martes, 12 de octubre de 2021

MANUAL DE USO CULTURAL Nº 43.- Stefan Zweig

 

                                          



Hoy, más que nunca, el lector impenitente debe ser cuidadoso con la carnaza que cuelga del anzuelo que cimbrea ante sus ojos. Disponer de la biblioteca universal al alcance de un par de clics solo puede conducir al hastío del bibliofobo, al deleite de engullir una buena presa, o simplemente a la locura.

Lee uno Madame Bovary y descubre el placer de la lectura, la adicción al autor, y la necesidad de continuar en su caladero. Así, vuelve a maravillarse con Salambo, y a recapacitar sobre la paupérrima historia de los manuales escolares que obviaron Cartago quizás por ser unicamente una de las lunas del sol de aquella época, Roma. Curiosamente, algún tiempo después, historiadores que han intentado escribir sobre Cartago, no han encontrado mejor documentación que la que plasmase Flaubert, el novelista, en su Salambo.

Constatas que la historia está fijada con alfileres sobre media docena de nombres propios, cuyo merecido brillo ensombrece a centenares de astros, de personajes imprescindibles para cualquier interesado en la historia de la humanidad. Y ahí, en esa estantería de la literatura histórica, emerge la figura de Stefan Zweig, de quien se ha dicho que fuera el biógrafo de cabecera de muchos de esos astros en la sombra. Nos descubre que la biografia, ajustada a una documentación exhaustiva y a la verosimilitud del relato, puede y debe enriquecer el conocimiento del lector más allá de fechas y hechos atribuidos al personaje, y lo hace novelando en cierto modo, episodios de la historia universal velados, inexplicablemente, en los manuales de cultura general.

Así sus monografias, indudables obras maestras sobre: Fouché, Montaigne, Maria Antonieta, Erasmo, Maria Estuardo, junto a otra docena de figuras ilustres, resultan imprescindibles. Sin conocer a Fouché, no podremos entender la revolución francesa, ni la figura de Napoleón o la historia de Francia Sin el relato sobre Bizancio, incluido en “Momentos estelares de la humanidad”, seriamos absolutos ignorantes sobre el fin de un imperio y el advenimiento de otro que perdura todavía. La póstuma “El mundo de ayer”, donde recorre Europa en su siglo más convulso y reciente, hasta los últimos días de su vida, cuando la caída de Singapur ante los japoneses y el despertar del fascismo en el Brasil donde se había refugiado, lo convencieron de que no existía futuro para aquel que era judío en Alemania, y alemán en Inglaterra o Estados Unidos. Un genio apátrida y errante en un mundo cruel que le invitaba a seguir los pasos autodestructivos de Kleist, y de sus amigos: Walter Benjamin, Freud, Joseph Roth, entre otros.

Curiosamente las biografiás son solamente el señuelo, el primer y excelente bocado de la literatura de Zweig, publicada esmeradamente por editorial Acantilado, Siendo además autor teatral de éxito hasta la anexión de Austria por el Reich, poeta y, sobre todo, novelista, cuyas historias darán lugar a películas extraordinarias, Amok, Carta de una desconocida, o 24 horas en la vida de una mujer. Destacando siempre el conocimiento de la psicología femenina a unos niveles excepcionales.

A pesar del brillo de su obra, y de su intemporalidad, su figura ha queda ofuscada por los excesos y la tragedia de la época que le tocó vivir. Su Viena natal e imperial, y sus años de fulgor literario en Salzburgo, en su villa de la colina de Kapuzinerberg, desde donde pudo contemplar la cima que luego se convertiría en “El nido del águila”, la que Martín Bormann regalase a Hitler, sin sospechar que comenzaba una desgraciada huida sin rumbo, hasta el final de su exilio durante una siesta en Petropolis, Brasil, a la que sigo comparando, por resultarme igual de artificiosa, con la Metropolis de Superman, donde Clark Kent trabajaba como periodista, en sus horas libres de titan, de superheroe, en un mundo ficticio e infantil donde no hay lugar, solo metáforas, para intelectuales como Zweig, salvo en las estanterías polvorientas de alguna biblioteca olvidada.

Afortunadamente sus libros-anzuelo continúan desprendiendo multitud de nombres, enlaces al conocimiento cada vez que abres uno de ellos, y te ves obligado a seguir el rastro de su carnaza, el olor de la sabiduría ajena, a caer en su bendita trampa.


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