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martes, 26 de octubre de 2010

NO ES POSIBLE VIVIR SIN ROBERTO ROSSELLINI

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"No es posible vivir sin Roberto Rossellini"(Exclama un personaje de "Prima de la revoluzione" de Bertolucci).

Escena de “PAISÁ” Roberto Rossellini.1946:

Los partisanos, dirigidos por oficiales ingleses – mal dirigidos al parecer – son detenidos por los alemanes, e inmediatamente después arrojados al río, atados de pies y manos, mientras los ingleses, que son considerados prisioneros de guerra, protestan animadamente con los vencedores sobre tamaña crueldad, aceptando los hechos consumados y las reglas del juego. Y es que, en estas, unos son peones y otros alfiles. Nada que ver.
Por otra parte, sin necesidad de palabras, el espectador comprende que de esa forma se ahorran balas, tiempo y, lo que es más importante, se envía un mensaje de valor incalculable a los ribereños que, río abajo ven flotar los cadáveres.

Es solo uno de los seis episodios de la película, de la que nosotros solo pudimos ver cinco por razones de la sinrazón, y es obra que inició una nueva corriente en 1941, el neorrealismo, tan alejado de nuestros usos y costumbres de ahora.
El camarada Togliatti, entonces ministro de la cosa, llegó a declarar oficialmente “persona non grata” a Rossellini, al considerar que ese tipo de cine solo perseguía el desprestigio internacional de la heroica nación italiana y que –sic- “los trapos sucios se lavan en casa”.

Lo primero, y lo mas intrascendente que se me ocurre al volver a verla, es que el cine, alguna vez, fue algo mas que una manera económica de perder el tiempo, de distracción de barraca para gente inculta, como vaticinó cierto aristócrata a los hermanos Lumiere, y como cien años después, el tiempo tiende a dar la razón a quien no la merece. Solo que la razón no razona quién la merece sino quien la detenta.

Lo segundo, me fue sugerido desde que sentí como sujetaban el cordel a mis muñecas, - soy el segundo por la izquierda de los que están al borde del agua, aunque seguro que ni os habéis fijado, centro izquierda del cartel, sin connotaciones políticas, escena de grupo- y nos arrojaban a las frías aguas del Po.

Comprendo que para establecer cualquier tipo de parábola, y el buen cine suele hacerlo, para armar una metáfora sencilla no hay mas que acudir a una escena como esta.
Atados de pies y manos, indefensos otra vez, ante el desastre que se nos viene encima, solo nos preocupamos por los que nos llevaron hasta allí, por los que nos empujaron, o por los que después tendrán que cargar con la responsabilidad de dar explicaciones, o de ocultarlas. Por los mismos que consideraran otra vez que “los trapos sucios en casa”, etc.
Aunque pretendamos no sentir en la propia carne que las victimas somos nosotros, sois vosotros, y que no importa quien escriba luego la historia.

En aquella ocasión mi heroicidad suprema fue, no explicar al soldado alemán que me maneaba, que no sabia nadar, que su esfuerzo era inútil. Quizás esa sensación de servir a la patria ocasionando tan nimio desgaste al enemigo, fue la brizna de consuelo que necesitaba rumiar para dirigirme hacia ninguna parte.

Ahora , ante una nueva oportunidad, ante la reedición de la ignominia fuera de la pantalla, me gustaría tomar una actitud mas activa en el final de la historia, y si no consigo desplazar del protagonismo a los beneficiarios del antes y del después de nuestro drama – que lo es-, por lo menos saber, o por lo menos imaginarme que no estoy solo, que hoy como entonces , los partisanos somos algo mas que esos personajes de leyenda a los que se persigue, se arroja a las tinieblas y luego se les acusa de insolidarios, de políticamente incorrectos , y de cosas peores.

La historia es real, como la vida misma. Las dos, esta y aquella. Y realmente estoy harto de que me toque siempre el mismo papel. El del amigo del bueno, enamorado de la chica y que siempre es el primero en caer en la refriega, dejando el terreno libre para que el guaperas y la chica… O el papel de indio, o del gangster que muere tantas veces como escenas de tiros haya en la cinta.

Creo que va siendo la hora de que la película de la vida, como en el cine de Rossellini, refleje la realidad en la que el protagonismo no debemos dejarlo en manos de los de siempre, los que te convencen del camino que han decidido como mejor para ti, y luego te dan un empujoncito, y se apartan, mientras se reparten tus despojos, tras la caída.
A pesar de que cada día que transcurre para los despojos, estos se aproximan irremediablemente a los miseros de la postguerra italiana. Ver: Roma ciudad abierta. Paisá. Germania año cero. Europa 51..

Para los que no gustéis de la ficción literaria, de las licencias poéticas o de las comparaciones odiosas, existe algo llamado historia. Repasad las aventuras de Togliatti en la Guerra Civil (no italiana, ciertamente), o haced recuento de victimas y beneficiarios de cada catástrofe histórica, intentando incluiros, honestamente, en uno de ambos grupos.
Y luego pensad, seguid pensando que el cine es para soñar, y que los sueños, sueños son.


Manear: Atar por las patas delanteras a las bestias para evitar que se alejen de sus dueños. (De tradición oral. No consta en diccionario alguno).

Alemanes e ingleses en la metáfora: Esos, si. En los que estais pensando. Son ellos.

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martes, 19 de octubre de 2010

CACA DE PERRO


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O LAS LIMITACIONES DEL ENTENDIMIENTO.-

Existen dos tipos de personas, aunque quizás esté creando una división arbitraria e irreal, como palanca para echar a andar en un desapacible y otoñal dia, en el que las castañas todavía no y los membrillos, que ya deberían estar, pues tampoco, y esto es lo mas preocupante.
Mal está lo del cambio climático, pero si llega el invierno y los membrillos no han madurado, me temo que vamos a llegar a mayores con el calendario. El resto de preocupaciones serán banales siempre al lado de la perspectiva de quedarme sin compota.
Decía que hay, que debe haber, dos tipos de personas, unas que tienen una extraordinaria capacidad de observación, una sensibilidad especial para detectar las menores irregularidades, anomalías o curiosidades que ocurren a su alrededor, de recogerlas, etiquetarlas y clasificarlas para su enciclopedia personal a la que no cesarán de añadir epígrafes a lo largo de la vida, convirtiéndose, no en mas sabios o en mas cultos, si no en mas repletos de conocimiento.
Aunque como suele pasar a los libros de esta índole, sean absolutamente incapaces de hacer con este conocimiento, algo de provecho. Salvo en algún concurso de autómatas o en la tertulia del bar donde suelen espantar la parroquia. A alguno he visto recitar el texto del locutor del telediario, uno o dos segundos antes de que lo hiciera el busto parlante, tal es su retentiva.

Otros en cambio parecen estar ausentes del mundo que les rodea, ensimismados en una aparente y continua tarea de meditación trascendental, en la que se supone que redescubren ideas extraordinarias para el pensamiento universal, que ya habían sido esbozadas, reiteradas y resueltas, o desechadas, que viene a ser lo mismo, hace dos o tres mil años.
Hablan poco, y cuando te miran a los ojos percibes que son mas listos que tu. Normal. Eso es bastante fácil.

Sucede que esta diferenciación no es absoluta ya que todos tenemos componentes de ambos personajes con mayor o menor influencia de uno de ellos, según el carácter, las capacidades, o lo que suele ser mas frecuente, las circunstancias.

Suelo encontrarme camino del trabajo, en el paseo más agradable dia, cuando las tiendas están cerradas y todavía el ayuntamiento no ha llenado las aceras de turistas, a componentes de una tribu urbana, de relativamente reciente aparición en nuestro paisaje.

Se trata de gente que va corriendo, o a paso demasiado ligero como para llamarlo caminar, hacia ninguna parte. Visten una ropa extraña y bastante uniforme, con cierto parecido a los astronautas, antes viajeros espaciales, de las películas de ficción de los años cincuenta, serie B por supuesto, solo que sin casco.
No me atrevería a llamarlos deportistas porque no llevan el chándal, o el pololo, de rigor, cómodo y holgado a la vez que discreto para las fisonomías y tranquilidad de los ocasionales e involuntarios espectadores, y en su lugar aparecen cubiertos de unas ropas ajustadas, con colores llamativos, cuando no directamente fosforescentes, y con alguna banda personalizada de un tono totalmente opuesto al complementario en la estética tradicional.
Tampoco me atrevo a reconocerlos como deportistas porque el lugar, las calles del centro, no son el lugar mas adecuado para ejercerlo, o no debería serlo, solo que ante la carencia de un espacio idóneo supongo que están forzados a hacer de su ejercicio matinal una representación involuntaria del estado de las cosas.
Es moda que empezó en Central Park hace unos años y que el imperio tiene a gala extender por todo el planeta. Y no es de las peores. Que conste.

El otro dia, el observador impenitente que llevo dentro, se fijo en uno de estos extraños sujetos limpiando la suela de la zapatilla en un umbral de mi calle, lo que atribuí, -el pensador tambien me posee-, a que el circular a velocidad excesiva resulta incompatible con el esquivar las heces perrunas con razonable eficacia, y pensé incluso en que condiciones llevarían los zapatos a casa tras el ejercicio, dadas las constelaciones de zurullos matutinos que alfombran la ciudad. Gajes del oficio, sin duda.

Solo que mas adelante vi otro y ya empecé a valorar la inconveniencia de esta actividad a la vez que la mala persona,- que tambien llevo dentro-, no podía menos que comenzar a ver la situación como algo divertido.
Pero casi al final de mi recorrido, vuelvo a contemplar identica escena, pero en esta ocasión eran dos, los mozalbetes que apoyaban la planta del pie en un escalón de un local público, y no pude menos que identificarme con ellos, y comentarles:

-Ya está bien con la falta de civismo de los que tienen perro y no limpian el suelo. Hay que fastidiarse.-

Y de fastidio y asombro fue la cara que pusieron mientras yo seguía mi camino feliz de haberme solidarizado, a la vez que extrañado de que no reconocieran mi gesto.

Fue mi amigo invisible el que tuvo que echarme una mano, el que razonase un poco y ofreciese luz, una extraña luz, a la situación incomoda en la que me estaba introduciendo.

-No, hombre- Me dijo
-No es caca de perro, ni se están limpiando los zapatos. Hacen estiramientos.

-¿Estiramiento?- Pregunté a mi amigo.
-¿Estiramiento de qué?- Insistí.

Y ahí solo recibí una sonrisa por respuesta. Mitad sardónica, disfrutando a su vez con mi ignorancia, mitad compasiva, sobre alguien tan fuera del mundo, en su intento de entender, de comprender, de ajustar las cosas en una lógica universal y escolástica que cada dia resulta mas extraña y anacrónica.

Hace un siglo, Valle y Baroja paseaban por las calles periféricas de Madrid hasta que el gallego decía al vasco.
-Cuidado Pio:!El campo!- Y se daban la vuelta evitando el peligro a que se exponían de persistir en esa dirección.

Hoy, no les asusta el campo, y a falta de circuitos idóneos para el deporte hacen “estiramientos” en cualquier lugar y a la vista de todo el mundo.

Seguramente que es algo que va contra la moral y que habrá estado prohibido hasta no hace tanto. Seguro que es cosa del libertinaje.

Pero a mi lo que mas me intriga es :
-¿Qué es lo que se estiran tanto?

Esta pregunta, tambien me la ha dejado sin resolver el compañero de viaje, y la verdad, es que tampoco me solucionaria gran cosa el saberlo.

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miércoles, 13 de octubre de 2010

“La gente no reaccionó el 23-F”


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“La gente no reaccionó el 23-F”

Titular referido al resumen que el receptor del Premio Nacional de Narrativa dedica al libro - su libro- del año. “Anatomía de un instante”.

Reconozco que Javier Cercas me desató una antipatía irrefrenable desde el momento que su anterior libro del año, “Soldados de Salamina”, tuvo el reconocimiento unánime y sospechoso de todos los que disponen de voz para opinar sobre algo en nuestro país.
No podía, y no puedo, entender como surge en su novela, tan alegremente, un héroe donde había un villano, y ello desde fuera de la ficción genuina. En el terreno, entre la luz y la oscuridad, de la realidad reinventada.
Desde el guión de la serie noire o desde los de cualquier personaje trágico de la literatura universal, el cambio gratuito del bien por el mal, o viceversa, me parece tan válido y respetable como el reflejo de una de esas zonas de sombras inherentes a la condición humana.
Desde la visión de un periodista que realiza un reportaje, una investigación enmascarada en ficción, o al revés, sobre un episodio reciente de nuestra historia, ya me parece que es un tour de force, un mas difícil todavía, si lo que pretende el autor es realizar un retrato mas o menos imparcial.
Desconozco si en algún momento tuvo esa intención, pero lo que tengo claro es que el resultado fue totalmente partidista, y por lo tanto provocador. Cuando digo partidista estoy refiriéndome a la opción de optar por el papel de tergiversador de hechos y personajes de antesdeayer. En modo alguno que opte a la vida fácil del escritor “de cuerda”, tan abundantes en nuestros pagos, sean de uno u otro extremo de la sirga.

Su versión, de la presunta y heroica epopeya de uno de los personajes que figuran en letras grandes en la génesis y encumbramiento de la dictadura, a la que simultáneamente a la publicación de la novela, las fuerzas vivas estaban sometiendo al juicio interminable, en su acepción “Memoria histórica”, me dejaba descolocado.
El que recibiese parabienes, promoción y derecho de pernada, perdón “de columna”, en los medios afines a la tendencia contraria a la sostenida por la realidad de su personaje, me hacia ver una luz en el paisaje. Quizás estaban fumando la pipa de la paz y esta era la primera bocanada de humo.
De villano nada, un héroe de los buenos, un superviviente valiosísimo para el futuro de lo nuestro. Y todo gracias a la generosidad de su paisano, y mío, Javier Cercas. Magnífico.

Que conste que no le quito mérito al protagonista, y menos el literario. De hecho sin su colaboración nunca habría existido su hijo, el autor de “Alfanhui”, Sánchez Ferlosio, cuyo carisma personal y literario está por encima del bien y del mal, creo. Mérito y reconocimiento al progenitor... Al cesar lo que es del cesar.

Las sospechas sobre la posible intencionalidad y oportunidad política del asunto Salamina, no estaban carentes de sentido. Aunque posiblemente tenían el fundamento erróneo e inadmisible, del lector que se hace una composición incompleta sobre el entorno sociopolítico. Ese que tanto gusta al escritor.
Había otros Cercas, dos. Hermano y hermana, paisanos tambien de todos los que hasta ahora he citado, cuyos nombres tambien estaban escritos en letras grandes en la historia reciente del poder, solo que al otro lado, el lado bueno de momento, de la cuerda.

Me dejé llevar por los indicios, lazos de raíces, quizás de adn, apellido mediante, que justificaban el éxito de un autor que elegía un género discutible para su superventas. La mezcla de historia reciente con ficción. Algo que suele engendrar monstruos, o al menos disparates, como los de Goya.
Tan ciego estaba, tan ofuscado por la indignación por aquello que no se debe, que no se puede hacer, salvo desde el departamento de propaganda de un estado totalitario, que no me fijé en el alter ego del periodista que escribe el reportaje, en el amigo invisible que le ayuda en la puesta en escena, Roberto Bolaño.
Tuve que leer, y releer a Bolaño, fascinarme con el retrato que hace , con la red que teje con las idas y venidas de la generación de los setenta y ochenta, a la que nadie podrá negar que ha sido la mas viajada de la historia. A la fuerza. Hacia ninguna parte, a donde pueda uno añorar los buenos momentos, si los hubo, y sobre todo seguir vivo.
Cuando comprendí que alguien, que había sido tan generoso en el retrato de esas decenas de colegas, de jóvenes que nunca envejecen, cuya quijotesca misión no es otra que la de buscar el hilo que les une con el recuerdo de los que quedaron atrás en el desastre este o aquel, que ese alguien estaba sentado al otro lado de la mesa, facilitando las claves de la narración..
No podía ser cierto que Bolaño, que estaba muriendo, en gerundio que se hizo pretérito, por el trasplante de hígado que nunca llegó, fuese amigo y compañero de fatigas de de un escritor vendido a los poderes fácticos. Algo no cuadraba.

Bastó con repasar la ubicación, el oficio de enseñante alejado de los circulos del infierno, lo que le permitió dedicarse a la escritura, y los méritos innegables del resto de la obra de Javier Cercas, para hacerme ver lo injusto y errado que puede resultar quien se fía únicamente de la primera impresión.

Pero resulta que vuelve a las andadas. Que el, y sus lectores, le han cogido gusto a esto de usar la narrativa – Premio Nacional, oigan – como pretexto para ofrecer una versión mas o menos edulcorada de aquellos hechos mas o menos recientes , que han condicionado inexorablemente nuestro presente, y que llevan camino de prorrogar su influencia, si seguimos tomándolos como batallitas de superhéroes de tebeo y no como situaciones cuya oscuridad, inducida, nos impide todavía ver, ciertos personajes, vivos aún, con la suficiente distancia como para evitar el tropezón venidero.

Se atreve bastante, al parecer, como para ganarse ciertas reprimendas o alguna corrección. “No es la realidad” dice Carrillo. Mientras mantiene la verosimilitud, la innegable heroicidad, del trío que se mantuvo en su lugar mientras todo a su lado era cabeza perdida -..eran hombres. Hijo mío- (Kipling).

Reconoce,- por primera vez se publica en pasta dura- como fallaron las instituciones. Todas, oigan, todas. : Iglesia, Corona, Familia, Municipio y Sindicato. Absolutamente todos los dirigentes de las instituciones que representaban un estado democrático; se quedaron anonadados, acojonados, cruzados de brazos, esperando a ver quien ganaba, para salir presurosos en socorro del vencedor.

No se atreve a decir lo que todo el mundo piensa – el que piensa-, que aquello fracasó, única y exclusivamente, porque la mayoría de militares que pudieron hacerlo, no llegaron a cruzar el Rubicón.

El por qué no lo hicieron es otro asunto que, tambien probablemente, sea futuro sujeto de análisis de ficción política, como la que tan brillantemente pone en escena Javier Cercas.
Lo curioso es que se atreva a reconocer públicamente, en decenas, centenares espero, de miles de copias, que “La gente no reaccionó”. “No hubo reacción ni resistencia del país contra el golpe” Solo está reflejando la realidad.
Concluye con una opinión, bastante verosímil, visto lo visto. “La gente tuvo miedo”.

Añado: Tampoco la gente reaccionó el 11-S, ni el 11-M, ni ..?

P.D.-

Otro dia os contaré como los golpistas, ese dia me lincharon (sic), y luego, tiempo después, me invitaron a café con leche (tambien sic).

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sábado, 9 de octubre de 2010

LAS BELLAS ARTES

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SOBRE LA DECADENCIA DEL ARTE DE MENTIR
(Extractos)



. ¿Qué posibilidades tiene un mentiroso ignorante y poco cultivado al lado de un experto educado?

Mentiras juiciosas es lo que el mundo necesita.
A veces pienso que sería aún mejor y más seguro no mentir en absoluto, que hacerlo con falta de juicio.
Una mentira torpe y poco científica suele ser tan poco efectiva como la verdad.

Lo que me parece execrable es la incidencia, cada vez mayor, de verdades brutales. Hagamos lo que esté en nuestras manos para erradicarlas.

Entre otras mentiras comunes tenemos la silenciosa: el engaño que se hace simplemente quedándonos callados y ocultando la verdad.
Muchos defensores a ultranza de la verdad caen en tal defecto, al imaginarse que no están siendo mentirosos si no dicen expresamente una mentira.

La mentira es universal.., todos mentimos; todos tenemos que hacerlo. Por tanto, lo sabio es educarnos con diligencia a fin de mentir de manera juiciosa y considerada; a fin de mentir con un buen propósito y no con uno pérfido; a fin de mentir para ventaja de los demás y no para la nuestra; a fin de que nuestras mentiras sean aliviadoras, caritativas y humanitarias, y no crueles, letales o maliciosas; a fin de mentir de manera agradable y graciosa, no torpe y tonta; a fin de mentir con firmeza, franqueza y desfachatez, con la cabeza en alto, sin vacilaciones ni torturas, sin actitudes pusilánimes, como si nos avergonzara el gran deber que tenemos de hacerlo. Sólo así nos desharemos de la verdad hedionda y pestilente que está corroyendo la tierra; sólo así seremos valiosos, buenos y bellos, moradores meritorios de un mundo en el que incluso la naturaleza benigna suele mentir, excepto cuando promete mal tiempo.

Mark Twain




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jueves, 7 de octubre de 2010

HOY PESIMISTA. (O QUIZÁS REALISTA).-

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Reivindicar la libertad. (Ganas me dan).-

Esta es una imagen, un icono de la protesta, de la subversión frente al orden, al poder que impide oir, ver y hablar. Al menos de aquellas cosas inconvenientes para el sistema, siendo prohibida su difusión por cualquier medio de comunicación interpersonal. Los sentidos no podian quedar excluidos frente al gran castrador.
Era, es, en pasado, cuando la dictadura. Esa o aquella. No importa cual.

Olvidamos el muñeco en el cajón de las cosas inútiles, de los trastos inservibles, y lo que es peor, olvidamos su significado. El de la metáfora, encarnada en los simios agradecidos sobre los que podemos cometer todo tipo de tropelías sin el temor de que luego, años después nos las hagan pagar con alguna ley correctora por los excesos cometidos sobre este eslabón familiar.(Chagall lo interpreta a su modo, bastante más cercano y actual. La mujer sigue cargando con ciertos estigmas intemporales).

Por supuesto que las leyes a este respecto, el de pagar deudas pendientes siempre tienen un enunciado. Nada metafórico por cierto.
Nos obligan a pagar a nosotros por los errores, cuando no los crímenes, que hicieron otros, que suelen estar bastante mas cercanos a vosotros, a ustedes, a los que elaboran las leyes, que a los que cargamos con el pecado de Adán (Eva era una santa, y tambien una victima, igual que ahora), y cargaremos con la deuda pública que ustedes vosotros queráis emitir , seguir emitiendo – otra broma macabra, llamar emisión a recoger un dinero que luego va a pagar un tercero- y seguiremos cargando con toda la culpa, el pecado y la responsabilidad de los anteriores regentes de la cosa.
Desde la expulsión de los judíos, de los moriscos, desde los trescientos años de esclavitud del continente africano, hasta el holocausto o cualquier otro crimen apócrifo que la historia, y solo ella pobrecita, haya cometido sobre el genero humano o sus ancestros.
Preferiblemente, cuando las victimas se agrupen en cifras con muchos ceros a la derecha, cuanto mas millones mejor.
A más victimas mayor culpabilidad nuestra. Solo nos queda arrepentirnos una vez más de vuestros pecados, como invitan los curas de Forges, pagar y callar.
Porque de ello es de lo que quiero hablar.

De aquello que vuelven a decirme los muñecos, las figuras de guiñol a las que atribuiamos nuestras carencias pretéritas. ¿Pasadas?

No ver. Y PUEDO VERLO TODO.
Todo lo que me enseñan y solo eso. Con mil y un velos delante, con centenares de historias que la infatigable Sherezade de turno se inventa para aplazar, para alejar, para ocultar la verdad. Y estoy hablando de la pantalla plana y de sus guionistas, tan libres para contar la verdad como para dejar de hacerlo, dejar de ser guionistas se entiende. Y si quiero mirar, si quiero ver en la lectura las ideas que abrirán la ventana a la luz del conocimiento, no tengo más que comprobar las listas de los libros mas vendidos, ficción, ensayo o “de bolsillo”, que ha sustituido al epígrafe “poesía”. Miro y remiro que no hay nada prohibido, que el Index prohibitorum ya no existe y sin embargo, gran paradoja. Sarcasmo cruel. Todos me están vedados y proscritos. No puedo, no podría leer dos páginas de la mayoria, sin correr el riesgo de un reingreso urgente al frenopático, al cotolengo (1).
Por más que intento buscar entre la nada y el vacío, no encuentro otra cosa que detritus más o menos predigeridos. Y si nos alimentamos de esa basura no pretendamos luego tener un aspecto de sociedad saludable. Ello no es posible.

No oír, no escuchar. Y NADIE ME LO IMPIDE.
Solo que, por mas que lo intento, pilas nuevas en el transistor incluidas, no logro entender nada.
Quizás nadie tenga nada que decir. Quizás los “portavoces” ya lo digan todo. Al menos todo aquello que estamos capacitados para escuchar sin someter a grave peligro nuestra integridad mental, o la placida y feliz estancia de ellos, nuestros derechohabientes dirigentes, tan escasamente diligentes para todo lo que no sea su propio bienestar.
Muda la señal de las antenas analógicas. Periclitadas en el recuerdo las panfletarias emisiones, proscritas las pobres, en onda corta, volvemos a las andanadas de la radio única, por más que digitalmente la dividan en doscientas lonchas de la misma butifarra.
Información fidedigna, veraz y contumaz, después de skipear (mas bonito que zapear, aunque la misma tontería) nueve de cada diez canales con emisión exclusivamente deportiva, encuentro un resto patético en el que siguen vendiendo el anatema: Antiunos o antiotros, en un tono de mediocridad insultante, doblemente insultante porque aparte de insultarse unos a otros, lo están haciendo a la inteligencia de los oyentes. (Sordos).

No hablar, no abrir la boca salvo en la mesa, ante el plato del escuálido maná, vestido celestialmente por los dioses de la nueva cocina, y teniendo toda la libertad del mundo para expresar mis ideas, resulta que no tengo quien me escuche. PUEDO HABLAR EN VOZ ALTA, sin ningún límite que no sea el sacrosanto del respeto a los demás, tanto a los que me escuchan como a los referidos en el discurso.
Y otra vez surge el matiz que los sabios establecen para separar la realidad, de la verdad, las circunstancias que rodean a esa realidad. Habla todo lo que quieras que nadie te va escuchar. Solo tienes que ver cuantos son los que escuchan, leen, miran, y lo que están recibiendo, pasiva y voluntariamente. Habla todo lo que quieras, grita si te parece, pero hazlo frente al espejo ¿El blog?, porque solo tu vas a escucharlo.

Me sorprende la sabiduría milenaria de los tres muñecos. Totalmente vigente su mensaje fuera de las dictaduras, de los regimenes totalitarios, y de cualquier sociedad sospechosa de manipulación en su forma más discreta. Autismo impuesto y tan vigente hoy como el primer dia del tiempo del ayer.

Quizás falte un cuarto elemento, pienso, un mono amputado del conjunto que representaba el complemento perfecto, el mensaje final e indiscutible, el que suscita la idea sublime de “No pensar”, con la que se cerrarían de verdad las puertas que dejaron entreabiertas las otras tres. Porque podremos ver, oír o hablar, con mayor o menor limitación impuesta por los otros o por nosotros mismos, pero si no pensamos, si no queremos pensar..

Entonces nada tiene sentido.


(1) Cotolengo: Institución donde se interna a enfermos mentales o niños deficientes. (WordReference).
Aprecio que el/los diccionarios siguen usando el tiempo presente en la definición. De donde deduzco su actual existencia. Centenares de ellos desde que, hace ciento ochenta años, José Benito Cottolengo, fundase el primero como Piccola Casa della Divina Providenza.

Tema aparte es la sucesiva y persistente negativa a conceder la santidad al fundador, bajo el pretexto de que era un “muy gran fumador”. (Y solo refiero lo que documenta Claudio Magris, en su “Microcosmos”).
En todo caso, ya me conocéis, yo esto, solo lo usaría como argumento, otro mas, en contra de tan funesto hábito.


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sábado, 2 de octubre de 2010

EL CINE QUE ME GUSTA

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El prestigio del director a veces, otras es la panoplia del mérito, la hilera de premios que presenta el cartel, lo que me induce a colocarla en la lista de deseables, de aquellas que merecen ser apartadas, envueltas y guardadas para la hora incierta e imprevisible en que pueda disfrutarlas.
Es en esa fase intermedia, la de subtitulado, previa al almacenaje, cuando realizo la última supervisión, control excluyente de aquellas que, tras la contemplación de tres o cuatro fotogramas, van a ser descartadas de la actividad que mas valoro, la de perder el tiempo. Si he de hacerlo, por lo menos elijo con quien, con que voy a perderlo.
Así aparecen algunas que, intuyo tristes y solo tristes, otras que rebosan de ideología panfletaria, -que me tiene prohibida el médico del alma-, y aquellas que solo con ver el careto de algún protagonista, me están sugiriendo que la selección ha resultado insuficientemente rigurosa. Todas quedarán en el limbo.

Aunque, pienso que los gustos son solo la manifestación de los prejuicios, y todos guardamos un puñado de ellos para inducirnos al error a la menor ocasión.
Así cuando la imagen repite un primer plano, o un plano medio, de los protagonistas , ya germina en la mente, el primer juicio negativo:
-Vaya, esta va de negros-.

Y no es que el personaje principal esté interpretado por un negro, sino que es el de un negro y, probablemente me van a contar una historia de negros, entre blancos, un drama ya visto, seguramente, con los tópicos de rigor.
No obstante, hay algo en el semblante de los actores, añosos y de un atractivo físico poco discutible, ya que ,- como pertenecientes a cualquier raza (ya no hay razas, perdón) distinta de la nuestra-, son feos, para que vamos a engañarnos.
Pero hay algo atractivo en ellos , algo como ciertas actitudes que transmiten serenidad, incluso aparentan una seguridad resignada, una absoluta aceptación de su previsible destino, que es el nuestro, y que siempre resulta radicalmente diferente al que dejaron atrás, ellos, o sus padres.
Salvo que algún estúpido y ciego burócrata saque a relucir la letra pequeña del contrato fundacional que inevitablemente establece las diferencias entre los de aquí y los de allí.

Intuición, o serendipia, como el azar ese que ayuda siempre a los investigadores, tras años de arduo trabajo, a encontrar, por suerte y solo por suerte, la solución del problema irresoluble.
Seguro que fue solo por eso, serendipia, y las diez mil que llevo vistas, por lo que di el placet a esas dos películas. The visitor, y 35 Rhums.

Lo cierto es que ambas son sobrecogedoras, en su representación del pequeño drama de la gente corriente, del nuestro, aún aceptando que los dramas ajenos, todos son pequeños. Tanto mas pequeños cuanto mas ajenos. Lo bastante como para verlos desde la distancia del espectador que va a olvidarlos, si puede, a los treinta minutos o a los cinco Rhums (tragos de licor). Lo de los treinta y cinco es solo para héroes, para hacerlo solo una vez en la vida. Y no en todas las vidas.

La protagonista de The Visitor se asombra del color de la novia de su hijo.
-Es muy negra- Dice.

Ella que es siria, evidentemente mas blanca, pero que también pertenece a la misma categoría social, inmigrante irregular. El resto…no depende del valor personal ni de lo positivo que tu esfuerzo pueda resultar para la sociedad, solo de un documento y de un funcionario implacable.

Los compañeros y los amigos del Tío Tom , del francés conductor de metro, - me sugiere un agiornamiento del clásico personaje – son todos del mismo y oscuro color, y sin embargo padecen los mismos traumas emocionales de la metrópoli adoptiva, de Europa. La soledad, la pérdida de los seres queridos, o el miedo a perderlos.

Ambas tienen mucho en común, y la puesta en escena quizás sea lo mas evidente.
Reconozco, días después de verlas dando vueltas dentro de mi cabeza, a Won Kar Wai, a Yasuhiro Ozu – el padre de las hermanas Munekata, al Sr. Munekata en persona- , a Jean Renoir y su amabilidad a la hora de retratar las miserias humanas, y hasta a Bela Tarr, en esos planos estáticos donde tantas cosas suceden sin necesidad de mostrarlas.
Hago un cóctel con las dos y me siento feliz, comulgando con los espectadores que las hayan disfrutado, que las estén disfrutando.

Dice Fellini que nunca , que jamás, ha querido saber nada con la música, que esta tiene un poder misterioso que atrapa a quien en ella se instala y que puede llegar a poseer a anular a quien la escuche, a quien la disfrute. Por eso dejó el marrón a Nino Rota, y por eso fuimos bienaventurados.
En las películas que cito mas arriba, en las dos, la música tiene un protagonismo que trasciende el de sus excelentes bandas sonoras.

En la una vemos como regalan un Ipod a quien está ante el mayor de los peligros, -the loneliness-, que suena mas terrorifico que la soledad, que me evoca a la virgen de mi pueblo y que, evidentemente no es lo mismo.
¿Podrá el contenido musical del íntimo y silencioso mp3 conjurar el destino? ¿Podrá la voz de Nat King Cole secar las lagrimas nonatas de los espectadores?.
En la otra, mas de lo mismo, solo que incorporamos un instrumento nuevo ¿nuevo? a nuestro armamento musical, el Djembele. Vaticinamos cuan imprescindible nos va resultar su compañía en los dias venideros. El tacto de la piel sobre la piel curtida, y el eco del ritmo que nuestras manos provocan intentando emular los latidos del corazón, y no otra cosa.
De paso se nos sugiere la necesidad de revisar un nombre, Fela Kuti, perdido en los albores del Afrobeat, y tan vivo para siempre como aquel que se niega a vivir en un mundo que no es el suyo, el de las discográficas, las multinacionales que le asediaban, y a creerse inmune ante las enfermedades del hombre blanco, del débil , del frágil hombre blanco, el virus de la inmunodeficiencia que, enseguida, se lo llevó al lugar donde la música no cesa.

A redescubrir Fela Kuti, a aprender a tocar el Djembele – cualquier tabla, cualquier caja puede servir- y a meditar que, la integración de los extraños, de los ajenos, solo tiene un obstáculo difícil de resolver. Y es que extraños, ajenos, diferentes frente a la vida, a sus universales e innumerables misterios, somos todos y cada uno de nosotros.
Difícil aceptarlo.

35 Shots of Rum (2008)
Claire Denis
Country: France Germany


The Visitor (2007)
Thomas MacCarthy
Country: USA





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viernes, 1 de octubre de 2010

HAN JUBILADO A DIEGO

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Pero eso no va a quedar así...
(Jungle Jim).


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