uno de esos extraordinarios esperpentos cuya osadía quedaba fuera del alcance de Berlanga, el otro beneficiario de los guiones de Don Rafael.

El tema de los cuatro amigos que se encierran entre viandas para morir comiendo, resultaría excesivo si no fuese considerado como una parábola surrealista de cierto modo de decadencia en la que, querámoslo o no, estamos inmersos.

Ahora bien, si consideramos que la situación en que nos despertamos cada día tiende sospechosamente a parecerse a las de los tiempos de irás y no volverás, no tiene nada de extraño que algunos, un servidor entre ellos, decidan probar la experiencia de abandonarse a los placeres hasta sucumbir si fuese preciso.



Dos incisos o excepciones confiscatorias. El primero es el de los placeres ignotos que, como tales, quedan en el limbo que, tampoco es lo que era. El segundo es el referido a los de la carne. La verdad es que la Andrea Ferreol del film tampoco me sugiere la tentación de arrojarme de cabeza por el tobogán de eros, y conste que no es cosa de clasismo ni de sexismo, es que no, y ya está.

Nos queda pues el único pausible, y además barato, el de la comida.



Y ahí lo hemos intentado, la verdad. En grupo, como los compis de Ferreri, y en una formula de non stop eating, habituales en los fines de semana para funcionarios de clase media, aburridos y felices, como nosotros.

Lo cierto es que, como la vida, la primera parte suele ser divertida. Probar sabores nuevos, comparar, y sujetar un bocado en la mano mientras la vista se ocupa del siguiente y la boca con el anterior.

El estómago, agradecido en los compases iniciales transmite una inequívoca euforia que se contagia fácilmente entre los comensales.


El catalogo, aparentemente interminable, de los festivales-concursos de tapas, ofrece una manera asequible de iniciar lo que no es otra cosa que un suicidio asistido, tolerado y alegal, aunque en realidad, después de la sexta tapa –no confundir con el humilde pincho- suele aparecer cierta sombra de monotonía.

Si bien sigues deglutiendo festivamente las premiadas en el año, comienzas a encontrar semejanzas y componentes reiterados. El ubicuo queso de cabra en su versión rodaja sobre loncha de baguette, la cebolla confitada y el paté en sus múltiples formulaciones, incluso el foie con la inefable- a mi me da risa, pero me sigue pareciendo rico- reducción del Pedro Jiménez.


Todas las golosinas se repiten en combinaciones de tres en tres, permutaciones que no ocultan las limitaciones de sus “creadores”, dulcificadas no obstante por sus buenas intenciones.

En nuestro caso hubo otro elemento, oriundo, que establecía la línea territorial propia de los canidos-humanos, ahora llamados nacionalistas, fue el salmorejo, del que tuve el gusto de probar cuatro o cinco variedades diferentes que me parecieron excesivamente similares, por no decir idénticas y sospechosamente procedentes de esa maquinita domestica que elabora todo tipo de comida sofisticada y que se llama vaporetta . ¿O es thermomix?

Reconozco que uno de ellos, el último, tenia textura propia de la artesania manual (1), si es que todavía eso existe, y cierto recubrimiento oleoso, como si sudase la madre del cordero que en este caso es el oliva cordobés  prestando enjundia, la mitad, a su gastronomía.

La otra mitad es obvia, el moriles, en sus escalas desde la rama al sublime aclarado en veinte etapas, que no tiene que envidiar a las del fino jerezano, en cuanto ambos son hermanos.


 

Claro que el salmorejo fue el equivalente a esos helados que en las posadas de cierto prestigio nos suministran con el nombre de sorbete para que el paladar no mezcle la carne con el pescado o viceversa. Sorbete de salmorejo y rabo de toro, sorbete de salmorejo y flamenquín, y así hasta el ¡Ay! Que marcaba el final del primer asalto.

El segundo no se hizo esperar, la tarde se fue entre gintonics que no fueron el ingrediente digestivo o carminativo que sería presumible para sus componentes propios de refresco tánico, que para lo único que sirvieron fue para abreviar el tiempo muerto entre abrevaderos.
Y reconozco que esa barbaridad a la que llamamos cena, y que yo había conseguido desplazar de mis hábitos cotidianos mediante el canje por un yogurt (125 gramos): 45 kcal, 5,8 gramos de proteínas, 5,4 gramos de hidratos de carbono preferiblemente natural, con la excepción del de sabor a fruta que lo reservo para los festivos, esa barbaridad me pareció un medio excelente de profundizar en el proceso de discreta eutanasia activa a que me estaba sometiendo.

(Continuará). 
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 15 de diciembre de 2012

EL CONCURSO 5/5 .- (Con comodín).











Solución a los acertijos del numero 4 .-

4 - 1:  Joyce, James
4 - 2:  Kerouac, Jack
4 - 3: Dietrich, Marlene
4 -4: Mingus, Charles
5 -4: Sellers, Peter
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


SENSACIONES COMPARTIDAS.-



---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

jueves, 13 de diciembre de 2012

2013 NOS HARÁ BAILAR. 2.- (CANTANDO).




Centrándonos en esta, penúltima, selección (sin duda habrá otras penúltimas).


Hemos dispuesto de un par de voluntarios a la hora de su elaboración, a los que, comprensiblemente, no hemos podido hacer otra cosa que agradecerles su colaboración. Pinchadiscos de la vieja escuela, tan alejados del profesional del rasca rasca, que hace sufrir los surcos de los pobres vinilos y las agujas de diamante en esos viajes sincopados sin otro destino que llenar de ruido espacios infinitos donde las niñas se reúnen por millares – conste que no veo los niños porque tampoco me fijo en ellos, pero haberlos haylos.- Ítem más, los susodichos expertos se auto titulan como los caballistas parcos en peso y estatura, cual Carudel, que nos hacía perder las apuestas en la Zarzuela cuando esta era, afortunadamente, otra cosa bastante más útil que la de ahora.

Los voluntarios son Clark Kent y Chris Stevens, el locutor de Cicely en Northern Exposure (Doctor en Alaska para los vernáculos, je je). Sobre Clark poco puedo, o debo, aclararos.
Esperamos que el carácter de cada uno, metafísico, elegante y culto provocador de los radioescuchas, el primero, y directo, previsible y justiciero programador de sonidos eternos, en el segundo, nos harán olvidar, a buen seguro, las paletadas de cal, y de arena, de años anteriores.

Supongo que a más de uno le habrá sucedido. Estar cerca de alguien durante un tiempo determinado, sin darle más importancia que la debida a un extraño que ocupa un lugar cercano, pero sin la suficiente proximidad para crear el grado de reciprocidad necesario para llamarla afecto,  con ese poso añadido del rechazo que acompaña a aquellos cuya presencia nos ha sido impuesta por circunstancias externas, sin medir la menor posibilidad de elección por nuestra parte. 
Sucede que un día, generalmente imprevisto, desaparecen esas personas de tu lado, y dejan detrás un finísimo hilo de Ariadna, imperceptible en un principio, pero que queda al alcance de tu memoria de manera persistente, hasta  llegar a hacerse ostentosamente evidente, y que en ciertos periodos de vulnerabilidad emocional, que todos padecemos,  el hilo nos  invita a seguirlo a través de un laberinto mental, que deja de serlo cuando tienes marcado el camino para conducirte hasta el circulo del infierno, aquel cantado por Dante, en el que solo ves un pájaro negro posado en la ventana  que te repite la palabra infinita. 

Ahora tu recuerdo, tu añoranza, adquiere un tinte melancólico, un imposible dolor placentero que te hace comprender dos cosas importantísimas, que te equivocaste al dejarlo pasar y que el tiempo no da una segunda oportunidad.
Eso que acontece con las personas valiosas, muchas, que pasaron por tu vida, también se hace extensible a la música que te ha acompañado desde siempre. Con la benéfica diferencia de que la música podemos recuperarla,  evocar con ella, incluso con aquella que nunca antes creíamos haber escuchado, aquellos momentos que de algún modo debíamos o podíamos haber vivido, y que se nos escaparon de entre las manos como la paloma de la canción, para nunca más volver. En eso estamos.

Y es que, lo bueno es asumir nuestras limitaciones frente al tiempo y al espacio, nuestra insignificancia transitoria, ya que antes y después de ese instante al que llamamos vida, el termino insignificancia adquiere todo su significado, solo queda el negro infinito, el único color que ven los ciegos. ¿Seremos ciegos también? ¿Acaso hemos preguntado a un ciego cual es el color, el único, que ven sus ojos?
Aceptémoslo, y mientras tanto vivamos. De modo que estas pequeñas hojas que se desprenden de los arboles en otoño, como las semillas aventadas a través de los campos y ahora de este firmamento para  internautas, nos sirvan para pasar un rato, tres minutos de nostalgia, de alegría o de reflexión, disfrutando de  esta apacible terapia musical. Algunos solo lo haremos en caso de necesidad. Ya sabemos que la mayoría anda sobrado de energía, endorfinas y razones; y por tanto considerará innecesaria esta frívola e intrascendente selección. Me alegro por ellos.

Esa es la parte de Chris, y no lo siento, la que busca cada día respuesta para todas esas preguntas que nos hacemos en el baño, cuando del rollo de papel solo queda un cilindro de cartón, inservible.
Entre cuitas y dilemas, me sugiere cosas de Van Morrison ,” Born To Sing - No Plan B”, que aquí traduciremos por “Nacido para vivir – Sin plan B”, o del extinto Zappa,  “Were only in it for the money” que evidentemente quiere decir todo lo contrario, y las escucho atenta y placenteramente, mientras el director de la tesina, me recuerda que no, que debo limitar el tiempo y el lugar, centrarme en ello y en la responsabilidad que supone cargar con el numero trece, sin despreciar su componente sociológico que, también , también tiene su corazoncito.
No obstante, cedo y consiento en incluir a Bob Dylan,  George Harrison y a Roy Orbison, tocando juntos los tres, y para daros gusto, al lado de…  Luis Alberto del Paraná
Esa va a ser, sigue siendo, la tónica de esta combinación; nada que ver con las que están de moda en los gintonics que, dentro de nada, habrán dado paso a otra prescindible combinación espirituosa para expertos de barra.



 (Los chicos de Belter me ofrecen esta impagable carátula para nuestro disco. Como no puedo pagarla, he declinado).

 
La verdad es que la obstinación, el empecinamiento sobre esos años tan dichosos, no deja de ser reconfortante en ciertos aspectos. Os sugiero que pronunciéis, aunque sea con la boca cerrada el nombre completo: Luis Alberto del Paraná y los Paraguayos.  No hay perdiz que para mi los iguale, como decía el Dómine Cabra, refiriéndose a la sopa de nabos. Es un mundo, ciertamente prodigioso en voces familiares y bien timbradas, al que conviene inyectar algo de vitalidad si no queremos que se extinga. 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL CONCURSO. - (4 DE 5).

Dejaremos las complicadas para el final.-







--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

SOLUCIONES A LOS ACERTIJOS (1 al 3).-

Y mira que son fáciles. Que todas están sin retocar, es decir, sin falsificar.


1-1.- El vagabundo: Charlie. (Fácíl, fácil).
1-2.- El que se gustaba hasta de perfil: No es Kirk Douglas, es.. Capote.
1-3.- El que obtura sus ojos: Bergman (Nos hizo pensar a través de la mirada).
1-4.- El sonriente cómico que guiña: Bill Murray.
1-5.- La señora junto a su hijo: Es la mamá de Elvis. (Un rostro reconocible).

2-1.- El adolescente playero: Buster Keaton
2-2.- El boxeador negro: Inconfundible Miles Davis. (Vale, tenía trampa).
2-3.- El chico del instituto: John Wayne (Quién si no).
2-4.- El mozo de la maquinita: Bob Dylan (Por las gafas).
2-5.- La pareja de cineastas: Don Alfredo convirtiendose en director de cine gracias al invento de Truffaut y Cahiers du Cinema.

3-1.- El faraón : Bowie (A la vista está).
3-2.- El tirador de barraca: Jean Cocteau. ¿Quién lo recuerda?. Almodovar y dos más.
3-3.- El que baila agarrado: Harold Lloyd. (Es el de la derecha).
3-4.- El joven sonriente: William Holden. (El caracolillo despista, la verdad).
3-5.- El que se va pareciendo a Paul Simon según pasa el tiempo: Es él, Groucho Marx.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

domingo, 9 de diciembre de 2012

EL 2013 NOS HARÁ BAILAR. (ENSAYANDO - 1)





Otra vez comenzamos a preparar la selección anual correspondiente. Y van… 13.

Debo advertir que hemos tenido alguna petición orientadora sobre el tono a elegir, -dentro de las opciones que nos da el teclado de principiantes, con solo cuatro octavas - y ello nos complace ciertamente.
La etiqueta “By Request” -a petición- en los discos, es realmente tentadora para el productor, exento del canon-diezmo vigente en años anteriores, y para el comprador a coste cero; aunque su aceptación en este caso, nos obligaría a despreciar el resto de colores del arcoíris, que como bien sabéis, aparece en los sueños en blanco y negro. Evidentemente y por desgracia, todo aparece en blanco y negro y, a pesar de todo, sueños son.

Nos piden que presentemos una selección del genero “guachi – guachi”, con canciones en ese idioma que a todos nos gustaría dominar, incluso nos gustaría que nos gustase, como diría Homer, y para el que tuvimos  la mejor disposición timpánica, cuando nuestros tímpanos eran Hi FI, y pocas o ninguna oportunidades de aprenderlo, más allá de los títulos de las susodichas. Y aunque la idea es realmente placentera a la hora de desarrollarla, no dejaría de convertirse en labor, más que hercúlea, sisífica, de Sísifo – que lo de sáfico es otra cosa - rodando con su piedra cuesta arriba para caer una y otra vez.
Infinitos son los temas, e infinitos los estilos y autores presentes en una discografía de cien, o quizás mil a uno, respecto a nuestra querida y entrañable verbena rústica, amenizada por aquellos conjuntos rítmicos músico-vocales, propios de los tiempos en los que estamos centrando nuestra tesis. Tiempos de Imposible el ademán (El alemán para los que ahora intentan aprenderlo).

Afortunadamente, el desconocimiento de la legua sajona, nos ha evitado la comprensión de las letras de esas miles de canciones que, como casi todas, suelen  no decir nada, absolutamente nada. Tanto es así que inventaron unos subgéneros como la música bubble gum (chicle, por lo pegajoso) o jingle por aquello de las brevísimas melodías de los anuncios publicitarios, que han permanecido igualmente en la memoria a la vez que rememoran el ejercicio discotequero o guatequil  en los instantes esos en que nuestras manos sostenían el vaso duralex, luego tubo, previos a aquellos en los que las manos y los brazos se iniciaron en la lucha cuerpo a cuerpo, en la inevitable batalla de géneros, y no precisamente musicales..
Conste que su utilidad, la de los mony mony, chirpy chirpy o balla balla,  para nuestras mentes habría sido la misma que la de los cantautores con la guitarra americana (doce cuerdas) y la cinta en el pelo. A pesar de que nuestros afinadísimos oídos flotaban en niveles acústicos dignos de la excelencia, no en vano fueron los años del estéreo,  nuestras mentes, pobrinas ellas, daban de si lo que podían, impenetrables a otra cosa que no fuese la supervivencia ante los efluvios hormonales propios de la edad. 
A veces resultaba ser el texto realmente profundo, centrado en temas sociales, no necesariamente reivindicativos o revolucionarios, cuando no en el eterno existencial del cantautor que, en el caso del blues, como en el bolero, se convierte en monotemática y lacrimosa obsesión.
 Alguno se ha ido colando en anteriores selecciones, y este año no faltamos a la costumbre al incluir “The days of Pearly Spencer” aunque sigamos sin conocer y lo que es peor, sin el menor interés en comprender su contenido. Triste es por cierto, como triste era el de "Lady Madonna", o el de tantas otras.
Comprenderéis que no necesitábamos dominar idiomas lejanos para saber que es lo que nos convenía y, al parecer, nos sigue conviniendo (irregularidad en el gerundio, en lugar de conveniendo).

No obstante, no diremos que no al guachi- guachi, si bien en esa docena de recopilaciones anteriores ya hubo un par de monografías en el terreno de la maravillosa e ininteligible música cantada con voces tan alejadas de la nuestra, la vernácula, ( esta palabra será sin duda la más altisonante y obscena que podréis encontrar en este blog, y conste  que he obviado su masculino). Aunque siempre nos quedará la esperanza, la sensación de que el futuro perfecto puede esconderse en lo desconocido. ¿Que querrán decir en la letra? Mejor quedarnos con la incógnita, y dejar la confirmación de las sospechas para la narrativa barata, y para los traductores-traidores..
La idea de su continuidad queda prendida con alfiler de cabeza gorda (cabezón o arpetón) y negra, para futuras ediciones. Es un mundo, ciertamente, inabarcable, a la vez que fascinante. Su título será otro nuevo quebradero, objeto de no pocos plebiscitos y controversias: “Lo mejor de…” “Grandes éxitos del…” “Los indispensables del… Guachi Guachi”. Vaya que se admiten, y se necesitan, sugerencias.



-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

EL CONCURSO 3/5





las cosas se van complicando.-

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Archivo del blog