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martes, 28 de abril de 2015

ADIVINA EL PERSONAJE.- ( hoy más fáciles)











Personajes del anterior:

- Andy Devine
- Paul Muni
- Stalin
- Frank Lloyd Wright
- Dylan y Joan Baez
- Dolly Parton
- Sue Lyon 
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viernes, 24 de abril de 2015

EL INTERMINABLE GERUNDIO DE LA VIUDA EN PRIMAVERA.-




Y sin embargo, es primavera.-

 
            Ya me conozco, y en lo primero que voy a discrepar es sobre el nombre castellano de la primavera, demasiado largo, cuatro silabas y un final que te deja con la boca abierta, difícil de coordinar una continuación elegante para frase alguna. No me invento nada, las otras tres estaciones  se bastan con tres silabas, y terminan en o, que ya es otra cosa.
Si nos fijamos en los vecinos: printemps, spring, fruhling … hasta en portugués lo llaman mola, y no quisiera entrar en el facil jueguecito de palabras (realmente mola), ni mucho menos centrar los problemas del país en la necesidad imperiosa de cambiar de nombre a la primavera. Aunque espero que la idea sea usada por políticos y propagandistas a su servicio, para distraer al personal con estupideces como esa. Otras más gordas han usado, y lo siguen haciendo. Y además es del gerundio de lo quiero hablar.

Cela ya explicó de forma harto comprensible y didáctica, la diferencia entre el pasado y el gerundio, y no puedo mejorarlo, por lo que no voy a insistir, solo morderme las uñas cada vez que veo el titular tendencioso, el discurso imperial, que habla en pasado de todas las desgracias, de todos los males actuales, anulando un gerundio actual e infinito, que es el autentico. Tampoco voy a poner ejemplos, por doquier nos asuelan con sus bodoques envenenados.
Es el uso que los artistas de la pluma, los buenos, hacen del tiempo, del pasado y del presente, del deja vu, y de la premonición constante, lo que me maravilla, lo que me hace descubrirme antes los numerosos genios que en el mundo han sido.

Por eso cuando leo, atribuida a Umbral, la descripción alegórica, la metáfora perfecta sobre nuestra identidad, tomo consciencia de el esfuerzo perdido, del sufrimiento gratuito, regalado al intento de comprender el origen de nuestros males y las consecuencias de golpear una y otra vez la cabeza contra el muro, la piedrecita del Sísifo absurdo que todos llevamos dentro, ya sabéis.
Dice Umbral, o quizás sea apócrifo, que España es una viuda de derechas. Tremenda y certera definición. Quizás considerada machista en los tiempos que corren – en gerundio siempre- quizás adaptada a un público culto, o al menos alejado de las témporas religiosas, presentes en periodo electoral, cuando el significado de las palabras no es tanto el de su origen como el del deseo de sus destinatarios, feligreses del equipo al que se encuentran adheridos sentimentalmente, y ausentes de los intereses colectivos que, a la larga, se superponen a los propios, al menos si la presbicia no te ha llegado hasta el alma.

Disculpemos el femenino, porque al fin y al cabo así es el género propio del nombre de nuestro país, y cambiemos el adjetivo “de derechas” por el de conservador, que supone una mayor precisión a la hora de la comparación, por muy poética que esta sea. Los viudos y las viudas son conservadores, y lo son por su instinto de supervivencia y el de la familia, o los restos, que tienen bajo su responsabilidad. Adjetivo pertinente el de conservador, sea para el padre de familia o para las patrias en general. Si bien implica la renuncia al libre albedrio por la totalidad de los familiares subalternos, o de los súbditos o ciudadanos, en caso de que los hubiera de esta última condición. Ahí ya tendríamos un abismo terrorífico que priva a las personas de su condición humana, anulando su libertad para decidir, para elegir su camino, y utópicamente, el de los demás.

Otro tema sería el considerar la politización de la metáfora, con la cual discrepo absolutamente. Ya el termino derechas e izquierdas resulta tan obsoleto como lo es el de los sabores primarios en la gastronomía. No puedo ni imaginar un plato salado, unicamente salado, a pesar de haberlo sufrido en no pocas ocasiones, o un plato dulce nada más, o estrictamente amargo. No es así al arte de la cocina, y todos lo sabemos, sin necesidad de erudición gastronómica o de cocinar la mitad de bien que la tía Eduvigis, lo sabemos tan solo por el hecho consuetudinario de comer todos los días, y tener el juicio innato de calificar lo que nos parece rico y lo que no.

Por eso el arco iris del pensamiento político, y también del sentimiento, siempre que no se rompa el equilibrio entre ambos, es tan amplio como el de los colores de la luz a través del prisma, los de la luz del sol al pasar por el agua en esos momentos mágicos entre el antes y el después de la lluvia, en ese gerundio fugaz.
Esa amplitud es su esencia, la gama infinita de tonalidades no puede degradarse hasta limitarse a un par de ellas, a conservadores y liberales, y a convertirlo en un juego infantil, alejado de la madurez intelectual donde la mirada se ha expandido por encima del color inicialmente favorito y la contemplación del espectro humano completo, hará continuar inevitablemente el gerundio a la vez que vivamos el presente, fundamental tiempo verbal, aprovechándolo para mejorar el mañana.

Todo esto era, claro está, antes de que se hiciese la luz, antes de descubrir a esta viuda de derechas que lleva siglos oponiéndose  ferozmente a cualquier tipo de cambio en la gestión domestica, incluyendo en ella inmutables e intocables principios arcaicos, como puedan ser la incapacidad de sus hijas a tomar decisión alguna hasta convertirse en viudas (de derechas), el “no se os puede dejar solos” del anterior caudillo, el desprecio hacia la voluntad de las masas ( la rebelión, de Ortega) o la condena inevitable sobre la funesta manía de pensar. Sin despreciar otra media docena de tópicos sobre los que ha construido su inexpugnable fortín, la fe de nuestros mayores, los nacionalismos indiscriminados que periódicamente crecen como las setas tras el arco iris, con la particularidad de que suelen ser todos venenosos cuando no indigestos, y sobre todo, el vade retro a toda influencia que pueda llegar de viudas vecinas que, a saber como han conseguido esas su patrimonio, de donde sacan pa tanto como destacan.
 Así llevamos desde finales del dieciocho, y es bueno reconocerlo, tener la sensatez de asumirlo y de contemplar los resultados de estos amagos democráticos como lo que son,la confirmación de que esta buena señora va a mantener la dirección de la manada mientras conserve la llave de la despensa, la siga conservando, en gerundio, y disponga en ella de suficiente cebada.

Ya dijo Marx, el socialista, que los cambios solo son posible cuando el hambre colectiva llega al paroxismo, o algo parecido. El autentico invento del mundo actual, el nuestro occidental y europeo, el otro es ficticio, es el regular adecuadamente el suministro para mantener el hambre, de consumo, evitando que llegue a limites insoportables y peligrosos para el sistema. De momento con un par de juguetes al año, el selfie y el hastag, el smartphone y el twiter, parece que se conforman los niños, y lo otro lo del hambre real, entre las fundaciones benéficas, maravillas de la caridad de las viudas españolas, y la masiva exportación de pobres de solemnidad a mendigar a otra parte, cuando no a sus países de origen, mantiene el equilibrio. Si es necesario se establece un operativo más drástico, el dejar morir ahogados a millares de candidatos al disfrute de la pobreza nacional.

Todo perfectamente controlado, en apariencia. Pero algunos comienzan a observar que los vestidos de la viuda llevan ya varias vueltas, el abrigo comenzó años ha, a perder pelo,  nunca desmentida la sospecha sobre su origen real, ni visón ni marta cibelina, pobres bichos, y conservando la despensa tan solo el olor de de los manjares que antaño atesorase. Ello va a obligar a prevenir filtraciones indeseadas, observadores indiscretos, y sobre todo correveidiles que echen a perder la sacrosanta imagen de la patria, puesto que ese es otro heterónimo, de la buena señora.
Vuelta a los tiempos de silencio (del Goyti, o de su hermano, premio Cervantes, para callarlo, igual que hicieron con Miguel de Molina, perdón, Muñoz Molina, que también), y a legislar prohibiciones varias sobre elementos peligrosos o indeseables, casi todos los que piden a la buena mujer que cambie de peluquera (laca y voluminador extra), de pendientes (de perla), y de bolso, y se pase por el mercado de abastos y por la cola del paro (la de los que realmente buscan trabajo), para enseñar a sus hijas otro tipo de vida diferente a la del siglo dieciséis el del oro que, además, este metal ha desaparecido de los hogares tras venderlo apresuradamente, unas veces para comprar armas,  otras para comprar comida.

Y menos mal que es primavera, que continua siendo primavera en gerundio, y ha llovido algo,  aunque nunca a gusto de todos y aquí, siempre, poco.


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domingo, 19 de abril de 2015

AHORA VA EN SERIO, AL PARECER.




El arca rusa.-
Alexandr Sokurov    2002

Un solo plano secuencia de 90 minutos, grabación digital en alta definición, rodada en un solo día -la cuarta toma fue definitiva- en el Palacio de Invierno de San Petersburgo.
La escena del baile es de hecho la reconstrucción del último guateque del imperio ruso, en 1913.
La idea central es idéntica a la impresión que los artistas, y el pueblo ruso en general, alumbraron al finalizar el régimen estalinista y descubrir las maravillas que el arte de su país había producido y resguardado en el museo ruso de San Petersburgo. El deslumbramiento  ante las maravillas que ese arca había mantenido a salvo, a flote de las catástrofes de una historia que, podemos reconstruir parcial y brillantemente a través de su extensísima colección.

Y ha servido una pequeña muestra, probablemente la milésima parte de ella, la que ha aterrizado en el Museo Ruso de Málaga, para permitirnos descubrir esa parte de la pintura, del arte universal que solo conocíamos directamente, por media docena de nombres propios pertenecientes a la época en que el arte pictórico se hizo realmente popular y universal, hace poco más de un siglo, debido a las técnicas de reproducción masiva y a la eclosión de corrientes artísticas, el impresionismo y la abstracción, que cambiaron nuestra forma de ver, juzgar, y disfrutar la pintura.
Por eso la visita a la galería malagueña ha supuesto forzosamente la reedición del deslumbramiento que Sokurov hace sufrir a su protagonista francés en la fantasmagórica visita al palacio de invierno, el descubrimiento para un lego en arte ruso, un servidor, para quien los iconos o los huevos Fabergé (estos afortunadamente no salen en la versión española, la de la fábrica de tabacos andaluza) no pasaban de ser una trampa para ingenuos consumidores de imitaciones, de copias falsas de originales que, quizás nunca existieron.

Ahora me descubro ante el primer icono, ante el segundo y el octavo, imagino a Andrei Rubliev – la película soviética, de Tarkovsky,  quien no se arredra ante los ivanes de Eisenstein, aprendo que Ivan Grozni no quiere decir Ivan El Terrible sino “El Cruel”,  medito sobre la diferencia de sentido de la traducción, y recuerdo el documental en que Sokurov homenajea a Tarkovski,  quizás el mejor  panegírico que hayan hecho a un cineasta, y salto la edad oscura, el medioevo, hasta encontrarme con los ecos del renacimiento europeo en los pintores rusos, su evolución de la corte hacia el realismo y el naturalismo campesino, sus intemporales frescos de la imaginación, de la cultura rusa, sus cuadros descritos por Bilibin, por Pushkin o por Chejov y que los pintores han reflejado minuciosamente en los lienzos, las escenas familiares y rituales de la sociedad campesina, los espectaculares vestuarios boyardos, exóticos  para nosotros, ropajes del pueblo ruso a lo largo de cien, doscientos años.

Y tras cada pintura dos historias, la oficial que nos explica el guía portátil, y la que el espectador descubre en los pequeños detalles, en los fondos que enriquecen al personaje. Porque es una pintura de personajes, retratos de primerísimo nivel artístico, y de paisajes que inevitablemente se convierten en retratos del alma, en estados de animo que el pintor no quiere dejar escapar.
Una visita cuyos efectos, espero, me durarán una larga temporada. 

Constato curiosidades accesorias que no lo son, más bien evidencias de cambios inevitables y supongo que venturosos.
La colección permanente, la que visité dejando a los contemporáneos de Diaghilev para otro dia, no es tal. Es permanente solo trescientos y pico días, para regresar después a la casa madre, al arca rusa, y ser renovada con otras tantas obras, una vez al año, dando forma a un museo vivo, al que resultará imprescindible volver de vez en cuando.
La segunda cuestión que plantea esta nueva modalidad de museo absolutamente privado y comercial, gestionado por la misma sociedad que también lo hace con el Pompidou malagueño, del que hablaremos otro día, es la de plantear la dicotomía entre la cultura oficial, subvencionada, y la del libre mercado, el negocio de quienes se arriesgan a alquilar parte de sus joyas al estado ruso y exhibirlas allí donde haya espectadores, y dinero, deseosos de disfrutarlas. No voy a entrar en disquisiciones morales o metafísicas, para las que me reconozco escasamente dotado, pero si desear que el tiempo sea benévolo y fructífero con estos innovadores, y nos permitan disfrutar durante muchos años de un museo de verdad en Málaga, por fin.

Conste que me reservo el aspecto negativo de la visita, la frustración ante la respuesta a mi pregunta sobre la ubicación de la sala de proyección donde estaba anunciada “Ojos negros” de Nikita Mikhalkov 1987, a las 18h.


-Eso fue ayer- me responden. Y aprendo otra cosa nueva , que el hoy en una búsqueda de internet, no tiene forzosa ubicación en  el día actual, sino solamente en aquel cuando la página fue elaborada. No deja uno de enriquecer su conocimiento, experiencia y tropezónes mediante.
Y ya que he mencionado a la santísima trinidad del cine ruso contemporáneo, Sokurov, Tarkovsky y Mikhalkov, me veo obligado a mencionar otros apellidos que inevitable debo incorpora a mi santoral, gracias al museo ruso: Malevich, Briulov, Vorobiov, Venetsianov, Aivazovski, Makovski, Golovin, Tatlin, y así hasta el infinito.









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martes, 14 de abril de 2015

PESADILLA FICTICIA, PARA DISTRAEROS DE LAS OTRAS.-


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viernes, 10 de abril de 2015

JAIME GIL DE BIEDMA EN EL MANUAL DE USO CULTURAL.-



Burguesíto en rebeldía” 

 


 “Llega el amanecer, con su color de abrigo de entretiempo y liga de mujer”

El ángel caído, el malditismo, la bohemia, la transgresión como modus vivendi, los excesos y el final trágico, son condiciones que suelen justificar el paso al olimpo literario de los poetas. Si además mueren jóvenes y por causas alejadas de la natural, la edad provecta, ya suelen figurar entre los genios. Si bien , además de lo anterior, imprescindible para el eco mediático, suele ser necesario un nivel de calidad excepcional que los haga merecedores del Parnaso.

La poesía como género, y en su aspecto tradicional, la rima y la métrica al servicio del espíritu culto y sensible que embellece aquello que ve o que siente,  Así fue, así ha sido hasta mediados del siglo pasado, cuando la poesía social, y la inevitable ruptura de los patrones tradicionales, alumbran  corrientes que no han cesado y de las que el inefable Gil de Biedma es epígono destacado.

Resulta difícil encontrar a algún autor, quizás Rulfo, que con una obra tan breve haya merecido tantos estudios monográficos, tantas entrevistas documentadas, y la unanimidad de la critica sobre el personaje excepcional que marca el inevitable antes y el después en la poesía, al menos en la española del siglo XX, el que existe entre la retórica del endecasílabo y la prosa poética, esa linea invisible que ahora tiene otro nombre propio, Jaime Gil de Biedma.

Define como sujetos de su obra al paso del tiempo y a su yo personal, y aunque este sea el envoltorio, la etiqueta de muchos de sus poemas, entiendes que miente con la mentira del poeta, la del que usa esa pantalla para proyectarnos su visión del cosmos, su inquietud por lo social, que el negaba expresamente, excluyéndose de la generación de los cincuenta, a pesar de estar inevitablemente influenciado por Cernuda, Rosales, o sus coetáneos Panero, Brines, o Claudio Rodríguez,  y su innegable pertenencia al grupo de Barcelona  (Barral,  Goytisolo), si bien su actitud hedonista en lo personal y transgresora en lo literario, dificultan su inclusión en  cualquier corriente. Su marcha trágica, a la manera de grandes predecesores, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Wilde o Poe, supuso un revulsivo, para el adormecido panorama de la poesía española,  que el tiempo se ha encargado de magnificar. 

Estilo centrado en la ironía, cuando no en el sarcasmo, y mediante la actitud propia del “burguesíto en rebeldía” como el se autodenomina,  ruptura de lo políticamente correcto, e implacable fagocitosis de autores clásicos, desde Fray Luis de León, hasta T.S. Eliot, pasando por Espronceda o Auden si es menester, a los que parodia consiguiendo efectos ciertamente brillantes, a la par que divertidos.
Poseedor de una cultura literaria excepcional, y dotado ciertamente del don de “escribir hablando” (Blas de Otero), se limitó a transcribir su “ dulce vaguedad del sentimiento” (Espronceda) despreciando a veces la versificación tradicional, “los renglones contados” (J.G.B.), legándonos un puñado de poemas digno de figurar en cualquier antología hispana. La parquedad de su obra queda compensada por la locuacidad que aflora en sus entrevistas, donde vuelve a deslumbrar la concisa precisión y la sonoridad de su palabra, de sus versos hechos prosa. Tan solo en las grabaciones de sus poemas podemos escucharlo con un impostado énfasis declamatorio, afortunadamente ausente en sus escritos. 

Su falso resentimiento “contra la case en que nací”, “nací (perdonadme) en la edad de la pérgola y el tenis” queda en evidencia sobre su mirada inmisericorde sobre el pueblo desfavorecido, “intratable pueblo de cabreros” con los que identifica a los vencedores de la guerra civil, pobres inmigrantes en la Cataluña de los 50 y 60, “cadáveres desenterrados vivos,” murcianos o charnegos", “que aun sonríen, como ventanas rotas”, donde encuentra chaperos y motivos para reconsiderar su actitud vital.
Leyendo sus versos, no necesariamente como tales, nos damos cuenta de que había un intelectual, incluso un moralista, dentro de su personaje de escritor ocasional: 

“Porque le apremia el tiempo, y en el amor -el lo sabe- aunque no tiene aun que dar dinero, tiene ya que dar inteligencia”.

                                 

Podia haber sido incluido dentro del grupo de los 27, nada que ver con la generación, más bien con aquellos genios arrastrados por el torbellino de sus excesos, y me estoy refiriendo a Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison, y es que, como ellos, su nombre también comienza con J.
Los sobrevivió veinte años, y fue otra ola la que le arrastró, la misma que a Freddie Mercury, Rudolf Nureyev, Isaac Asimov, Rock Hudson…  justo momentos antes de que la ciencia encontrase el elixir, el antídoto que siempre han perseguido los poetas, el de la vida eterna en la tierra, aunque solo sea únicamente un puñado de años más que permitan festonear una obra redonda.

Leerlo es un placer.

P.D.-
Ouka Lele y Esperanza Aguirre son sobrinas suyas, de donde deduzco que esto del arte es hereditario y, por supuesto, las grandes fortunas también.



martes, 7 de abril de 2015

STRANGE FRUIT

Billie Holiday


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