Google+ Followers

lunes, 15 de enero de 2018

! PECHÁ DE TONTOS ! .-





!Pechá de tontos!



La exclamación favorita de mi amigo Manolo. Que también puede pronunciarse con la voz discretamente amortiguada, junto al oído del destinatario. Pero el resultado para quien la pronuncia suele ser insatisfactorio con esta segunda opción. En voz alta, y voceada espontáneamente cuando la ocasión lo requiere, produce la sensación de liberación espiritual que estamos buscando cuando obsequiamos a los oyentes con ciertas verdades que nuestra mente se niega a silenciar.

Y no es el caso, ahora silenciamos todo lo silenciable y un cominito más por aquello de que generosos lo hemos sido siempre. Es una actitud mediática, sin tener muy claro que el termino signifique estar influenciado por los medios de comunicación hasta el esperpéntico disparate, o bien estar censurados por el medio humano en que te mueves y el temor de la respuesta de esta pechá de tontos en la que por supuesto se incluye quién pronuncia la frase en cuestión.


Y es que hay que estar muy tonto – lo de serlo también está proscrito, los subhumanos le costaron otra eternidad al III Reich – para tener que tamizar toda expresión del libre pensamiento, librepensador igual a pecador, hasta el extremo de tener que pasar cada idea que vayas a comunicar por el filtro de la moda, la corrección, el evitar a cualquier precio la disensión, la discrepancia con la actitud de la mayoría de abducidos, de la “gente” entre la que te incluyes y que no están dispuestos a oír, y menos a escuchar, nada diferente a la ola, al tsunami de estupidez que nos asuela.



Para evitarlo, realmente suele ser suficiente, y también necesario, escuchar a la razón, ese dispositivo intelectual que una vez puesto en marcha, y según los filósofos urbi et orbe, suele limpiar las ideas de cualquier estimulo parásito que se le haya adherido debido a la contaminación del medio, de ambos medios.

Claro que, la razón, como los buenos hábitos intestinales, requiere su tiempo, su aislamiento, y su frecuencia más o menos rítmica, condiciones indispensables para que no se desubique por su falta de uso y nos provoque situaciones harto desgraciadas.


Si ese tiempo, y su complementario, es decir todo el de nuestras horas, lo dedicamos a ver y escuchar los mensajes de los misioneros del gran hermano, del ojo que nos hipnotiza para que no despeguemos los nuestros de él - aquí Orwell no acertó de pleno en sus profecías, no fue necesario que el ojo del gran hermano nos vigilase, ha sido suficiente con que no dejemos de mirarlo para conseguir el mismo fin, la uniformidad del pensamiento- si no dejamos el mínimo resquicio para que la razón pueda digerir, o rechazar llegado el caso, la marea informativa y encerramos el criterio junto a la razón, donde no pueda molestarnos, para dejarnos llevar por el no pensamiento de quienes nos rodean dejándonos flotar en el eco adormecido de tu recuerdo, de estar sin ti, como en el bolero “Ansiedad”, nos convertimos inevitablemente en “Pechá de tontos”.



Suelo interpretarlo, con elevado margen de error, como una nueva religión, si es que alguna religión pudiese merecer el adjetivo de nueva. Creer lo que nos repiten machaconamente los medios de comunicación, y que nuestro próximo prójimo -son sinónimos dudosos- considera harto correcto.


Cualquier pensamiento, cualquier opinión, fuera del estricto ropaje que la moda impone a nuestras convicciones morales o políticas del momento, son consideradas heréticas y puede llegar a suponernos la expulsión del modesto paraíso cotidiano, e incluso ser arrojados a la cloaca máxima como le sucedió al pobre Sebastián, quien hoy, además de santo, tendría y tiene avenidas y ministerios a su nombre, tan solo por lo voluble de las modas y el anacronismo del pensamiento colectivo, que nunca lo es, ni debe serlo. El pensamiento es individual y como la razón, de cada cual, debe ser quien mueva nuestras acciones dentro de algo tan asumido universalmente como es el respeto a los demás.



Hasta aquí el prefacio, la antífona de mi error al dejarme llevar por esa parte del ciclo de la humanidad, esa curva descendente, cercana al fondo espero, en que el miedo cercena cualquier atisbo de libertad arrastrándonos a mayor velocidad hacia el suelo de la sima. 


Resulta que el disco de este año – al fin llegamos al asunto principal- como casi siempre, está construido de forma libérrima, mediante la selección de piedras rodadas recogidas en el borde seco de la playa -el agua, la humedad, enturbia su color real, igual que hace la distancia con el de los ojos de las chicas- con el único criterio de la elección de ciertos tonos o matices que, manteniendo su diferencia individual, permite incluirlas en un grupo común, en un puñado donde ninguna desentone de las demás. Habitualmente el gris parduzco o el pardo grisáceo marcan el patrón predominante del conjunto, asimilado al nuestro propio, el del grupo que jamás ha necesitado colores estridentes o marcos de fantasía para enorgullecernos de serlo, grupo, tribu, la cosa.



Sucede en contadas ocasiones que, como en la peli del Indio Fernández, uno recoge una presunta perla negra entre las piquenas -pequeñas en portugués- confundiéndola con un fragmento romo de pizarra o restos de carbón que han llegado flotando desde el mar delos sargazos, quizás. Y aquí , con la perla oscura comienzan a desatarse las pasiones, la ambición, la codicia, y quien sabe si la lujuria, que el tema de la bragueta es siempre recurrente cuando la novedad se universaliza – se hace viral para entendernos – llegando a amargar el sueño del afortunado hasta entonces, poseedor de la joya admirada por todos, aun a sabiendas de que para este humilde pescador -de coplas. A. Molina- no es otra cosa que otra chinita, una más, cuyo mayor merito es el remoto parecido que pueda tener con alguna semipreciosa del albúm de cromos de la infancia.



El caso es que, después de ordenado el conjunto, de quedar terminado el CD 18 con la composición habitual, boleros pocos, por no ser excesivamente llorones ni melosos los oyentes, coplas tres, raigambre imprescindible, algún instrumental con predominio de guitarra fender, gibson más raras veces, y el resto de música bailable, rock, cumbia, twist, o cha cha cha si viene al caso, dejando un par de estridencias con cierto matiz humorístico y otro bastante evidente de sacrílego, bien entendido que el tema de los sagrado suele ser tan individual como el de la razón que mencionaba antes. Cada cual en la suya y dios -el de cada cual- en la de todos.


Soy consciente de que me la juego, de que cada imagen que a veces rompe el cantor, quien también a veces tiene razón según Yupanqui, puede suponer una ofensa para alguien quien no esté habituado a salpimentar la comida, hábito frugal que le aleja de la gula, terrible pecado capital que, desgraciadamente, no se asentó entre nosotros.



No obstante, ante la duda, suelo retirar del borrador inicial, aquellas cuya calificación de 4.- Gravemente peligrosa, las hace candidatas al escándalo que, es como todos sabemos el peor de los pecados y del que nadie se confiesa, que yo sepa. Sobre todo porque son los escandalizados quienes lo ejercen, lo protagonizan con su rechazo, y quienes deberían ir al confesionario a declarar que se han escandalizado por esto o por aquello, y resulta que no, que no van.


Dejo un par de ellas agridulces, no más, y cierro el disco, lo quemo con el burner -así se entiende mejor- y comienzo a repartirlo, cuando mi sospecha se convierte en certidumbre, al ser ocasionalmente rechazada la edición por el mero título de una canción. Me confirman que, con ese nombre ni siquiera han llegado a escucharla, blasfemo que eres un blasfemo, y no importa que la canción reivindique justamente lo contrario de su enunciado, vade retro.


Por supuesto que la religión de la que estoy hablando, y su liturgia, es la recogida en el título de este post - escrito- la sometida a la moda cruel de hoy, que obliga a situar por encima del mal y del bien, de lo divino y de lo humano al leiv motif televisivo de la igualdad de géneros, del crimen pasional -hoy llamado violencia de género- o al acoso intersexos, o heterosexos o quizás bisexos que de todo hay en esta viña. En todo caso la bragueta eterna, el tabú que nos cantaba Lola hace cuatro o cinco discos, y que nos permite pensar y hasta opinar libremente de todo, menos del asunto de moda.



Ahí me han pillado, y obligado a cambiar la edición cuando la rotativa ya estaba en marcha, produciendo dos versiones distintas- una de ellas beata- y un solo fin verdadero, el de divertir, y si puede ser, bailar.


Me queda la duda de si he actuado correctamente al dejarme llevar por este puritanismo mal entendido que nos constriñe, pero ni la picota, ni los autos de fe han sido nunca aficiones de las que haya disfrutado, y si perdono al rollo -Pericucho- donde suponíamos colgados a lo herejes y delincuentes, es por estar anejo al campo de fútbol que, inicia otra religión de la que sería mucho más peligroso el renegar, válgame dios.



Censurado pues, sin vestigios del mal gusto, de la irreverencia, ni del tradicional aroma a las revoluciones caribeñas o transalpinas que tanto espantan al personal, encontrarán algunos la versión que aleatoriamente he mezclado con la non sancta, por aquello de que la sorpresa, el azar es quien según los deterministas -de todo hay- nos hace elegir nuestro camino. Que tampoco era cosa de destruir los ejemplares primitivos, siguiendo los consejos del director espiritual de quemar o enterrar aquellos libros que figurasen en el Index

Tiene gracia que el Index hoy lo renueven todos los años en la tele y en las redes sociales, y que sea más severo que el de entonces. Al fin y al cabo yo siempre lo usé como lo que en realidad era, una lista de lecturas recomendadas. 


Véanse “Index librorum prohibitorum et derogatorum” de la inquisición española de 1612. Y compárese con su versión actual la del manual de lo políticamente correcto. Cuatrocientos años echados a perder.

Pechá de tontos.



P. D.-

Y no, el título del disco de este año no es ese. Podeis comprobarlo.





Y esta es una de las autocensuradas, para que veais que no os miento. Fijaos en el humo que sale del Colt. Tremenda alegoría.




-----------------------------------------------------------------------------------

viernes, 29 de diciembre de 2017

FELIZ AÑO NUEVO .-

 


La mala:

Este año no ha venido Placido. Con lo oportuno que hubiese sido ambientarnos en la Tarrasa (o Manresa) , de cuando así se denominaban.

La buena:

Ha vuelto Clarence, se ha ganado otro par de alas, y nos deja excelentes consejos para el 2018.

La música, como la felicidad, se crean dentro de nuestra mente. Solo es necesario desearlas.
No os importe la ausencia del sonido o la sencillez del color.
Con la caja de lapices Alpino que nos va a caer un dia de estos, será más que suficiente.

 

 


! Nos deseo mucha salud y abundante baile para el próximo
 año !
---------------------------------------------------------------------------------------

miércoles, 27 de diciembre de 2017

NABOKOV EN EL MANUAL DE USO CULTURAL Nº 35 .-





Uno de los cinco grandes del siglo veinte, el cazador de mariposas” es la descripción de Nabokov según Cabrera Infante, quien no se digna a citar los otros cuatro, y nos obliga a ubicarlos en su parnaso por el mero descarte, después de escudriñar los miles de denuestos que adjudica al resto, a aquellos que no son grandes.

Desgraciadamente infravalorado entre nosotros los castellano hablantes, debido al fenómeno “Lolita” y, lo que es peor, a la extraordinaria película de Kubrick. Error grosero, pero parcialmente justificado si consideramos que el orto y eclipse de su obra son debidos al citado título, con el agravante temporoespacial de que aquí, la mayoría de sus novelas habrían sido -o quizás lo fueron- condenadas, en la penumbra de incienso y plomo de aquellos años, con el peor de los calificativos, el del escándalo.

Y ese calificativo de erótico e incestuoso, de lúbrico y lascivo, ha sido la causa de su descubrimiento para un público reprimido en sus instintos primarios, años cincuenta, que estaban necesitados de recrearse en la supuesta perversión ajena para exorcizar, o quizás alimentar, sus demonios interiores. Ignorando lo divertido del texto, el humor inteligente y omnipresente , con el cual impregna el escritor todas y cada unas de la páginas, evitando siempre cualquier atisbo de mal gusto o la ausencia, de compasión implícita hacia sus personajes.

En mi caso, quizás apremiado por Cabrera Infante, ha sido la lectura de “Pálido Fuego”, la que ha abierto la espita del conocimiento y la adscripción vitalicia al club de seguidores incondicionales de Nabokov.
Comienza con un poema, no excesivamente largo, pero si absolutamente ininteligible, algo habitual en la traducción de cualquier obra poética. No resulta posible cambiar el idioma de los versos sin que pierdan su belleza, salvo que encontremos figuras como la de Nabokov, quien escribe en ruso hasta los cuarenta y en inglés desde entonces, profesor de literatura francesa en universidades americanas, en las que llega a dar cursos sobre “El Quijote” entre otros clásicos, quedando en riesgo de verse: virando hacia la literatura inglesa, donde tantos poetas frustrados acababan como profesores vestidos de tweed con la pipa en los labios” según sus infundados temores. Encontrándose en un país donde el New Yorker seleccionaba y difundía, y sigue haciéndolo, los valores emergentes de escritores aspirantes a la grandeza literaria.

Es en ese ambiente, de campus semiocultos por una naturaleza tan cercana como amable, enriqueciendo su colección de mariposas, de las que Lolita sería metafóricamente uno de sus más admirados ejemplares, donde transcurre casi toda la historia de “Pálido fuego”, en dobles y triples saltos mortales, de los que el lector no queda exento, al menos si intenta integrarse en el relato, en la intencionalidad atribuida a los versos por el narrador, o en el trasunto certero de otra historia, la realidad, que suele perseguirnos y que siempre nos alcanza. La Wembla imaginaria de Nabokov, comienza a tomar una ubicación geográfica en cuanto seguimos la hégira del protagonista, el alter ego del otro, el narrador.

«¿Es usted trotskista, entonces?», sugirió sagazmente en 1940 un escritor izquierdista en extremo limitado, en Nueva York, cuando dije que no estaba ni con los soviets ni con ningún zar. “, cuenta Nabokov en una de sus innumerables diatribas contra ciertos críticos y otros tantos lectores acríticos.

En un penúltimo movimiento en el tablero, salta a Suiza para, desde allí, reordenar y organizar la traducción de sus novelas rusas, de sus cuentos, que nos obligarán a bucear felices en ellos con la motivación más primitiva de cualquier lector, la diversión. No sin antes priorizar la lectura de “Ada o el ardor”.

Indiscutible maestro en poesía, metafísica, moralismo, historia, costumbrismo o disección de autores ajenos por un entomólogo experimentado, y siempre bajo el filtro del humor inteligente, del genio que te deslumbra en un párrafo y en otro, que te hace subrayar página tras página y te justifica plenamente el aserto del cubano deslenguado, el estar ante uno de los cinco grandes.

Lo que yo procuraba recoger con desesperación era el aroma de una nínfula mientras ladraba entre el sotobosque de oscuras selvas marchitas.”

----------------------------------------------------------------------


domingo, 24 de diciembre de 2017

FELIZ NAVIDAD.-



---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

viernes, 22 de diciembre de 2017

LAMENTO BORICUA.-



A mi me pasa… lo mismo que a usted.
Me siento solo… lo mismo que usted.
Paso la noche llorando, paso la noche esperando…
Lo mismo que usted.

(Tito Rodríguez)


Y el bolero se hizo verbo y quedó entre nosotros, con su tempo amable y su acompañamiento instrumental asequible a quien tiene una guitarra al lado y a alguien dispuesto a colaborar con cualquier improvisada maraca. Anterior a la electrificación musical y a la identificación del vatio con el volumen sonoro, alejado este también de sus orígenes y actual omnipresencia en forma de luz, calor y energía para los aparatos electrónicos que nos resultan imprescindibles, el PC – que en tiempos significaba otra cosa- y de su fruto vital, la web, la red de la que no podemos despegarnos.
Tan alejados del bolero y sin embargo tan cercanos, tan solo cambiando el significado de sus versos, su finalidad original, y adaptándolo a nuestras vicisitudes cotidianas, aun conservando el fondo musical, su base de karaoke vital que, espero no me falte nunca.

Estamos presos de patas en él, en Internet, como las moscas en la fábula de Samaniego, nos dejamos atraer por el conocimiento instantáneo de los asuntos colectivos, de la política como interminable comedia patética –autodefinición personal de Woody Allen-  y nos sentimos participes imprescindibles por el mero hecho de devorar titulares o columnas de diez, o veinte, medios afines a nuestra –presunta- forma de pensar. Presuntamente nuestra y realmente de ellos, de los que escriben para que asintamos, y disfrutemos empantanados en el muladar (1) como moscas presas de patas en él.
Ahí queda, en las redes sociales, activa o pasivamente, en todo caso ineficaz, la participación del individuo, del presunto ciudadano, en la vida política, en la actividad democrática del país, para algunos estado, para otros patria.

Absolutamente imposible levantar la cabeza o intentar emitir opinión que no sea el eco buscado y dirigido de la oficial del partido en el poder, o en trance de serlo.
En mi ciudad son solamente setenta y cinco los militantes, los socios acreditados, del partido hegemónico y, por tanto, los que imponen su voluntad sobre los cuarenta mil que se sienten solos… lo mismo que usted. Este hecho, lejos de anecdótico, es solo la versión domestica, autárquica para los portugueses, de las otras cubiertas antidemocráticas de la sociedad, sea en su versión autonómica, estatal o paneuropea. Más de lo mismo, escuchar y agachar la cabeza,  la dolorosísima lección aprendida de los padres y los abuelos que pagaron muy caro el creer que podría ser de otra manera.

Nos quedan los hilos más débiles de esa red de opinión y conocimiento al alcance de nuestras manos atrofiadas por el desuso, la posibilidad de participar en foros, en chats, o en pizarras digitales y evanescentes, a riesgo de ser expulsados –baneados- de compartir nicho con maleducados anónimos o, incluso, de ser denunciados y condenados por quien o quienes se den por aludidos y ofendidos. Reo (2) del delito de odio, por dios, si de lo único que me quejo es de pasar la noche llorando, la noche esperando, lo mismo que usted.

“Tú sin él no eres nada”, leía en el neocatecismo del monseñor, y jamás pude pensar que se estaba refiriendo al partido, a cualquiera de ambos, ya que el destinatario de la admonición me quedaba bastante claro.
Supongo que no soy la única víctima de esta situación de automarginación ciudadana, fuera de los “cauces” oficiales, como si la vida del individuo no sufriese suficientes estancamientos, épocas torrenciales y periodos de sequía, para tener que dar por bueno el transcurrir único y verdadero, el oficial del partido, tan alejado a veces del conjunto, y del futuro de la sociedad, como estamos viendo, o a punto de contemplar.

Renunciamos tiempo ha, a la utopía, a que nuestras plegarias fuesen atendidas – por quienes nos rodean – a sabiendas de que sobre las otras, más nos vale que sean desatendidas como bien dijo la santa. Escarmentados y escocidos, todavía, de aquello, miramos alrededor, buscando cabezas emergentes, cuellos estirados a la búsqueda de quienes estén sufriendo lo mismo que usted, y solo encuentro con ellos un lugar común, las patas pegadas en él.

Y es que son tantas las falacias, los fraudes, sobre los que está montada esta farsa, que va llevar tiempo, espero que sin hostias, el ver como se secan, se caen, y son retiradas por el viento otoñal que, por cierto hoy ha terminado. Tendremos que esperar a la próxima temporada climatología, que esa al menos es implacable y totalmente independiente de los poderes fácticos o fascistas como ahora nos llaman quienes lo son. Más antiguos que el bolero, ya digo.

 
(1).- El muladar de mi infancia jamás tuvo ese nombre. Lo llamaban “El mataero de los burros” y servia para arrojar los cadáveres de animales y para que los niños contemplásemos como los buitres y los cuervos  se presentaban entre nosotros ocasionalmente, haciendo vida aparte el resto del tiempo. El que uno se identifique con los carroñeros o con los finados, mulos (muladar) o asnos, ya es cuestión metafísica de cada cual.

(2).- Reo. Pez de talla media que no suele superar los 120 cm de longitud total y 30 Kg de peso, aunque en España raramente alcanza los 60 cm.

Prácticamente desaparecido, el pez de rio que nos vió crecer desde el plato, fritos o en escabeche.
Hoy tiene otro significado la palabra. Una consonante y dos vocales.

(3) – Epílogo excusado. (Excusado: adj. Innecesario o inútil. “Excusado es decir que puedes venir cuando quieras”:

Todo esto sucede en mi Puerto Rico soñado, de donde nos llegaron Tito Rodríguez y sus boleros. (Este lo escuché de Feliciano. Hoy la red dice que la canción es de Palito Ortega, de Rocío Durcal, o de vaya usted a saber. Ni caso). 





 ---------------------------------------------------------------------------------

jueves, 14 de diciembre de 2017

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (89)






-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

domingo, 10 de diciembre de 2017

LA MIRADA ATENTA.-


 

De alguna manera la relación del lector ante un texto que va a leer, o la del espectador ante una película, es muy parecida a la habitual relación entre los humanos. Esperamos hablar y  escuchar, ser escuchados cuando exponemos nuestra opinión o nuestros deseos.
En el instante en que se rompe la interactuación de ambos, incluyendo  a aquellos que exigen una comunicación bidireccional, reciproca, la relación desaparece. Al menos lo hace en el sentido fundamental de la misma, la que se entiende sucede entre iguales, humanos libres.
Esta ruptura es más frecuente, me temo, de lo que sería deseable, no solo para mantener las normas sociales, sino para el desarrollo mutuo de los individuos que hablan y escuchan, bien diferentes de aquellos que hablan o escuchan, y nunca ambas cosas alternativamente.
En el ambiente coloquial entre amigos, compañeros de trabajo, y por supuesto el familiar, esta regla no escrita resulta de vigencia fundamental. Aquellos que tienen tendencia a perorar indefinidamente, sin ofrecer la menor ocasión, ni interés, por la opinión del interlocutor, suelen tener un futuro social donde la auto marginación suele aliarse exclusivamente con las benzodiacepinas, a medio o a largo plazo.

Curiosa e inexplicablemente, ofrecemos nuestra servidumbre incondicional, como meros oyentes, mudos vasallos de quien expone ante nosotros su versión de la vida, siempre que lo veamos escrito en un texto o proyectado en una pantalla.
Este flujo unidireccional permanente no nos enriquece en absoluto, no fuerza nuestro intelecto más allá de la aceptación gozosa o del rechazo sobre la obra y la consecuente búsqueda o censura de la próxima del autor que nos haya satisfecho con su historia, que casi nunca es la nuestra.
Ese todo fluye ante nuestra retina se convierte en una perdida irremediable de nuestro preciado tiempo -que es finito- y lo que es peor, en un embotamiento intelectual, una renuncia a poner nuestras ideas a la altura de las del escritor o del cineasta.
Parece algo irremediable, el tu das y yo tomo, y además pago; pero existe la capacidad de discriminar la calidad y la cantidad -no menos importante a la hora de disponer de una meditada respuesta- de aquello que vamos a digerir día tras día.
Extrapolar la lectura o la cinefilia a las inevitables e interminables horas televisivas, y la exposición ante mensajes de ínfima categoría moral e intelectual, parece obvio. El que esa exposición , unidireccional, mantenga y perpetue la incapacidad de respuesta por parte del espectador, también.

Por ello, uno busca, infructuosamente casi siempre, el milagro que sabe oculto, entre centenares y millares de libros, de películas, aquel o aquella que necesita de su participación, de su reacción, imprescindible para establecer esta relación bidireccional de la que hablaba al principio.
Y a veces sucede, te hace creer en los prodigios cuyo eco proveniente de lugares insospechados y tiempos pretéritos, resuenan en tu cabeza, haciéndote ver con claridad algo que habías intuido pero que estaba semioculto esperando la ayuda de la linterna en mano ajena, para esclarecer ese concepto, esa idea que te hace más rico espiritualmente y que te va a acompañar desde ese día luminoso.

Everything is iluminated” 2005 de Liev Schreiber. Comedia dramática donde un joven judío americano intenta encontrar en Ucrania a una mujer que salvó a su abuelo durante la II Guerra mundial, ayudado por por un excéntrico local.

Las virtudes de la road movie son innegables, la historia de un periplo en el que la búsqueda de El Dorado se encuentra enriquecida por todos los paisajes y personajes que van apareciendo en el trayecto. Fluyen las imágenes, bellisimas a veces, bajo el humor, propio del choque entre dos mundos diferentes.
Pero sucede después algo especial, algo que hacía tiempo no había experimentado este espectador.
Hay películas que terminan al poco tiempo de comenzar, te invitan a mirar el reloj repetidamente buscando el consuelo de comprobar que el soportar esa banalidad tiene una duración decreciente.
Otras, la mayoría de las que pasaron el filtro de la crítica y gastaron en su promoción el doble o triple que en su producción, te dejan sentado esperando su final, sin más daño ni beneficio que el de las dos horas que les has dedicado.
Pero es que hay algunas, excepcionales, tanto como el contemplar el rayo verde en la puesta de sol sobre el horizonte marino, en las que la película comienza realmente cuando ha terminado la proyección.
Cuando al poco rato de acabar los títulos de crédito, me doy un manotazo en la frente, y me digo:

!Huy lo que me ha dicho! !Lo que me ha dicho!.

Y de pronto la comedia, que no lo es, la aventura del joven viajero y su colega ucraniano, el recorrido semi turístico por un país y un paisaje que nunca vas a visitar, se convierten en una carga de profundidad que, no llega a hundir el decrépito submarino donde guardas tus ideas adoptadas o compradas en los interminables mercadillos callejeros, en los rastros donde las antiguallas de toda índole han ido rellenando los cajones de los recuerdos. Pero la sacudida es tan terrible que muchos de esos cachivaches salen de sus escondrijos y se reubican en una nueva disposición, de la historia, de la moral, de la vida, y sobre todo del presente, de ese tiempo cuya actualidad reconoces que ya lo era en tiempo de tus abuelos, de los tuyos y de los ajenos. Ese es el descubrimiento de la realidad que nunca lo fue, de las creencias ficticias que te hacen sospechar de tu incapacidad como espectador, de tu escucha irreflexiva ante quien hablaba solo, de la necesidad de reflexionar sobre todo lo que te llega a través de los libros, de la imagen, de las noticias, y la revelación de que sin tu parte del dialogo, la que diriges a ti mismo, la historia que has contemplado va a quedar incompleta.

Diálogos terribles, cortos e inconexos entre dos jóvenes que desconocen el lenguaje ajeno, que relacionan con dificultad sus mundos tan diferentes, el primero que lleva camino de dejar de serlo, y el tercero que por momentos no lo es. Diálogos que horas después de escucharlos, retumban en tu cabeza con la precisión de un guión de Billy Wilder, donde nada sobra, donde nada falta.
Situaciones extrañas, solo en apariencia, y personajes esperpénticos, que no lo son en absoluto. Solo sirven para que medites por qué actúan así, tan diferente a como lo haríamos nosotros, y sobre todo que pienses sobre quien lo hace correctamente, si tu, el protagonista, o quizás ellos.

El asunto sugerido como principal, nunca dejará de serlo, el maldito holocausto, pero queda en un hábil y discreto segundo plano, haciendo de telón de fondo sobre lo que te quieren contar, lo que tienes que descubrir, la ignorancia de los hechos por aquellos que estaban allí, o al menos sus padres y abuelos. tan cercanos que, la inexistencia de ello en su memoria te hace sospechar sobre la capacidad del ser humano para ignorar involuntariamente situaciones tan terribles que se convierten en no sucedidas por la mera necesidad de supervivencia.

Y no trata de eso la película, o al menos solo de eso. Trata de la herencia de esas vicisitudes y de sus consecuencias, por tremendas que hayan sido. De la asunción por cualquier etapa en las generaciones familiares, de los pecados y virtudes de quienes les precedieron.
Tantas cosas más que no dejan de enriquecer las posibilidades de un modo de vida, el nuestro, sobre el que estamos empeñados en su artificial deterioro.
Tantas costumbres absurdas que hemos adoptado contagiados por la moda imperial, y por esa relación de oyente sumiso que nos impide cuestionarnos su sentido. Tanto es así que, no puedo ni citarlas por aquello de no acabar lapidado por los creyentes en esto o aquello, en cosas y hábitos que solo por pertenecer a ese todavía primer mundo, consideramos perfectamente razonables, o razonablemente perfectas, siempre y cuando no razonemos en absoluto.

Ciertamente puede verse, y disfrutarse, como una comedia amable que termina con su final habitual. En mi caso, agradezco que además haya resultado ser una película memorable.




 ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

jueves, 30 de noviembre de 2017

NOTICIARIO CINEMATOGRÁFICO.- (LUTHIERS)



Ayer volví a Manderley. ¿O quizás fue a Tralfamadore?.-


Una copia pata negra de Dr. Strangelove sobre la versión de su cuarenta aniversario, me pareció el plato adecuado para rematar la cena en un día otoñal donde el frio y el agua se hicieron patentes.
El blanco y negro de la época gloriosa de Kubrick, y de Sellers, me invitaban a repetir el visionado de una obra casi olvidada, cuyo título siempre me pareció excesivamente largo y desafortunado:
¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú . Por no hablar del original: Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. (Como aprendí a dejar de preocuparme y comencé a desear la Bomba).

Con lo fácil que es referirnos a ella como Dr. Strangelove, aunque tengamos que sufrir la traducción en el subtitulado como Dr. Extrañoamor. Es lo que tiene ser testigo, como diría aquel personaje de Almodovar.

La película conserva idéntica frescura a la de la fecha en que la filmaron, 1964, manteniendo perfectamente las apetencias sobre el ritmo o la credibilidad en los personajes propios del espectador de hoy. Esta, la intemporalidad, es la definición justificativa de cualquier clásico del cine.
Película bélica, misógina en apariencia y en el fondo también, supongo, por aquello de que el humor y su habitual doble o triple sentido no están al alcance de la intención o los prejuicios de todos los espectadores. Al igual que su finalidad evidentemente pacifista, que queda en segundo plano, encubierta por la parodia y por el final fogoso y feliz, al menos para los amantes del cine bélico.

Pero es que su asunto, su denuncia sobre la incompetencia de políticos y militares, resulta hoy de tanta actualidad, como pueda serlo el clima prebélico y apocalíptico del que gozamos ahora.

Cuarenta años del aviso, sesenta si nos extendemos a los orígenes de la rivalidad entre paises poseedores del arma definitiva, y la enormidad de recursos empleados y desperdiciados en la “defensa” que es la manera sarcástica con que los poderosos llaman a las armas y a sus profesionales.

Los comunistas siguen amenazando al mundo “libre” con sus bombas atómicas. Ahora desde Pyongyang entonces desde Moscú, y tan serio es y era el asunto como hilarantes los personajes que protagonizan la historia, la real que nos asuela y la desternillante del guión de Kubrick.
Te asombra la persistencia de que el poder que rige los destinos del planeta esté en manos inadecuadas, una y otra vez.

Te sonríes sal ver el histriónico nazi reconvertido en asesor presidencial norteamericano y recuerdas el documental “ El enemigo de mis enemigos” sobre la doble vida de Klaus Barbie en su exilio boliviano bajo la sombra protectora de los enemigos de sus enemigos, gracias a la complicidad entre nazis y norteamericanos para frenar a los soviéticos. Kevin McDonald nos explica esta paradoja y otras varias en su película de 2007. No puedo dejar de aconsejarla.

Por si fuese solamente la insistencia en grado menor sobre el renacer de los tentáculos de la pérfida medusa, reseñar que, hoy mismo se ha suicidado un criminal de guerra bosniocroata, al estilo de los condenados en Nuremberg, con un veneno que nadie se explica como pudo llegar a su boca.

También aparece en los titulares la condena a perpetua de “Alfredo Astiz” el “Ángel rubio”, marino heroico argentino acusado de participar en la solución final de la dictadura militar, consistente en arrojar desde el aire a aquellos jóvenes contestatarios que incomodaron a la plana mayor. Aquí la referencia se hace literaria, la novela de Bolaño “Estrella distante” que nos cuenta como el héroe puede ser a la vez un verdugo. Leyes de punto final y obediencia debida (el comodín eterno), el terrorismo de estado y la protección de Margaret Tatcher como prisionero de guerra, que impide otra vez, como a Barbie, entregarlo a Francia. A releer ese texto prodigioso las veces que sea necesario, como la película de Kubrick, de la que podría haberse convertido el angelito en un personaje harto divertido, o como el documental de McDonald, repetirlos hasta convencerme de que no es verdad lo del interminable y obsesivo bucle del tiempo este en el que me encuentro, que no es precisamente el del cordón umbilical intrautero donde las repeticiones eran siempre gozosas.

En todo caso siempre será más divertido sumergirse en la ficción, reincidir en los autores que tienen algo que decir, aun a riesgo de que nos estén contando siempre cosas parecidas, la impertinente insistencia de los sabios que nos avisan sobre la piedra del camino, (Camino y piedra era de Yupanqui, que también nos avisaba el pobre con aquello de que las penas y la vaquitas iban por la misma senda). Cualquier cosa antes que perder el tiempo y la bilis contemplando los noticiarios.
Que, aunque el argumento sea idéntico, al menos la ficción presume de irreal, y nos permite ir a la cama convencidos de que el horror que desfila ante nuestros ojos es ciertamente falso, dejando a nuestra voluntad el soñar esta noche con las penas de Manderley (Rebeca) o el placentero Tralfamadore (el paraíso creado por Vonnegut para algo tan necesario como la supervivencia).

PD.-

Recuerdo la soberbia desafiante de Kubrick al iniciar los títulos de crédito de Espartaco con el nombre de su guionista, Dalton Trumbo, condenado al ostracismo por los fascistas del otro lado. Y es que los genios son soberbios o no lo son, genios.
Avisado de los riesgos de reivindicar la figura de un comunista norteamericano, sonrió exclamando:
  • !No olvidéis que Espartaco soy yo!.
La pena es que ahora Espartaco correría el riesgo de ser acusado de populista y de asuntos peores. Todo es cosa de esperar que la esclavitud llegue a las cotas de otras veces, algo que, supongo, no desea nadie, ni tampoco hace nada para impedirlo.

PD 2.-


Cuando busco en Google la palabra Espartaco, sale un torero.
Y, ni se os ocurra preguntar ante vuestras hijas por Barbie. La respuesta será desoladora.
Estamos perdidos.

PD 3.-

Manderley es hoy un bed and breakfast en Milwaukee. Puntuación 4,6 sobre 5.
Me rindo.

 

lunes, 30 de octubre de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA DEL 27 DE OCTUBRE.-


 
Al pairo.-

Navegar al pairo, o hacerlo con un velero en calma chicha.
Términos náuticos que aprendimos gracias a D. Emilio Salgari, y sus “Tigres de Mompracem”.

Lo primero es difícil, mantener inmóvil tu navío en medio de una corriente. Hay que tener alguna dote como navegante, y medios técnicos auxiliares con capacidad de compensar la fuerza de la corriente, además de resultar estos de limitada o nula eficacia cuando la fuerza del caudal supera ciertos límites, los tuyos.
Lo segundo es ciertamente imposible, sin viento el barco de vela se convierte en un mero flotador y sus ocupantes solo pueden intentar sobrevivir hasta donde les sea posible, implorando a los dioses, al cielo en su primera acepción, e incluso a la generosa corriente del golfo, siempre que esta se encuentre cercana del barco inmóvil, y siempre que el golfo sea aquel más conveniente para nuestros intereses.

Son dos palabras que inducen la risa a pesar de su inequívoco y contundente significado, al pairo, usado despectivamente para cualquier asunto que dejamos de lado, y sobre el que afirmamos no tener el menor interés en inmiscuirnos. Y la de chicha, adjetivando a calma, dos bisílabos, con su ch repetida, que tanto inducen al chiste fácil. Si bien nos coloca esta última calma en el desasosiego y la frustración al no depender de nuestra voluntad la capacidad de salir de ella. Aquí el libre albedrío no ha lugar alguno. Tan solo el llanto.

Estas inefables consideraciones surgidas del conocimiento infantil, atesorado a través de las malas lecturas – si hubiese tenido a Heidegger a mano, o mejor a Camus, otro gallo me hubiese despertado por las mañanas - se convierten en la luz cegadora y celestial que ilumina la mente más tenebrosa –de tinieblas- como es el caso.
Sirven para definir con precisión absoluta la situación política en la que se encuentra el país, y la de sus afectados- que no desafectos- ciudadanos.

Jerarcas navegando al pairo, temerosos de que la corriente de los tiempos, que es la del progreso de la historia, del devenir imparable del día después que, suele venir siempre a continuación del actual, se los lleve hacia al desagüe del fregadero, o de la bañera, donde los niños traviesos juegan con sus barcos a regatas ficticias, haciendo trampas inocentes, empujando el barco con la mano, o sujetándolo para que no escape, situaciones inconcebibles en el mar o en la mar, que es como dicen los poetas.

Curiosamente los niños no juegan ahora, supongo, a batallas marinas, ignorantes de lo que sucedió en Salamina y afortunadamente alejados por la distancia de siete décadas, de las batallas navales de “la Gran Guerra Patriótica” como fue llamada en el mundo soviético la II WW. Hechos bélicos que tanto placer dieron a los charcos de mi infancia, enriquecidos por las heroicidades de Sandokán, y las de los portaviones yanquis.

Curiosamente, también por aquello de mantenerse al pairo, a nadie se le ocurre asociar el juego de un niño en la bañera con las “aventuras” de los cayucos y de las pateras donde perecen, ahora mismo, miles de personas en situación de desamparo absoluto, y no solo de la literatura, de los noticiarios, y por supuesto también de la fantasía de los niños y de otros que parece que no han dejado de serlo.

Todo el mundo al pairo, y aquí no paga nadie como pregonaba Darío Fo, que fue otro escritor que me pilló a continuación de Salgari, con sus humanidades ficticias o fantásticas que no son sinónimas, o quizás si.

En el mientras, en el gerundio infinito de la calma chicha, nos encontramos todas las victimas, conscientes e inconscientes, pero en todo caso responsables por inacción de habernos dejado llevar a un cuadrante del mar donde el horizonte solo muestra agua y más agua –y sigue sin llover- y los medios disponibles para salir del punto muerto son nulos.
Esperando que el viento reanude su labor, la ayuda externa quizás de barcos de otros países, y temerosos de que la única salvación procede otra vez del golfo o golfos que, intentarán convencernos de la suerte para nosotros de ser llevados a sus puertos, para seguir otra vez en idéntico punto donde nos dejaron, momentáneamente desesperados, en previsión de que volvamos a pedir socorro, a ellos, a los golfos, a los nuestros.

Cuarenta años gastados para convencernos de que aquello no existió jamás, ni sus causas, ni sus artífices, ni sus ejecutores y beneficiarios. Y cuando casi lo habían -habíamos-conseguido resulta que nanai. Que “aquello” sigue vivo y que, sorprendentemente, somos nosotros, las victimas, los culpables del mal que estábamos en trance de negar, de ignorar, al menos de olvidar. Que dos generaciones completas, no pueden heredar el rencor, ni mucho menos el horror, sufrido por una tercera. Aunque sirva la memoria para recordar los baches del camino, los lugares donde hubo un desprendimiento, o los senderos que no llevan a ninguna parte, cualquier cosa que pueda evitar el dolor, el peor de todos, el que se acompaña del recuerdo de idéntico dolor, algo que lo hace insoportable.
Continuamos siendo acusados de …istas, no importan las primeras letras, tan solo que enfrente tenemos otro equipo de otra variedad de …istas, y que estamos obligados a jugar hasta vencer o perecer en el intento. O eso, o mantenernos al pairo que, seguramente es un método de navegación en absoluto gratuito, imprescindible en ciertas ocasiones y, en todo caso asumido, igual que dejarse llevar por la corriente, o en subir río arriba hasta reventar la caldera, igual que el Tramp Steamer de Álvaro Mutis, como parte consciente, informada, motivada y voluntariamente enrolada, en la tripulación del barco que va a iniciar una maniobra arriesgada.
Una calma chicha de cuarenta años, precedida de otros cuarenta, debería ser razón más que suficiente para que regresemos a los filósofos griegos, o a donde sea necesario, para encontrar soluciones a problemas tan viejos como ellos.


“Porque cada una de ellas es muchísimas ciudades.
Como mínimo dos, enemigas entre sí, la de los pobres y la de los ricos”.

(Platón. La Républica. libro IV).




-------------------------------------------------------------------------------

jueves, 26 de octubre de 2017

ESTUPEFACTO Y EXHAUSTO, ME TIENEN.-






-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Archivo del blog