miércoles, 14 de agosto de 2019
ALTERNATIVA A VACACIONES SANTILLANA.-
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miércoles, 31 de julio de 2019
ALGUNOS NO DESCANSAN. (NI EN VACACIONES).-
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jueves, 25 de julio de 2019
CONSTE QUE NUNCA HE SIDO FUMADOR.-
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jueves, 18 de julio de 2019
INTENCIONES OCULTAS. DE LA PRENSA GRATUITA O DE PAGO.-
Intenciones
ocultas puestas en evidencia, o intenciones simplemente estúpidas.-
Algunos diarios digitales,
incorrectamente denominados por algunos, prensa digital, en tiempos
en que la imprenta no imprime otra cosa que imágenes evanescentes en
pantallas de todo tipo, han tenido la ocurrencia de exigir registro y
suscripción pecuniaria a sus lectores, entre los que me encuentro.
Vano intento.
Curiosamente, por ahora, son cabeceras
de segunda línea, provinciales o locales, pertenecientes a cadenas
nacionales que están convencidas de que sus primicias deportivas o
cofrades son de enorme interés y no dudan que los usuarios estarán
dispuestos a pagar una modesta aportación, momentáneamente
discreta, para seguir conectados con los eventos consuetudinarios de
su ciudad. Me parece bien, en tanto los negocios son máquinas de
hacer dinero, o al menos justificar la inversión, los inevitables
gastos. Aunque tengo mis dudas de que esta nueva forma de ofrecer
noticias, gratuidad limitada a los titulares, el resto, por breve o
insípido que sea, en caja, llegue a funcionar en el mundo cada vez
más extenso e incontrolable de la red de redes, donde cualquier
noticia, con más razón si son bobas o falsas, pueden localizarse y
aclararse de cien maneras sin pagar un kopek.
Y lo más grande
es que gratis, gratis no lo han sido nunca. Por un lado reducen
progresivamente el espacio dedicado a sus textos, dejando la
publicidad como prioridad absoluta, harto justificada, en bandas
iniciales, laterales y finales, generalmente acompañada de molestos
flashes y videos que deben subvencionar el asunto y a los que nos
hemos resignado por aquello de que nuestros derechos terminan donde
comienzan nuestros deberes, nulos ambos en este caso.
Previamente nos
suelen preguntar si aceptamos las cookies que nos introducen en el
navegador, esos espías que van a vigilar y vender a un tercero
nuestra actividad e intereses. En no pocas páginas es condición
indispensable el consentirlo antes de que nos permitan el acceso.
Volvemos a pasar por caja.
Por si fuese
poco, y al menos en nuestro entorno, resulta prácticamente imposible
acceder a algún medio de comunicación realmente independiente
políticamente, incluidos los de pago. Dada su consabida tendencia
adoctrinadora, mediada por las relaciones de poder, evidenciando el
legítimo interés de sus dueños de conseguir beneficios
colaterales, valor añadido para sus editoriales y columnistas,
siendo otra servidumbre, otra factura oculta, que se impone al
lector.
Digamos que sin
llegar a cuantificar el pago, ya nos lo han cobrado tres o cuatro
veces, y el que ahora pretendan otra nueva vuelta de tuerca, solo
conduce a que desaparezcan del navegador como favoritos y, con un
poco de suerte, de nuestra memoria.
Y es que...
Hay
tantas chicas en el mundo
que no puedo pensar solo en ti
hay tantas chicas en el mundo
que no puedo dedicarme solo a ti
que no puedo pensar solo en ti
hay tantas chicas en el mundo
que no puedo dedicarme solo a ti
que tu bikini está genial, pero en el mundo hay muchos
más
que yo ya sé que es especial, y también sé que hay muchas más
hay muchas chicas, pero tú eres especial
que yo ya sé que es especial, y también sé que hay muchas más
hay muchas chicas, pero tú eres especial
hay tantas chicas en el mundo,
que te vas a tener que esforzar
si tienes la intención de que me fije en ti
y que te saque a bailar
que te vas a tener que esforzar
si tienes la intención de que me fije en ti
y que te saque a bailar
si lo consigues tu tendrás
al chico más dulce y genial
de todos los de la ciudad
lo más que puedas aspirar
al chico más dulce y genial
de todos los de la ciudad
lo más que puedas aspirar
Hay muchas chicas, pero lo puedes lograr
Por eso chica, no desesperes
sé que tú puedes, ser esa chica entre las chicas
que si tú quieres, y si me quieres tu puedes ser la chica
que aunque hay muchas chicas, sé que tú eres especial!!!
sé que tú puedes, ser esa chica entre las chicas
que si tú quieres, y si me quieres tu puedes ser la chica
que aunque hay muchas chicas, sé que tú eres especial!!!
Aquí la
cantaban: Miguel Ríos, Micky y los Tonys, Los Summers, Los 4
Brujos.......
Siendo versiones
de: “Il y a tellement de filles” de Petula Clark, con la
inestimable en estos tiempos, ventaja “de género” de que también
la versionaban las chicas: Rocio Dúrcal, Betina, Fresia Soto.... con
el título de “Hay tantos chicos en el mundo”.
Así que nada de
hacernos sufrir, no nos vamos a dejar,
Enlace al You
Tube de Rocio; https://www.youtube.com/watch?v=JQJmAkz-Dhw
P.D.-
The Guardian ha iniciado el cobro
“voluntario” al final de sus articulos. Si te gustan, y
consideras justo y necesario -para su continuidad- el pagar por ello,
añades el óbolo correspondiente.
Naturalmente la respuesta de los
lectores ha sido positiva y el diario sigue en pie.
¿Aprenderán otros?.
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lunes, 8 de julio de 2019
TE VAN A DAR UNA POLEÁ SI TIENES SUERTE-
La poleá.-
Entre “Desechar el ruin” y “Que
te den poleá”, se me pasa la vida.
-!Tienes que comer, para desechar el
ruin!- escuchaba con frecuencia en la infancia. Más bien oía, que
lo de escuchar y lo de comer no ha sido nunca mi fuerte, supongo que
ambas cosas por desinterés, y no por otras razones. Tampoco sabia
que significaba eso del ruin y, como digo, ni el menor atisbo del
sentido que podría tener la palabra, salvo cuando aparecía en las
"novelas gráficas” - así se autodenominaban los tebeos- o no tan
gráficas si los autores eran Lafuente Estefania o Mallorquí. El
caso es que el tal ruin existía y, como causa de la ingente
mortalidad infantil de país todavía subdesarrollado, estaba en la
puerta, se asomaba pero ya no entraba, afortunadamente.
Otra frase recurrente era la que hacia
referencia a dar poleá a alguien, usada como preludio de la
fatalidad. Al parecer era de las últimas comidas que se le daba, o se
pretendía dar al moribundo, a veces quedando en la mera
intencionalidad, cuando el abuelo ya no tenía fuerzas para esa
última cena. Un acto amoroso, misericordia a través de la cocina
familiar, de cualquier cocina, con la idea de que transmitiese la
sensación de plenitud del estomago lleno y la dulzura del último
trago, para compartir la experiencia en su conversación con el barquero del Hades. Que no
solo de monedas viven los espíritus bondadosos amarrados al remo.
El caso es, que se me pasaron los años
sin llegar a probar la poleá, y no solo porque no debí necesitarla
en el sentido litúrgico de esta mencionada tradición culinaria,
sino porque cayó en desuso como postre popular, algo que fue durante
muchísimo tiempo, y que misteriosamente desapareció de los usos y
costumbres de nuestras madres y abuelas.
Quizás tenga
algo que ver la definición que le dedica Wikipedia; “Consiste en
una variante dulce de las gachas,
que se consumía especialmente en otoño e invierno durante los años
difíciles.”
Y también con el hecho de que no
aclare la enciclopedia el concepto de “años difíciles” que ,
hoy, seguramente resultará incomprensible para la mayoría de los
paisanos – de país-.
Como no recuerdo haberla probado con
anterioridad, tuve que imaginarme su composición y elaboración,
incluso su sabor, aunque lógicamente siempre la asociaba con el
poleo, de la menta en cualquiera de sus variantes, tan habitual en
los arriates y en los vasares de las casas. Craso error. No lleva
poleo. Aunque quizás una ramita sobrenadando... no le quede del todo
mal.
Han sido necesarios eones y eones,
limitado al triste consuelo de los recuerdos de aquellos que la
habían probado y que daban fe de su existencia, refiriendo incluso
su top ten de excelentes cocineras, la tía de este o la abuela del
otro, todas extintas. Y mira por donde, en la carta de postres del
lugar donde mejor he comido últimamente, Casa Emilio en Rota,
figuraba discretamente entre tartas y helados, a los que ahora llaman
sorbetes, inexplicablemente, porque sorber sorber, se sorbían los
polos, hasta que los hicieron mordibles, y ya ni eso.
En fin ,que tuvimos que pedir poleá,
para ir cerrando esos enigmas que la vida te deja pendientes de
desentrañar, con su habilidad para dejar cabos sueltos, hilos
tentadores que te arrastran a laberintos de los que a veces resulta
difícil encontrar la salida, y lo hicimos, el pedirla como postre, a
la vez que expliqué al extraordinario camarero que nos atendió, su
significado en mi memoria.
- Mi padre la toma de vez en cuando-me
dice- Tiene 94 – Y fue como si se abriese un enlace de
verosimilitud, un cortocircuito entre la realidad y mis recuerdos
inclinados a convertirse en fantasía, si no encuentran un apoyo
fehaciente, como en este caso.
No sería justo pasar excesivamente
veloces por aquella cena, tomar un atajo hasta el final, cuando el
camino, el tiempo y el trato recibidos merecen una descripción harto
precisa.
El camarero que nos atendió gozaba de
ese halo hipnótico que poseen los santos -he conocido varios- y
algunos políticos supongo, que justifica el que puedan arrastrar
multitudes con cuatro palabras o un simple ademán.
Una vez que se acercó a nosotros, la
carta que teníamos entres las manos, la apartamos para
inmediatamente después ignorarla, tan inconscientemente como
obligados a ello. Una simple mirada le bastó para enjuiciar a unos
clientes, tan perdidos como ajenos a lo que iban buscando y, por
supuesto, a lo que iban a encontrar.
Comprendí el significado del termino
empatía, una de esas virtudes, como casi todas, innatas, y las cuales
no se pueden atesorar ni siquiera vagamente ejercer si no tienes
aptitud para ello. Este hombre la tenia evidentemente, se puso en
nuestro lugar y nos indicó con la precisión y autoridad del
profesor a quien no se puede discutir, que cosa nos convenía comer,
cuando, y hasta donde, anulando o cambiando el orden de los platos,
en función de nuestra demanda, atemperada por su experiencia. Se
había puesto en nuestro lugar, y no pudimos menos que,
afortunadamente, ponernos en sus manos.
Ante la inexistencia de botellas
pequeñas de manzanilla, y mi temor de que la sed en una tarde
calurosa arruine cualquier velada ante el generoso y endiablado trago
fresco del jerez seco y afrutado, explicó que no debía
preocuparme, nos dejaría la botella completa y nos cobraría solo
media si ese era nuestro consumo habitual. Cuando, al marchar, la
retiró completamente vacia, no hizo comentario irónico o
sarcástico, tan solo confirmó su acierto, otro.
Los pescados y mariscos, siempre fuera
de carta, por aquello de su categoría de “temporada”, nos
obligaron a acompañarlo hasta la vitrina junto a la puerta, donde la
visión del despiece reciente del atún, alejaron cualquier
disquisición o duda sobre el plato principal.
Después de unas almejas, aceptables en
cuanto a su pedigrí, resignados a la desaparición de los bivalvos
autóctonos y a su sustitución por los cultivados de forma
industrial, ya ni coquinas, ni navajas, ni casi mejillones. Nos
quedan tan solo las conchas finas y las chirlas, verdaderamente
peligrosas las ultimas para aquellos que tragan sin paladear
previamente. Para mayor pena, han aparecido las vieiras en las
pizarras de restauración -que no restauran nada, en realidad solo
vuelven a llenar transitoriamente los estómagos- con la categoría
de novedad exquisita, lo que implica un precio por unidad que es
idéntico al que cobran en París por la media docena. Sigo sin
entenderlo, y conste que la concha fina la supera en textura, sabor
marino y bravura, que de todo tiene.
Ciertamente sorprendente la salsa que
las acompañaba, y que nos hizo lamentar el desamor de tantos
cocineros por algo fundamental cuando el ingrediente prínceps es
algo tan humilde como son las almejas – algunas exquisitas, en
otras latitudes, merecen y suelen comerse crudas, como aquí las
conchas finas- como son las salsas. Hablan metafóricamente de “La
salsa de la vida” y no comprenden que una y otras merecen el mayor
esmero en su elaboración. Este era el caso de aquella que nos obligó
a pecar , agostando el cestillo del pan,- otro ingrediente proscrito,
sin saber por qué-hasta dejar la bandeja en situación de
evitar momentáneamente el lavavajillas.
Cuando acudió al quite la ventresca de
atún a la brasa, la barriguera portuguesa, en su moderada dosis de
400 gramos por persona, comprendimos que habíamos ganado la noche,
al menos esa parte del cielo a la que llamábamos limbo, hasta que
Roma lo hizo desaparecer.
-Ahora están pasando- nos dijo el
domine, con esas mismas palabras a las que apenas pudimos hacer caso,
embriagados por el olor y el aspecto de esa carne que es realmente
pescado y que asada en su propia grasa, no necesita otra cosa que
una pizca de sal para conseguir la etiqueta de lo sublime. Nos daba a
entender que no hay que buscarlo en otras fechas, ni encontrarlo en
otro lugar diferente del suyo, por donde llevan pasando todas las
primaveras desde hace siglos.
El hotel donde nos alojábamos había sido una factoría atunera y aprovechado parte de su estructura y contacto con la orilla marina para convertirse en refugio de peregrinos, que es lo que somos ahora, análogo establecimiento a otro de Tavira, bastante mejor equipado y conservado y donde los vestigios de la industria conservera del atún hasta se convierten en museo, exclusivo para adictos a los museos, ciertamente.
El hotel donde nos alojábamos había sido una factoría atunera y aprovechado parte de su estructura y contacto con la orilla marina para convertirse en refugio de peregrinos, que es lo que somos ahora, análogo establecimiento a otro de Tavira, bastante mejor equipado y conservado y donde los vestigios de la industria conservera del atún hasta se convierten en museo, exclusivo para adictos a los museos, ciertamente.
Para los nostálgicos de lo que nunca
tuvimos, la reflexión sobre una sociedad tan glotona y depredadora
que no da ocasión a que estos extraordinarios pescados lleguen a ser
enlatados, devorándolos prácticamente in situ, y sin apenas
cocinar, como en los abundantes tartares de atún que florecen en las
barras de medio país, y que no son otra cosa que infamia para el local y a veces
para el estómago. Un bocado tan noble, ciertamente puede ingerirse
crudo, marinarlo ya es un pecado, desmenuzarlo y mezclarlo con
especias y otros restos de dudosa procedencia, solo es un disparate.
En nuestro caso, parece evidente que,
la cocinera o cocinero, sabían lo hacían, y nos dejarán en la
memoria, y en el paladar, un recuerdo que, debe durarnos hasta que
esta gloriosa experiencia pueda repetirse, sin avisar cuando ni
donde. De los manjares que uno ha disfrutado, este es de los
favoritos. El bocado tierno que se deshace en la boca mezclando el
churruscado exterior con el sangrante y sonrosado de su alma,
rememora la autentica felicidad del hombre primitivo que todos
llevamos dentro, alejado todavía del recolector, del agricultor que
vendría después a sofisticar su cocina con la poleá.
A simple vista podrían confundirse
estas con las natillas, por color y textura, a no ser por esos
picatostes canijos que sobresalen en la superficie.
En la boca apreciamos la calidez de un
bocado templado, de un dulzor discreto. Esto supone que no es
producto refrigerado o industrial, sino algo artesanal, recién
hecho, conservando aromas y sabores de sus ingredientes, que van a
resistir mientras la temperatura los mantenga en ese estado de
gracia.
Imaginaba, y comprendía perfectamente,
lo que esos bocados podían suponer para alguien que se marcha a un
viaje sin regreso y, aunque todavía no es mi caso, lamentaba la
perdida de tradiciones tan maravillosas, y platos tan estupendos que
solo requieren, supongo, un cocinero elaborando el postre justo en el
momento en que los señoritos están terminado el plato principal.
Algo imposible en nuestras casas, aunque no para los cocinillas a los
que la moda tiene tan entretenidos con moderneces. Por cierto que los
picatostes son los “croutons” franceses, a ver si así nos
animamos a probar esta saludable exquisitez.
Algunos las datan, a estas gachas
dulces, en el neolítico, mejoradas por la cocina musulmana, que
añaden el aceite de oliva, ahora denominada estúpida y a veces
falsamente AOVE, añadiendo también el anís y la canela, y siendo
consideradas elementos característicos de “la cultura del hambre “
- hay culturas, y tontos, pa tó - perviviendo tanto como esta
hasta la segunda mitad del siglo pasado.
Cualquier receta sirve, ingredientes
sencillos y económicos, elaboración fácil, cualquier día me
pongo, y supongo que solo necesitan un poquito, unos cominitos
metafóricos, de cariño.
Por cierto, que no pude aguantarme el
darle las gracias de manera inusual a aquel mesero perfecto:
-Si me toca la lotería, o me cae
alguna concejalia, te pienso ofrecer el puesto de mayordomo. -¿Que
dices?-
-Va a tener que ser la de urbanismo -
me contestó, mientras nos despedimos con sonrisas reciprocas.
Y es que...
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martes, 2 de julio de 2019
EL VERANO Y SUS ANUNCIOS.-
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viernes, 28 de junio de 2019
LAS PIEDRAS DE LA MEMORIA. (ADOQUINES TROPEZONES).-
Stolpersteine: “Una piedra en el
camino que puede hacer tropezar”
Toda la abultada literatura, acompañada
de documentales y medios de cualquier tipo, referidos a la barbarie
de los doce años de terror en los que millones de personas fueron
asesinadas durante el Reich, no son nada comparados con el silencio que
hemos vivido aquí, que vivimos en gerundio, todavía.
Llevo años sorprendiéndome por el
brillo en las aceras de estas piedras de la memoria en tantas
ciudades, y más me sorprende el que solo el viajero ocasional les
preste atención; supongo que los residentes ya estarán habituados,
e incluso aburridos, de este mantra que dura más de medio siglo, el
de que hubo victimas, innumerables, y por tanto debió haber
culpables.
Tradicionalmente la forma primigenia de
eludir la condena, no es alegar inocencia, es sencillamente negar la
existencia de la victima. Algo que allí no fue posible, algo que
nunca es posible, aunque el único recurso que le queda a la justicia
sea el de enumerar y registrar los nombres de aquellos que fueron
exterminados. Supongo que es algo necesario, aunque el recuerdo a los
individuos quede unicamente recogido en el plano de la crónica de
sucesos, una vez transcurridas dos o tres generaciones y
desaparecidos los nietos de esas victimas, en el caso de haberlos
tenido. El exterminio familiar buscaba ser completo, el genocidio lo
incluía en su definición que, por cierto, no tuvo lugar hasta
después de sucedido, concretamente hasta cuando algunos pocos
responsables pagaron el único precio razonable para la justicia
internacional de los vencedores, el cuello bajo la soga.
Acabo de leer “Calle Este - Oeste”
de Philippe Sands, sobre la génesis de este concepto, genocidio, y
del de crímenes contra la humanidad, que los son todos los que se
realizan sobre el individuo, sin necesidad de agrupar las victimas
bajo etiquetas que pueden distraer de la cuestión.- ojo a los
crímenes de género- . Ambos conceptos estaban latentes a lo largo
de la historia y lo único que cambió fue el hecho de poder condenar
a un gobierno, a todo un estado, en la cabeza de sus responsables,
como titulares del disparate. Fue en Nuremberg, donde una docena
larga de altos cargos fueron condenados.
Hoy esta imprescindible matraca sigue
machacando las meninges de medio mundo, espero que al menos de los
que leen, o de los que tengan sensibles las meninges; el libro está
recién escrito y publicado. Y las piedras en el camino que “pueden
hacer tropezar” son tan solo un testimonio, perecedero, sobre
aquello que, razonadamente, no debería volver a suceder.
Algo que sin embargo no ha sido así,
la historia es muy suya y, solo se escribe con sangre ajena. Turcos
contra armenios, Hutus y tutsies, Serbios y vecinos, Chiies y sunies,
o blancos y rojos como los pintaba Borges en algún cuento. Todo es
valido para justificar la matanza, el pogromo, que nunca ha sido
exclusivo de una religión o grupo, por mas que estos fuesen
prácticamente exterminados en Europa y ahora protagonicen,
merecidamente, el desagravio de las piedras amarillas.
Aquí, en nuestras calles, todavía son
excepcionales las chapas plateadas, y me temo que si llegan a
multiplicarse resulten extemporáneas respecto a la memoria vivida de los
que pisan sobre ellas. Nadie va recordar nada en un lugar donde,
aparentemente, nunca sucedió nada.
No hubo campos, lager, gulag, ni
muertos, en tiempos que fueron de paz. Ni tan siquiera tuvimos el
comodín de la guerra, que había terminado, tan solo el silencio, el
silencio absoluto y el tiempo interminable convertido en
notario de la historia, de casi un siglo de paz, y no escribo de paz
y justicia porque el teclado me acalambra los dedos.
Y pasan los años, como en la
sevillana:
Pasa la vida
Y no has notado que has vivido cuando
Pasa la vida
Y no has notado que has vivido cuando
Pasa la vida
Pasa la vida
Tus ilusiones y tus bellos sueños
Todo se olvida
Tus ilusiones y tus bellos sueños
Todo se olvida
Pasa la vida
Igual que pasa la corriente
Del río cuando busca el mar
Y yo camino indiferente
Allí donde me quieran llevar
Y no has notado que has vivido cuando
Pasa la vida
Y no has notado que has vivido cuando
Pasa la vida
Pasa la vida
Tus ilusiones y tus bellos sueños
Todo se olvida
Tus ilusiones y tus bellos sueños
Todo se olvida
Pasa la vida
Igual que pasa la corriente
Del río cuando busca el mar
Y yo camino indiferente
Allí donde me quieran llevar
Y nos sentimos aliviados al olvidar lo
que nunca hemos recordado. Al comprobar lo malos que han
sido...ellos. Nos dan lástima y ejercitamos nuestra indignación por
aquellas victimas....ajenas. Incluso nos sentimos orgullosos de que
un juez español lleve a un tribunal internacional, y logre condenar
por crímenes contra la humanidad a un Pinochet, uno de ellos, con la
ceguera impuesta de un país que se niega a reconocer los propios,
por la sencilla razón de que nunca los ha cometido, ya digo.
Llega el ilimitado disparate a
etiquetar a las victimas propias como represaliadas. A cambiar el
significado de las palabras para así cambiar el de las ideas, el del
pensamiento, que es lo que pretende.
¿Represalia?
nombre femenino
- 1.Acto de hostilidad con que un estado responde a otro o a alguien por una ofensa recibida.
- 2.Acto de hostilidad con que una persona responde a otra como
venganza por un daño u ofensa recibidos.
Ya cuento con el micromachismo de la
macrogilipollez que nos domina, pero soy tan inocente de la feminidad
de la palabra como las victimas lo son de la ignominia de llamarlas
represaliadas.
La RAE, funcionarios del estado
represor, según los litigantes del nordeste patrio, lo define de
modo similar:
1. f. Respuesta de castigo o venganza por alguna agresión u ofensa.
2. f. Retención de los bienes de una colectividad con la cual se está en conflicto, o de sus individuos.
.
Más de lo mismo, y en ningún caso
puede ni debe aplicarse el termino a personas que han sido
encarceladas, o muertas, sin antecedentes demostrados de agresión u
ofensa que lo merezca legalmente, y sin un juicio previo. Más
todavía en tiempos de paz.
No puedo pedir, consciente de su
inutilidad, el que deje de llamarse represaliado a quien
sencillamente fue encarcelado, en muchos casos hasta morir, o
marginado y vilipendiado a lo largo del resto de su vida, sin juicio
previo en muchos casos, o bajo un tribunal militar, en tiempos de
paz, insisto.
Sí, poner en evidencia la maldad, cuando
no simple incompetencia, de los políticos, periodistas, o
tertulianos cutres, que usan este injusto adjetivo no haciendo otra
cosa que insistir en la culpabilidad presunta de las victimas. Ya que
las hubo, al parecer, al menos mantener que fueron culpables, y que
por tanto no hay motivos para, tan siquiera, colocar una placa
metálica plateada en las puertas de quienes sufrieron.
¿Miles? ¿Centenares de miles?. No
importa. De momento medio millar de ellas en Madrid y dos docenas en
Palma. El resto de nombres, donde no molesten, en el silencio
sepulcral del olvido.
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miércoles, 26 de junio de 2019
ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA (100).-
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martes, 18 de junio de 2019
COPPOLA EN EL MANUAL DE USO CULTURAL Nº 42 .-
Sintiendo tu perfume
embriagador.
Fogonazos en la memoria, flashes que
vuelven una y otra vez, sin perder el brillo aquel en la pantalla que
los grabase para siempre en el atiborrado trastero de los recuerdos
placenteros.
La canción de “El Padrino”, sus
bodas y sus tragedias familiares, dando por bueno que los muertos que
vos matáis son merecedores de la balas Corleone. Héroes en
claroscuro, moral aparcada en el armario hasta que la política pueda
convertirla en virtud. De Niro y su paseo por los tejados en día de
procesión, Pacino, Caan y el actor de actores, John Cazale, el genio
malogrado, nominado como mejor actor en las cinco únicas películas
que pudo interpretar. Volvería este con Coppola en “La
Conversación”, igual que Robert Duvall, el hermano postizo de los
Corleone, lo haría en la historia mas grande jamás contada, la
guerra de Vietnam en “Apocalypse Now”.
En las burbujas luminosas del cerebro
siguen presentes Fredo, el T.Col. Kilgore, antes Tom Hagen, y la
sombra de Brando en las tinieblas del corazón de Conrad. La ausencia
de las chicas Playboy, animadoras del espectáculo bélico,
suprimidas en el primer montaje de la película y recuperadas en la
versión “Redux”, me hizo buscarlas inútilmente, disfrazadas de
guerrilleras del vietcong o de campesinas ametralladas como victimas
colaterales de la guerra. La película no trataba sobre la guerra de
Vietnam, en palabras de Coppola “Era Vietnam”. Las playmates
reaparecerían rio arriba, acompañando a los héroes, en su papel de
floreros humanos. Nada nuevo en el cine, ni en la vida.
Coppola, en la cima del cine universal,
tras esas dos películas, no cesó de buscar el más difícil
todavía, como corresponde a quien vive por y para la fabrica de
sueños del siglo veinte, fracasando dolorosamente en cuanto los
costes de producción se le escapaban de las manos. “One from the
heart” multiplicó su presupuesto por diez, supuso la ruina
absoluta y la desaparición de sus estudios, míticos Zoetrope,
Shangri La para los cinéfilos , a la vez que me dejaba otra herida
luminosa en un musical donde la ensoñación del protagonista se
convierte en atracción por la chica del columpio. Imposible no
enamorarse de la trapecista, Nastasja Kinski, que sigue parpadeando
en la zona placentera, ya digo.
Volvió a sufrir para terminar “Cotton
Club”, en otra pesadilla de Hollywood que, además, no se presta a
dejar recuerdo alguno.
Quizás entre su docena larga de
clásicos menores, menores para él, haya otra que resulta
autobiográfica, en cierto modo: “Tucker”, ese fabricante de
automóviles, perfeccionista e iluminado, adelantado a su tiempo y,
como el mismo Coppola, dispuesto a fracasar cuando haya menester, y
volver a renacer con ciertos proyectos geniales que no pueden dejar
en el cajón de las buenas intenciones sin verlos realizados. El
personaje que estaba basado en el Tucker real, también me deja
imágenes nostálgicas e imborrables, en este caso de los autos
americanos de los años cincuenta .
Flash sonoro me ha dejado “Peggy
Sue se casó", obra de encargo donde la canción de Buddy Holly
vuelve a recordarnos al inventor de la música pop con ese título
mágico, quien desapareció la noche que murió la música, en un
vuelo que jamás llegaría a Fargo. Fargo y esos pegajosos iconos
culturales imprescindibles. Coppola contribuiría a recordarnos
aquellos años produciendo “American Graffiti”. Otra añoranza
gracias al cine, de haber perdido algo que nunca tuvimos.
Y es que, el cine total, que nos ha
dejado Coppola, tiene un componente operístico, más allá del
musical al uso, ya que no pudo dejar de poner en evidencia a Wagner y
sus nibelungos, con walkirias incluidas, envolviendo la epopeya
norteamericana vietnamita con idénticos efluvios orquestales del
Tercer Reich, algo evidente en Apocalypse Now. Igual que Verdi lo es
a lo largo de la toda serie Corleone, con el intermezzo sinfónico de
Cavalleria Rusticana de Mascagni, tema principal con el que cerraría
la trilogía dorada del cine universal, comenzando con el el vals
nupcial de Nino Rota, y continuando con la canción de amor
siciliana: “Sintiendo tu perfume embriagador y tus palabras
susurrar a media voz”, tan inolvidables como -casi- todo el cine de
Coppola.
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miércoles, 5 de junio de 2019
LA CABEZA EN EL AGUJERO.-
Lo del “cambio climático” es
tan falso como la llegada del hombre a la Luna.
Y cuando queramos aceptar lo contrario,
es decir la realidad, tendremos que refugiarnos en la fantasía de
los mundos apocalípticos, de la supervivencia en medios hostiles
esbozados en películas de ese género tan desacreditado donde
pululan los simios en su planeta o los Mad Max en esos desiertos cada
vez más cercanos. Cualquier ficción miserable nos va resultar más
familiar y creible que las estúpidas afirmaciones de los
negacionistas de todo. Hasta los zombis nos van a resultar amigos
para siempre, nunca mejor dicho.
Que ya es tarde, muy tarde, para
enmendar ciertos errores, parece evidente cuando mayo no marcea,
cuando el sayo lo hemos quemado en marzo – lo de dar el abrigo a
los pobres pertenece, también, a la leyenda- y cuando el ferragosto
acontece a primeros de junio, por más que el buscador de Google
insista en otra fecha, el caos está aquí, y parece que es para
quedarse.
Los verdes, los ecologistas,
exceptuados los profesionales de la cosa que se mueven por otros
intereses, lo llevan avisando, y demostrando, desde hace décadas,
mientras seguimos confundiéndolos con siglas, con partidos políticos
que, nos prometen arreglar el mundo, la humanidad, o el más allá, a
cambio de la consabida, y gratuita, papeleta. Mal vamos.
La responsabilidad personal sobre los
daños colectivos, algunos a perpetuidad, no podemos seguir
ignorándola, y mucho menos delegarla en un tercero. Las
consecuencias, cuando se han vuelto irreversibles, como lo es el
transcurso del tiempo, no dejan lugar ni para las lamentaciones.
Aceptado pues que el calentamiento, los
plásticos de la basura y el envenenamiento de la tierra serán algo
inevitable según parece, dada su ausencia en los programas
electorales de las últimas y variadas elecciones, de todos los
innumerables partidos, donde sigue primando el anatema sobre el
presunto contrario, o las motivaciones eternamente “dignas” como:
libertad (¿Para qué?, dijo Lenin, según dicen que dijo, una vez
conseguido el poder), independencia (Vivan las caenas, por aquí, en
la victoria contra la pérfida ilustración), o los fastuosos
estandartes del SPQR cuya traducción en nuestros lares no es otra
que: Por Dios, por la Patria, y el Rey, en previsión de la siguiente
guerra carlista, ¿La quinta?, en ese constitucionalismo con anteojos
que nos impide ver hasta de que Constitución estamos hablando. La
anterior ¿fue derogada o simplemente ignorada?.
En fin que hay asuntos mucho más
interesantes, para el interés personal de algunos muchos, que la
catástrofe medioambiental cuyo lugar está donde debe estar, en los
documentales televisivos de esos canales que a todos nos gustaría
que nos gustasen, como dice Simpson padre, sin desdeñar su presencia
en exitosas series de pago como Chernobyl, donde queda en manos de
guionistas y actores, todos excelentes en su ficción, la homilía
con la que el predicador de Moby Dick alertaba a los insensatos
cazadores de ballenas sobre las consecuencias de desafiar la
divinidad, del mar, de la naturaleza. No solo no hemos aprendido
nada, es que ni tan siquiera hemos escuchado su lección, que de
hecho fue suprimida en la copia española, por aquello de que el
predicador no pertenecía a la religión verdadera. Anatema, ya digo.
Derrotado y desarmado el medioambiente,
la ceguera colectiva ha conseguido sus últimos objetivos. Nada que
objetar, ni nadie en condiciones de hacerlo.
Y es solo una de tantas amenazas que ya
no lo son, al convertirse en realidades.
Existen otras menores, que no deben
desdeñarse tampoco, como:
Que las autoridades (con los
alcaldes a la cabeza) decidieron que las ciudades ya no eran para sus
habitantes, y la cosa va a más y más, a toda velocidad. Las han
convertido en negocio, en decorado, en discoteca, en parque temático,
en estadio para actividades “lúdicas” de una exigua e insaciable
parte de la población, en terreno alquilable al codicioso sector
hostelero, que invade las aceras sin freno y priva de espacio a los
ciudadanos. Echan también de sus casas a los inquilinos, permitiendo
la plaga de los pisos turísticos. Demasiados caseros poco previsores
prefieren una barahúnda de cambiantes grupos etílicos y sin sentido
de la conservación, antes que residentes fijos y cumplidores que
cuidan los pisos como si fueran propios porque es en ellos donde
viven. Digo “poco previsores” porque no creo que esta eclosión
de hordas vaya a durar eternamente. Eso sí, si me equivoco, nuestras
ciudades serán arrasadas y destruidas.
Javier Marias, en una de sus
iterativas reflexiones al respecto. Esta del 19 de mayo, en el
dominical del Pravda local.
Resulta que me he dado una vuelta por
Munich, en busca del contubernio, y aparte de que nadie se acuerda de
aquella esperanza fallida, como tantas, he tenido que invocar al
Marqués de Leguineche, el personaje berlanguiano interpretado por
otro marqués, para que me recordase la época en que enviase a su
hijo al contubernio con su correspondiente bolsa de viaje, al objeto
de conseguir parcela -cacho- de poder en el inminente gobierno post
contubernio, y el como su hijo limitó su viaje a París, donde se
gastó con señoritas el peculio suministrado. Esperpento patrio, no
tan esperpento como pudiese parecer.
Aquí, y ahora, innumerables
funcionarios y dirigentes de cualquier nivel y procedencia, incluso
concejales de mi ciudad, viajan interminablemente a destinos
milmillonarios de ciudadanos, ilusionados en ese nuevo contubernio al
que llamamos turismo. Lo hacen con la intención, gratuita y estéril,
de dirigir el nuevo maná hacia sus respectivos orígenes, para bien
de sus cándidos patrocinadores.
No puedo asegurar que se lo gasten en
señoritas también, o en señoritos, pero si lo absurdo e inútil de
esa inversión, de esos viajes de placer -no creo que sufran mucho en
ellos- sufragados con dinero ajeno, a paises donde sus turbas, masas,
plagas humanas llevan tiempo extendiéndose por todo el urbi et orbe,
sin reparar en gastos ni distancias. Los diez millones de dolares con
patas que habitan Seul o Tokio, o los ventidos de Pekin, no pueden
hacer otra cosa que esparcirse por aquellos lugares que figuran en
las guiás de viaje in illo tempore, sin necesidad de que nuestros
ventajistas de la cosa se apunten a uno o varios banquetes.
Absolutamente inútil, sobre todo cuando estamos en una fase de la
estampida donde su redireccion o encauzamiento parecen harto
conflictivos. Las estampidas es lo que tienen, al menos en la peli
sobre “Regreso a las minas del Rey Salomón” eran pavorosas, aunque
tengamos que volver al cine para ignorar la realidad.
Ya no son solo las ciudades zombis que
enumera Javier Marias: Venecia, Roma, Paris, Madrid, Barcelona,
Lisboa, Praga, etc. Puedo comprobar los indicios de otras ciudades que
pertenecen a la categoría de muertos vivientes en cualquier lugar, y
en como serán arrasadas y destruidas, según
vaticinio del articulista.
Incluyo alguno de esos indicios, para
incrédulos en aquello de la llegada del hombre a la luna, donde
pueden leerse en inglés y en coreano, llamadas de auxilio, de
socorro, de clemencia, de sus victimas de allí. A las de aquí solo
tienen que darnos tiempo.
“SILENCIO POR FAVOR”
“PROHIBIDOS LOS DRONES”
“Mi ciudad no es un museo, Por favor
respeten a las personas que vivimos aquí durante sus visitas o
estancias.
No entren en propiedades privadas.
Depositen sus desechos en las papeleras y mantengan sus voces bajas.
Gracias por su comprensión”.
“Por favor, no deposite sus bolsos,
ropas, o paraguas aquí, Esta es la entrada y salida de las personas
que vivimos en esta casa. No es un lugar de espera. Gracias por su
comprensión”.
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