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sábado, 31 de enero de 2015

BSO DE LOS DESCANSOS.- IV




Otros no son menos profundos, aunque adopten la figura del payaso a la hora de exponer sus mensajes, Krahe va por ese bendito camino, alejado de las piedras, y me asombro de que no haya aparecido antes, aunque supongo inevitable que llegue a disponer de una sección propia en el futuro, y es que las contradicciones sentimentales, sociales o políticas parecen más amables, y desgraciadamente más inofensivas, si nos las tomamos a risa. O al ritmo de unas maracas, como las guarachas de Carlos Puebla, alguna de las cuales sirven perfectamente para describir nuestro presente, el innombrable, por aquello de que ni me lo recuerdes, y que sin embargo revivido sesenta años atrás en la música de estos cubanos, me siguen pareciendo profecías melodiosas.

De Cuba traigo un cantar
hecho de palma y de sol
cantar de la vida nueva
y del trabajo creador
para el ensueño mejor
cantar para la esperanza
para la luz y el amor...


Y ahora que sale Cuba a relucir, compruebo como se eterniza la desgracia del pueblo cubano y entra pánico al pensar que lo nuestro vaya por el mismo camino, con el agravante de que aquí no ha habido ninguna revolución, ni bloqueo comercial, sino todo lo contrario, libertad y apertura comercial, desaparición de las fronteras, moneda común –no devaluable – e incluso comenzamos a entender lenguas inescrutables para nosotros desde aquello de la torre de Babel.
 A pesar de todo, perece que va a eternizarse, o quizás a descubrirse el pastel que ha estado oculto en la fresquera mental. Que hay conceptos políticos, históricos, y hasta religiosos, que no están hechos para nosotros.
Que nos importa un pimiento la nación, el estado o la democracia, con minúsculas, y que nuestro contrato social no vaya  más allá de aquel de Groucho, el que arrancaba la parte contratante de la primera parte, y continuaba hasta convertirlo en un guiñapo de papel. Que es suficiente el tener “a pienso” el porcentaje necesario de votantes para eternizar a cualquiera en el poder, y que el resto de la población se contenta con su dosis periódica de indignación, mejor si va acompañada de medio kilo de sarcasmo, de humor negro dirigido, a poder ser, contra nosotros mismos.

¿Cuándo empezó lo de Cuba?
En 1959. Llevan pues…55 años. Nosotros solamente 40, pero pasar del desencanto a la incertidumbre llega a hacerse penoso para los que tienen el calendario marchito, y todavía más para los demás, que esperan el milagro imposible, el que todo cambie a mejor en su ausencia, en modo espectador. Algo imposible.

Leía en las memorias – apócrifas, en realidad una larga entrevista- de Fernando Fernán Gómez la frasecita que algún personaje suyo usa de epitafio en “Las bicicletas son para el verano": Deseábamos tanto que terminase la guerra, que no pudimos sospechar que después vendría algo peor, la paz. 
Luego aprendí que ya lo dijo antes algún político español en el exilio, muy comprensible el asunto, y que después de la larga, eterna, dictadura, algunos pudimos comprobar que la transición no fue tan desgraciada como la guerra, ni mucho menos como la paz aquella que mencionaba Fernando, pero en todo caso si ha sido, está siendo todavía, realmente decepcionante.
Por eso cuando veo que los cubanos se enfrentarán cualquier día de estos a su transición, se me recrudece el prurito ese que no me deja dormir, el picor innombrable. Ojalá tengan más fortuna y mejor ron.

Los Zafiros han sido los causantes de esta distracción tan inesperada como inevitable, el volver a repetir la escucha de sus canciones, y su época misteriosa y desconocida para los que la hemos visto también desde la ausencia, aunque me queda la sospecha de si los protagonistas, los cubanos, han llegado a vivirla. La verdad es que desde la distancia en miles de kilómetros y años, uno solamente percibe un aura nebulosa donde flota esa música increíble. No conocimos a Los Zafiros, y todavía desconozco el por qué. Quizás la efervescencia de los cantantes nuestros, el Dúo Dinámico, por buscar un símil imposible, las voces armoniosas de Los HH, o los postreros juegos vocales de Los Ángeles, eran lo más parecido en cuanto al dúo o trio vocales, apacentándonos con sus baladas que eran boleros sin que lo supiéramos con certeza.
Luego llegarían los cantautores y con ellos la indignación que tanto predicamento ha tenido, y tiene por estos lares. Cuando escuché a estos zafiros en “Y sabes bien” o en “Un nombre de mujer”, sentí que los conocía desde mucho antes, y el que lleve tiempo buscando más discos suyos, cuando solamente grabaron tres, solo consigue, de vez en cuando, descubrir que no estoy solo, y que la nostalgia bien llevada, la recuperación de un tiempo que nunca tuve y un lugar donde nunca estuve, puede llegar a convertirse en vicio.

Ahora encuentro un documental reciente “Music from the edge of time” Los Zafiros, y me atrevo a verlo completo, a sabiendas de que estará en inglés-americano y que voy a perderme gran parte de la narración. Pero resulta que los cubanos siguen hablando español, y que los documentalistas se limitan a hacer lo correcto, subtitular en su idioma los diálogos y las canciones. Suerte otra vez, y verlos en los pocos videos musicales que existen, de hace sesenta años, resulta una experiencia mitad arqueológica mitad mística.
Como biografía del grupo parece imprescindible, tanto como incompleta, al faltar el background social de esa época, que del vocal ya se encargaron ellos. Actuaciones triunfales en casi todo el mundo, y el casi es por su ausencia donde más los hubiéramos disfrutado, por razones fáciles de comprender. Por aquí andaban colgados y medio zombis los Lecuona Cuban Boys, a los que escuché haciendo bolos en las discotecas madrileñas en las sesiones de los jueves, el dia de libranza de las chicas que eran la estrella del espectáculo. También andaban Los Llopis por allí con su cocodrilo en la puerta verde, y los que realmente hacían sombra a los Platters, a Frankie Lymon, y hasta a Los Temptations, ni siquiera existieron hasta hace bien poco, Los Zafiros...
Ya digo que resulta frustrante el que en una isla y un país tan hermoso y de gente tan encantadora, no haya sucedido al parecer  otra cosa que la buena música y el ron, las lágrimas – falsas, de teatro ínfimo- y el chorrito de licor vertido sobre las tumbas de los que se fueron.

Reservan para la última parte, la escena que se queda grabada en el espectador, el impacto vital que no puede pasar desapercibido. Los “Nuevos Zafiros” improvisan en una plazoleta “Un nombre de mujer” que no es otro que el de “Ofelia”, y puedes ver como en el corro de vecinos hay ancianos y niñas y todos, absolutamente conocen la letra y la melodía, y no desentonan haciendo grande otra vez esos tres minutos gloriosos. Cuando un mulato larguirucho y añoso se enfrenta a la cámara y reconoce ser el compositor de la canción. Un poco más adelante, sin dejar de sonar la canción, podemos ver a la auténtica Ofelia, que es la madre del autor, y que nos cuenta desde sus noveintaytantos como surge la letra, tan solo de una llamada de teléfono a una madre.
Prodigioso final.


martes, 27 de enero de 2015

SI TE GUSTÓ ROHMER, TE GUSTARÁ OGIGAMI.-

                                                          


Los proverbios  y las comedias que nos encandilaron hace treinta o cuarenta años, aparecen redivivos en su formulación actual, oriental u orientalizados en la forma, que no en el fondo.
El momento oportuno en el lugar adecuado, dicen que son las condiciones necesarias, que no suficientes, para que podamos descubrir algo tan necesario como una nueva estrella en el firmamento de la realización cinematográfica. Tanako Ogigami tiene todos los atributos para serlo.

Aquel señor mayor, Eric Rohmer ( Erich von Stroheim + Sax Rohmer) profesor de literatura, nos dejó docena y media de historias hechas cine, con un patrón tan personal como imprescindible para sosegar las almas europeas pos sesentayocho, historias de jóvenes y sobre jóvenes (chicas), sociología como enfoque práctico y afán de trascendencia en un medio en el que los géneros parecían cadáveres de puro tópicos, y donde  la bondad de sus personajes era característica fundamental de ese cine amable, donde el espectador buscaba sumergirse en un medio apacible en el que la maldad no existe, y los problemas son livianos, propios de la edad en la que prima la resolución de los conflictos sentimentales sobre los males del planeta.

Si le añadimos cierta pizca de sabiduría milenaria, la nuez moscada que presta sabor a la croqueta y la hace gustosa, nos encontramos el producto perfecto,  un mundo sediento de buen rollo, de buenismo, de corrección a la hora de exponer unas ideas a tono con las expectativas de quienes no buscan problemas cuando se enfrentan a una película. Chicas guapas, por naturales, y esas pequeñas lecciones que la vida les va enseñando. La formula perfecta con la que el profesor Rohmer nos tuvo entretenidos hasta que su senilidad y la voracidad de los productores le  hicieran rodar bodrios que, obviamente no eran suyos, las excepciones de una filmografía imprescindible: La Marquesa De O, Percevall le Gallois, Astrea y Celadon, y La Dama y el Duque.
Nos dejó casi centenario, y cuando creímos perdido su espíritu para siempre, resulta que aparece una heredera suya, japonesa, que promete continuar en la linea del cine constructivo y relajante, para mentes atribuladas como las nuestras.

Sospecho que no es tan oriental su cine como esta nos lo pinta. Su formación en USA y su  interacción con Occidente tanto en la ambientación, Helsinki en  “Kamome Shokudo” 2006 , en la música que nos recuerda al cine de Tati, así como en el uso exquisito de sus tópicos nacionales que curiosamente están de moda en todo el planeta, gastronomía, y filosofía religiosa o religión filosófica, con esa base budista tan querida para los pacifistas o sencillamente para los aterrorizados usuarios de cultos monoteístas, es decir prácticamente para todo el mundo.

Afortunadamente, debo entender, acerté en la elección a la hora elegir una película de esta directora, “Megane” 2007 (que significa “gafas” en japonés, y no es el modelo de auto en el que muchos estais pensando) y resultó fascinante desde la primera hasta la última escena, obligándome a ejercitar la olvidada moviola para repetir las secuencias que me habian impactado, concretamente las del tai chi playero que dirige la señora Sakura, Masako Motai , omnipresente en el cine de Ogigami, y a tocar palmas despues de disfrutarla. Lentitud expositiva, sin exasperar, y el plantel mínimo y suficiente para una comedia, cuatro-cinco actores y un perro, que luego se tansformaría en gato en  Kamomene (La Posada de la gaviota), y en muchos gatos en la penúltima  “Rentaneko” 2012, cuyo ritmo confieso que ha podido conmigo, resultando vencedor , en la eterna lucha cotidiana, el sofá frente a la pantalla.
Me queda por ver la primera, aquella que le dio fama y la oportunidad de seguir haciendo películas “Barber Yoshino” 2004, ausencia que compensaré en breve y que tiene todo el aspecto de iniciar el mundo personal y divertido, sabiamente divertido, que espero continué poblando el cine de esta buena mujer.
Cine espartano, lento, y sin embargo hipnótico. Te atrapa desde sus primeras secuencias y no cesa de administrarte píldoras , con la implacable prescripción del terapeuta a intervalos fijos, desayuno, merienda y cena. Quedas embobado contemplando los títulos de crédito – en japonés- y la propina como pasaje musical digno de indagación sobre su título y autor, a la vez que comienzas a pensar sobre esto y aquello y a recibir el influjo de positivo de los personajes del cuento. Rohmer puede descansar tranquilo.

 

domingo, 25 de enero de 2015

LA NIEVE COMO SENTIMIENTO.-


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viernes, 23 de enero de 2015

ESPEJO, ESPEJITO...


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jueves, 22 de enero de 2015

BSO DE LOS DESCANSOS.- III

                                



A veces soy como el rio:
Llego cantando...
Y sin que nadie lo sepa, viday
Me voy llorando...

Es mi destino,
Piedra y camino...
De un sueño lejano y bello, viday
Soy peregrino...



Los interludios instrumentales, infrautilizados habitualmente como obertura o como sintonía de cierre, son algo más, algo que pueden  llenar de impotencia las manos, incapaces de hacer vibrar las cuerdas de una guitarra, y las de algunos corazones, para que nos vamos a engañar. 
Al fin y al cabo no hacemos otra cosa que simular los sentimientos y sus ausencias, con los pequeños placeres que podemos pellizcar en instantes aparentemente banales como escuchar una balada juvenil, escrita y grabada hace cincuenta años, y dejar que esas manos inútiles simulen tocar esa guitarra solista que muchos hemos soñado tocar.

Al final he debido autoconvencerme de que las eléctricas tocan solas, veo que las enchufan, tocan un botón o dos y a sonar, no hay problema alguno en convertirte en guitarrista de primera y, como en la vida, si no tienes fe en la habilidad de tus dedos o en la virtuosidad de tu desafinado oído, mejor dejarlo así, y no intentar comprobarlo para no romper la ilusión, que esa si es fundamental para levantarse todos los días. Después de todo el poder escucharlas y además agruparlas en un disco ya es lo suficientemente placentero para espantar tus carencias. No se puede tener todo.

Uno estaba harto de silbar hasta agrietar los labios, el interludio sinfónico de Cavalleria Rusticana, y cuando ví que el Coppola lo incluía como tema central de El Padrino 3 o 4 que ya no recuerdo, me di cuenta del acierto de ir escuchando instrumentales entre copla y copla; como si al separar los boleros unos de otros con estos pretextos, se prestase un descanso a las almas compungidas por tanta traición.

Comenzaron Los Relámpagos, los Spotnicks suecos, y Los Pekenikes, aunque antes habíamos escuchado el “Apache” de los Shadows en la sinfonola de la capital, ignorando hasta mucho después quienes fueron los intérpretes originales, los compositores e incluso los productores, que todo fue llegando. Bien es cierto que los Tabajaras y la trompeta de Roy Etzel cobraron un exagerado protagonismo en esa época en que sobran las palabras, la luz, y otras cosas. Papetti llegó algo tarde a la cita, igual que Lafayette estaba demasiado lejos con su Hammond y sus versiones, y a pesar de todo los escuchamos como si hubiesen crecido con nosotros, o más bien como si hubiesen decidido dejar de crecer, también con nosotros, y quedar sonando en los momentos esos en que se impone el silencio, la melancolía o cualquiera de los sentimientos adolescentes que los putos años insisten en convertir en desfasados, obsoletos, despreciables, y eso me temo que no lo van a conseguir. Ya digo que Daphne es muy suya, el Jack Lemmon que comienza con un disfraz grotesco y termina cogiéndole algo más que cariño.

Canciones que eran de suyo fox trot, polcas, o cosas mucho peores, aunque la clasificación elemental entre rápidas y lentas era tan efectiva como suficiente para melómanos distraídos en otros quehaceres pero que entendíamos naturalmente, que la música era divertida, e imprescindible para la diversión, y afortunadamente fuimos sometidos a su influencia, o algo parecido.
Afortunadamente ahora los etiquetas nos importan un bledo, y nos permitimos intercalar temas inclasificables que harán reír o llorar, y a veces las dos cosas a la vez, aunque resulte difícil el discernirlo. El drama femenino y el masculino, cada uno con sus diferentes patrones de tragicomedia, de deseos desatendidos y  la acerada crueldad que el desamor puede inspirar al rapsoda. De todo hay en el huerto musical de este año.
Aunque ya digo que el límite entre el mal gusto y el mejor gusto, resulta bastante confuso, y que espero la fundada acusación de que se me ha ido la olla, a sabiendas de que la perdí hace tanto tiempo que ya no recuerdo si en realidad era un puchero o un lebrillo.

Si, vuelve Paquita, y también Silvio, aunque este me ha insistido tanto en que además de gracioso era fundamentalmente un gran roquero, como consta en la esquina de su calle sevillana, que he decidido hacerle caso y esta vez dejar de lado las risas. Otro paisano suyo, que también tiene una placa en la plaza de Jesús del Gran Poder , que no es el nuestro Alonso, aunque debiera, es El Pali, y su tema incluido refleja la valentía de romper tabúes y exponerse a lo que sucediole, el ostracismo, la censura que impidió que figurase en los discos aquellos de las sevillanas de oro y que hoy, gracias al mercado negro del mp3, he podido rescatar para que me lo echéis en cara e incluso me llaméis cosas malas, al menos las chicas.

Hay alguna novedad, que me hace pensar si el límite entre  la madurez y la podredumbre  consecutivas y naturales en la evolución de un servidor, se han vuelto realmente indistinguibles, una vez superada la barrera invisible de ambas, ya resulta imposible discernir entre la tontuna de nacimiento y la sabiduría, el falso armiño con el que dicen que los años van recubriendo nuestras espaldas. Supongo que son solo habladurías, eso que dicen.
Digo esto porque de pronto he notado que aparecen temas trascendentes entre los otros, vamos por los cuatrocientos, que aun siéndolo, lo eran a través de la doble lectura del sarcasmo, de la exageración que convierte en risibles los mensajes eternos, o simplemente nos hacen disfrutar de su esmerado sonido. Hoy encuentro alguno que lo es simple y llanamente porque esa es su esencia.

Sin obviar el melodrama que puede encerrar “Mal hombre” y el  casi desnudo mensaje que la salmodia de la chica nos recita como los ciegos hicieran en la ferias de antaño, para intentar vendernos las hojuelas impresas con el romance tradicional, que oscilaba entre el drama y la tragedia, por aquello de usar el sufrimiento ajeno como terapia del propio supongo.

He debido ponerme profundo, espero que subconscientemente, y sometido a la necesidad compulsiva de incluir este poema de Yupanqui, que me parece
Absolutamente intemporal y perfecto, a la vez que un alimento espiritual de primer orden para las carencias del alma. No ha sido fácil encontrar una versión, entre media docena, con la calidad aceptable para que no desmerezca engarzada en este dije  de piedras semipreciosas, y al final he aceptado aquella con el sonido raspado que no desentona a pesar de provenir de algún directo que no suele ser nuestra especialidad.

La verdad que “Piedra y camino” bien merece la excepcionalidad que encierra el aplazar el humor, y el ritmo durante unos minutos de escucha para disfrutar con la sabiduría del poeta, y moralista, que nos confundió al encerrarse con la etiqueta de payador. Sobre todo porque nunca hasta hoy, he sabido que significaba esa palabra.
“Payador, coplero y cantor popular que, acompañándose a la guitarra, improvisa canciones” del lunfardo o criollo, o sea que mira por donde estaba el hombre  en la onda, y lo tenía callado.

                                    
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ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (56)


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lunes, 19 de enero de 2015

HOY VA DE TANGO. ( Que me perdonen sus seguidores, espero).-





¡VICTORIA!

(1929)
Letra y música: Enrique Santos Discépolo

¡Victoria!
¡Alerta, Victoria!
Bajé de la noria:
¡Se fue desde ayer!
Si me parece mentira
después de seis años
volver a vivir,                                                 
volver a ver mis amigos,
vivir con mama otra vez.
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue desde ayer!

Me saltaron los tapones,
cuando tuve esta mañana
la alegría de no verla más.
Y es que al ver que no la tengo,
corro, salto, voy y vengo,
alucinao.
¡Gracias a Dios
que me salvé de andar
toda la vida atao
llevando el bacalao
y del aceite su sabor.!


También lo hará desde el más allá Discépolo, al comprobar la adaptación de su letra al español-neutro, para que todos podamos comprenderlo, sin necesidad de recurrir al diccionario lunfardo, ni de mesarnos los cabellos por la misoginia (xenofóbica) explícita, todo hay que decirlo, del original. Y sobre todo, al apreciar, el suave alunizaje de tan magníficos versos (ahora que los he retocado)
, sobre la superficie de la realidad nuestra del ahora de aquí, absolutamente selenita.

No voy a traducir el texto, ha quedado traslúcido, pero me veo obligado a explicar su significado, su intencionalidad, ya que ahora el sujeto es la crisis, y no la mujer; aunque los tanguistas irreductibles me insinúen que me equivoco otra vez, que el maestro quería decir lo mismo, solo que a buen entendedor.... Por eso será que no me gusta el tango, porque no debo serlo, entendedor, que por cierto en castellano (ahora español de España, según etiquetan a los subtítulos de las películas en las que coger, por ejemplo, significa asir y no otra cosa) tiene otro significado no menos lunfardo que el del metalenguaje criollo.

Y es que se ha marchado !Victoria!, esta buena señora.
Ayer domingo, la prensa gozaba de una elocuencia mayestática y unánime, cosa rara, al menos lo de la elocuencia.
La prensa dominical, debo añadir, es la única prensa actual, al haber desaparecido las ediciones diarias en papel, debido a la fortísima competencia , inmediatez y gratuidad digital, y a que la mañana del domingo es el único tiempo libre de que disponemos para acercarnos a la gasolinera (dichosos , bienaventurados, los que todavía disfrutáis del quiosco) con el bolsillo bien repleto del remanente semanal, unos cinco euros más o menos, para recoger el diario, con su suplemento, sus folletos publicitarios (publicidad adicional a la de su contenido) y la barra de pan calentita y rústica (ahí los privilegiados usuarios del quiosco llevan las de perder, y si además sufren el que los domingos no hay pan...se siente), aunque ayer fui sorprendido con una novedad, premonitora de los tiempos venideros, por más que la propaganda oficial, y la letra del tango, sostengan lo contrario. Comprobar la presión de las ruedas del auto, ya no es gratis. Hay que pasar por una sofisticada maquinita, introducir un euro, y retirarse avergonzado sin haberlo conseguido. En mi defensa he de admitir que es la primera vez (confesad como fue vuestra primera vez, de aquello, sinceramente) y que todavía estoy luchando con el Android a nivel básico, y perdiendo.

Titulares, declaraciones de los próceres de la cosa, presidente del gobierno como vocalista titular del combo, y serios comentaristas, intelectuales de columna fija en paginas impares, hasta cómicos de la lengua como el Wyoming, (que estamos en la cresta de la ola, según él),en la contraportada, todos abundan sobre el mismo asunto.
Alegría desbordante, euforia desatada, están en la gloria. Al parecer nunca hemos estado mejor que ahora. No hay más que mirar hacia atrás (lo hacen sin vergüenza) y comprobar que los sabañones, el trabajo en régimen de semiesclavitud, o el mal olor corporal están prácticamente extinguidos en nuestro país, donde el mando a distancia es el autentico paradigma de nuestra democracia, el ciudadano usuario es quien tiene la decisión final, mientras no se le ocurra pulsar el botoncito rojo, ese que lleva escrito “OFF” que nunca ha sido usado, ya que existe la leyenda urbana (lo han leído en Internet, o en el móvil) de que su uso acarrea el vacío existencial, cuando no la locura, la que lleva al hombre a pensar, a mirar alrededor, y a buscarse inevitablemente, la ruina.

Pasado maloliente y además en blanco y negro, nada que ver con la paradisíaca situación actual, a la que además se permiten comparar (todos, oyes) con la de países del tercer mundo, de esos países del futuro, que siempre lo serán, como siempre han sido, donde la gente muere por cosas tan estúpidas como la falta de agua (no aprenden a vivir junto a los ríos),  las inundaciones (no aprenden a vivir alejados de los ríos), o sencillamente por el hambre, que es el jinete más eficaz del apocalípsis . Lo llaman hambruna para distraer al espectador, que tampoco hay que amargar el pollo en pepitoria que está sobre la mesa (1). Por cierto que dedican páginas en cuché, media docena, a la  cocinera más importante de la historia (siete etoiles michelen, oyes) que obviamente es española, natural del lugar donde mejor se come en el planeta, probablemente.

Las comparaciones con esos países de Dios ( es una forma de decir que nosotros no tenemos nada que ver en sus penas) son abundantes y siempre nos sacan bastante favorecidos, sobre todo ahora que, según ellos, se ha marchado la señora, la crisis, que ya es parte de la historia pasada, que fue provocada por los malvados capitalistas extranjeros,  los que nos siguen prestando el dinero para el día a día, y a los que habrá que explicarles, gane quien gane, que lo de cobrar...
Porque es de ganar elecciones de lo que estamos hablando. Y de intentar convencer , con el bombardeo abusivo si fuese menester, de que todo va bien, que no os mováis que es peor, como dijo Bob Hope a sus compañeros de safari al verse sorprendidos por un león, en el instante previo a desaparecer corriendo en solitario.

Por una vez no pienso contradecir a nadie, a discutirles la razón que tienen en esos silogismos de párvulos escasamente dotados, solo lamentarme (todo tango es un lamento, incluso el de !Victoria!) de tener que ser testigo de este timo reiterado, en el que los timados van a exigirnos otra vez , que nos hagamos responsables solidarios de sus errores. Y sospecho, en vista de las circunstancias, que no nos va a quedar otra salida.  Los trileros están preparando sus cubiletes, y el poli de la esquina sigue mirando el callejón bajo la luz cegadora de la farola. Nada nuevo.


(1).- Observo, desde el mismo lugar en el que resulta inevitable pensar después de observar, que están de moda en nuestras mesas los pollos “de corral”. Que aparecen por  centenares de miles en los mercados, y que salvo en tamaño y precio en nada se diferencian del pollo transgénico “de toda la vida”. Vamos a ver buena gente. Seguro que no habéis visto un corral en la vida, y menos una gallina clueca, y que desconocéis el tiempo y lugares, ya inexistentes (como dice la propaganda oficial, aquí con certeza) necesarios, para que uno de ellos se convierta en menú familiar postinero. Ahora bien, que si os dejáis engañar con un pollo, supongo que los de la papeleta lo tienen bastante fácil.

Por cierto que los del Mercadona son más elegantes en la falsedad. Lo llaman “pollo rural”, por aquello de la mentira piadosa, del pecado venial que nadie les va a cobrar. ¿Corral?, ¿Rural? Creo que los de la Real Academia deberían hacer algo, aunque después de leer a Marías lo que ellos hicieron en su lucha por las libertades y su feroz enfrentamiento contra la dictadura, mejor me las envaino (las palabras), y disfruto con todos estos estupefacientes gratuitos que me ofrece la vida.





Discépolo, Gardel, que grandes que sos vos.
Para los que gustaís:
https://www.youtube.com/watch?v=ombHnooizpw 

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