sábado, 20 de junio de 2009

HAY QUE MOJARSE. HACE CALOR I.-




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------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- “TRAEDME LOS HECHOS, QUE YO OS DARÉ LAS RAZONES"
(De El Juicio Final) Frase atribuida al Juez Supremo Roy Bean.
Fechado en: S(t)=exp(-At) years A.C.

La función exponencial es muy importante en matemáticas. Es la función con más presencia en los fenómenos observables.
Las funciones de supervivencia y riesgo para esta variable demuestran que, el riesgo es constante a lo largo del tiempo.
A esta propiedad característica de la función exponencial se le suele llamar pérdida de memoria, y es la propiedad que permite evaluar gráficamente si la función exponencial es un modelo adecuado para unos datos.

Roy Bean se hacia llamar “La Ley” y al parecer lo era, al menos al Oeste del rio Pecos. La impartía, o mejor la repartía, desde la taberna que regentaba, y siempre bajo un cartel con la imagen de su actriz favorita Lillie Langtry, que en la versión de John Huston de 1972, fue interpretada – el grabado me refiero- por Ava Gardner.
Aquí no quiero presionar a nadie, así que lo mejor es que cada uno/a coloque en el marco invisible que lleva sobre su cabeza. Justo encima del “fulgor” de santidad que sobrevuela a cada quisque, la imagen de su actor/actriz adorada, la del ultimo fichaje de su club, o la de la sagrada patrona de su pueblo, y de esta forma perciba lo que para el pobre juez, cuyos juicios fueron realmente “El Juicio final” para mas de cuatro, podía significar el andar por la vida con el apoyo de los dioses, que fueron femeninos hasta que en la edad oscura el poder quedó en manos del celibato ecuménico y este comprobó que la mujer resultaba un ser absolutamente prescindible a lo largo de “casi” toda la vida. Y así nos va. Y como esta desviación, y muchas otras, son del dominio popular, no voy a seguir desviándome del tema que nos ocupa.
Están todos ustedes, poseídos y protegidos por esa imagen adorada, y van a creer a pies juntillas, que la frase inicial, el titulo que me acabo de inventar, pertenece a Walter Brennan (Oscar en 1940), a Paul Newman, o al ujier que nos recibirá a todos juntitos el día aquel del que habla el libro gordo, de titulo impronunciable en español por sus consonantes labiales y palatales. No lo escribo, para no incordiar a nadie con el intento.

A pies juntillas (Nota).-
La expresión parece tener su origen en un juego infantil consistente en saltar con los pies juntos y los ojos vendados de un cuadro pintado en el suelo a otro, mientras un compañero —cuyas indicaciones hay que creer por completo— va orientando a quien salta.

Por ello, y antes de iniciar el análisis comparativo de las dos estampas, resulta conveniente que hagan acopio de paciencia, y apelen a los niveles más altos del raciocinio- debajo de la calota craneal, paradójicamente – para ayudar, con sus innumerables y reflexivas ocurrencias, en la búsqueda de caminos para la razón.
En el juego de los errores, la ¿única? diferencia salta a la vista. Resulta una bofetada incluso para el observador inexperto- En agosto frío al rostro, o algo así- Tan elemental como inevitable.
Sucede que los ojos rara vez miran como lo haría un niño en el juego de los errores. Lo hacen a través del cristal con que se mira, matizados por la experiencia y deformados por la deforma -no es errata- de pensar de cada uno, y de esa manera surge la primera impertinencia, ¿Por qué? o bien ¿Qué pretenden con ello?.

Observamos el brochazo chapucero que imita la parte superior –el top- de un bikini. Pero esto lo observamos “ahora” después de compararla con la imagen limpia –sucia para los censores- Si no existiese la imagen original, daríamos por buena, y por tanto normal, a la única, la casta. Pero la observación relativa a la otra, nos hace descubrir , mediante ese filtro visual del que antes hablaba, algo inapreciable para la primera mirada.
A su vez este descubrimiento nos distrae de otro asunto similar y también evidente, y es el hecho de que en la imagen primigenia, ya aparece amputado el dorso de Romy, justo por debajo de la cintura. Es decir que, sobre la premeditada “prudencia” del realizador cinematográfico al elaborar el plano del desnudo integral, presentando el cuerpo femenino en visión postero lateral, en el que realmente solo muestra un fragmento del perfil del culito de Sissi, se añade el brutal recorte del cartelista, este usa un código moral mas estrecho todavía y solo muestra unos hombros desnudos. Pero al parecer, el umbral represor era variable según cada país, y aquí nos aplicaron otra mas, vuelta de tuerca. ¡Que toda la mujer es pecado oiga, desde el flequillo hasta la punta del pie!

Observo una evidente incoherencia en la obstinación censora por su aversión a la piel desnuda. Cuando las reglas del juego establecían, y lo siguen haciendo, que el tabú, el noli me tangere, son el dios, la patria y el rey, dedicaban todo su esfuerzo a un asunto, el sexo, que no figuraba en las tres reglas básicas. Salvo que represión signifique poder y yo no acabe de entenderlo. Va a ser eso.
El caso es que el libérrimo cine francés, no solo sufría también esa tendencia a insinuar sin llegar a mostrar, y que la diferencia con el nuestro no era tan significativa, siendo su intención la misma. Sino que, además, todavía, hoy, tienen proscritas, es decir no estrenadas, películas como “Paths of Glory” de Kubrick, por su recreación de hechos militares en los que la bandera francesa es realmente intercambiable por cualquier otra. Aparte de tener la prudencia de matar en sus películas a casi todos los personajes femeninos que aparenten ser mas o menos volubles o casquivanos. Más de lo mismo. Por no dejar en el tintero el británico “King and Country” de Losey, también proscrito en su país de origen, por razones similares, o, todavía mas delirante, la prohibición en Alemania de los filmes de Leni Riefensthal, sus documentales propagandísticos sobre el III Reich, prohibición mantenida durante mas de sesenta años, después de haber sido vistos hasta la extenuación por los supervivientes de la generación aquella.

Uno compara, mira al lado, resulta fundamental mirar a los lados, no solo hacia atrás, y percibe que los tabúes son universales. Son hechos reales.
Luego, inevitablemente, tiene que usar el filtro de la experiencia, valiosísimo para aquel que además de tenerlo lo pone a funcionar. Y descubre las paradojas de la comparación entre las normas morales, en el tema que nos ocupa, de entonces y de ahora.
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HAY QUE MOJARSE. HACE CALOR II.-


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TRAEDME LOS HECHOS, QUE YO OS DARÉ LAS RAZONES.-

Parece ser que, desgraciadamente para los irreductibles defensores del celibato militante, siguen existiendo hombres y mujeres, dos sexos diferentes, a pesar de siglos y siglos de anatema cuando, ya digo, solo debería haber lugar para uno, el suyo. Y el resto, pecado. En eso las cosas han cambiado poco, solo que ahora están un poco mas comedidos a la hora de imponer normas morales al respecto y han encontrado un filón mucho mas de moda “a la derniere” con un tema , el aborto, mas antiguo que ellos, que no que la humanidad. Y eso que con el photoshop podrían hacer maravillas para que las imágenes aparentasen ser lo mas conveniente para su causa, y además, para los espectadores seria una autentica liberación el no darnos cuenta de que lo que vemos no es real, cosa a la que por lo demás ya nos tienen habituados los del club rival.
Por otra parte, la realidad en el aspecto visual y hasta tangible de la piel ajena, queda tan desvirtuada por el exceso de cirugía plástica, que ya tampoco tiene sentido intentar matizar la diferencia entre la verdad y la realidad. Tema para los filósofos, quizás.
La ruptura de la barrera censoril, y no solo de la religiosa, se ha encontrado potenciada por la universalización de los contenidos, por un mundo – el 1er mundo, los otros, ya sabe el lector que no existen- en el que la circulación de imagen y pensamiento es libre, instantánea y , lo mas asombroso, gratuita.
Resulta, por tanto, absolutamente ineficaz, el prohibir o el manipular una imagen, un libro o una película. El libre acceso a cualquiera de ellos lo hace imposible. Aunque la necesidad del estado o de la congregación (son lo mismo, insisto) de proteger, de dirigir, el alma de los súbditos, es hoy igual que ayer, y es esta es la que le obliga a seguir haciendolo, es el por qué y el para qué , es la justificación de pintar sobre una pintura. Y afortunadamente tienen para lograr sus fines un aliado imprescindible en la ignorancia colectiva. Si antes ignorábamos que existía otro pecado mayor que el de la mujer en bikini, teníamos que conformarnos con el venial, el dos piezas, que también lo era, por ignorantes.
Ahora, respecto a entonces, la base cultural y el desarrollo intelectual de las masas a la que llaman sociedad no es muy diferente, a pesar de lo que pueda simular la propaganda positiva del progreso universal. Una sociedad inculta es una sociedad inmadura y por tanto maleable, que creo significa moldeable y que no tiene nada que ver con el mal, pero visto el resultado, no se si han conseguido ambas cosas, ellos.
Para lograr sus fines, los mismos de siempre , tan solo ha sido necesario introducir un pequeño complemento, a modo de señuelo, en el mensaje.
Queridos hermanos:
-Vosotros fijaos en el ¿Por qué? Y el ¿Para que? de la imagen, que yo me encargaré de que os olvidéis de esta, que la creáis a pies juntillas, y que sigáis entretenidos pensando en las improbables intenciones ajenas.”


Así las armas de destrucción masiva son atesoradas por el eje del mal “para” destruirnos y, por tanto, está más que justificada nuestra actuación en el escenario de la muerte. Así “porque” el calentamiento global va a acabar con la vida en la tierra, y “para que” esto no suceda, vamos a embarcar a los bolsillos de nuestros prestamistas –benditos ellos- en la aventura inagotable de la energía renovable y de las centrales nucleares (son lo mismo, insisto, solo un buen negocio), para que el día de mañana, al paso que vamos, la energía sea tan innecesaria para un país en quiebra como lo son su mayor riqueza de los últimos quince años, tres millones de viviendas vacías.
El juez Bean solo quería saber de los hechos. De las razones que pudieron motivarlos, o de la estulticia de los que los cometieron nunca quiso saber nada. El tiempo, en todo caso, pondría las cosas en su sitio. El prefería la soga, aunque los guardianes de nuestro espíritu han sido más de la hoguera. Para gustos los colores.


El hecho, los hechos que no dejan de apremiar con su insistencia es que entonces y ahora, seguimos entrando al capote con la facilidad y sumisión del pueblo al que solo le mueve el engaño del primer nivel, y al que desgraciadamente, su nivel educativo y cultural (siempre son la misma cosa) no le va a permitir otra cosa. Para beneficio de los de siempre, beneficio de los huérfanos y de los pobres de la caridad, del Cotolengo de Doña Eduviges. Según cantaba Moncho Alpuente.
Lo cierto y verdad es que, de momento, no tiene sentido mirar hacia un lado u otro, ya que el electrograma moral y estético – son la misma cosa- es universal e igual para todos. Caca, culo, pedo y pis.



P.D. - Recuerdo la escena en que el protagonista de Ikiru asiste a un striptease (del inglés strip+tease, baile sensual), guiado por su mefistofélico amigo, cuando todo lo que vemos es el rostro asombrado del actor y el sorprendente respingo hacia atrás, acompañado de un grito, de un susto, indescriptible, en el momento crucial. Eso es cine, eso es arte.
Lo comparo con las escenas gratuitas donde "el origen del mundo” (Gustave Courbet) es mostrado antes, durante y después de cada puerta que se abre o del mutis del más insignificante de los personajes, y no lo entiendo. O bien progreso no signifique necesariamente que vayamos en la dirección correcta, tan solo que vamos hacia donde vaya dios a saber. O bien voy a tener que reconocer el renacer del peor de los desviacionismos en la evolución del sacrosanto sentimiento político-religioso (son la misma cosa, creanme) y empezar a sentir nostalgia, a añorar a mis queridos censores eclesiásticos. Cualquier cosa antes que mas caca, mas culo, mas pedo, mas pis.

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sábado, 13 de junio de 2009

¿ Y SI LA VIDA FUESE TAN SOLO UN ALBÚM DE CROMOS ?



--------------------------------------------------------------Cerrado está el mesón a piedra y lodo. Nadie responde. Al pomo de la espada y al cuento de las picas el postigo va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa! A los terribles golpes, de eco ronco, una voz pura, de plata y de cristal responde... Hay una niña muy débil y muy blanca en el umbral. Es toda ojos azules y en los ojos lágrimas. Oro pálido nimba su carita curiosa y asustada. “¡Buen Cid, pasad...! El rey nos dará muerte, arruinará la casa, y sembrará de sal el pobre campo que mi padre trabaja... Idos. El cielo os colme de venturas... ¡En nuestro mal, oh Cid no ganáis nada!” Calla la niña y llora sin gemido... Un sollozo infantil cruza la escuadra de feroces guerreros, y una voz inflexible grita “¡En marcha!” El ciego sol, la sed y la fatiga. Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.

Manuel Machado ( lo escribió en verso)


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- Sois la peor familia a la que jamás me he afiliado.
- “Os habéis esforzado y para qué? Para nada. Moraleja: No os esforcéis más”.
- “Cómo va a hacer la educación sentirnos mejor?. Cada vez que aprendo algo nuevo empuja a algo que ya había aprendido. Recuerda cuando hice aquel curso de probador de vinos, que se me olvidó cómo conducir…”
- Las tres frases cortas que sacarán tu vida adelante: "¡No digas que he sido yo!", "Oh, buena idea, jefe." y "Estaba así cuando llegué".
- Hijo, es un evento deportivo, no se trata de perder o ganar, si no de cuánto te puedas emborrachar.
- ¡Que no cunda el pánico! Recuperaré el dinero vendiendo uno de mis hígados.
- No dejes que la muerte de Krusty te afecte, hijo. La gente siempre acaba muriéndose. Es más, mañana tú mismo podrías aparecer muerto. Buenas noches.
- "La solución a los problemas de la vida no se encuentra en el fondo de una botella. Está en la televisión"
- "No podemos vivir culpándonos. Hay que culparnos una sola vez y seguir adelante"
- Lisa cariño , los vampiros no existen , son seres imaginarios como los duendes o los esquimales
- Antes dudaba de la existencia de Dios, ahora se que existe… soy yo
- Lisa, eres mi mejor logro, y lo hiciste tu solita


Homer Simpson ( solo transcribió la realidad)


¿Y si la vida fuese solo un álbum de cromos?

Hubo un tiempo en que los vicios eran privados, y las virtudes públicas.

El vicio es esa “fuerza que quiere crear el mal y siempre crea el bien” como diría el Mefistófeles de Goethe o la “mano invisible” de Adam Smith. La idea liberal, según la cual, el bien común o el interés de la colectividad, sólo es posible a través de la búsqueda individual del propio interés o beneficio. Es el afán de todo hombre por conseguir más, y que le lleva a hacer cualquier cosa –cualquier cosa- por obtener lo deseado.
El vicio privado, a la larga seria beneficioso para la colectividad, y las virtudes solo la imagen pública que prestase el envoltorio de bondad sin límites al oculto e impenetrable paquete de medidas imprescindibles, aunque dolorosas, para lograr el bien común. O al menos para que unos cuantos lo intentasen saltándose uno tras otro aquellos principios morales que no cesaban de pregonar sus mayores.
Los versos, magníficos, de ultratumba. Con héroes de una época cuando las virtudes públicas lo eran todo, y los vicios solo existían en los libros de religión, en los países paganos o sea, aunque hubiese que acudir a la edad oscura, esa de donde nadie ha vuelto todavía, para recordarnos las bondades innatas, y externas, ya digo, del superhombre de aquí. (Nietzsche estaba proscrito, por supuesto). En ese instante, el pasado y el presente se funden, un fundido en negro que aparenta un largísimo salto temporal, pero que los cinéfilos nunca interpretan como otra cosa distinta de lo que en realidad es, la parte que sigue a otra parte, de la misma película.
El verdadero salto espacial, el universo paralelo del que nos habla Flash Gordon, la entrada real en la nueva dimensión, sucede de manera imperceptible, pasando del desprecio a la retórica de la virtud exterior, y de sus aláteres, como el infravalorado M. Machado, a la inmersión en las profundidades del mar helado de Coralia, al este de Arboria, donde la reina Undina, al igual que las otras reinas – allí la paridad, afortunadamente, era una realidad – no pensaba en otra cosa que en conocer a nuestro rubio héroe, conocer en el sentido bíblico se entiende.
Y de pronto, el paisaje, que sigue siendo muy parecido, ya digo, nos presenta un ambiente en el que los vicios son públicos, son necesarios para el bien común y por tanto, ya no tiene sentido ocultarlos. La sociedad ha madurado durante el largo viaje, se ha hecho adulta, y ha comprendido que si los principios no tienen sentido, habrá que pensar exclusivamente en los finales, en el aquí y el ahora, que para luego es tarde.
No hay necesidad de dedicatoria en el regalo que nos hacen los gobernantes con su entrega ilimitada, ni tan siquiera un celofán coloreado que preste el tradicional tono apastelado a sus intenciones. En crudo y, mejor en directo. Todos los defectos que individualmente han tenido el privilegio de acabar con una u otra de las polis griegas, se unen ante la necesidad de reforzar la imagen de un Mongo que relega las virtudes al terreno de la nostalgia individual que, como todo el mundo sabe, es una de las peores enfermedades del alma.
No hay yin ni yan, no hay algo mas estupido que la comparación gratuita entre el blanco y el negro, -ambos colores son imprescindibles-, tan solo la contemplación alternativa de estos, de los dos álbumes de cromos, el de El Cid y el de Los Simpsons, y la perplejidad que ello me ocasiona. Los sentimientos que desprende la revisión de sus viñetas. El miedo y la risa.
La negativa a intentar buscar las causas de lo primero y el bloqueo mental para intentar prevenir, o al menos vislumbrar, las consecuencias de lo segundo.
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" Si he sido malo y nadie me pilla, ¿Eso me convierte en bueno?"
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lunes, 8 de junio de 2009

AL FINAL, LAS COSAS LLEGAN IGUAL QUE SE VAN...




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Sépase, pues ya no puedo
Levantarme ni caer
que al menos puedo tener
perdido a Fortuna el miedo


(Juan de Taxis-Conde de Villamediana)


Los irascibles ciudadanos de Mongo son absolutamente intolerantes con las risas ajenas, con las risas referidas a ellos, principalmente. Y ello, aunque la referencia, su atribución, sea meramente soñada, imaginada, o simplemente fruto del sofisma más habitual: Alguien se está riendo. ¿De que o quien se rien? ¿Existe en el planeta alguna persona que pueda suscitar el interés ajeno, aparte de mi? Conclusión: Estoy siendo seriamente humillado y he de responder a la afrenta.
Esto bien lo saben los que se dedican a los asuntos públicos, eufemismo para no decir los que viven de algo que no sea su trabajo personal,- sectores primario, secundario e incluso terciario-, y por ello utilizan la técnica de la corrección política, para evitar herir susceptibilidades que originen situaciones como la última del conde de Villamediana, el amante de la reina, el pobre.
Este es su primer comodín en el juego, la precaución exacerbada, durante la primera parte de la lidia, en la que lo conveniente es que la risa “no se me note”. Y no suele ser de difícil ejecución, basta no mentar los tres vértices del triangulo eterno, el dios patria y rey de cada uno, y hacerse solidarios con todos los grupos marginales -cuanto mas marginales mejor, mas espectacular, y…mas barato- a la vez que dejar constancia de que ellos no se rien nunca. (llevan corbata).


La segunda boya en el flotador de los poderosos, es de mayor fundamento. Una vez establecido el escudo protector en el primer nivel, hay que acudir a la palanca fundamental del poder, que no es otra que el conocimiento. Y no me refiero al saber filosófico o científico, sino al conocimiento de que unos pocos, ellos, son mas listos - y lo saben- que los demás, que son los portadores e incluso los generadores de la verdad verdadera y que, por tanto, al resto solo le queda el asentimiento ante las maravillas que el poder desprende, y la fe ciega en que el maná nunca les va a faltar.
Aquí el peligro está acechando detrás de cada palabra, de cada comunicado, y de la verosimilitud que las proclamas tengan una vez contrastadas con la realidad circundante de Mongo. Si aparecen discrepancias ostensibles, estas se transforman en sospecha de fraude, en la duda que cuestiona la verdad oficial, y en el camino que conduce a mirar detrás de las bambalinas y comprobar que la tramoya es el todo, que no hay nada mas en el escenario.

Normalmente el comodín es llamado propaganda, a la que suelen ser receptivos los espectadores que lo son exclusivamente por el miedo reverencial al estrado y por la fe en la pantalla catódica. Esta circunstancia pone en pie el segundo elemento definitorio del carácter monguiano. No les gusta que los engañen. Sienten que los están llamando tontos implícitamente, y aquí suelen reaccionar con la misma receta que aplicaron al conde de Villamediana, pobre conde.


Queda todavía un tercer nivel de ineficacia para los que llevan la vara de mando - y además viven de ello, no lo olvidemos- que es cuando han usado la corrección política para que no se les note la carcajada y cuando han conseguido que la magia del espectáculo mantenga viva la fe en el artista, en el ser superior propietario en exclusiva de la verdad, de su verdad. Y es el momento en que se hace evidente que ni la risa ni la mentira son el peor pecado, que tan solo han sido los medios indispensables para llegar al mortal, al pecado fetén, al mas provechoso de los mandamientos en su incumplimiento, el séptimo creo, el de no robarás.
Aquí ya nos encontramos en una situación limite, donde ya no importa que el maná fuese solo un hongo adherido a las zarzas que mantuvo sin hambre al pueblo elegido durante un par de días hasta que el dolor de tripas les hizo ver que algo iba mal en el relato, donde ya no importa que la voz que clama en el desierto, el mitin o en la barra del bar, solo sea el eco inaudible de una patraña. Comienza a cobrar sentido la evidencia de que alguien se está comiendo tu queso, y no el del cuento del ratón, sino el queso que tu has elaborado con el cuajo de cardo de tu huerto y con la leche de tu vaca que has alimentado con la hierba de tu prado. Lo llaman corrupción que es un pecado no filiado en el santoral del infierno. Pero aquí, al estupor de ver que tu esfuerzo, para ti estéril, solo sirve para engordar a quien se lo lleva a cambio de nada, sigue la ira que debidamente liberada de su sólido estuche por el hambre, ese instinto irracional, para el que no existen barreras formales, conduce a la tercera estocada que nuca llegó a recibir el desdichado amante. De hecho el señor conde solo recibió una, o mejor dicho media estocada, pero con un arma blanca de tal magnitud que no fue necesario ensañarse con el muerto.


Este episodio, que hoy traigo a estas páginas, es uno de esos oscuros capítulos de nuestra historia en los que el autor, el inductor y las motivaciones quedaron a recaudo, a expensas de su finalidad, también, del interés publico, del bien común, y por tanto pertenecen sus nombres al secreto oficial, tan alejado él, y tan cercano, de la leyenda popular, de los romances de ciego y si me apuran hasta de la copla.
Los sabios, cronistas y amigos de los de siempre, dirán que lo hizo un noble, otro, movido por lavar la afrenta al honor de Mongo, que la sospecha sobre la honestidad real había convertido en un serio peligro para la estabilidad del gobierno de Mongo. Ya saben lo de la mujer del Cesar. Otros que por celos, o que por una disputa sobre gustos musicales – me adhiero- como denota el que eligiesen los aledaños del palacio de la opera para el evento. Los mas razonables sugieren que el poeta, mujeriego, torero y afortunado jugador de naipes, había picado muy alto, demasiado, y que no fue otra cosa que un acto de justicia, antes de que la Inquisición - ella - llevase a la hoguera a sus sirvientes y a los de sus amigos ante la ausencia de sus señores. Esto último es histórico, 5 dic 1622, la acusación: pecado nefando, sodomía. Primero la ejecución, luego la condena, finalmente el olvido.

Afortunadamente las cosas han cambiado tanto, para bien, en cuatrocientos años, que situaciones mucho peores, los delitos de nuestros días, son resueltos, o disueltos que viene a ser lo mismo, con el sencillo ademán de dar cuerda al reloj, sin acritud, sin gran esfuerzo, permitiendo que el tiempo siga su marcha. Y es que el tic tac además, como decía el vecino de Bernardo Atxaga, hace mucha compañía.



P.D.- Cuenta mi amigo Federico que, hace unos días en La Habana, en la obligada tertulia que acontece en un largo trayecto en auto, con un provecto, y sabio sin duda, taxista.

Ante el derrotero preocupante que sobre la realidad presente de allá, o de acá, igual da, tomaba la discusión, le oyeron decir:

-Nunca sabremos lo que nos depara el pasado-

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domingo, 31 de mayo de 2009

NORMAS DE TRÁFICO QUE NO LO SON.-


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La carrera de Yolanda.-

De la rutina del rito.

Ayer pudo ser nunca más.

Cualquiera de los tres vale. Como dirían Guillermo Brown (R.Crompton) y sus secuaces, “sabemos como se escribe”, después de poner en el cartel que eran unos urfanos, guelfanos, erfanos, o uhérfanos, demostrando que lo importante no es hacer bien las cosas, ni siquiera el saber hacerlas, sino que lo importante es hacer ver que se sabe hacerlas, y para eso existe la propaganda, faltaba mas. Así, como los espectadores de Guillermo, los lectores pueden escoger entre los tres títulos del principio y quedarse con el que prefieran, orientando de ese modo el sentido de esta su pagina.

El caso es que uno hace sin darse cuenta, con el automático puesto en las manos y en la mente, el trayecto mil veces repetido desde su casa donde mora hasta el centro de la aldea, donde inevitablemente acontecen todas las otras actividades imprescindibles para su vida cotidiana. Pudiera ser en esta ocasión el llevar o el traer a su hija hacia o desde el lugar donde se celebra alguna de sus tareas formativas. Lo corriente, vamos.

El automóvil, prácticamente lo hace solo, se sabe el camino como aquel burro, Sinforoso, compañero de infancia, al que no había que darle mas indicaciones que "Arre" y "So", y dejar el resto, que no debía ser tanto, de su cuenta. Tan solo presto atención a los pasos cebra, a los ciclistas y a soltar la correspondiente maldición hacia dentro- mierda de corrección política, cuando parece ser que tu eres el único correcto- cuando tengo que transitar cien o quinientos metros detrás de los coches de caballos-Sinforoso nunca muere- que acarrean turistas necesitados de semejantes aperos insalubres en sus viajes, sin los cuales , al parecer, ni las fotos, ni los recuerdos, ni las gentes que habitan sus esporádicos destinos, tienen sentido. Misterios gozosos.

Antes o después de la maldición, según el azar que también es muy suyo, tengo que tomar unas curvas en subida- negociar, en términos railisticos- que obligan a vigilar el bordillo destrozagomas -cien euros la cubierta, tres llevo en la delantera derecha, para no tener que soportar el sarcasmo del chico de los neumáticos: "¿Otra vez que traes el dinero exacto en la mano?. Así da gusto."- y de paso controlar los vehículos que circulan en sentido contrario minimizando la distancia que separa el “No pasará” del “Ya ha pasau”- y no saquemos el texto del contexto, por favor- permitiendo en esos breves instantes de lucidez obligada, por la atención imprescindible para superar el escollo de la curva y de la contracurva , el atisbar, en modo flash, en décimas de segundo, el rostro y la actividad del conductor que vive ese su simétrico destino con nosotros. Nada especial.

Tan repetido que uno, no solo lo olvida inmediatamente, sino que, a veces sufre uno de esos episodios pavorosos de ansiedad en los que podría jurar que ese trayecto no ha existido nunca, que no sabe como ha llegado hasta allí, y que seguramente algún hiato temporo espacial es quien lo ha conducido , puesto que la memoria no quiere saber nada con esos últimos diez o quince minutos. Algo así como el deja vu pero al revés. Intrigantes y desconocidos artilugios mentales que nos permiten dedicar la poca energía que resta a nuestras neuronas , probablemente, a otros cometidos mas interesantes, y que resultarán a la postre, especialmente rentables como indicio acusatorio, para nuestro psiquiatra, seguramente.

Por eso, ayer fue un día como otro cualquiera, y no habría habido lugar para que yo les haga perder el tiempo si no fuese porque, el vehiculo con el que me cruzaba, en la pequeña recta, para él de bajada, entre dos curvas malas- ciegas las llaman los motoristas y a mi me daba risa el nombre hasta que fui motorista, y comprendí lo que se siente cuando uno no puede modificar la trayectoria, ni frenar, ni hacer otra cosa que continuar con la cabeza por delante ante un espacio desconocido, totalmente negro hasta que podemos verlo, y del que esperamos, necesitamos, que esté desocupado y por tanto, practicable.-

Y este vehiculo, el de enfrente, aceleraba en esa circunstancia en que lo prudente habría sido lo contrario, y su conductora, pude apreciar, iba hablando con la cara vuelta hacia los ocupantes de los asientos posteriores, aunque tuvo tiempo para volver un instante el rostro hacia delante -era Yolandita, la vecina, pude reconocer- soltar su mano derecha del volante- al parecer andaba sobrada de recursos automovilísticos, de esos relacionados con la conducción, que para mi son tan parcos- y con ella persignarse. Sí. Eso fue lo que hizo que se me pusieran las meninges de punta y me permitiesen grabar el episodio. Del que salí incólume como pueden comprobar al ver que todo es igual, sin ti nada ha cambiado, como decía la canción de Los Módulos, cuyo cantante no era otro que el superviviente del accidente automovilístico de Los Ángeles.

La señal de la cruz, como el banzai de los suicidas nipones antes de despedirse del emperador-dios y a punto de saludar al dios-emperador. Igualito.

Solo que a veces las cosas no son tan sencillas. Si no tenia la menor consciencia del peligro que supone, para ella y los demás, el acelerar ante la llegada de una curva ciega, con el cuello vuelto hacia atrás, creo que el ritual religioso no podía tener el menor sentido, salvo en el caso del suicida consciente, que no es , ni fue el caso de ella. Había otra razón, que intuí enseguida, y que no era otra que el lugar sagrado en que nos encontrábamos. Nada menos que frente al portal del almacén donde se guarda la imagen sobre la que se fundamenta la cofradía del barrio, una de las diecisiete cofradías – aquí ya deberían ir recapacitando sobre la simbología de los paralelismos. Pistas: diecisiete, y también empiezan por co- y justo unos metros después de pasar junto a la iglesia mayor, y otros pocos antes de otra iglesia - que será menor supongo, puesto que mayor solo puede haber una- y pienso que en todas ellas, en media o en docena y media, le resultará obligado el hacer la señal de la cruz, el persignarse, haciendo peligros, y haciendo ver al mundo y a los espíritus maléficos e invisibles que nos acosan, la protección que semejante ademán confiere a quien lo ejecuta.

Y aquí me encuentro pillado, o piantao como en el tango, incapaz de comprender el sentido de la rutina, el valor del rito individual, y su incoherencia ante la razón, ante la evidencia de los peligros reales, y ante la necesidad de replantearnos tantas cosas, tantas creencias y actividades rutinarias, en unos tiempos convulsos -pese a que la propaganda estatal intente negarlo- en los que resulta fundamental agarrar fuerte el volante de la razón, mirar atentamente hacia delante, a la vez que pensar en que la solución no será efectiva si solo intentamos llegar, individualmente sin daño, al final del camino. Que ahora, mas que nunca hay que dejar ciertos lujos, como son los de la fe de cada uno, fe en el equipo de futbol, en la cofradía o en el partido, tanto da, y plantearnos que el bien de todos, nuestra salvación y la de nuestros hijos, la de mañana y la de pasado mañana, dependerá del tipo de conducción que hagamos.

Pero comprendo que resulte difícil si no imposible, el cambio de actitud propuesto. El quitar de los ojos la venda del fanatismo, de todos los fanatismos, y el intentar de manera voluntaria e individual superar la mayor de las carencias de nuestra sociedad, la insolidaridad que después de casi cuarenta años de libertad - otro día les hablaré del puente de la libertad, también en mi pueblo- ha calado tan hondo en nuestra forma de vida que resulta una utopía, hoy mas que nunca, pensar en conceptos como justicia- el bien común de unos pocos- u honestidad -ande yo caliente…- Así que permítanme insistir, repetirme como un rito rutinario y molesto-otra vez- con la canción de todos los días.

Así no vamos a ninguna parte.

Y como no quiero seguir en la abstracción, debo aclarar que cuando hablo de egoismo estoy hablando en realidad de intereses creados , del empecinamiento de los poderosos y de sus acólitos, los politicos, y de que utopia a lo largo de la historia ha tenido otros sinónimos como por ej. revolución, que me recuerdan demasiado a la curva ciega que se encuentra al final de la cuesta abajo, y a la cual, de momento, seguimos ignorando.


P.D.- Si se fijan bien, Angie Dickinson no conduce. El conductor era y es varón, se llama Polito, y también es vecino. He puesto la metáfora en manos femeninas solo para dar gusto al antimachismo de los/las que no pueden vivir sin algo o alguien contra quien. Lástima.

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domingo, 24 de mayo de 2009

LA BALADA DEL CANTO RODADO

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Balada del canto rodado.

Mi pena es muy mala

Porque es una pena que yo no quisiera

Que se me quitara

(M. Machado)

"I rolled and tumbled,

I cried the whole night long",

"Rodé y caí,

Lloré toda la noche".

(Tradicional)

How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

¿Cómo te sientes?
¿Cómo te sientes??
Al estar sin un hogar
Como un completo desconocido
Como una piedra rodante.

(Dylan)

Rodando y dando vueltas –rolling and tumbling- como piedra rodada – rolling stone- suele ser un tema recurrente en el titulo, y en el contenido, de decenas de canciones melancólicas – melancolía es un humor negro en su origen griego- de coplas a las que llaman blues los poetas del otro lado del mar.

Se pasa uno media vida intentando comprender a sus semejantes, a la jungla en que le ha tocado vivir, y a los seres vivos que comparten el terreno, el cielo o el lago de al lado, y no repara en lo más cercano que a la vez es lo más próximo a su condición. La piedra, el canto rodado.

Tiene que disfrutar de un alto en el camino, de un palmo de tierra blanda bajo la sombra de una encina, y de un leve soplo de conocimiento, de la sabiduría que suele crecer con la caída del cabello o con las arrugas de la cara, para meditar en el extraordinario parecido que tiene con esa pelota de granito, de marmol o de pizarra. De como la vida le ha hecho dar vueltas, y mas vueltas, y como esa fatalidad, la de no tener las raíces que le aseguren la garantía de un horizonte vital repetido cada mañana, que le garantice el calor del hogar, del arrullo materno que le acompañará hasta el atardecer, donde volver a encontrar el mismo, idéntico paisaje.

Y le sale el lamento, el del oscuro cantante de ojos acuosos y dientes gastados, de guitarra de cuerdas de acero, y de dedales hechos con el cuello, y con el morro de una botella de licor. Un lamento que necesita muy pocos acordes para su puesta en escena, una melodía donde el silencio prima por encima de la mínima orquestación, con arreglos cuya ausencia resulta fundamental en la pieza desnuda, y donde el bajo triste y continuo es sustituido a veces por las palmas grupales, por el taconeo, o por el ritmo sincopado de la armónica que, con su insistencia nos recuerdan que estamos ante una salmodia crepuscular.

Demasiadas coincidencias como para no caer en ello. Como para no darse cuenta que, aun ignorando la lengua en que lo han escrito Dixon, o Johnson, o Dylan, el sentimiento es el mismo, y el mensaje idéntico. La pena tan grande por la ausencia de las personas, amantes, amigos, que pasan por tu vida, rodando unos instantes a tu lado, y perdidos para siempre – perdidos a veces, solo a veces- en el siguiente recodo del camino.

Uno mira hacia atrás y recuerda a aquellos otros, sedentarios, que tuvieron la suerte, que tendrán la inmensa suerte de ver salir el sol por el mismo punto del horizonte, del perfil de la sierra cercana, una vez cada año, durante todos y cada uno, tantos como le toquen, y los envidia. Desearía poseer como ellos, el confort, la seguridad que presta esa red invisible que te protege de lo desconocido, de los peligros de las profundidades del bosque, de la jungla en que nos toca sobrevivir.

Y luego sigue meditando, y descubre que no, que no envidia nada. Coloca en la balanza esa seguridad que ciertamente llenó su niñez de felicidad – y ese es uno de los dones de la infancia, la capacidad infinita para ser feliz, y transmitirlo- y en el otro platillo la vida del navegante, la del marinero que hace un ejercicio irrepetible en cada singladura, y que espera con ansiedad cada nuevo amanecer para descubrir un paisaje nuevo, con nuevas compañías, nuevas sonrisas, fidelidades y miradas que le harán olvidar inevitablemente.- aunque afortunadamente solo por un cierto tiempo- todas esa piedras que rodaron a su lado.

No lo cambio. Ni quiero, ni además podría hacerlo. El canto rodado cambia de color y hasta de forma con el transcurso del tiempo, y cuando se moja, como las piedras de la playa, muestra una textura y unos tonos prodigiosos, la magia del tornasol, que vuelven a ocultarse en cuanto se evapora el agua que lo cubre, esperando su renacer hasta la próxima lluvia de primavera, o de otoño igual da. Es su sino, el desgastarse, el cambiar durante su imprevisible viaje, y el amoldarse a las condiciones, a las sorpresas que esconde cada recodo, cada desnivel, cada arroyo, en la confianza de que su destino, al fin, está en el principio, y no es otro que el mar. Y su misión, su objetivo en el viaje, es el de intentarlo, el de vivir, dando todas la vueltas que el destino imponga, para seguir una dirección que no viene en los mapas y que como bien saben los poetas está escrita en el movimiento errático de las piedras al rodar.

Aunque a veces, no esta de mas la copla, ni escuchar o entonar el lamento que le sale del alma, el recuerdo de aquellos seres queridos que dejamos en Itaca, y el volver a probar el sabor de las lagrimas que, mira por donde, es el del agua del mar.

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domingo, 17 de mayo de 2009

IKIRU (VIVIR)


VIVIR (La vida es corta).---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Siempre adelante
Sigue de frente
No mires para atrás
Siente la risa
No tengas prisa
No puede ser peor

(Tonino Carotone)

Luego de treinta años de servicio, justo antes de recibir el sello que lo califica como elemento pasivo a efectos laborales, nuestro héroe recibe la mala nueva de que- es cáncer- no le queda mucho tiempo, ni este va a resultar placentero. Y , tan apresuradamente como las nuevas condiciones exigen, se pone a pensar en toda esa vida anterior, absolutamente estéril, absolutamente vacía de cualquier atisbo de interés por haberla vivido. Repasa sus objetivos básicos como ser humano, los mínimos morales, con su empresa, con su familia, y su resultado. Y el balance le resulta desalentador. Motivado por la inercia, los logros no son otra cosa que el reflejo del paupérrimo estimulo que lo ha empujado hasta ese lugar en el tiempo. Hasta el momento en el que la factura se presenta con la urgencia de saber el dia y la hora. O casi.
Aquí, aparentemente estoy destripando la historia, amargando el placer del espectador futuro, al que realmente quiero invitar, coaccionar más bien, a que con la misma premura del protagonista se disponga a contemplar esta pelicula. Ikiru de Kurosawa.
Mi debate oscila entre el interés por mantener virginal la pagina en blanco que el espectador lleva a la butaca, y que ira rellenando con su propia caligrafía, con el poso cultural y sentimental de que disponga, para lograr una comunión personal con la obra maestra de aquel que solo nos ofrece el borrador de unas siluetas que, poco a poco, iremos completando y coloreando. Así es y así debe ser, y no otra cosa es el arte.
Pero, ante esta máxima moral- no me cuentes el final- surgen las bajas pasiones, el instinto irrefrenable del que esto escribe. Haciendo constar que el esfuerzo de ver una pelicula en una copia en gris y en negro, o sea sin restaurar, de antes, de mucho antes de que yo naciera- y esa distancia es mas o menos la que separa a Watanabe del mundo este de aquí- durante casi tres horas y con unos subtítulos traducidos automáticamente del japonés al español-argentino- que es un idioma, al parecer- y que han supuesto tras cada párrafo la necesidad usar el traductor , el interprete mental que todos llevamos en el chip de fabrica, y que ha ido forzando la historia bajo el vaivén , del balanceo entre el que es lo que ha dicho, que es lo que habrá querido decir, y que es lo que yo he entendido. Y si después de todo ese esfuerzo, tras el que he quedado absolutamente anonadado, maravillado de que exista un arte al que llaman cine, y enamorado de ese personaje entrañable que es el de todos nosotros, comprenderán que si me enterado de lo que ocurría, si la historia me ha llegado tan adentro, no me voy a andar ahora con los remilgos de no contarles de que va la pelicula, no vaya a ser que…
Además que las primeras líneas de la narración ya dicen lo que estoy contando, no voy a desvelar nada importante, es solo la constatación de la necesidad de no molestar, de no privar a nadie del placer que le pertenece cuando abre un libro, del primun non nocere hipocrático, de guardar esa actitud de nadar y guardar la ropa que nos evita tantas complicaciones como nos priva de tantas otras ocasiones de vivir la vida plenamente.
Y de eso trata el tema, del revulsivo que puede cambiar una actitud anodina en otra creativa, creadora de situaciones, de hechos beneficiosos para los que nos rodean que, al fin y al cabo es el haber que a todos nos gustaría tener en el balance final.
Claro que si les digo que el leif motif, el leit motive operístico, el motivo vital del protagonista es un sombrero nuevo durante la primera parte y un conejo de peluche- un conejo de cuerda- en la segunda, tampoco les estoy arruinando nada.
Es mucho mas profundo el asunto, de lo que uno puede llegar a asumir después de llevar un par de días dándole vueltas a la historia. Es la necesaria búsqueda de ese pequeño destello, de ese afán invisible que, después de haber sido contagiados por el personaje, envuelve todos y cada unos de nuestros actos dotándolos de una finalidad, de una utilidad, hasta ese instante ignorada. Es algo tan simple y tan complejo como es la diferencia entre vivir y estar vivos.

La segunda consideración- menor- es la situación lamentable en que un brillante de esa pureza- el tamaño no importa- queda oscurecido por el polvo de las filmotecas y el olvido de la industria. Aunque es de esperar que su restauración no tarde demasiado, al igual que las cadenas culturales de televisión- verbi gratia TVE, ahora que va a prescindir de publicidad y dedicarse a la formación cultural de un pais sediento, no dudará en reponer películas como esta en ciclos de clásicos con los que nos van a obsequiar una noche si y otra también. Salvo….salvo que renuncien a la publicidad pero no a la propaganda, -me estoy temiendo- y tengamos que seguir buscando estas perlas negras en la WWW. - se me acaba de ocurrir que en realidad significa Wonder Women´s World, y no otra cosa-. Y por cierto, qué maravillosamente tratada queda la mujer, en lo bueno y en lo malo, en Ikiru. Pasen y vean.
Sucede que siempre encuentro mas cosas de las que iba buscando, incluso de las que me ofrecen en la pantalla. Así vuelvo a comparar la del drama individual del funcionario protagonista, con el colectivo de cualquier epoca, de cualquier pais, y veo una sociedad, la de ahora, la de aquí, esperando ese revulsivo que hace bullir la cólera del español sentado, la de aquel que espera y por tanto desespera, y lo hace reaccionar de una forma tan molesta como previsible. Me queda el consuelo de que esta “La cólera del español sentado” es de Lope y además es una comedia. Mas vale así.---------------------------------------------------------------------------------------------------

domingo, 10 de mayo de 2009

LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO (G.CELAYA)


---------------------------------------------------------------------------------------------------------Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

(Alberti)
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El animal acorralado busca siempre una salida.
Por ello resulta coherente que un servidor lleve meses dando en pensar. Indagando en los recovecos de la escasa razón con que ha sido dotado, intentando vislumbrar la luz esa que dicen, hay al final del túnel, aquellos que nunca en él han estado, que nunca han vuelto de allí.
Ante la palmaria falsedad de los cada vez mas entupidos mensajes del Gran hermano- Orwell, por favor- ante la intragable propaganda del poder agonizante, uno busca ejemplos, situaciones similares a lo largo de la histeria (sic) para intentar acoplar a nuestro inmediato porllegar, el final de la batalla, el paisaje después de la batalla, de cualquier batalla - Wajda, y Goytisolo -. Y no encuentra nada. Ni un miserable resquicio que no esté basado en la más barroca de las fantasías de mis héroes infantiles. es decir, poca cosa. O nada, como prefieran.
Descartada la guerra interestelar o el advenimiento de la logia global, abandonada la idea del benefactor maná celestial- por culpa de Thomas Mann, como vimos días atrás- y ante la inevitable inminencia de que las golondrinas han vuelto de mi balcón los nidos a colgar, no me queda otra excusa que hacer una pelotilla con las hojas donde iba guardando los bocetos para la gran evasión- Esta de Sturges- y comenzar a pensar de verdad. A reconvenir a mis neuronas - dos - a que dejen de pelearse y/o practicar el sexo axonal al que estan enviciadas, y se pongan a trabajar.
Y no se si mejor seria haberlas dejado a su aire.
Lo primero que se les ocurre es que hay que empezar desde cero. Que ya que lo anterior no sirve, hay que cambiar el escenario y plantear la posibilidad de que el error esté en la base, en el punto de partida.
Pongámonos en el supuesto de que el error no esté en la paloma, sino en el poeta.

Es sabido que los poetas solemos (¿?) ver las cosas desde un prisma diferente, con un algo de melancólico y con un mucho de technicolor. Que vemos el sol a través de la lluvia y no hablamos del sol ni de la lluvia, solo del arco iris. Y esto no es bueno. Puede ser muy creativo y postineroso desde el punto de vista artístico, pero la vida no es solo arte, me temo.
Puede que el poeta al errar, no viese una paloma, sino un pajarraco negro de la familia de los córvidos, para el que el trigo es el refugio de reptiles y roedores, incluso de mamíferos de mayor tamaño cuyas vidas en extinción tienen la virtud de alentar, de alimentar la propia del cuervo.
Puede que el ave en cuestión no se equivoque, no se esté equivocando en absoluto y que su numerosa presencia en las ramas de la arboleda vecina -que no perdida- no sea ningún error sino, como en la pelicula de D.Alfredo, el presagio - esta es de Alcoriza, el cineasta de Badajoz al que allí deben un homenaje- del gran banquete para los plumíferos de azabache.
Temo que estoy equivocando totalmente la base de mi argumentación. Como el escritor adolescente que basa los fundamentos del mundo imaginado en la bondad y en el amor, descuidando aspectos mas prosaicos- la prosa versus el verso- tan necesarios para la despensa.
Comienzo a ver que el ave blanca bien pudo ser una gaviota, tan carroñera ella como su primo de tierra adentro, y que a lo peor el mal que llega, el horror como diría Conrad, viene desde un lugar bastante mas cercano de lo que podía uno imaginar.
Que si bien el individuo - genérico- ligado a su inevitable condición humana, a su calaña -bonito pueblo- queda bastante alejado del angelical "Emilio" postulado por Rousseau, -quien sostenia que solo la influencia del entorno era quien condicionaba su posible maldad- es esa su sociedad ,el caldo de cultivo donde crecemos como personas, la que- con razón de J.J. o sin ella- impone el patrón de conducta que llegará a generar los pecados verdaderos, los sociales, que suelen terminar con la peor de las penitencias, el colapso moral y la ruina, la verdadera, la que no se limita al grupo de los desfavorecidos - miserables en castellano- de siempre, sino que acaba englobando a la totalidad de los vivos y a los hijos que estos puedan engendrar en el futuro.
Seguramente que ese era el sentido del cuento subtitulado "De la educación" donde sugería que tan solo la reforma radical de una sociedad corrupta- con la inestimable ayuda de Monsieur Guillotin"- y con los inevitables ríos de sangre que recoge la historia, lograría el resultado satisfactorio por todos conocido.
Aqui aparece un nuevo protagonista en el desarrollo de la humanidad, el ciudadano, y este, educado en la necesidad de respetar el libro sagrado, el de los derechos y los deberes, resume el ideal, inexcusable del mundo moderno, de una modernidad que ya dura mas de doscientos años.
Pero no estoy hablando de la revolución francesa, como bien saben mis lectores, sigo hablando de Mongo, de los habitantes de Mongo, que sin consentir que los vecinos los superen en el tema de las carnicerías multitudinarias, se han limitado a parar el reloj de la historia en un momento en el que las virtudes colectivas e imprescindibles, como la solidaridad -aka fraternité- la justicia -¿?- o la honestidad de sus gobernantes, se limiten a la repetición de ciertas frases- preferiblemente en latín, lengua muerta- talladas en los frontispicios de los templos de la patria. Mal asunto.

Pero es que la visión que he tenido,- sin necesidad de absenta- va un poco mas allá.
Admitida la igualdad como un logro económico de nuestra epoca, nos encontramos con una base humana- individuos- que ha mantenido sus vicios antisociales a través de los siglos y que los han desarrollado hasta el extremo de dejar los públicos reducidos a nivel de pecado venial.
Usan a los próceres para mantener su estatus de ilegalidad- en sentido amplio, el de la ley natural- para apretar la cuerda insolidaria, elevar la corrupción al nivel de virtud personal o familiar, junto a las otras religiosas, y cuando vienen mal dadas, usan a los dirigentes como monigotes de feria para desahogar sus instintos, culpabilizando a estos demonios virtuales de sus propios pecados, y cambiando si es necesario, el líder amado hasta ayer por otro que será odiado pasado mañana.
El asunto es mucho peor. Estoy que no duermo. Me como a bocados la passiflora cerúlea- flor de la pasión- sin esperar a la tranquilizadora infusión de sus hojas secas.
Resulta que el párrafo anterior pertenece también a la fantasía, a la ingenuidad del poeta.
Ya que la realidad enseña que esos individuos, que son perfectamente conscientes del poder que con sus votos tienen en el paupérrimo sistema político de Mongo, conocedores del progreso negativo -así llaman al retroceso- de su región , elevada a la categoría de madre patria por Juan Benet, a pesar de que algún estudioso ignorante -abundan- quiera entenderla como lugar metafórico del literato que quiso imitar a Forne - y les juro que así pronuncia el sagrado nombre de Faulkner, uno de los expertos monguianos en literatura- retroceso secular que se ha agudizado en los veinte o treinta ultimos años- las cifras hablan con elocuencia- hasta dejar dicha región , también llamada UGI (Unidad de Gasto Inútil) por la confederación imperial, hasta dejarla en el ultimo lugar de todos los posibles. En economía, en educación, y en futuro a fin de cuentas.
Y surge la gran cuestión. El por qué ese individuo - genérico- sabedor de la responsabilidad que le atañe al reelegir periódicamente al equipo que conduce al resto de ciudadanos también, en tan inhóspita dirección, insiste en ello.
Y aqui la respuesta es aterradora. La hipotética respuesta, porque no quiero dar por valida la presunción de que significativos porcentajes de funcionarios,- sirvientes civiles los llaman en algunas democracias- ,de eternos subsidiados- va para cuarenta años en que las ayudas europeas para salir del bache solo hacen que empeorarlo- , o de beneficiarios directos de la inacción en el gobierno- como constructores y parientes, banqueros, e intermediarios de la nada en general- centenares de miles, no dudan en mantener un sistema , a sabiendas de que conduce a la ruina de todos, siempre y cuando suponga una ventaja personal, inmediata para ellos.
Ese pecado no tiene nombre, no se ha inventado todavía, y probablemente nadie tenga interés en hacerlo, siendo ese grupo la base electoral de la continuidad para los que no pueden negar su paternidad en el asunto. Los que van a prestar la etiqueta de su apellido, durante siglos, a semejante ignominia.
Vienen mal dadas al parecer. Y antes de comenzar otra nueva y multitudinaria, me temo, lapidación, convendría ponerse a pensar en quien está libre de culpa antes de iniciar el apedreamiento y sobre todo, y lo mas importante, y lo que mas me desespera en la desesperanza de que llegue a suceder, es cuando va a comenzar por parte de los responsables del colectivo el plantear una educación ciudadana, que lejos de los habituales lugares comunes del bien y del mal pasados por el filtro de la moda, inicien de una puñetera vez el camino hacia una sociedad en la que el responsable lo sea de verdad, respondiendo por sus actos y por sus omisiones, y en la que la energía del colectivo no se limite a la lapidación dominical, por mas que esta sea cada dos o cada cuatro años.
Me temo que aqui ha vuelto el poeta, y que insiste en el error...

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

P.D.-
- ! Cállate Jennifer ! Pájaro tonto de pico largo.-
(De "El profesor chiflado")
Cuando su cotorra -mascota- le dice a Julius aquellas verdades que no quiere oir.
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sábado, 2 de mayo de 2009

MIRANDO PARA OTRO LADO


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“Hola, hidalgos y escuderos
de mi alcurnia y mi blasón,
mirad, como bien nacidos,
de mi sangre y casa en pro.”


MIRANDO PARA OTRO LADO

Por lo visto es uno de esos pequeños detalles, uno de los matices, como el de apretar la mano con fláccida disposición, o el de adoptar la evidente actitud del actor aficionado al que instantáneamente se le nota la impostura. Un signo que a los detectives jamás pasa desapercibido cuando intentan discernir si alguien miente.
Esto, como podrán suponer, pertenece a la ficción. De hecho jamás he visto, nunca he conocido a un detective fuera de la pantalla o de las paginas de las novelas de ídem. Por tanto, no sería de extrañar que el hecho de que tu interlocutor mire para otro lado no signifique otra cosa que una mera distracción hacia tu aburrida plática, una manifestación de desinterés hacia tus argumentos, o un absoluto despreció hacia las preguntas que le planteas. Nada en suma, que indique intencionalidad alguna en alguien que, simplemente, intenta ausentarse físicamente del lugar y de la cuestión ineludible, que tiene enfrente.
El que el interrogatorio lo realice, algo tan alejado de la fantasía como un inexistente investigador privado, o algo tan cercano a la realidad cotidiana, como la propia necesidad de los medios básicos para la subsistencia durante el día de pasado mañana, no cambia en absoluto el desarrollo de la acción.
Podría dejar estupefacto al interlocutor, semejante dejación a la hora de elaborar una defensa razonable ante semejante acusación- y la inevitable condena sin juicio previo- pero siendo, además, el personaje que enumera las preguntas, quien investiga la sinceridad del sospechoso, alguien sin una identidad física – persona física ponen en la declaración fiscal, para diferenciar de las personas del otro tipo. ya saben- y que actúa como tal, no existe lugar alguno para la estupefacción. Tan solo la propia constatación para el interfecto sobre su absentismo cognoscitivo. Vamos que sigue en Babia, algo que, despues de una larga temporada en Jauja, parece de lo mas normal.
Esta situación, es solo un reflejo de una realidad, cada vez mas cercana, ante la que el sujeto de la apatia, que representa a, que es, un país entero, no tiene otra respuesta que el desden, la negativa.
Y es que la pluralidad, la categoría de colectivo, cambia radicalmente la valoración del color de la sospecha. Ya no se trata del elemento aislado, del explorador perdido que puede hacerlo sospechoso de ser la vanguardia de la invasión inminente, o de ser el resultado positivo de un trabajo de investigación, que por su condición de único y experimental deberá someterse a otro nivel de pruebas para comprobar su fiabilidad. Ni siquiera se trata de un grupo numeroso al que, inevitablemente, hay que prestar más atención. Es la comunidad a la que perteneces. Toda la comunidad. Quien manifiesta de forma unánime la postura, el gesto de mirar hacia otro lado. Evitando los ojos implacables frente a ellos, la verdad, la certeza de una realidad harto incomoda, pero absolutamente ineludible.

Yo, ante situaciones así, no me ando por las ramas. Y si se fijan bien, o mal es lo mismo, sobre la imagen inicial, podrán deducir que en poco tiempo, en muy poco tiempo, esas cuatro pobres ¿? criaturas van a sufrir un extraordinario dolor de ojos. La fatiga del músculo recto superior de la órbita, va a generar una sensación dolorosa que probablemente se extienda en sentido centrifugo hasta ocasionar una cefalea intolerable primero, y después, al alcanzar la parte inferior del tronco, justo al lado de la inevitable bifurcación, un mal torturante al que el pueblo, muy sabia y apropiadamente en esta ocasión, llama un dolor de cojones.
Claro que en la ficción, otra vez, fueron solo unos segundos.

-Chicos ya vale. !La foto OK!-
Y pudieron continuar con su tarea de componer temas inmortales en los escasos tiempos libres que les dejaban sus fanáticas seguidoras ( Puse en un principio seguidoras/es, pero al parecer, solo gustaban de las chicas. Otros tiempos) y el humo cegador de las especias combustibles que tan de moda estaban entonces.
El susodicho dolor de las partes -innobles, segun la curia- suele provocar un irritable estado de ánimo que, no pocas veces, desemboca en violencia. No parece una actitud muy higienica, su provocación. Pero seguimos insistiendo.
Aquí, ante la nula colaboración de la presunta victima, el Holmes que todos llevamos dentro- igual que el Quijote que también portamos. Sin menospreciar a nadie- es donde inicia el proceso de deducción detectivesca. Que es mas de indagación hacia delante, la que aprendimos en las otras novelas, las de ficción científica, si es que así pueden llamarse a obras como "Las Crónicas marcianas” de Bradbury, donde aprenderíamos que aquello mas lejano es lo que tenemos mas cerca y que los asuntos mas ajenos, mas extraños, mas marcianos, no son, no serán nada mas que el reflejo de los nuestros. Pero claro aquí habla el poeta y, este también, es sospechoso de rarito, de extraño, de poco representativo para el resto de inmortales, de los de aquí mismo.

Esta deducción no nos lleva mucho mas lejos créanme. Siempre, enseguida, aparece un cartel. Descubrimos maravillados algo que ya estaba ahí desde mucho antes, un letrero con letras enormes, muy fáciles de leer, que nos dice, que nos lleva diciendo desde hace mucho tiempo, aquello que no estamos dispuestos a reconocer.

-Papá. ¿Queda algún marciano en Marte?- Preguntaba el chico del ultimo colono espacial, mientras sentados al borde del lago esperaban el ocaso.
- Si hijo. Los estas viendo reflejados en el agua –


P.D. Los versos iniciales son de un clásico de nuestras letras que firmaba con el seudónimo de Duque de Rivas. Hoy no hay blogs de aristócratas. Lástima. Sería otro excelente motivo para buscar culpables, y quizás soluciones, a los problemas que nos acucian.
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lunes, 27 de abril de 2009

SAME OLD SONG







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Résiste

Prouve que tu existes

Cherche ton bonheur partout, va,

Refuse ce monde égoïste

Résiste

Suis ton cœur qui insiste

Ce monde n'est pas le tien,

viens,Bats-toi, signe et persiste

Résiste

"France Gall "

Hoy ponen:

SIEMPRE LA MISMA CANCION.


Pelicula de Alain Resnais de 1979 con la que, entre otras cosas nos pide disculpas a los cinéfilos francófilos, por todos los malos ratos que nos hizo pasar durante casi toda su vida anterior, como cineasta a caballo entre el existencialismo y la nouvelle. De pronto el hombre se dio cuenta de que menos, a veces, es más, y de que olvidando el pasado, el de Marienbad, el de Hiroshima, el de la guerra que se acabó, y el del blanco y negro en el que ambientaba sus lúgubres guiones el, luego ministro de cultura, Semprun, se podía volver al amor, que no es mala cosa. Así firmó este delicioso pastiche rosa en el que la ruptura del cineasta sigue presente y… no hay una sola frase en la pelicula que no sea cantada.

Dos docenas de huevos puso en la cesta, hace falta valor, y los fue moviendo en el aire con manos de malabarista consumado de manera que no llegáramos a distinguir el comienzo de una ni el final de la otra, ni mucho menos cuantas veces se repite esta o aquella canción. El final, de la aventura, feliz, -magnifica pelicula para volver a ver al dia siguiente-, el de los enamorados no tanto, como debe ser...
Mañana se repite:

SIEMPRE LA MISMA CANCION

Sucede a menudo que en una cesta de cerezas, por grande que sea, y por hermosas que aparezcan las susodichas, siempre hay una que nos está mirando, nos damos cuenta enseguida y la mano, claro está, no hace otra cosa que lo que le mandan. Aunque no pretendamos que sea la mejor, ni tampoco podemos comprobarlo, -hay centenares ocultas-, si es la que va a iniciar la degustación que, en caso satisfactorio, facilitará el camino a las demás.
Pero de la canción de las cerezas ya hemos hablado, concretamente en la recopilación 2008, y hoy de la que estoy hablando es de “Resiste” de France Gall que además de usarse con profusión durante el desarrollo del musical en cuestión, resulta ser aquella cuyo titulo, para los que no dominamos idiomas ajenos, es idéntico al que tendría aquí, en Mongo, o sea “Resiste”. Bueno, para ser sinceros, en francés, en el original, hay un acento o vírgula sobre la primera e que, en todo caso no afecta a la pronunciación. Pueden ver la peli para comprobarlo.
Pero es que hay más, siempre aparece un hilo en la costura del dobladillo del pantalón que aunque no moleste, ni lo afee excesivamente, llega a obsesionarnos con su obstinada presencia y nos obliga a tirar de él con la suficiente determinación hasta hacernos ver que detrás de esa banalidad había otra cosa, que el dobladillo que ya no lo es, simplemente una pernera resulta ser unos centímetros mas larga que la otra, y que, de paso, nos encontramos con una pelusilla que , a saber, cuantos momentos de felicidad y amargura ha compartido junto a nosotros.

Ya ven que tirar del hilo es fácil pero a veces, sin que Ariadna nos eche una mano, puede conducir nuestra alma a situaciones inesperadas, a conflictos emocionales para los que no estábamos dispuestos.

Esto es lo que sucedió, sin duda, cuando la memoria trajo a mi mente la cancioncilla en cuestión y, detrás, todos aquellos mensajes morales que, aparte del de la indiscutible supervivencia que sigue a la resistencia, comienzan con la palabrita en cuestión. “Resiste” y continúan la frase al gusto de cada uno, según sus propias necesidades.
Si es por amor, no hay nada que hacer. Nada más frágil e inconstante. Pero no es de eso.
Si continúa: Y serás tal, y serás cual…mal camino llevamos. Promesas que exigen medios ilimitados, a quien no los tiene, para un premio incierto.
Si bien, sigue aquello de: Hijo mío.. Hay que echar a correr. Alguien que se ha percatado de nuestra inmadurez, y quiere dirigirla hacia donde a él le convenga.
Pero si nos basamos en las máximas, -dos veces máximas, una porque no hay otras mas grandes, y otra porque se llaman así- de Rochefoucauld, de Montaigne, de Baltasar Gracian o incluso de Nicolás, el Maki, y llegamos a la conclusión de que por mal que hagamos las cosas, el mejor consejo que tienen para los poderosos, la única manera de evitar que los lanceros bengalíes les pasen por encima, es la de aguantar, la de resistir, hasta que llegue la primavera, primero, hasta que los vecinos de la escalera decidan venir a echar una mano con el problema del desagüe, y si es preciso, si es necesario, hasta que llegue una epidemia fetén, de esas medievales en la que salen bubones y la gente se caga las patas abajo, y esperar, resistir hasta ese momento en que nuestro querido- valientes ingratos- y últimamente crispado publico, comprenda que ha llegado el elemento que mas une, que mas aglutina y reafirma a un colectivo. El del miedo.


Desde este momento y gracias a la gripe porcina, la crisis porcuna- y hay puercos, créanme- pasa a un segundo plano, y las lanzas se tornarán adargas que homenajearan de nuevo.
Que sí, que el que resiste gana, o al menos mientras resiste no pierde, que es lo que parece suceder. Ahora bien, el que tengan que venir estos fenómenos medievales a despertar el miedo a lo desconocido, el mentarnos a la parca, el fomentar el pánico a la inseguridad fuera del paraguas protector de la eficiencia de nuestros gobernantes, me parece excesivo.


Bien es verdad que he mencionado a Viriato, en más de una ocasión, como tiempos lejanos que no me gustaría volver a revivir, pero el que asome en lontananza, otra vez, este buen señor con su coetánea peste negra, ya me parece excesivo. Casi me dan ganas de irme al cine.
Y por cierto. creo recordar que además de ser un castigo por los pecados y tal y tal, esa era una enfermedad transmitida por las pulgas y atesorada en las ratas. Va a ser eso.
Si les queda sangre en el cuerpo vean Nosferatu, cualquiera de las dos, y si en lugar de sangre tienen otra cosa, mejor vean “On connait la chanson”, desde luego, es mas divertida.

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