lunes, 11 de marzo de 2019

BERTOLUCCI EN EL MANUAL DE USO CULTURAL Nº 41 .-




Bertolucci.-

 

El hombre que ascendio desde la llanura padana -La estrategia de la araña, Novecento, El conformista- a la Ciudad prohibida, en El ultimo emperador. El chico que pasó de ayudante de Pasolini a convertirse en un icono del cine europeo y situarse entre los grandes de todos los tiempos.

Del marxismo antifascista de su juventud, inevitablemente inducido por las secuelas de los camisas negras en su tierra, sin llegar a los excesos revolucionarios de su admirado y amigo Godard, pasa a centrar sus esfuerzos en retratar la ambigüedad moral de sus personajes, victimas y a la vez verdugos, y lo hace con la inestimable ayuda de escritores prestigiosos que le facilitan la labor con sus novelas. Borges en su tema del traidor y del heroe, que le permite denunciar la inexistencia de limites eticos cuando la la estrategia del poder – Gramsci o Berlinguer- está por medio. 

Todo vale, incluida la mitificación del heroe, necesario para los ciudadanos de Tara -homenaje a la otra Tara- aunque ellos no tuviesen claro dicha necesidad. El partido velaba por cubrir esos deseos ocultos o inexistentes que servirían de motor al cambio. Esclarecedora al respecto la reciente Cold War. En la película de Bertolucci aparece Alida Valli, lujo de actriz que llena la pantalla, conviertiendo en color el blanco y negro, y también ya estaba allí Storaro detrás de la camara, iniciando un tandem fundamental. Su travelling circular en la pista de baile ya era la precuela del que veriamos en El último tango, dos años y muchos millones despues.

En la novela de Moravia, Il Conformista, busca, sin encontrarlas, justificaciones a la podredumbre historica y social que convierte a cualquier personaje anodino o indiferente, en aspirante a integrarse en las legiones fascistas, a convertirse en el repugnante Achille de Novecento, a la vez que nos lo muestra absolutamente perdido en su particular universo personal. Aqui además, nos descubre Bertolucci que existen jovenes actrices, Sandrelli, y Sanda, que aportan sensualidad a la pantalla, un nuevo estereotipo sexista que las exuberantes maggioratas del cine italiano habian mantenido en exclusiva ante la perfección de sus figuras, representantes quizas de la proporción aurea de un Fidias neorrealista., y que nos revelaba la atracción femenina en la cercanía donde habia estado siempre, en las chicas de al lado.  
Pero es el clima de la historia el que la hace intemporal, los escenarios de un itinerario vital que visten a la perfección el viaje hacia ninguna parte de ese conformista, de todos los que consintieron aquello con su colaboración o su abulia.

La tercera novela que llevó a la pantalla, El Cielo Protector de Paul Bowles, un borrador autobiográfico de aquella pareja de escritores en el Marruecos de los años cincuenta, nos vuelve a presentar a los protagonistas perdidos en un ambiente absolutamente transgresor, del que ellos disfrutaron a lo largo de sus desdichadas vidas. Autor que, al menos, estuvo en contacto con todas las generaciones de literatos norteamericanos que llenaron el siglo pasado, la generación perdida, la beat y la gai, y nos dejó documentos vividos sobre el mito del Tanger como residencia de cadaveres exquisitos, mito y faro que ellos ayudaron a crear. Lamentablemente, a esas alturas Bernardo ya habia perdido la gracia del mar, como el marino de Yukio Mishima, y como lo hizo el cine que conocimos,en general, a partir de los años setenta.

Su obra más compleja, y ciertamente la más valiosa, no fueron Novecento, que nos contaba en ocho horas lo mismo que Lazzaro felice en dos, ni tampoco la multipremiada del último emperador, peliculas que hoy pierden empaque al carecer de salas y pantallas adecuadas a su formato.

Entiendo que su película capital es El último tango en Paris, donde Brando, a su pesar, renació para el cine en tres o cuatro escenas magistrales: el monólogo inolvidable frente al cadaver de su mujer, el duo compartido con el amante de la esposa suicida, batines identicos incluidos, y el final, antológico. Esfuerzo actoral exigido por el director que supondria una enemistad de muchos años y que los cinefilos no dudamos en amortizar e incluso aplaudir. 

 


Le sobran un par de detalles para ser considerada una pelicula de las que marcan un antes y un despues, el anticlimax de la presencia de Jean Pierre Leaud, y el escandalo mediatíco de sus supuestas escenas de sexo, motivo que llevaba los espectadores españoles a peregrinar Perpignan, cuando aquí no podia verse. Y hoy si puede verse, y volver a hacerlo en un formato ideal para nuestras pantallas caseras, comprobando que el buen cine no muere nunca y que Bertolucci merece, y agradece, una revisión de muchas de sus películas.
Eso, y seguir escuchando a Verdi, Morricone, Sakamoto o Gato Barbieri, rubrica musical de excepción.

  


P.D.-

Paul Bowles retrató sagazmente al último viajero:

 "Han desaparecido los mozos de andén, los porteadores, de los aeropuertos. Nadie acarrea mis maletas, mis libros". 



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