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domingo, 25 de enero de 2009

LAGARTIJA SIN COLA.VERSIÓN B.-


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Versión B:

Estamos en el primer nivel de dificultad. Borges hablaba del jardín de los senderos que se bifurcan. Nosotros entendemos en la representación más simple del enigma, que el sendero del jardín no es otra cosa que nuestra vida, y que esta nos somete con inusitada vehemencia a la elección de una entre dos opciones incompatibles. Hay que elegir, hay que asumir el riesgo del posible error en la elección, y lo que es mas importante, hay que seguir viviendo.
Solo que bifurcación significa división en dos ramales, y lamentablemente la vía por la que circulamos suele obsequiarnos con intersecciones múltiples y simultaneas, donde ya la razón tiene poco que ofrecernos a la hora de adornar de sensatez la elección, y se rinde ante el poder infinito del azar, siendo la suerte la que termina eligiendo el color del siguiente tramo vital.
Y no solo resulta en exceso optimista el símil de la bifurcación por amable, en su dual simplicidad, sino que los desvíos que, voluntarios o azarosos, nos llevan dando tumbos por la red de nuestro destino (quizas red sea mas adecuado que sendero) podrían en el plano bidimensional de la figuración literaria situarnos en un punto, en un cruce del camino, en el que anteriormente hayamos estado. Esto es otra amable caricia de la fantasía, puesto que todos sabemos que la vida, como el rio, nunca pasa dos veces por el mismo lugar.
Adonde quiero llegar... donde me lleve el viento quizás.

Que me lleve el viento
muy lejos contigo.
En un bote de vela,
sin ancla y compás,
rumbo a no sé donde
quiero naufragar.

Algo fundamental cuando te dejas llevar por el viento, igual que cuando caminas sin pensar hacia donde te llevan tus pasos, es no perder el norte. Tener bien engrasada la brújula interior para conocer cual es la desviación que has tomado sobre el rumbo correcto, el rumbo del navegante experto que te va a servir de referencia a lo largo de los innumerables desvíos, y errores, a que te sometan las tempestades. Por ello es lo correcto continuar en el punto donde estábamos, junto a la lagartija sin cola.
La lagartija es gente, diría Dersu Uzala, es gente que nos indica que ha llegado el buen tiempo, y nos invita con su proximidad a guarecernos bajo la sombra, ya que lo que a ella reanima tras el letargo invernal, a nosotros puede hacernos perder la cabeza.
Y la encontramos en un momento indudablemente doloroso. Un momento en el que su vida ha corrido el peor de los peligros, el de su extinción. Y, a pesar de aparentar una exuberancia ilimitada en su carrera hacia la libertad, no deja de hacernos saber que el traumatismo físico, la cruel amputación, no es mas que la sombra del shock anímico que le supone dejar su identidad, su otra identidad en un lugar sin retorno.
Los libros de fisiología nos dicen que es una reacción normal ante el peligro. Al parecer ante un enemigo desmesurado el instinto animal nos hace tomar una decisión, una entre las dos posibles, quedarnos quietos para confundirnos con el terreno y pasar desapercibido ante los detectores de infrarrojos y los misiles, o bien mostrar un exceso de actividad y valor, plantarle cara con medidas inesperadas, y desesperadas, como el cortarnos la cola y salir corriendo. Eso dicen los libros. Igual que los filósofos intentan explicarnos el porqué de las cosas. Pero lo cierto es que quedamos heridos, llenos de dolor, cargados con un peso insoportable que es el mayor de todos, paradójicamente, el de haber perdido algo que era parte de nosotros, y en lugar de hacernos mas livianos y facilitar el próximo tramo del trayecto, nos pega al suelo y enlentece el mas ligero de nuestros movimientos.
Este dolor, afortunadamente, es transitorio, y además beneficioso. Como diría O. Wilde, no solo nos hace conocernos mejor y prepararnos para vencer futuras e inevitables heridas, sino que, lo mas importante, nos hace comprender a los que sufren, nos hace identificarnos con aquellos a los que el destino los ha hecho beber en la misma fuente, la misma agua amarga que a nosotros, y al conocer, al comprender mejor a los otros, identificados con ellos, lejos de la artificiosa compasión, nos hace sentir mas humanos, que al fin y al cabo es lo que somos.
Hay otra reflexión tirando del hilo, de sangre, que deja en suelo la lagartija. Por más que en ciencias naturales nos cuenten que tiene un sistema perfecto, una simbiosis entre nervios músculos y vasos sanguíneos que, separando limpiamente las vértebras de la cola, consigue cerrar la herida de manera instantánea e incruenta limitando la perdida hemática hasta la insignificancia. Igual que los daños colaterales del señor de los misiles, usted y yo sabemos que el eufemismo es una palabra malsonante y, por ello, no vamos a insistir. No nos lo creemos. No podemos creernos que a las victimas inocentes se les llame daño colateral, ni que una amputación sea una fiesta. Seguimos el hilillo que dejó el reptil, lo que quedó de el, y encontramos otro panorama.Un nuevo enfoque.
Al parecer las perdidas dolorosas, las amputaciones irreversibles, las agresiones que nuestra alma sufre un dia si y otro también, no siempre pueden achacarse a la suerte, al azaroso destino, o a las estrellas del firmamento. En la mayoria de los casos surgen de una interacción entre el medio y nosotros, entre el cuchillo ajeno y nuestra irresponsable proximidad, cuando no de una abierta y suicida provocación temeraria. De un baile agarrado, en el que la menor distracción conduce al dañino pisotón que cambia las expectativas del desenlace. Aprendizaje lo llaman.
En otras ocasiones se buscan culpables externos, y algunas veces se encuentran. Como los eunucos agitando las cajitas donde guardaban los restos momificados de aquello cuya ausencia les limito la posibilidad de haber tomado el otro sendero en la bifurcación. Imágenes terribles de “El último emperador” que nos hacen ver que, como las lagartijas, a veces los humanos somos sometidos a episodios crueles e irreparables que condicionan el resto de la vida.
Y sin embargo hay algo en ella, en la verde figura alejándose, perdiendose, a salvo, entre piedras y arbustos, que la hace todavía más humana que las atribuciones anteriores. Es lo más singular de su comportamiento, la capacidad de volver a regenerar su cola, la capacidad de volver a ser ella misma, o en todo caso lo más parecido que la naturaleza puede consentir. Este fenómeno, o su figurada repetición en el ser humano, es lo más grande, lo más poderoso, la característica más maravillosa con la que hemos sido dotados. La esperanza.
Es el afán. El afán que nos hace lamernos las heridas de aquellas partes perdidas, para igual que la lagartija, generar una nueva ilusión, una luz en el horizonte que nos guíe en la próxima intersección, en la que posiblemente volvamos a escoger el boleto sin premio; pero que nos va a seguir impulsando hacia delante, permitiéndonos, como a la lagartija, una nueva oportunidad.
Al fin y al cabo eso es realmente la vida, una o miles de oportunidades cada dia. Y que no nos falten, ya saben. Mientras haya esperanza, habrá vida. Y no al revés.
Es por tanto la esperanza en que nos vuelva a salir la cola perdida, la que nos hace mas animales, gente animal, y al hacernos gente nos hace personas, humanos.
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martes, 20 de enero de 2009

Lagartija ibérica, Sargantana ibérica (Podarcis hispanica)



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· Asignatura: Ecología
Curso: 3º Medio
· Procedimiento:
· Cazar la lagartija
· Colocarla en el terrario
· Cortar la cola
· Comenzar a medir el tiempo en que comienza el proceso de regeneración.
· Anotar las observaciones que ocurren en el proceso
· Fotografiar el proceso de regeneración

Ya saben como sigue el cuento. La lagartija sin cola.
En los libros de ciencias naturales, ahora ecología de 3º, dicen que es un medio defensivo, una automutilación, útil para huir de sus depredadores. Al parecer a estos los deja anonadados con el “truco” de separar las vértebras de la cola y dejar en el suelo el apéndice bailarín, mientras el animal amputado huye, más ligero de peso, y se pone a salvo.
Bueno, también dicen que la cola es su despensa portátil, donde guardan grasas y proteínas, para cuando llegan tiempos difíciles. Igualmente resulta imprescindible en el cortejo previo al apareamiento y no menos para mantener el equilibrio, aunque el último punto resulta insignificante frente a los dos anteriores.
Esto ya nos crea una cierta distorsión en la teoría de que pierden la cola con la alegría del que luego la regenera otra vez, y ya está. Una pequeña contradicción que, unida a la increíble afirmación de que los depredadores son estúpidos, por definición, y se quedan embobados contemplando el apéndice mientras su bocado se esfuma detrás del humo del mago, nos hace sospechar que a veces las cosas no son lo que aparentan a primera vista. (Desde luego, los depredadores humanos no son estúpidos. No señor).
Aceptamos como evidencia científica, si es que ambas cosas son compatibles, que las lagartijas, después de perder la cola son más ligeras y tienen una longitud ostensiblemente menor. Aceptamos que siguen vivitas, y no coleando, y que tiempo después la suplen con un apéndice parecido, que no igual, y que sacan de dios sabe donde, aunque también podemos aceptar que eso se llame regeneración celular y tal y tal.
En lo que no estamos tan de acuerdo es cuando los que saben, o pretenden saber, mas que nosotros, pretenden explicarnos “todas” las cosas fundamentando su causa, el por qué suceden, ilustrando al ignorante, y sobre todo, el para qué suceden. Que suele ser segun ellos, obviamente, para nuestro beneficio, es decir con la finalidad ultima de hacernos mejores y mas felices, como a la lagartija.
Y es que uno ha visto muchas lagartijas a lo largo de su corta vida, todas las vidas lo son, y puedo asegurar y aseguro, que la totalidad de las que estaban sin cola habían circulado en rotunda integridad cerca de mí, unos momentos antes. Con la suficiente cercanía como para que el niño juguetón hiciese gala del instinto de cazador que ejercita la vista y la mano con la rapidez suficiente para atrapar y capar, en el mejor de los casos, al pequeño reptil. Si creen que exagero, relean el material y método de la lección practica de ecología de 3º.
O sea que las dudas sobre las historietas que nos cuentan, salvo las del Capitán Trueno, son mas que fundadas. Y los desastres que nos asuelan, no suelen originarse en la codicia lujuriosa de un loco de las finanzas, ni en los movimientos telúricos, los choques de las placas abisales que hacen emerger a la superficie millones de viviendas, enviando a la miseria a pueblos enteros que, durante decenios no hicieron otra cosa, no supieron hacer, ni nadie los enseñó a hacer otra cosa, que levantar ciudades en medio del páramo (esto es, en parte, de Juan Rulfo).
Pueden acusarme de escéptico si así convienen, pero tampoco voy a creer en esas causas para el cataclismo, entre otras porque son menos divertidas que las inventadas para la lagartija ante su enemigo. Y si quieren buscar otras razones más razonables como puedan ser la crueldad innata del ser humano, o la incapacidad de los próceres para guardar nuestra cola a buen recaudo, y no solamente la suya, de los malandrines que con ella van a hacer una excelente sopa, podremos seguir en sintonía.
Llegados a este punto nos encontramos con el sendero que se bifurca, (ya saben de quien es el sendero, de J.L.B., y no es un whisky.), y nos vemos obligados a elegir entre la épica y la poesía que, en esta ocasión, no son compatibles. Ustedes mismos.

A) Versión épica. Con mis agradecimientos a Rubén Darío por echarme una mano.

Es una vieja historia sobre el lobo de Gubbia, el terrible lobo, al que el mínimo y dulce Francisco de Asís le dijo aquello de:

"En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado.
Es triste;
más el alma simple de la bestia es pura.”

-Y después de explicarle el por qué de las cosas y su finalidad…-

“El hermano lobo, el lobo fiero
quieto le seguía
como un can de casa o como un cordero.”

Pero hubo un cambio de ciclo en el mundo financiero de cuando entonces, las aguas de la naturaleza volvieron a su cauce, y el animalito tuvo que explicarle al hermano Francisco el otro por qué de las otras cosas.

“Como en sorda lucha habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
"Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaba la Envidia, la Saña y la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos;
vi. que no existía la paz en la tierra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes:
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusano.
Y así, me apalearon, me echaron fuera,
y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente,
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad.
Vete a tu convento, hermano Francisco,
y sigue el camino y tu santidad."
El santo de Asís no le dijo nada.
Y le miró con una profunda mirada.


B) Prosa poética.
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martes, 13 de enero de 2009

TRILOGIA SOCIAL III. B.- LA GAMBUSIA ATTINIS.

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La Gambusia, arriba, y su alimento favórito, las larvas del mosquito.

Fragmento de "Oda a la charca"




Aunque mis ojos
ya no puedan ver ese puro destello,
que me deslumbraba.
Aunque ya nada pueda devolver la hora
del esplendor en el fango,
de la gloria en la charca,
no hay que afligirse.
Porque la belleza
siempre perdura en el recuerdo.

William Wordsworth Inglaterra, 1770-1850

Tergiversados los poetas, nos vemos forzados a traducir correctamente algún pasaje, si queremos comprender sus almas dolientes.
La religión darwiniana es tajante al respecto de nuestros orígenes. Descendemos del mono. Si bien Darwin jamás dijo, escribió o insinuó tal cosa. Tan solo formuló una hipótesis sobre la supervivencia de las especies que evolucionaban favorablemente frente a los retos de la naturaleza. El resto pertenece a la fantasía universal, a la labor de zapa de los traductores traidores y al trabajo de otros naturalistas que han ido ubicando el origen de nuestra especie en el instante ese en el que ser vivo pasa del agua a la tierra, en el que se arrastra por el lodo, cuando la ameba antecesora se convierte en rana para luego evolucionar hasta donde todos sabemos.
Y ahí estábamos, felices en la charca, donde también existen el esplendor y la gloria, unidos a las habituales impertinencia provocadas por los cambios inevitables en el limo.
Pero nos desplazaremos cronológicamente a las fechas en se escribió el poema. Cuando en la charca vivían unos mosquitos con muy mala sangre, literalmente, que transmitían la malaria a media Europa, y no como ahora que solo la transmiten donde les dejan, y solo a los pobres, que lo son absolutamente.
Hace un siglo, mas o menos, un científico inteligente (casi todos lo son) observó que en determinadas zonas pantanosas, concretamente en el Golfo de Mejico y en el Delta del Mississippi, patria del blues, no existía la tasa de malaria esperada para tal nicho ecológico. Y se puso a cavilar. Descubrió la existencia de unos pececillos de tamaño isignificante, dotados de gran apetito y con una dieta centrada en las larvas acuáticas de los mosquitos. De ahí que el mosquito Anofeles, vector de la enfermedad, no crecía en esa zona, y por tanto no podía transmitirla. El investigador publicó su hallazgo y un colega español hizo el resto.
Hace un siglo, importó de América el pececillo en cuestión, al que debe su salud y supervivencia media España, la gambusia o gambusino. Y lo aclimató y reprodujo en Talayuela, para repartirla por las zonas endémicas del paludismo. Hasta doce centros antipalúdicos llegó a fundar. Descubrió el tifus recurrente español y recibió por este motivo el premio Laveran.
Se llamaba Sadi de Buen Lozano, inspector general de instituciones sanitarias. Y en esas estaba, sirviendo al gobierno de su país, cuando fue detenido y ejecutado en Córdoba, en septiembre de1936.
Azaña, en sus memorias, hace referencia a este crimen, y realiza la innecesaria aclaración de que quizás el hecho de no estar bautizado fuese razón suficiente como elemento de carga penal para su condena a muerte. Y es que se siguen buscando explicaciones para justificar , para manchar, para sembrar la sospecha sobre las victimas, sobre cualquier victima, como si el hecho de la injusticia absoluta no fuese algo real y cotidiano, y como si la victima no necesitase otra cosa que una justificación, aunque sea baladí, sobre el porque se hizo lo que se hizo.
Abundando en el despropósito, podría yo seguir contando que el padre de los tres hermanos De Buen, (los otros, encarcelados o exiliados) , los dotó de una gran formación humanista en la que estuvieron ausentes, y proscritas, las asistencias a las procesiones religiosas y a los desfiles militares. Quizás sigo en la línea acusadora exculpatoria de Azaña, pero mi intención es demostrar, otra vez, lo que está mas que demostrado. La intolerancia hasta el exterminio. Y es que hay especies realmente dañinas.

Del por que la gambusia attinis ha marcado mi infancia, feliz ambos en la charca, habría mucho que explicar. Además de la consiguiente ausencia de fiebres tercianas entre mis progenitores, y de lo que la sobreabundancia de esta especie supuso para el enriquecimiento dietetico de las gallinas, cuyos huevos aportaron la materia noble a las neuronas en desarrollo del que esto suscribe, inevitablemente, la competencia de este encantador bichito desplazó, y exterminó, todo hay que decirlo, a otras especies autóctonas, Cyprinodon iberus por ej., sin originar guerra alguna. Quizás debido a que los nacionalismos autonómicos no existían en aquella época.
La verdad es que resulta difícil mover algo, cambiar una cosa sin molestar a un tercero, pero aceptando algún que otro inevitable daño colateral, no puedo menos que gritar: ¡Loor a la gambusia!.
Y hay mas, mucho mas sin duda. Los baños en el agua calida de la charca (no confundan con charco, el masculino aquí es peyorativo) suponían la única ocasión de natural remojo durante el verano, además de añadir el placentero disfrute, la sensación de cosquilleo de decenas de gambusias en la piel, que en realidad intentaban llevarse un bocado, que luego los comerciantes han querido emular con las bañeras tipo jacuzzi, y que al final terminaba en un peeling, una limpieza cutanea, de lo mas saludable y economica.
Sin contar con las educativas discusiones entre compañeros de pupitre, sobre si aquella victima que caía en nuestras manos era realmente una gambusia o mas bien un renacuajo, la metamorfosis del que luego se habría convertido en rana. Realmente ambos son absolutamente indistinguibles, y el método diferenciador propuesto por algunos acuariofilos de ponerlos juntos en la pecera para comprobar cual se come a quien, (ya saben que la victima es, siempre, nuestro autentico antecesor, el anfibio) no me parece muy cristiano.
Recuerdo alguna de esas discusiones, con una niña de entonces, en las que ya se manifestaba la imposición de la fuerza del pequeño machito que era yo, y la condescendiente tolerancia del sexo débil !Ahora te sales con la tuya, pero después de las amonestaciones te vas a enterar! Digo yo que pensaría ella. Algo así como quien rie primero y quien rie ultimo. El renacuajo o la gambusia. Y ya se vió.
En fin, que son tantas las gracias recibidas por la gambusia que no puedo menos que terminar esta incursión en el terreno de la ética, sin dar gracias a la naturaleza que nos ha acompañado hasta aquí, y a la crisis que, de momento, ha distraído a los fanáticos del conservacionismo ultramontano con otros motivos de no menor fundamento. Seguro que la consideran especie invasora endémica e indeseable, a ella, a mi gambusita.
Y es que los fanatismos ….


P.D. Digo yo si mi adicción a las películas de submarinos no tendrán algo que ver con ello, con esta otra vida anterior. O quizás tendré que releer a Freud.
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domingo, 11 de enero de 2009

TRILOGÍA SOCIAL III-A. EL CARRICERIN CEJUDO


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Aunque, en anterior reseña, hemos tratado sobre el sexo de los ángeles, no está por demás el continuar con la metafora.

“Cuando la injusticia entra por la puerta, la razón salta por la ventana”
Proverbio

Hace bien poco, a pesar de que el frenesí de los ultimos meses pretendan relegarlo a un pasado lejano, unos amigos míos tuvieron la osada valentía (No toda osadía es valiente, la gran lanzada al moro muerto no lo es) de plantarse ante el sumo sanedrín, al que ahora llaman eurocámara, para denunciar un crimen contra la naturaleza, o al menos lo que ellos asi consideraban, el allanamiento y destrucción del primer nivel del bosque eterno, de la frontera virginal de la sierra madre, con fines urbanos, ya saben.
Los sacerdotes escucharon atentamente su denuncia, durante no menos de diez minutos, y la anotaron en la correspondiente tablilla que quedó depositada en uno de los montones de teradenuncias aceptadas por la justicia europeana y que luego serán usados como base real, no figurada, en la cimentación del nuevo edificio que el tribunal espera ansiosamente, desde hace decenas de años, para comenzar a funcionar.
Tan satisfechos como el estomago luego de degustar un aire esférico de perdiz con sus plumas sobre un lecho de tinte de tempura al nitroso, mis amigos salían meditabundos del recinto habitacional de 3x2, donde fueron atendidos, cuando un cortesano afín les fortaleció el espíritu a la vez que cumplió con su cometido de palmear los dorsos ajenos. Mas o menos, les vino a decir que, cualquier crimen contra los ciudadanos de la republica (interestelar, no me malinterpreten) o sus intereses, derechos humanos incluidos, no tiene otro valor que el agravante de su insistencia, de su carácter de iterativo, de su molesta repetición que hace distraer la atención del que escucha. Y por tanto aconsejoles orientar sus reclamaciones futuras, basándolas en el padrinazgo de alguna especie animal o vegetal en peligro de extinción, algún diminuto espécimen a punto de desaparecer, hacia los cuales se polarizan las simpatías actuales de los pueblos civilizados ,es decir ricos, es decir poderosos. Esta simbiosis defensiva de los debiles ante el peligro del peor de los enemigos, verbi gratia, depredadores urbanísticos que, por otra parte solo buscan el bien para sus semejantes, mas viviendas, mas descanso golfista para algunos, y de paso mas trabajo para otros que, al fin y al cabo, es la máxima riqueza a que puede un pueblo aspirar. Angelitos.
Y aunque la naturaleza, en este caso, no es sabia, fue confortado el pleito en esta ocasión por una actividad humana, usualmente hostil, como es la economía, quien tras una epoca de vertiginoso placer, como el de una tortuga mora (testudo graeca) al deslizarse por una inmensa duna, y quedar al fin del viaje con las patas hacia arriba, inmóvil e indefensa, rogando para que al menos llegase pronto la noche que aleja el punto de cocción del microondas solar sobre su blanco vientre, y de paso aplace el momento en que los chimangos carroñeros perciban el olor a muchas leguas de distancia, olor que, de momento no es otro que el de los emuntorios abiertos ante el pánico usual en tal trance (este trance suele ser singular, no da ocasión al plural trances).La querida economía ya digo, leer a Marx y otros es comprender, ayudó involuntariamente, a detener temporalmente, las aspas de los molinos que mis amigos confundieron con gigantes. No hay dinero, no hay urbanización, no hay destrucción. De momento.

Pero si hay enseñanzas.
La mayor es la primera. No hay justicia. No hay voluntad local ni supranacional de que la haya. Cuando el crimen no no se castiga porque es lejano, es porque es que ajeno. El caso es que, mientras tanto nos disfrazamos de seres civilizados y miramos para otro lado. Discutimos sobre el sexo de los ángeles, hablamos y miramos sobre otra cosa y esperamos que el tiempo pase a nuestro favor y le de vuelta a la tortuga. A veces resulta.
Pero mientras tanto... los niños españoles cuya sangre derramada lloraba Neruda eran los mismos de Irak que el nobel H.Pinter glosaba en nuestro anterior panfleto, los mismos que diez dias después del mismo corrieron la misma suerte en Gaza, los mismos que setenta años antes lo hicieron en medio mundo, y todo porque el otro medio fingio ignorarlo, nego tener conocimiento, “We dont know”. Como si la ignorancia eximiese el cumplimiento de la ley. Como si el crimen, dependiera exclusivamente de que creamos en el o en su inexistencia. Y es que este abarca mucho, muchísimo mas que el asesinato de inocentes lejanos, abarca desde el escupir en la calle hasta el dejar morir a los vecinos en una patera, pasando por defraudar , el escaquearse, el robar los impuestos de todos mediante contratos ilegales, dinero negro, economía sumergida o cualquier otro eufemismo para negar la evidencia de que nos estamos quedando con el dinero de los demás, que estamos dejando entrar la injusticia por la puerta y que, al igual que en cualquier sitio y epoca donde la violencia estalla, empezamos a mirar de reojo la ventana.
Bien es verdad que los deformativos, por asi llamarlos, de prensa y televisión nos hacen ver que el mundo es, todavía, habitable, y que en todo caso hay que buscar culpables en tercera persona, el o ellos-as, casi siempre de la otra cooperativa política(vulgo partido) de la otra cofradía o del otro equipo deportivo. Del sexo de los ángeles, ya digo, mientras vemos como la sociedad pudiente se va radicalizando, y la de menesterosos (de menester) aprieta los puños y traga la rabia. Esos son los primeros síntomas de que la justicia es un bien tan básico para el fundamento de la sociedad como tan frágil que puede hacerse añicos en nuestras narices. y su ausencia conducirnos a aquel sitio que cantaba Brecht cuando primero fueron a por los judios y no hicimos nada, luego….

Todo esto no es más que una estación desabrida, invernal, en el ciclo de la naturaleza. Afortunadamente existen los superhéroes, mas bien superbirds en este caso, como el Carricerin Cejudo, alias Acrocephalus paludicota, que vuela en nuestra ayuda.
Si les cuento que es un ave que cría en zonas de vegetación helofítica del Paleártico occidental, se que corro el riesgo de alejar a algunos de los escasos seguidores, santos ellos, que me quedan. Pero si les digo que esta minúscula avecilla, diminuto pajarillo, vuela todos los años entre los Urales y el sur del Sahara, con el único objetivo de que el mundo siga dando vueltas, que está, obviamente al limite de su supervivencia, y que una de las pocas escalas que realiza en su periplo la hace en nuestro pais, comprenderán que nosotros, también tenemos recorrido la mitad del camino. La esperanza está aquí... Tenemos el arma definitiva.
Y ya existe un programa de protección específico. Incluso se están recuperando lagunas desecadas por perforaciones ilegales, pozos piratas que no han conseguido cambiar el destino de los agricultores pero si, casi si, el del carricerin. Se están habilitando y repoblando sus habitats, sus espacios vitales, sus áreas de servicio para un viaje de seis mil kilómetros, para los que este vulnerable pajarillo solo necesita que la naturaleza siga su curso, que el mundo siga dando vueltas. Y aunque solo fuese porque su paso por nuestra tierra en otoño y primavera signifique que el sol sigue brillando, habria que primar su su existencia por encima de todos los disparates que los gobernantes del mundo guardan en su cartera con la etiqueta de soluciones, aunque solo sea por eso, su presencia justificaria cualquier esfuerzo imaginable en su protección..
Si además consideramos que, por primera vez, esta iniciativa es nuestra; no es impuesta ni subvencionada por ningún Mr Marshall foráneo al que pretendamos seguir ordeñando con el secular “Dame argo señoriíto”, puede ser el comienzo de una gran amistad, con la naturaleza, con nosotros mismos y con nuestro héroe el carricerin cejudo.
Y la segunda, y la más importante de las enseñanzas es la segunda. Se llaman gambusinos, en plural, y justifica un capitulo aparte.
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