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sábado, 31 de mayo de 2014

!OH CHICHORNIA!






Ochi chernye, ochi strastnye!                                    
Ochi zhguchie i prekrasnye!
 
Kak lyublyu ya vas! Kak boyus' ya vas!
Znat' uvidel vas ya v nedobryi chas!



Rusia de mis amores patria querida...

De la zarzuela de Serrano y Arniches,  Alma de Dios (estrenada en diciembre de 1907) su fragmento más conocido es la Canción Húngara.

Hungría de mis amores,
patria querida,
llenan de luz tus canciones,
mi triste vida.
Vida de inquieto
y eterno andar,
que alegro solo
con mi cantar.

Canta vagabundo,
tus miserias por el mundo,
que tu canción quizá
el viento llevará
hasta la aldea
donde tu amor está.
Canta vagabundo, etc.

Si os digo que un servidor formaba parte del coro colegial y que me aprendí la canción entera, tendré que contaros la historia completa.
La segunda vez que, en los ensayos, el director dijo aquello de…”Oigo por ahí,como un moscardón…” señalando la zona de la que yo me consideraba epicentro vocal, tuve la ocurrencia, propia de un autentico superviviente, de seguir cantando solo con los labios, sin emitir sonido alguno, algo que poco después pondrían de moda en la tele con el nombre de playback. 
Y no es que quiera detentar el titulo de precursor del invento, que estaba claro que no, es más bien que desde entonces el director musical del coro no volvió a poner cara de disgusto y así pudimos estrenar con extraordinario éxito, ante los poco exigentes padres de los niños del coro, la versión vocal de la romanza de Alma de Dios.

Nunca sabré si mi carrera musical, frustrada de raíz a partir de este suceso, se debió a mis carencias auditivas, en su acepción vocal, o más bien a la poca insistencia de la schola cantorum, o a las escasas dotes persuasivas del maestro aquel. Prefiero pensar lo segundo y demostrarlo en cuanto inicie el inminente nuevo intento, esta vez con la guitarra eléctrica, para no tener necesidad de abrir la boca, de manera tan ridículamente silenciosa.
Por cierto que la versión de “Los Relámpagos” en su serie de “Paginas musicales de la historia de España”, está montada sobre la estratocaster de J.L. Armenteros, y quien sabe…
Si bien la memoria guardaba equivocada la primera palabra del primer verso.
Siempre he cantado -para adentro, no asustarse- aquello de :

Rusia de mis amores,
patria querida,
llenan de luz tus canciones,
mi triste vida.

Desconozco por qué he cambiado Hungria por Rusia, aunque el contumaz cabezota que llevo dentro me dice que cuente las silabas del verso, antes y después y lo comprenderé enseguida;  que el diptongo final se deshace y que aunque inútil para la armonía vocal, la cosa de la métrica no se me ha dado mal, y que además, de razones ideológicas nasti, Rusia querida..

De ahí a que, cuando escuché la supuesta canción “Oh Chichornia” cantada por el coro, ballet y orquesta  del ejercito ruso, -vestidos de cosacos en la cubierta del albúm- y cuando volví a escucharla tantas veces que el idioma ruso se me volvió tan familiar que, no solo podía pronunciar las palabras de la letra, sino comprender perfectamente su sentido. ¿O no?.
Creí que cantaban, henchidos de nostalgia eslava, esa que funde la melancolía con las reivindicaciones patrióticas y viriles,  en las numerosas y graves voces de los soldados cantores, de los rusos evocando el pueblo, la aldea de su infancia, la Chichornia bienamada, donde en la isba de sus padres siempre tendrían una ardiente sopa, o gachas, de trigo sarraceno, esperando al hijo ausente. Más evidente no podía ser.
Lo del trigo sarraceno será motivo de otra extensa charla sobre la estupidez humana, la que convierte la miseria en moda, y encima la llama viral, con un par, pero dejemosla para otro día.

Lo cierto es que la película – ya tardaba- Oci ciorne” de Nikita Mikhalkov, basada en relatos-majaderos, son cuentos, no relatos- del maestro Chejov, con Marcelo y Silvana, ya me hizo sospechar si no podría estar yo equivocado, ya que la traducción italiana “Oci ciorne” del ruso “Ochi chyornye” significaba claramente “Ojos negros”, con lo cual, aquello de la querida Chichornia comenzaba a pasar al plano de la inveterada estulticia de un servidor.

Очи черные, очи страстные

Очи жгучие и прекрасные

Как люблю я вас, как боюсь я вас

Знать, увидел вас я в недобрый час




Ojos negros, ojos apasionados

Ojos ardientes, hermosos

Cómo os quiero, cómo os temo

Tal vez os conocí en un momento maldito

Y es en esta ocasión, como tantas otras veces, en que uno diferencia con claridad , realmente puede hacerlo, entre las historias ajenas, y las propias, y cuando cobran sentido las estrofas de la canción, se hacen reales y verdaderas  y establecen la diferencia entre aquel que lee un texto sagrado y el creyente que lo hace con fe ciega en lo que está leyendo.
Oh Chichornia, Chichornia, y yo que estaba tan feliz en mi ignorancia.

Para dar sentido multimodal a lo estoy contando – he aprendido esa palabra, y si no la suelto reviento, multimodal – os añadiré enlaces a versiones populares de Alma de Dios, canción del vagabundo errante – creo que es reiterativo el asunto, los vagabundos son errantes o no son vagabundos, que de vagamundos también os contaré otro día- y la genuina de Ojos negros, en versión instrumental de Django, porque ellos no son para escucharlos, que son para verlos. No os equivoquéis y luego os vaya a suceder lo mismo que a mi.


PD. La película no hace justicia a Marcelo ni a Silvana, y mucho menos a Chejov a quien no puede valorarse adecuadamente en otro formato que no sea la lectura de sus cuentos. Los genios es lo que tienen.

Tanto IMDB como Filmaffinity le otorgan 7.6 sobre 10. Allá ellos.


Versión de Los Relámpagos (Alma de Dios)



Versión de Django Reinhardt (Ojos negros)



Si escucháis con atención, la letra, comprenderéis mi confusión
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miércoles, 28 de mayo de 2014

GALERIA DE SIMPÁTICOS.-(O QUE A MI ME LO PARECEN).- 18


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domingo, 25 de mayo de 2014

THOMAS BERNHARD EN EL MANUAL DE USO CULTURAL.






Las oraciones subordinadas, circulares, reiterativas, la antitesis del aforismo.
El pensador que tiene algo que contar y lo hace (Wilde)  dedicando su esfuerzo a empujar cuesta arriba la piedra de Sísifo (Camus), no solo para compartir sus ideas, enemigas de la frase sintética que reverbera en el lector poco exigente, sino también para dejar que el pensamiento fluya incansablemente, como el Danubio, el río madre de esa Austria vilipendiada por T.B  hubiese vilipendiado cualquier patria  - y negándose a compendiar, a resumir sus pensamientos, por mas que entre ellos surja inevitable e intermitentemente la frase lapidaria que, como epitafio sublime le habrían comprado los ciudadanos acaudalados a los que demonizaba tres veces al día, una en cada comida - pan negro y gulash- consciente de ejercer la libertad que la malherida sociedad de postguerra era incapaz de negarles, a él y a los narradores contemporáneos del otro lado del Atlántico.


Pienso en el magistral “Wunderkind” -  la dolorosa revelación de una joven al descubrir que no es ningún prodigio musical -  Carson McCullersy   su similitud con “El malogrado”. Como, ambos narran en primera persona el mismo asunto, la cruel aceptación de no estar elegidos para la gloria que sus padres o ellos, en su etapa de crisálida, hubiesen esperado en la música. Misma idea, mismo desarrollo, mismo final. El que Thomas necesite tres personajes en lugar de uno, o tres veces más páginas que  la McCullers, no hace mas que discrepar en  un estilo que, a fin de cuentas no es otra cosa que un modo de entender la vida, el inagotable mundo de las ideas consideradas como las gotas de agua en su camino hacia el mar, y no siempre de la manera más rápida, no necesariamente, al menos. El Danubio mide su tiempo en kilómetros, cerca de tres mil,  lo convierte en interminable,  como la prosa de T.B, a ratos oscura, a ratos transparente, dolorosa y sin embargo divertida, como la vida misma, la del pensador que no cesa de buscar salidas, y encontrarlas, en los interminables círculos, que sus ideas insisten en recorrer indefinidamente.

Halla personajes - el otro - sin molestarse excesivamente en ocultarnos que, como los amigos invisibles de McCullers, viven dentro de uno; y nos lleva a quererlo y a odiarlo, a ese con quien terminamos compartiendo las humildes maravillas que se ocultan tras sus desgracias,  a la vez que nos identificamos con sus juicios y opiniones implacables sobre una sociedad que, desprovista de sus arcaicas tradiciones, encontramos a nuestro lado, donde quiera que nos situemos en la vieja Europa. Que insiste en repetir su historia, sus renglones torcidos, como si esa repetición fuesen su identidad y su destino. 

Naturalmente, la vida del pensador resentido -contra si mismo - no se limita a las lamentaciones del profeta Jeremías que, ante las ruinas de Jerusalén, inspiran no pocos pasajes de la obra de T. B.;  es también el brillo de la luz, de la voz que derriba a Pablo del caballo, la que ilumina su vida, la revelación de un ser superior, del dios presentido pero nunca vislumbrado hasta su actuación en el festival de Salzburgo, la madre patria de la música eterna; Glenn Gould en toda su gloria, haciendo apostolado de algo que el escritor hasta entonces tenia en el mismo cajón del socialismo, del nacionalsocialismo, del catolicismo y de todos los ismos que según él, secuestraban los espíritus. Descubriría una religión nueva, la fe en el norteamericanocanadiense como gustaba llamarlo, sus Variaciones Goldberg, que nunca más fueron de Bach.



Otra vez el nuevo mundo avivando la esperanza del escritor en que existan paraísos por descubrir. Aunque su salud no permitiese otro descubrimiento que el venturoso de Madrid o el Algarve, lugares que sirvieron de contrapartida vitalista a la decadente, la vieja y tullida inteligencia europea que se permitía cenar, y acabar los platos, mientras el galardonado con el Nobel, Canetti, se aplicaba en la lectura de su discurso de aceptación. El horror de Conrad,  revivido por el escandalizado comensal, Thomas Bernhard.

Cosario:
"Bueno, en aquella época escribía ya novelas, muy largas, de trescientas páginas, cosas increíbles, no. Una se llamaba “Peter va a la ciudad”, e iba yo por la página cien, y Peter estaba todavía en la estación. Así pues, entonces dejé de escribir, el plan era equivocado. Ni siquiera había llegado a sentarse en el tren e iban ya ciento cincuenta páginas. Economía, cero."

"Desde hace quince años no acepto ya premios. Ni premios ni nada. Pero la mayoría son astutos, porque te consultan antes. Eso resulta idiota también, porque entonces buscan a otro. Los honores son de todas formas una idiotez. Sólo tienen sentido cuando no se tiene dinero o se es joven, o se es viejo y no se tiene dinero. Cuando se tienen medios de vida como yo, no hace falta aceptar ningún premio. Los honores son una insignificancia, algo absurdo. Sólo conozco a gente horrible que los reparta. Cuando me imagino a Canetti, allí en la escalinata, de frac, y el rey sentado ante su plato ya vacío…
Nadie lo escuchó, pobre hombre"

"Tus sentimientos no tienen valor si se te quedan dentro. Y tampoco tu protesta sirve de nada si nadie la oye, porque entonces te ahoga. Y uno palma. Eso tampoco tiene sentido. Por eso sale uno de casa y da a conocer su protesta."
«Tanto el nacionalsocialismo como el catolicismo son enfermedades contagiosas, enfermedades del espíritu y nada más»



Esas frases prolijas, elongadas, llenas de subordinadas, raíces, ramas y recovecos, el asco general, el odio a Austria, a los socialistas, a los católicos, o la medicina, la música clásica..



En el estreno en Viena de la obra de teatro La partida de caza, con el escritor convertido en “el más importante autor de Austria pero también el más discutido”.
 “Después del segundo acto abandonó el teatro y, cuando recogió su abrigo en el guardarropa, el hombre que lo atendía le dijo:
 ‘¿Tampoco a usted le gusta la obra?”

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sábado, 24 de mayo de 2014

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (48)



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miércoles, 21 de mayo de 2014

La viñeta o cuadrinho.-

Y luego dicen que el comic es el enésimo arte, como si el arte pudiese existir más allá del futbol. Ilusos. Claro que el balompié, al lado del exquisito arte que tienen algunos para cultivar el más bello de todos, el de la impunidad consentida, es tan solo un juego de niños.

Y hoy además, debo entristecerme por el premio que Quino va a otorgar a los Principes de Asturias, que bien pronto serán reyes, igual que lo hice por el que les otorgó el angel caido, desde entonces, el Muñoz Molina.
Pero hombres de dios, no veo la necesidad de manchar vuestro prestigio con eso de prestarse al juego de recibir de otro, un dinero que paga un tercero, al que ni siquiera preguntan.
Valiente mascarada de la que todos -casi- quereis participar.

No obstante nos quedará siempre el resplandor de los flores en la hierba.
Fijaos si no en la imagen, de la que ni tan siquiera conozco el autor. La magia maravillosa del fumetto, del dessiné, de la mano del dibujante.



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lunes, 19 de mayo de 2014

LA LONCHERA.-





Dabba (The Lunchbox) 2013  Ritesh Batra. India

1.- Semántica.

Leo la palabra, subtitulo inicial, traducción de “The lunchbox” y me entra la risa estúpida, la del que ríe pensando en la de los demás (la estupidez) ignorante de su propia ignorancia (todos la poseemos, algunos en grado superlativo).
Después me siento generoso, condescendiente, misericordioso, con los chicos que elaboran en Sudamérica (no necesariamente America latina) los textos de esas películas, y es  porque gracias a ellos puedo verlas uno o dos años antes de que desaparezcan de las pantallas donde se proyectan, a seis u ochocientos kilómetros de mi casa, es decir, más allá del inalcanzable Orión.
Tolerante que es uno, y con el aguijón clavado desde el primer minuto, ¿Lonchera?, lugar donde se guardan las lonchas quizás. Evidentemente la protagonista es otra cosa, otro utensilio para transportar la comida que además ¡Oh, denostada virtud¡ es reciclable.

Bien es verdad que aquí teníamos las merenderas de aluminio, con dimensiones óptimas para servir de refugio a la inevitable tortilla de patatas que, solía ir coronada por el filete empanado, o la prodigiosa chuleta de oveja,- lo del cordero vino después- una vez macerada adecuadamente y rebozada con pizca de ajo y algo de finas hierbas, con cierta alternativa, en días impares , de las dos rodajas (que no lonchas) de chori o mori.

 

Las merenderas desaparecieron sustituidas por los tuper?, hace décadas, y yo me sigo escandalizando con los anglicismos o  spamglish (observad la m que convierte en basura el termino  maloliente, el odioso spanglish) cuando la verdad es que hemos crecido con ellas, con esas palabras inventadas y adoptadas que nos sirven como esos recipientes, para facilitarnos la vida, entre otras cosas.
Mientras merienda continúe teniendo más letras y muchísimas más silabas que lunch, estamos perdidos.

 

Darwin lo escribió clarito, y no fue aquello apócrifo y atribuido de que el hombre desciende del mono, no. Que trabajó media vida para convencernos de que la especie mejor adaptada para la supervivencia es la que va a prestar su ADN al futuro, las otras irán al cajón de los recuerdos.
Y de lunch a lunchera, pronunciada lonchera, solo hay un suspiro. Nada que objetar, tan solo corregir el diccionario interno y adaptarse uno, como los pájaros de Darwin, para seguir disfrutando del buen cine (y de otras cosas). Por cierto que el resto de la traducción, de los diálogos, impecable.

2.- Sociología difusa.

Una historia sobre personas de clase media, sobre una pareja (virtual) con edades dentro del intervalo, vital y socialmente productivo, que dista entre la primera madurez, cuando uno comienza a plantearse con fundamento el camino a seguir, y aquel otro lugar, donde el brillo que la experiencia otorga a los muchos años, el presagio para cualquier mente lúcida, sobre el inminente comienzo de la siguiente fase, la podredumbre. Al igual que la jubilación es el anuncio gozoso de la próxima etapa, la incineración (para los pudientes). Esto es solo en la India y así, no alarmarse.
Qué bien lo expresaba Edward G Robinson en aquella escena de “Green Lime”, cuando entra feliz a la sala de proyección donde eliminaban a los humanos añosos para convertirlos en comida, en galletas verdes que, a buen seguro no necesitarán lonchera alguna para su conservación. Si bien el traductor, que no era adicto a la degeneración del lenguaje, interpretó Green Lime por “Cuando el destino nos alcance”, por aquello de facilitar nuestra digestión mental  de tan excelente título, y novela de Sci-Fi (otra), que la peli Psé.

 

Pero mi admiración por Mr. Robinson (nada que ver con la del Simón y Garfunkel) viene también por ser esa escena, la última que interpretase en su vida, falleciendo pocas horas después. Azar, o genialidad de actores de otro mundo. Nunca lo sabremos. Aunque sí es terrenal y humana,  la aceptación de los extraños modos de vida, y sus consiguientes desenlaces, que no estamos acostumbrados en esta tierra nuestra, verbi gratia, los orientales.

Nos escandalizamos por una palabra inventada, con la mejor de las intenciones, pero nuestra indignación se desborda si llegamos a comparar la forma de vivir -de malvivir- de la clase media hindú, por ejemplo, con la nuestra. Negamos la evidencia de que los parias están entre nosotros, y nos reclaman en su seno con toda propiedad, o de que el papel de la mujer vaya más allá del eterno rol secundario que todavía , aquí, está tan lejos de abandonar.
El chico trabaja y malvive en soledad, a pesar de la aglomeración cotidiana que le impide respirar  a fondo, y también suspirar, (lo que resulta peor), como un auténtico privilegio, mientras sigue siendo útil. Después desgraciadamente termina la película.


La chica está perfecta para el espectador machista, o simplemente realista, abstraído de las falsas ataduras de lo políticamente correcto. Vive exclusivamente para su marido, a quien confecciona la comida exquisita- con ese ingrediente extraordinario que suele aportar el amor-  que luego transportará la lonchera de marras. Cocina en la pantalla, y cuida de su madre y de su hija, y las fuerzas que le quedan las gasta en tolerar y en esperar, luego en sentir. Un sentimiento inmortal que no necesita transmitir al espectador de manera estridente, y que define esa figura sufriente con la que a la mujer  se reconoce urbi et orbe, por más que en el ambiente hindú nos parezca adecuado o tolerable, la nada.  A la que solo el azar...

Esa es otra consideración sobre lo que entendemos como roles, costumbres o actitudes, aceptables para ellos, pero no para nosotros. Cuando, por cierto, no hacemos otra cosa que envidiar las de otros países que van por delante del nuestro en eso tan abstracto que es el bienestar. Curiosa manera de no ver la viga en el ojo propio.

3.- En el principio era la película.-

 

Dicen que la primera vez nunca es igual a las demás, que el resto es solo repetición y monotonía, eso dicen pero no es verdad.
Uno crece, y cambia, aunque el cambio resulte imperceptible, y esa primera vez puede llegar a repetirse, de hecho lo hace, tantas veces como seamos conscientes de ella.
Por eso, después de considerar a “In the mood for love” como paradigma del cine romántico,(del que he visto, aclaro), de guardar a sus dos actores en el altar principal de mi, harto ecléctica y  promiscua por cierto, iglesia interior; y de no encontrar adjetivos  adecuados, por insuficientes, para calificar la puesta en escena del fotógrafo, del músico, del sastre... no esperaba volver a reencontrarme con esa misma sensación, ante la que posiblemente sea la misma película, veinte años después. Aunque quizás sea el espectador el que ha cambiado lo suficiente en este tiempo, el que ha renacido para volver a experimentar la magia de la primera vez.

  

Mitad anonadado ante la perfección, pensativo ante esos personajes soñados, ascéticos en su vivir cotidiano, limpios, honestos, y guapos, al menos tanto como lo fueron los de “Deseando amar” – otra traducción desafortunada, el amor nunca puede desearse, tan solo se encuentra y se pierde o se conserva, como en todo buen melodrama--  solo diferenciándose ambas pòr la carencia  de la sofisticación, de la belleza increíble y  los vestidos de la heroína de Wong Kar Wai, innecesarios ahora ante la serena hermosura de la protagonista de The lunchbox, ante la sobria elegancia de su antagonista masculino y ante los innumerables viajes de la lonchera – que, por cierto también sale varias veces en la peli hongkonesa, y de su uso extra culinario – The go-between-,  ante la sencillez convertida en perfección, dirigiéndonos hacia un final que sorprende, sin por ello causar excesiva perplejidad.
Quedas tan solo con identica sensación a la que tienes después de una buena comida – y de eso trata, sin abusar, la película- con la seguridad de que su digestión va a resultar fácil y provechosa, a la vez que sospechas lo largo que se te va a hacer el tiempo hasta que puedas volver a probar otra igual, a que vuelva a repetirse esa primera vez.
En el mientras, seguiremos comiendo el contenido de la merendera, y buscando dentro alguna sorpresa, de las que te da la vida, ay dios.






P.D.-
Después de Satyajit Ray, Bollywood inclusive, no se ha visto en Occidente ninguna película india genuina. Esta de hoy es, cosa habitual y corriente, una coproducción franco-germano-anglo- ni se sabe. Pero aun así, es fiel reflejo de esa India que tan bien conocemos los que nunca hemos estado en ella.

El creador de imagen , el prodigioso iluminador de In the mood,  Christopher Doyle  merece un seguimiento detallado de todos y cada uno de sus ejercicios visuales. Quizás después de Gordon Willis, fallecido ayer -Snif- sea el único innovador que el cine nos ha ofrecido en los últimos…

 
  
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ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (47)


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miércoles, 14 de mayo de 2014

Matar al mensajero.(Que aburrimiento).






Vuelvo a percibir la ciega e inútil persecución de aquellos que han dejado de amar, o de los infelices que no han amado nunca, los desafectos.
Ahora, y siempre, se movilizan las fuerzas del orden público buscando al peor de los enemigos, al terrorista que lo es, por pensar diferente, y lo que es peor, por manifestarlo.

Usuarios de redes sociales, moderna versión del corrillo de la peluquería donde hasta hace poco, resultaba ser el único lugar donde uno  podía expresar sus opiniones, a riesgo de que el parroquiano aparentemente absorto en la lectura de la necrológica del diario local, fuese informador de los defensores de la autoridad suprema, y de este modo añadir algún renglón negativo en la ficha policial. Fichero que pasó de las agendas  de los adictos al partido ista (y son muchos, los partidos totalitarios, o afanosos en serlo), al de la benemérita, que ya tiene cojones el eufemismo que siguen usando para los compañeros (por lo del uniforme verde). De ahí a pasar a Internete, a la red, al mismísimo Google, solo ha habido un pequeño cambio en el calendario, en la forma  actual de la tertulia que circula por las mal llamadas redes sociales – más bien trasmallo para gambusias-  un discreto cambio formal.
 Los censores del Zistema (llamarlo sistema me parece un disparate) siguen intentado pescar el pensamiento disidente y cambiarlo – como si fuese posible- y desde luego siguen insistiendo, razonablemente, en considerar inane el cuerpo social al que pertenecemos.

Ha habido un asesinato – que no ejecución- de un político, y ha surgido una marea en la que destaca la espuma que dejan las olas, cuyo olor (olor de las olas, figura para eruditos) no gusta a los responsables de que las olas huelan mal. (L´ecume des jours).
Hay una desafección galopante y manifiesta hacia los políticos (hacia estos políticos, los de este sistema, no confundirse, no generalizar con otras épocas o países) y la única manera de evitarla, no es identificando o castigando a los desafectos - desafetos los llamaba el anterior y gallego jefe del estado, con consecuencias bastante crueles para los susodichos- sino reflexionar sobre las causas de ese desamor, de ese desencanto popular hacia una falsa democracia en la que cada día cree menos la población (los desafectos ,se entiende).

Ya se que esto no va a cambiar, que la persecución de los que piensan o sienten de modo diferente, va a continuar. Demonizados en prensa (en extinción) y radio, en Los NODO que ahora llaman telediarios, tienen, tenemos, un destino tan negro como va a ser el de los responsables, lo quieran o no, más tarde o temprano.
Otra vez en idéntico y estúpido ciclo de nuestra historia, fomentado por unos y aceptado por otros, todos los votantes que van a resultar “colaborador necesario”, cómplices, en la próxima ocasión en que se les exija pensar - de sentir ya ni les cuento – y decidan que paqué, que estamos conformes, y contentos, con el estado de las cosas.

“El castigo de los hombres buenos que no se ocupan de la cosa pública es ser gobernados por hombres malvados”.
Eso dijo Platón ,que terminó su carrera intelectual, y la otra, como esclavo.

Como votar es gratis, no ponen la misma atención, ni la misma responsabilidad que en sus asuntos personales y profesionales y actúan en la política como niños irresponsables”.

Esto es del nobel  Joseph Schumpeter, que tampoco explicó lo más importante de la cuestión, el que los malvados son siempre los otros, y los hombres buenos nosotros -faltaría más- y así nos va.


P.D. En la estampa, de Alexander Cabanel, vemos a Cleopatra probando venenos en los condenados a muerte. Y vuelve la pregunta que nunca harán en saber y ganar:
 ¿Estaban realmente condenados a muerte antes de probar el veneno?.

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