viernes, 31 de julio de 2015

LIBROS, LIBROS... 3 (ANATOMÍA DE UN INSTANTE).-


Vuelven los clásicos, si es que se fueron alguna vez.

 
Plutarco y sus vidas paralelas, revivido en la crónica que del golpe de estado de 1981, hace Javier Cercas, otra vez, en su multipremiada tesis sobre el episodio que pudo ser y no fue, o que está siendo de todas maneras, hay opiniones que no descartan lo uno ni lo otro, y el autor nos lo hace saber, o al menos sospechar.

Las vidas son las de Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado, los tres actores , cabecera de reparto del lado “bueno” de aquella función.
Tantas similitudes en sus carreras de traidores necesarios y de hombres enfrentados al pathos, al hades, y a la madre que los trajo, de la manera mas inverosímil, manteniéndose sentados frente a los naranjeros de los guardias.
Abandonados por los ilustrismos diputados, que muerden el polvo de la moqueta palaciega, esperando el desenlace que a algunos de ellos pudiera encumbrar por la veloz vía del calatraveño, a ministerios y vicepresidencias, a los pocos minutos después de que el organizador, Armada, los liberase, y de este modo se cerrase el circulo de otra involución neoprogresista a las que, desgraciadamente, el país ya estaba habituado.
Véase el movimiento suspendido, la revolución pendiente o la transición intransitiva. "Lo tuyo es puro teatro", que diría La Lupe.

Solo por disfrutar con la revisión que Cercas hace sobre las vidas y aventuras de estos Alfanhuis patrios ya merece la lectura este ensayo. Pero su mérito no se queda ahí. La cuidadosa documentación en que se ha basado, incluso la mención de aquella inexistente por su forzada desaparición, caso de las grabaciones telefónicas de los invasores con su cadena de mandos, o parte de los procesos judiciales y sus correspondientes condenas, más parecidos a asambleas plebiscitarias de mano alzada por familiares y amigos que otra cosa.

Hay lagunas en este thriller, como la teoria, para mi inexplicable, de lanzar un golpe de estado para destituir a alguien que había dimitido semanas antes, pero resulta magnifico el guión, en la linea de los clásicos del genero negro. Todos malos, los unos y lo otros, los de arriba y los de abajo, parlamentarios cobardes y ciudadanos desaparecidos, missing, añorados otra vez, esperando que protesten, que se escuche su voz en algo diferente de las “manifestaciones multitudinarias” y las “adhesiones inquebrantables”, esperando a Godot, sin duda alguna.

Venía el texto precedido de premios literarios, de honores reservados a los cronistas sublimes y de ventas millonarias por lectores sedientos de conocimiento. ¿Lo habrán leído después de comprarlo”. El mio ha sido en una modesta edición de bolsillo, de los de usar y tirar, pero os aseguro que ha merecido la pena. Al menos como resumen (400 pag.) como precuela de lo que sucedió antes y de lo que vendrá luego, por aquello de que algo tendrá que cambiar algún día para que no sigamos evadiéndonos de nuestra responsabilidad.

La osadía de Adolfo, la ambición y temeridad para subirse al carro que lo llevase hasta aquel pelotón de ejecución con balas de fogueo, tiene diversas lecturas. Como debe ser. Y no sirven las excelentes anécdotas que firman Santiago Carrillo o incluso el padre del escritor en las últimas páginas.
Ni el chico de Avila era como nosotros, ni era tan listo o tan inculto como insinúa D. Santiago. Aunque, bien es cierto que los lectores disfrutamos con estos sorbetes refrescantes, entre los copiosos platos principales que en esta función nos ofrecen la milicia y la realeza.
A leer, a releer, a anotar, y a conservar. Al fin tenemos un hispanista mitad catalán mitad extremeño, que pueda servir para acabar con el monopolio de los de la pipa y la gabardina.


(Opiniones denostadas de una víctima imparcial)

El autogolpe logró sus objetivos. Detener el paso del Rubicón que hubiese supuesto la democratización del país, la progresión desde democracia tutelada, o consentida, hasta democracia real, y el aviso a las fuerzas vivas, al autentico mandatario de siempre, sobre la inexistencia de motivos de preocupación, ya que no se iba a ir mas allá de lo que ya se hubo andado.

Claro que esta interpretación, como la del intento de desmontaje de la figura retórica, la inexistente para algunos transición democrática – se nos olvidan los adjetivos, tan importantes para definir el sujeto, así, la habitual transición, aislada, no quiere decir absolutamente nada- está mal vista, incluso vilipendiada por los auténticos triunfadores del autogolpe, que son curiosamente los herederos directos de los cuarenta años de dictadura, que al parecer tampoco existió jamás y que en todo caso pertenece ya, por cuestiones de calendario, a eso que llamamos historia.

Y en esas estamos, aquí nadie pide disculpas, con lo bonito que hubiese sido verlos darse un abrazo fraternal, después de que hubiesen reconocido sus errores, ambos, y hubiesen abierto la puerta a la democratización real del país, en lugar de haber fabricado una llave en el 78 con la cual cerraron la puerta al progreso político de la nación , del estado, y del campo. Y así nos va.

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miércoles, 29 de julio de 2015

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (63)






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domingo, 26 de julio de 2015

LIBROS, LIBROS... 2 (CAMPO DE RETAMAS).-





Afortunadamente, en la intemperie me entró el mono, la necesidad de leer a alguien, sublime alma gemela, semidiós del pensamiento y domador de vocablos, “El más grande escritor vivo en lengua castellana”. 
Hideputa el artista que compuso la bufanda o faja del libro con semejante desvario. Lo de  “El más”, ya resultará irritante para el lector y abominable para un escritor acérrimo luchador frente a la estupidez hecha verbo, lo de “vivo”, se presta a especular cual va a ser la situación de Rafael en el olimpolarío, y el adjetivo “castellano”, no deja lugar para los forasteros. Esa exclusión de lo ajeno, en el fondo beneficiará a Ferlosio, aunque quizás la grandeza ya no resulte tan superlativa, e incluso tenga que figurar en alguna división menor, la de los agotados, o lo que puede ser ominoso, la de los libros que te regalan al suscribirte a algún paquete audiovisual o a cierto dominical agonizante.

En todo caso, seguro que al escritor el asunto le trae al pairo, y solo el enunciado implícito, el "todavía vivo" seguramente turbará su apacible y merecido descanso y le hará añorar la edad en que uno puede desabrocharse el cinturón, sin temor a que los pantalones se vengan abajo y liarse a hebillazos con los mercaderes indignos del templo de la sabiduría.

Todavía vives Rafa, y ya están vendiendo , y apostando, tu túnica postrera, la de estameña parda.

Se supone que una vez muerto, nuestro nonagenario autor, no valdrá un comino, según sus publicistas, y estoy hablando de una de las fuentes del Nilo literario personal de quien esto escribe, de Sánchez Ferlosio, el hermano de Chicho para entendernos. Y si, las otras fuentes son Benet y Pla, aunque me consta que ciertas aguas menores de Camús siguen regando este páramo cuando el gran rio sufre estiaje.

Sucede con esta buena gente que, te abren el apetito, te muestran una carta pletórica de delicadezas gastronómicas a las que unicamente la templanza te induce a forzar el aplazamiento en la degustación de ciertos platos para visitas sucesivas. 

Así, comienza con Cervantes, ese señor manco cuyos huesos perdidos están dando de comer a mas de cuatro, y su faceta filosófica, la de moralista ya la conociamos. Una cita suya me viene reconfortando o apesadumbrando, que ya no sé, a lo largo del verano.

Dice algo así como: “Toda etica de ahora fue la estética de ayer”, y pienso lo que realmente me está diciendo, que toda la estética de hoy, el mal gusto y el abandono populares, se va a transformar inevitablemente en la ética de mañana, en usos y costumbres, en tradiciones milenarias que van a justificar, a seguir justificando el latrocinio, y el deguello (este teclado no tiene diéresis, primara confirmación del aforismo cervantino).

Y solo es el comienzo, Ferlosio,  sigue a continuación con Juan de Mairena, me induce a sumergirme en ese Antonio Machado, para recordarme, que permanece inédito y oculto casi, desde el momento en que ciertos inefables del régimen lo tomaron como estandarte y llenaron su panoplia con frases fuera de contexto del bueno de D. Antonio. Otra adicción más para un servidor, y van...

Hube de acudir a las librerías, o lo que queda de ellas, para conseguir el “Campo de retamas”, y perdermer entre esos aforismos, pecios maravillosos que salen a la superficie iluminando el espíritu y alejando la tristeza de quien necesita esa pócima del buen hacer y mejor pensar, de ese Montaigne extremeño, por mas que presuma de romano que, pienso es uno de los grandes desconocidos de nuestra cultura, y que ni siquiera la impostura de Cercas, otro grande, de colocar en los inmerecidos altares del heroísmo al papá de Rafael, en su “Soldados de Salamina”, pudo sacar a relucir ante el gran público (los del necio vulgo de antes) una figura  como la de este hombre. Snif.

P.D.-
Vicisitudes molestas e interminables, las que ha sufrido el escritor librepensador ante el acoso de del poder imperial, necesitado de incorporar a su imágen de cultura y progreso  alguna figura indiscutible del intelecto patrio, figura diferente de los cantajingles catamañanas, que tantas tardes preelectorales han fomentado su caché a expensas de la deuda pública, sea municipal, sea autonómica.

 Al final, previvisible, lo han dejado por imposile, tolerando e incluso pagando por su opinión independiente e imperturbable. Y es que, como dice en algún pecio:

"Tienes que cuidar y mimar tus ideas hasta llegar a los sesenta. Por encima de esa edad va a ser el unico patrimonio que te acompañe hasta el fin de tus dias".

P.D.(2).-
Las retamas, aparte de obsequiarnos con espectaculares flores amarillas en tiempo de, y por tanto suministrar nectar a las abejas sin las cuales no, son llamadas en el pueblo de Rafael, y tambien en el mio, escobas. Esa ha sido su utilidad durante siglos, una pequeña gavilla de sus tallos secos, anudada con cuerdas y ligeramente despuntada en su extremo, ha constituido de manera natural, el unico instrumento para barrer la suciedad.
Obviamente eran otros tiempos, y otras alegorías.
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jueves, 23 de julio de 2015

LIBROS, LIBROS...


Lecturas de verano, que es el tiempo cuando algunos podemos disfrutarlas.


Justo antes del solsticio de San Juan Bautista (no confundirse con el de verano, que ese es pagano) ya comienza uno a ubicar el tiempo de esas horas extra de luz, y por tanto de vigilia, en la mochila cotidiana donde siempre queda agazapada su avición (sic, de vicio) favorita, justamente después de la primera de todas, la de libar el néctar secreto que alimenta el alma, el que permite sortear la desesperación de contemplar el ocaso del sol, y las subsiguientes e incontrolables pesadillas nocturnas sufriendo, hasta que la suelta en el torrente sanguíneo de los corticoides endógenos que siguen indefectiblemente a la aurora, recarga el saldo de vidas de este videojuego para otra partida, la del dia siguiente.
Y lo hace en ese tiempo extra, regalado por el calendario y promesa de horas que van a reconciliarlo con la inteligencia, con la memoria escrita de ciertos sabios que en el mundo han sido, a la que llamamos literatura, quizás por pereza, o por incapacidad de encontrar un nombre más acorde con el conocimiento escrito, es entonces cuando comienzan a surgir títulos recientes y otros no tanto, que llevan apilados en el estante de los deseos semanas o incluso meses.

Quiero recordar haber leído hace poco, con bastante predisposición hacia el descubrimiento de un brillante novel a quien los lectores y los críticos !Puag!, consideraron mejor novelista de dosmilnosecuantos, Jesús Carrasco y su Intemperie.
Tremendo bajón para quien descubre, vuelve a descubrir algo que ha visto en un par de western y ha entrevisto en los olvidados titulares de “El Caso”, aquel panfleto preconstitucional sobre la crónica nacional del cutrecrimen, el que los pringados ejercen sobre los débiles por los métodos tradicionales tan queridos para el genero, sangre y semen, ya sabéis.

Los crímenes de verdad, los fetén, quedaban y siguen quedando a la espera de que el secreto del sumario deje de serlo, o a que la información pueda salir a la luz después de cincuenta años, -secretos de estado- si es que queda alguna información sin destruir, para entonces. Caso de ciertas conversaciones telefónicas grabadas durante el asedio del congreso por los militares, que la propaganda oficial consiguió convertir en 23-F (tiene mandanga). Parece ser que las grabaciones se perdieron en el mientras, y que nunca conoceremos otra cosa que el eco de las voces de aquellos que oyeron a los que dicen que alguna vez las escucharon. El crimen perfecto.

Para el ciudadano, el problema son los medios, que antes eran los que servían para alcanzar los fines y que ahora tampoco, ahora tienen el apellido de audiovisuales, y sirven, entre otras funciones negativas, para alienar al personal con la banalización del asesino y del violador, del corrupto y del prevaricador, cualquier cosa que llene el mondongo espiritual de quienes adquieren el conocimiento y la información simplemente a partir de la pantalla, pequeña o grande, y de las ondas hertzianas que, desde que falleció La Pirenaica, Radio España Independiente, ya no sirve ni para unas risas.

La novelita en cuestión, caca de la vaca. Una cosa entre el Clint Eastwood más trascendental y épico, trasunto intelectualoide del John Wayne, (una de las bestias negras de Stalin, con la otra pudo acabar en el México lindo), y con la puesta en escena sanguinolenta y gore del David Lynch de Corazón Salvaje.

                                      

Uno preferiría que antes de dar el paso de parir una novela, los autores se impregnasen los dedos y la retina con los textos sagrados del oficio, hubiesen sufrido una vida plena de dolorosos piélagos, y se hubiesen documentado hasta la extenuación sobre el medio en que van a situar a sus personajes. Al parecer, tan solo el último punto cumplía aquí los requisitos, según los cronistas de la pluma, sin embargo seguiré pensando que ningún escenario de zarzuela tendrá nada que ver con la realidad en que se ubica el libreto, y esta no es la excepción. Tupido velo.

Aunque no me extrañaría que hiciesen con ella una película, guión ya tienen, y que luego podamos leer otra novela basada en la película. Y no deliro, no. Ya sucedió algo similar hace unas décadas cuando una chica vio una peli porno y escribió una novela “original” que se convirtió en éxito editorial sobre el que después harían la consiguiente versión cinematográfica. Nada nuevo, salvo que al final los espectadores se aburren, cambian de caseta en la feria de los horrores y eligen otra diversión acorde con sus expectativas.
Como será el asunto que, hasta Lope llegó a decir: 

“...porque como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto”

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domingo, 19 de julio de 2015

! ATCHUNG ! Ya va siendo hora de que aprendamos el lenguaje de signos.-




Aviso sin palabras, lenguaje universal de la imagen.-
Pensado para turistas y para aquellos ingenuos que creen que están de paso. Que haylos.
 (Consejos escritos al margen, para los más concienciados) Solo trascribo los títulos..

1.- Mantenga su bolso cerrado y sitúelo frente a usted.
(Previamente ha pasado por el escáner de la Agencia Tributaria, solo sirve el aviso para los optimistas irredentos)
2.-No muestre su dinero.
(Esto es puro sarcasmo, del cancionero tradicional: Tenía pero hace tiempo...ahora ya no tengo ná. El aviso desata la melancolía).
3.-Divida sus propiedades y guárdelas en sitios diferentes.
(Intenta dividir tu casa, tus hijos, tu vida, y si lo consigues serás bienaventurado).
4.-No ponga su cartera en el bolsillo trasero.
(Es mi pasatiempo favorito, declarar mis sicav, mis socimis, mis cuentas suizas y andorranas. Lástima que nunca han picado y no me han robado el taco de tarjetas falsas que suelo llevar en dicho bolsillo. Algún dia me llevo un disgusto).
5.- No siga los consejos de extraños en los cajeros automáticos.
(Ni en los automáticos ni en los otros. La experiencia ha sido desoladora).
6.-Vigile su bolso y sus bolsillos mientras hace fotos.
(Autorretratos y con el palito. Suelo vigilar quién anda por detrás, con escasos resultados. No quieren salir en la foto, ni cesar en el empeño).

7.- Si tiene algún problema, acuda a los vigilantes y pida ayuda.
(Otra vez te ofrecen sujetarte a una barandilla invisible, frente al abismo. Los vigilantes del Louvre - de donde copio el aviso- se pusieron en huelga ante la inutilidad de su labor, incapaces de terminar con la lacra de quién se confunde entre los ciudadanos con aviesas intenciones, pingües resultados y total tolerancia de las autoridades. Aquí no es de esperar que jueces ni policías decidan dejar de detener a los imputados. Obsérvese que a los ladrones de banco, aluniceros, rateros, carteristas y similares, jamás los llaman imputados en la prensa. A los otros, el imputador que los desimpute buen desimputador será. Los polis franceses son, al menos, coherentes y ven que detener por detener, es detener pa ná).
 
Conste que las veces que he pedido ayuda, me han dicho las autoridades que ese es un asunto privado entre particulares (El otro particular era el ayuntamiento, el banco, la compañía telefónica) y que, si lo creo conveniente, acuda a los tribunales ordinarios.

- ¡El ordinario lo será usted¡- me surge cada vez que escucho algo semejante.  y aquí sigo intentando hacer lo único lícito que me está permitido, risas.
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jueves, 16 de julio de 2015

PA VERANOS, LOS DE ANTES.-


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jueves, 2 de julio de 2015

VERANO LLEGÓ .-


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martes, 30 de junio de 2015

Los mozos de Monleón.-





Los mozos de Monleón  ( Nostalgia del aprendizaje).

Era uno de los textos con que aprendí a leer, romances. cuentos, poemas, hasta un artículo sobre el Simplón al que quizás llegue a conocer este verano, el túnel del Simplón, mira por dónde.
El libro era Rueda de Espejos, impreso justo al lado, al lado del pueblo descrito en el Alfanhui de Ferlosio, aventuras de Alfanhui que sucedieron por aquel entonces. 
Y entre el antes y el después siempre está el ahora, cuando allí mismo acaba de morir otro mozo corneado por el toro infinito, igual que el chico cadáver que los mozos de Monleon llevaban a su madre, los restos del hijo único a la viuda absoluta, arrastrando la carretilla a través de aquella prosa poética en la que casi todo era inescrutable para el lector de diez años, quizás tan solo nueve. Hoy vuelven los mozos a dejarse matar y la memoria me hace revivir el drama de aquel poema y el de otro coetáneo para mí, El Embargo de Gabriel y Galán.

Desconocía entonces qué embargo es sinónimo de desahucio, y  guardaba grabado el poema de Gabriel y Galán, con el ritmo de unos versos dramáticos cuyo sentido resultaba incomprensible para quien lo memorizaba, obligado a su declamación con boina, camisa blanca y la cara tiznada. Han tenido que cambiar el envoltorio del suceso, eterno,  para que comprenda que ni el embargo ni el desahucio han desaparecido de nuestro ritual de la pobreza, y que los mozos siguen muriendo de idéntica estúpida manera, la de mezclar el alcohol con el desprecio a la vida. 

Evidentemente que hemos mejorado mucho, muchísimo, y que todo tiempo pasado fue más triste y paupérrimo en muchos aspectos, no voy a contradecir a los que atribuyen el mérito del progreso del tiempo, el de los años,  a la presunta transición, a las décadas o las dinastías, que así se mide la historia. Desde luego que, como el protagonista de la novela de Chirbes que estoy leyendo, he pasado del Dos Caballos al Simca Mil y luego al Toyota, aunque no me importa haberme detenido ahí y no emular a quien continuaba con el Mercedes de segunda, luego de primera, los dos o tres Bmw y la inevitable coca que, en los tiempos de la rueda de espejos también la coca era otra cosa, eran orugas, las procesionarias eran regueros de cocas.
Pero las similitudes terminan ahí, en el eco atenuado de la memoria que insiste en que eso ya lo has visto otra vez, para dejar que el juicio te haga saber que no quiere volver a verlo, que no le gustaría repetir la escena, el drama, la tragedia, aunque estas sean, aparentemente, ajenas.

Ambas situaciones, el desnudar justiciera y autoritariamente a un pobre, o el dejarlo morir desangrado en la plaza del pueblo, tienen ahora otra connotación que los hace superlativamente indeseables, que los coloca en una dimensión desconocida, la de los medios de comunicación, el gran hermano orweliano que proyecta instantánea e incansablemente la escena más cruel hasta convertirla en banal. Y aquí aparece Hanna Arendt y su denuncia del espectáculo en que convirtieron el juicio del asesino nazi. 
La banalización del mal estaba implícita presuntamente en la autodefensa del acusado, centrada en su obligación como funcionario de ejecutar las ordenes, y por qué no también, insinúa Arendt, en el montaje audiovisual sobre algo tan íntimo y abstracto como es el proceso que lleva a un hombre a la horca. Véase la reciente y esclarecedora película, The Eichmann Show  (2015), sobre este asunto.

Sobre los mozos de Monleón acarreando el cadáver del amigo, mucho más, y poco nuevo, hay que decir. La banalización de la muerte ajena, casi en directo, con la sangre todavía húmeda en la arena del suelo de Coria no me distrae del asunto principal.
 ¿En que hemos realmente progresado durante todo este tiempo interminable? 

Yo, además de cultivar primorosamente mi sordera, adquirida probablemente gracias a la bienintencionada dosis de estreptomicina durante aquellos años de pana y esparto, me niego a malgastar la incipiente presbicia,  en intentar contemplar y recrear visualmente  inexistentes escenas de progreso y marcha triunfal.
Los hechos, obstinados, me retrotraen a una España perenne, los desahucios, el maltrato a la mujer, y los jóvenes muertos en la tradicional fiesta local, por más etiqueta de patrimonio inmaterial de la humanidad que, infructuosamente, quieran adosarle a este cuadro inmemorial  de los mozos empujando la carretilla, no me permiten ver otra cosa que el emperador desnudo.
El vestido invisible de un país que puede reconocer su actualidad, y seguramente la del mañana, en los Nodos y las películas de la primera mitad del siglo pasado.  Surcos, La busca, La Venganza, los Rovira Beleta, Nieves Conde o Benito Perojo, igual da.

Y las palmeras, en el desierto, los Bardem y Berlanga, fueron solo eso, un espejismo que intentaba ofrecernos un paisaje surrealista en el que poder mirarnos a través de ese humor o el horror agridulce que parece ser la única manera con que aceptemos la cucharada de la denuncia, el basta ya de Landa en su Montesa Impala ante el torerillo que se negaba morir, “El Puente” de Bardem. La foto magnífica de Sanz Lobato, que puede ser de mañana, de cualquier día de julio en cualquier plaza improvisada.

Ahora en colores, vale, telediario a las tres, vale, y los paladines electos por las urnas, los del tercio municipal o sindical, el familiar sigue en manos de los de siempre, interpretando  la escenificación inversa del desahucio que no cesa.
En mi monólogo tenía enfrente, y en contra, al juez con quien comienza el primer verso, y ahora tengo a mi favor al alcalde y los concejales  oponiéndose  al ejercicio de la justicia y, muy fotogénicamente, intentando impedir lo inevitable, que los pobres vuelvan a ser los del Plácido de Berlanga.

Me disculpareis que prefiera volver a ver Calle Mayor, Plácido, o la unamuniana de Picazo, y que las identifique con nuestro presente, con la ventaja de que sus guiones, Baroja o Galdós mediante, son infinitamente mejores que los cutres asesinos de hoy y los crímenes familiares que nos siguen ofreciendo en la pantalla que, eso sí, es innegable, ya no puedo llamar pequeña pantalla.
Ni en el peor de los sueños podía imaginar  tener que volver al principio, media vida atrás, como en el Juego de la Oca, caer en la calavera y encontrarme otra vez en la primera casilla, la de mi primera lectura.

No es que tenga tentaciones heroicas de romper este círculo infernal, o el del primer cuento que escuché a los abuelos, el de Juan Pimiento, entre otras cosas porque la sabiduría siempre ha estado ahí, incluso en su presentación más somera y divertida, pero a veces tengo la sospecha de que la resignación a cargar con esta piedra, no incluye la responsabilidad del medio que me rodea, esos "los demás", que a la razón postrera son los que me tienen subido a esa noria, demasiado acelerada para intentar saltar al suelo, a la bendita realidad.

¿Quieres que te cuente el cuento de Juan Pimiento, de Juan Pizarra, el que nunca se acaba, y ya se acabó?

La primera vez debí contestar afirmativamente, la segunda, la tercera... la numero cien, gritaría que no.
Era igual, el cuento continuaba así:

Yo no te digo que si ni que no, solo te digo que si quieres que  te cuente cuento de Juan.....

Y continúa el tormento repitiéndose hasta hoy.

Al menos la memoria agradecida guarda también la sonrisa del abuelo divertido ante la perplejidad y el fastidio del nieto, quizás el primero consciente, condenado de por vida a escuchar el cuento que nunca se acaba. En esas estamos.


                             

"Los mozos de Monleón"
Los mozos  de Monleón
se fueron a arar temprano,
ay, ay,


para ir a la corrida,
y remudar con despacio,
ay, ay.

Al hijo de la "Velluda",
el remudo no le han dado,
ay, ay.

—Al toro tengo que ir
aunque vaya de prestado,
ay, ay.

Permita Dios, si lo encuentras,
que te traigan en un carro,
las albarcas y el sombrero
de los siniestros colgando.
Se cogen los garrochones,
se van las navas abajo,
preguntando por el toro,
y el toro ya está encerrado.
A la mitad del camino,
al mayoral se encontraron,
—Muchachos que vais al toro:
mirad que el toro es muy malo,
que la leche que mamó
se la di yo por mi mano.

Se presentan en la plaza
cuatro mozos muy gallardos,
ay, ay.

Manuel Sánchez llamó al toro;
nunca lo hubiera llamado,
ay, ay,

por el pico de una albarca
toda la plaza arrastrando;
ay, ay.

Cuando el toro lo dejó,
ya lo ha dejado sangrando,
ay, ay.

—Amigos, que yo me muero;
amigos, yo estoy muy malo;
tres pañuelos tengo dentro
y este que meto son cuatro.

—Que llamen al confesor,
pa que venga a confesarlo.
Cuando el confesor llegaba
Manuel Sánchez ha expirado.

Al rico de Monleón
le piden los bues y el carro,
ay, ay,

pa llevar a Manuel Sánchez,
que el torito lo ha matado.
ay, ay.

A la puerta de la "Velluda"
arrecularon el carro,
ay, ay.

—Aquí tenéis, vuestro hijo
como lo habéis demandado.
ay, ay.

(Musicada por F.G.Lorca).

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