lunes, 17 de abril de 2023

14 de abril

 



A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas nuevas le han salido.

(A. Machado).


14 de abril de 2023


Constato la desaparición total del viejo olmo, el tronco simbólico de la República Española, y de su recuerdo, hoy día de su aniversario, prácticamente inencontrable en noticiarios tradicionales y en las novísimas redes sociales.

De pronto todo el fulgor de banderas y de movimientos sociales reivindicadores de la ciudadanía de un país, de las memorias históricas, y de la mas elemental revisión de los hechos acontecidos durante el último siglo, se esfumaron. El olmo viejo, hendido por el rayo, parece tener muy difícil el renacer machadiano. Seguimos sin estar para versos, ni siquiera para un humilde cuarteto.


Uno, forzosamente deja de lamentar las terribles vicisitudes del abuelo, de noventa años atrás, máxime cuando se convierte también en abuelo, y sitúa en el tataranieto las hojas nuevas, hijas de las lluvias de abril, inexistentes, y del sol de mayo, el sol del fin, o del comienzo, de los tiempos.

No puede retrotraerse indefinidamente hasta llegar a ese punto tan querido por los que se niegan a contrastar los datos históricos de su manual de bachillerato con aquellos procedentes de documentos certeros, imágenes y crónicas que, como la tierra callada, el trabajo y el sudor, unidos al agua pura y a los planetas unidos, todos dieron la hermosura de los troncos retorcidos. Aunque esa de los olivos es de Miguel Hernández que seguiría el camino del matadero de tantos abuelos, y cuyos versos mejor será en este caso, interpretarlos con el menos común de los sentidos, ese.


Resulta curioso y lamentable comprobar que la única herencia que el prodigioso cambio político acontecido hace un siglo, el renacer de la democracia que, como dijo Pemán era algo imposible, más allá de las polis griegas de cuando entonces, a la vez que escribía los mejores sonetos laudatorios de su amo y señor, lo único tangible y sufrible legado hasta hoy sea la división de los sentimientos colectivos, y algo más, en dos facciones irreconciliables. Unos porque tienen aislados entre si los hemisferios cerebrales y solo atienden la mitad que creen más placentera, y otros, la mayoría, porque la propaganda, la formación del espíritu nacional durante la mayor parte del tiempo hasta hoy, les ha hecho creyentes en que la historia no es como fue sino como a ellos, sus mentores, les gustaría que fuese. 

Pesada mochila que tenemos sobre la espalda, infranqueable velo que ha vuelto a hacerse patente, a renacer ahora impidiendo mirarnos a la cara y transmitir nuestras ideas y emociones bajo el miedo, otra vez, de ser malinterpretados, cuando no marginados o castigados por las nuevas tribus -que de nuevas tienen muy poco-, censurando y atacando a todo aquel que creen su enemigo, no digo ya rival, o simple transeúnte. Vuelve la autocensura y el anatema a las libertades someramente disfrutadas en las décadas de los setenta y ochenta y que hoy deben volver forzosamente a la cueva, donde se refugia la vieja cuando llueve. Esta es una canción infantil, también vampirizada por el sistema. No era: Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, sino: Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva. Y así tergiversado casi todo. Ahora en viceversa, pero en el fondo idéntico desencanto.


Atribuyen a la mano derecha de Hitler, quien solo tenía manos derechas, su ministro de propaganda Goebbels, aquello del pensamiento único, y conveniente, añado, y suelen olvidar sus congéneres propagandistas a las ordenes de Stalin, quien solo tenia manos izquierdas y seis dedos en un pie, no recuerdo en cual de ellos, aquello de educar las masas para que deseen aquello que -ellos- nosotros queremos que deseen. Y también que ambos han dejado un estigma imborrable en la cultura y el alma de tantos pueblos.

Pongamos por caso el tema de la república hendida por el rayo y su desaparecida evocación en el tiempo presente.

Uno siempre ha considerado el 13 de abril como un día sin retorno en la historia patria, el día en que el país despierta comprobando que su rey se ha fugado, ha desaparecido abandonando a sus súbditos cuando más necesitaban a su majestad. El último borbón renunciaba a su reino y apagaba de esa manera su dinastía, marchando a Italia donde encontraría lo que intentaba evitar aquí, sin duda no había leído aquel cuento de la mil y una noches donde la guadaña también acudió a Samarra para encontrarse con quien pensaba eludirla. El resto de cuentos, parce ser que si los leía y aplicaba en sus quehaceres cotidianos. En fin.

Pasan los años, pasa la vida, con su triste carga de desengaños, igual que pasa la corriente del rio buscando el mar, y yo camino indiferente allí donde me quieran llevar-(letra de una sevillana).


Y lo consiguieron sin duda, lograron con la consabida técnica de repetir falsedades hasta que se conviertan en verdades, unidos al agua pura y a los planetas...que la Restauración monárquica, aún en una nueva dinastía, haya logrado ceder el nombre de su esencia por el de Transición. Sagrada Transición que, entre otras bondades y canonjías, nos ha devuelto la democracia, bienvenida sea, nos ha servido para ocultar el nombre del hecho esencial, la Restauración, y sobre todo, en manos de los Joseph Goebbels y los Mijail Suslov de turno, infinitos ellos, nos han convencido de que más vale verdad asumida como tal  que falsedad rechazada.


Otras trampas, saduceas para unos y nefastas par otros, han sido igualmente dañinas y croníficado su mensaje, su intencionalidad. Así la confusión, la identificación de República y Guerra Civil, nuestras las dos, confusión tan querida por sus inventores y tan difícil de aceptar en cuanto lees el manual de instrucciones del medicamento, que viene con letra bien grande, tipos superlativos, y mensaje conciso: Mane Tecel Fares, palabras que con letras de fuego aparecieron escritas en la pared por una mano misteriosa en el celebre festín de Baltasar -el otro-, para cuya interpretación no necesitamos acudir a ningún profeta, tan solo comprobar datos y sobre todo fechas. Confusión extensible al incluir en la trilogía de marras a la Dictadura que, al parecer, visto lo visto, jamás existió.

Aún así seguirán muchos pidiendo peras al olmo, seco y hendido por el rayo. Indefectiblemente diría Pla, cuya historia de la República española es tan difícil de digerir, y no precisamente por breve como ella, sino por la insistencia del periodista en relatar el día a día de la adolescencia de aquella propuesta de madurez política que no pudo llegar a una mayoría de edad, imposible por otras razones, indefectibles también.


Lo que nos manden, lo que nos digan. Aunque, afortunadamente seguiremos comprobando que siempre nos quedarán los poetas, y que con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas nuevas le saldrán.


PD.- La imagén es de la charca de mi pueblo en primavera, mi patria querida.


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