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lunes, 29 de octubre de 2012

De como el deseo puede producir ceguera y el poder produce, ciertamente, tontuna.-



Hace unos días en una tienda FNAC, francesa, y en la Francia, encontraba una planta completa dedicada a los productos de la manzana, Apple, que en tiempos era sinónimo de una productora discográfica, proyecto de franquicia musical de algo irrepetible, los Beatles. No obstante de comenzar con Mary Hopkin y su tiempo tan feliz e incluir composiciones de los mismísimos dueños de la casa, Lennon y McCartney, siguió el mismo camino efímero, y fertilizante de los buenos recuerdos “Those where the days”, como la mismísima Carnaby Street donde hoy no podemos encontrar otra cosa que chapas imantadas para la nevera y uniformes de  futbolistas de algún club local (perdón creo que los llaman equipación, y no uniformes, aunque todavía desconozco la razón).
 
Lo cierto es que la manzanita en cuestión tampoco responde al icono grafitero del trasero femenino, de la misma época, en antagonismo insalvable con el de los defensores del trasero de pera, siendo ambos excelentes. Ahorita significa otra cosa, no menos universal (globalización) ni menos objeto de deseo, como podremos comprobar.
 (Enlace con audivideo explicativo, lástima)


 El nombre de la manzana es sinónimo de una marca de electrónica de consumo que tiene el marchamo sagrado de la exclusividad, los MacKintosh en ordenadores y la I, mayúscula, que identifica aquellos productos perecederos cuyo presunto prestigio y su evidente sobreprecio los hace aptos para el escalón intermedio, pero cercano al vértice de la pirámide económica mundial. Exclusivo no para bajitos, calvos, o pelirrojos, no. Solo para pudientes que es esa estúpida acepción de la exclusividad que sirve de anzuelo para consumidores incautos.
 
La planta, la tienda en cuestión, es un capricho, y no solo para consumistas compulsivos. Fui deslizándome entre estanterías, vitrinas y expositores, entre pantallas de plasma que demostraban las virtudes de aquella parafernalia y entre azafatas sacadas de algún casting para aspirantes a cualquier serrallo de aquellos países que viven de cultivar con gran esfuerzo y penosidad ese vegetal  llamado petróleo. Me sentía talmente como el prota de Blade Runner bajo los anuncios de no sé que cosa, pregonados por una chinita sonriente, a la vez que contemplando extasiado un escaparate lleno de objetos que no me interesan en absoluto pero que me atrapaban, a la vez que evadian mi imaginación a otro lugar más interesante - cualquiera-. Aunque persista embobado con la vista perdida, igual que podría estarlo en una mercería o en una tienda de artículos para pescar, por ejemplo. Y que conste que pongo esas referencias asumiendo mi inutilidad para el crochet y el punto de cruz, igual que para la pesca, al tener mis raíces en un terreno donde el agua solo fluye bajo la lluvia. Ajeno totalmente al espectáculo.
Hasta que algo insólito, inhabitual, hasta en las pelis de ciencia ficción (ficción científica, por lo del oxímoron),  me despierta súbitamente, disipa la niebla que me estaba envolviendo de manera inmisericorde.

Me encuentro frente a una estantería repleta de cajas de plástico vacías, transparentes y con aspecto de reutilizadas, de  tamaño manejable, -  caben en una mano - y con un valor facial- por la cara- de quinientos euros cada una, La retribución mensual de un trabajador de algún país cercano, y eso es lo que hay que pagar por una de esas cajas desprovistas de contenido real. Prácticamente hueras, salvo un papelito que guardan en su interior y que, parece ser, otorga a sus compradores el privilegio de disponer, en una exclusividad todavía mas difícil, del nuevo producto que todavía no ha salido al mercado. Sea Ipod, Ipad, Iphone o cualquier otra cosa que anuncie la chinita sonriente en las pantallas, antes de neón, después de plasma, ahora led, luego ni se sabe.
Comprar la nada, sin discutir el precio. Ese es el mundo que nos ha tocado en la ruleta de la vida. Sin saber cuando va a detenerse el carrusel, ni donde.

Entre los recuerdos agridulces de la primera infancia, en esos momentos en que el placer es tan intenso que, incluso en tu inmadurez presientes que puede transformarse en terror, figura aquel en que el viaje circular en el carrusel de feria, estaba próximo a terminar y temía lo peor que puede suceder a un niño, que la parada sucediese lejos de donde te dejaron tus padres en el feliz comienzo de aquella andadura iniciática, parada tan alejada de ellos que rompiese el nexo visual, el que sigue a la ruptura del contacto físico y que presagia la inevitable caminata en solitario para el resto de tu vida.

Vuelve el miedo, la inquietud, la zozobra ante el cuando y el donde va a detenerse esta estúpida diversión de feria barata en la que estamos acomodados.

 

Hay que escuchar la versión original  para poder comparar, y para dejar de confundir la fruta con el pecado.


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sábado, 27 de octubre de 2012

LA HISTORIA OCULTA.- (1)





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EL FINAL, AL GUSTO DEL LECTOR.-






(Paco Roca)

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martes, 23 de octubre de 2012

ANOCHE SOÑÉ QUE VOLVIA A MANDERLEY.-



“Anoche soñé que volvía a Manderley, me encontraba ante la verja pero no podía entrar, porque el camino estaba cerrado. Entonces, como todos los que sueñan, me sentí poseído de un poder sobrenatural y atravesé como un espíritu la barrera que se alzaba ante mí.”

Anoche soñé que volvía a Salambó.-

Dos veces, dos, me despertaron ellos. A las tres y a las cinco. El ruido del infierno sobre mi cabeza. El de un infierno invisible, como el otro, solo que real.
Las oleadas de aviones, B-52 supongo, que vuelven a surcar la ruta entre la Nueva Roma, el imperio, y ese enorme reservorio de arena y petróleo al que llamamos oriente medio.
Esta sensación ya la experimenté hace una semana y no le di más importancia que la de aquellas repetidas en los sueños que tanto gusta escuchar a los psiquiatras. Aunque evocaba el presagio de otras similares, y de la terrible experiencia de la primera guerra del golfo (1), hace ya ventidos años, en la que uno de estos aparatos tuvo la gentileza de sobrevolar mi ciudad a una distancia tan corta que pudimos ver las luces de la cabina que presumiblemente facilitaban a la tripulación el contemplar como las tejas y los cristales tiritaban en medio de la noche y convertían las  pesadillas del sueño en otra totalmente diferente. 

Desconozco, y además no me importa, si fue un antojo de algún comandante que intentaba rememorar la apacible jornada de su excursión desde Morón o Rota  hasta nuestra sierra; o simplemente fue el fruto de alguna apuesta, o quizás únicamente motivo de distracción para unos tripulantes aburridos en un vuelo algo más que transoceánico, en el que hasta el repostaje lo hacen en el aire.
En todo caso, el despertar bajo semejante maquina de exterminio fue una experiencia difícil de olvidar. Y es que, obviamente, te sitúas en la piel de aquellos a los que va realmente dirigida la carga, aquellos cuyo despertar y sobresalto no va a desaparecer en treinta o sesenta segundos como aquí fue, aquellos para los que la palabra infierno tiene un sentido diferente del figurado. En fin, esta pesadilla continúa. Al parecer, vuelve otra vez.
Ayer, en medio de la noche llegué a sospechar que era solo la paranoia del que no cesa de recibir noticias ominosas y deprimentes y ya no distingue lo más probable, que el ruido sea producido por los compresores centralizados del aire acondicionado, y no haga otra cosa que mezclar los sueños con la realidad. Pero la mente no descansa y, en segundos me convence de que la temperatura exterior de 11 grados, anoche, hace poco probable la puesta en marcha de la refrigeración, y que si, que son ellos otra vez.

 

Tampoco se, aunque sospecho, quienes son los malos esta vez, los poseedores de armas secretas, prohibidas según para quien, y de destrucción masiva, dispuestos a terminar con la humanidad todas las veces que sea necesario y que, por tanto, bien merecida tienen la vacuna. (Acabo de ponerme, esta mañana la de la gripe y, espero que los virus estén pacificados otro año más. Aunque pensando que ahora lo de viral significa otra cosa, no se si hago bien vacunándome o será mejor  plantear medidas mas estupefacientes. No se).

Otras reflexiones se retuercen dentro de mi cabeza, intentando escapar. Que si los imperios fetén son los militares y no los económicos. Que nos distraemos con una Europa que no medra en su desarrollo y los expertos dudan entre la poda o el injerto para hacerla viable. Que si la China es el futuro (para los chinos, seguro).
Que quién sigue mandando es el señor de la guerra, y que la primera vez que nuestro anterior jefe del estado apareció en público con chaqueta civil y corbata, sin sus habituales ropas talares, fue para recibir al emperador y ofrecerle terrenos, sin urbanizar por supuesto, para que ubicase bases aéreas, marítimas y hasta de onda corta para convencer al mundo que se escondía tras el telón de acero, de lo equivocados que estaban.
Reflexiones que continúan aceptando, cincuenta años después, quizás sesenta, que su sucesor, y heredero, haya ampliado la oferta con nuevas bases de misiles (anti-misiles, al parecer nos vacunan contra los malos) por otras decenas de años.
Y mi reflexión lo acepta con la naturalidad de lo inevitable, y quizás correcto, la asunción de que hay un país lo suficientemente poderoso para que no tengamos que perder el tiempo en dimes y diretes.
Y ello ha sido así desde…

Vuelvo a rememorar guerras lejanas, las de Cartago, las púnicas, en un terreno africano tan parecido a este oriente de Lawrence y de los políticos ingleses, que la hicieron parda, al repartir la arena sin pensar lo que escondía debajo. Eso que llaman geopolítica, a la que intermitentemente vuelve a prender fuego la intolerancia religiosa en este caso, cuando no la nacionalista, la tribal que se esconde agazapada esperando su oportunidad para enarbolar espadas y banderas.
Que poco, o nada, hemos evolucionado desde la época que retrata Flaubert en Salambó. En ese tratado de historia, tan alejado del subgénero de supermercado llamado novela histórica, y que tan extraordinariamente relata el horror de una guerra de hace veintidós siglos. Y lo hace con tal precisión en los detalles, con tal pulcritud en su descripción que todavía hoy es considerado como un documento imprescindible para historiadores o sociólogos interesados en como un país puede aniquilar a otro por muy alejado que esté.
Pienso que seguimos con las guerras púnicas a nivel imperial, y con las carlistas a nivel local. Ya escucho a algunos calentando al personal.


Menos mal que nos quedan el futbol y otras distracciones masivas, como el cine malo, o la literatura peor, que pueden seguir confundiendo a Salambó, personaje tan ficticio como secundario en la novela, a la vez que mito erótico para los espectadores, no para los lectores, con la inmersión que nos ofrece Flaubert en el infierno ese que, ayer, volvían a sugerirme los magníficos aeroplanos que, cual elefantes (2) de Aníbal, demostrarán otra vez quien manda aquí, en este valle de lágrimas.

Comprenderéis que yo prefiera lo de Manderley, pero la realidad es obstinada. Mucho.



(1).- Lo de la guerra del golfo, para un iluso como yo, no dejaba de ser sorprendente. Pensar que todo el mundo podía llamar golfo al jefe del estado más poderoso de la tierra, y hacerlo con la mayor naturalidad. Mientras que otras naciones cuyos jefes de estado merecían propiamente ese adjetivo, se abstenían de hacerlo. Para mi algo incomprensible.


(2).- Los elefantes de Aníbal, los B-52 (3) de la época, terminaron mal, como todas las armas secretas y exclusivas. Ello quedó perfectamente explicado en Salambó que, aviso, es para lectores exigentes.



(3).- Los B-52 son, en realidad, un grupo pop-rock de lo más divertido. Algo en la línea de Los Ramones, solo que aptos para tímpanos con el suficiente deterioro, como los míos, que necesitan ritmos digeribles.






Cuantas veces lamento el haberme salido del cine, de una interminable sesión continua, y el haber desenchufado los auriculares de la música benefactora, para aparecer otra vez en este mundo inmisericorde. Cuantas veces.
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domingo, 21 de octubre de 2012

LOS FIELES DIFUNTOS Y LOS INFIELES VIVOS. (MUY VIVOS).-

La niña de luto.-



Como bien sabéis los que esta página leéis, no tratamos hoy de difuntos al uso.
Y lo hacemos con la inestimable colaboración, en su redacción, de acreditados expertos.
(Según Wikipedia).


 Duelo (psicología)
El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida.
Duelo es el nombre del proceso psicológico, pero hay que tener en cuenta que este proceso no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los hay fisiológicos y sociales. La intensidad y la duración de este proceso serán proporcionales a la dimensión y al significado de la pérdida.
Por elaboración del duelo se entiende el transcurso del proceso desde que la pérdida se produce hasta que se supera. Esta elaboración puede comenzar antes de la pérdida, en el caso de que ésta se pueda prever con cierta antelación.
El duelo se puede exteriorizar con llantos, rabia, ataques violentos y un buen número de reacciones, todas ellas consideradas "normales" en esos momentos. Hay que tener en cuenta que los especialistas reconocen que para una buena elaboración y superación del duelo no es aconsejable querer huir de esas sensaciones de dolor, pues no se pueden enfrentar si no se sienten. Lo contrario es la negación de la pérdida, lo que llevaría a comportamientos desadaptativos.
 
Etapas del duelo individual
1. Fase inicial o de evitación: Reacción normal y terapéutica, surge como defensa y perdura hasta que el Yo consiga asimilar gradualmente el golpe. Shock e incredulidad, incluso negación, que dura horas, semanas o meses. Sentimiento arrollador de tristeza, el cual se expresa con llanto frecuente
2. Fase aguda de duelo: Desinterés por el mundo,  incluso seudoalucinaciones, la rabia emerge y suscita angustia. Trabajo penoso de deshacer los lazos que continúan el vínculo y reconocer la ambivalencia de toda relación; todas las actividades del doliente pierden significado en esta fase. Va disminuyendo con el tiempo y puede durar 6 meses o más.
3. Resolución del duelo: Fase final, gradual reconexión con vida diaria, estabilización de altibajos de etapa anterior. Los recuerdos traen sentimientos cariñosos, mezclados con tristeza, en lugar del dolor agudo y la nostalgia.
Se describen 4 tareas para completar el duelo:
  • Aceptar la realidad de la pérdida.
  • Experimentar la realidad de la pérdida.
  • Sentir el dolor y todas sus emociones.
  • Adaptarse a un ambiente en el cual faltan los habituales medios de subsistencia, aprender a vivir en su ausencia, tomar decisiones en soledad, retirar la energía emocional y reinvertirla en nuevas situaciones o relaciones. 
  •  
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viernes, 19 de octubre de 2012

¿ MONSTRUOS O FANTOCHES ?







Para el Capi, eran fantoches.-

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miércoles, 17 de octubre de 2012

PENSANDO EN NOSOTROS, LOS JÓVENES.-



” Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó.
Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde.”

Martin Niemoller 


Aquí, y en muchas otras apreciaciones del suceso, subyace siempre el mismo error. Al menos a mi me sucede en la primera lectura.
Ves en el cuentecito, realmente deprimente, a ellos, a los que se llevan; incluso en un afán infantil de protagonismo, te ves a ti mismo. Se me llevan también.
Pero no ves, no veo, no quiero, no queremos entender que la otra parte es omnipresente e imparable. La de los que llevan, los que siguen llevando. Y por tanto erramos en la solución del problema, incluso en el pretérito imperfecto. No se trata tanto de que me solidarice con las victimas, antes de convertirme en una de ellas melancólicamente, como de que luche desde el principio, con todas mis fuerzas, contra los que se llevan a los demás. Esa es la cuestión, la lucha, solo o en compañía, contra la fuerza que nos arrasará si no lo impedimos.

Ya en uno de los relatos de Chaves Nogales, en la magistral “A sangre y fuego” -y que nadie espere un portento literario ni en una obra maestra de las que te llevarías a una isla casi desierta- en un capítulo con nombre propio, el apodo de su protagonista, nos aclara cual fue el origen del fin de aquella tragedia, la de siempre, y no fue otro que la falta de fe en la entrega del todo o nada,  que no se puede hacer la revolución huyendo del frente y que al final el que pierde, lo pierde todo inevitablemente, por mas que haya intentado poner su piel, exclusivamente su piel, a salvo. Más de lo mismo.

Pero curiosamente no ha sido hasta sentir en carne propia la presencia lacerante de los que vienen, están viniendo a por mí, cuando he comprendido otros sucesos históricos más o menos lejanos pero siempre repetidos.
De la balsa de la medusa y de los náufragos abandonados a una muerte cierta por los despóticos e ineptos responsables de la singladura ya hemos hablado aquí hace poco. Y extraído ciertas lecciones de difícil asimilación en un medio aparentemente confortable para algunos, todavía.
Sin embargo ha sido la tragedia de Katyn la que me ha abierto los ojos y alertado sobre una posibilidad tan segura como inverosímil, si no hacemos nada para evitarla.
12 o 20.000 oficiales, que más da la cifra, la aristocracia del ejercito polaco, que es decir lo mismo que la flor de la aristocracia polaca, hombres de academia, con una formación intelectual, y física presumo, superior, se dejaron llevar en grupos de varios centenares cada dia, ante un verdugo, un solo ejecutor que con un único tiro en la nuca, con un pedazo de plomo del tamaño de un grano de café (1) los exterminó a todos sin, desgraciadamente para los suyos, batir su record de trescientas cincuenta ejecuciones diarias.
Largo tiempo atrás, y debido en parte a las omisiones informativas de los vencedores y a la leyenda, naturalmente apócrifa,  se puso todo el enfoque de la masacre sobre sus presuntos autores, si nazis o comunistas, si churras o merinas, y como colofón, last but not least, el avión cargado otra vez con la flor y la nata polaca, solo que esta vez, de la clase política, se estrella por un quítame allá las prisas, poniendo otra corona de luto sobre la anterior.

Hace tiempo que han dejado de interesarme los asesinos, o sus identidades. Al fin y al cabo no milito, y espero no militaré en su bando, pero sí me interesa, y mucho, el como y el por qué esos miles de oficiales no presintieron lo que estaba sucediendo, no se plantearon luchar a pesar de su probable derrota. No lo entiendo y comienza a preocuparme que pasen esas cosas, que hayan pasado y que vayan a seguir pasando.
Pero, criaturas mías, si hasta los pobres desgraciados del ghetto de Varsovia se rebelaron y lucharon antes de morir. Si la huida o la negación ante el enemigo por poderoso que sea no van a aliviar el final en el peor de los casos.
Solo el hacerles frente, aun en la soledad del héroe del frente de Talavera, el personaje de Chaves Nogales (2), puede justificar el perder la batalla, al menos eligiendo el boleto, el único, que te da opción a la victoria.
Los náufragos de la medusa, los oficiales de Katyn, incluso los melancólicos rapsodas que se enternecen con los versos de Martin Niemoller, no hacen mas condenar al resto con su actitud bovina.

La verdad que uno busca todas la razones por evitar las revoluciones, que por cierto tampoco hizo en sazón, a los veinte años, pero es que tiene que escucharlo hasta de algún político tan poco sospechoso de liberal, como fehaciente responsable de la restauración e inventor del timo nacional del bipartidismo, junto a su socio Práxedes Sagasta, y me refiero a Antonio Cánovas del Castillo cuando dice aquello de:
“Un hombre honrado no puede tomar parte más que en una revolución, y eso porque ignora lo que es”.
Hasta D. Antonio, el precursor de la transición política hacia la nada, comprende que los otros, los honrados, están llamados a defenderse si quieren sobrevivir. Que cosas.


(1).- ¡Que le den café. Mucho café!.
Frase histórica. Respuesta del gobernador militar de la Bética, al ser preguntado por los captores acerca del destino del detenido, García Lorca.
Nunca lo comprendí. El café era para mi, tan solo un líquido oscuro, casi negro en su contraste con la blancura del tazón. Y si encerraba otro significado, está claro que nunca me lo explicaron, y lo que es peor, nunca me atreví a preguntar.
 (Supongo que los usuarios del Nespresso tampoco lo van a entender).

(2).- He leído, al menos en lo que va de año, tres artículos cuyo autor/a afirmaba haber leído el esclarecedor prólogo de “A sangre y fuego”. Lo que pone en evidencia que los relatos, no los han leído, y lo que me hace dudar de que realmente hayan leído el prólogo. En fin... (Suspiro).

Para Vito. (Se lo debía).





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