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sábado, 21 de noviembre de 2009

A VECES NO QUEDA MAS REMEDIO.-


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A veces no queda más remedio que bajar de la columna, la otra, la del estilita, y pegar un par de voces para que escuche la admonición quien debe y no solo aquel que comparte contigo el pensamiento de las estrellas y la atenta escucha de las palabras que susurra el desierto. Vamos que no queda mas remedio que bajar del Limbo, residencia habitual como habréis notado, y haciéndome eco de la indignación que me enerva, glosar una noticia reciente. Lo que siempre es una ordinariez, y que en esta ocasión además me ha destrozado el porvenir, por cierto.
Se trata del Alakrana, claro está, del secuestro pirata y su posterior y heroica liberación. Aunque como esta última, ha sido y será excesivamente aireada por los medios al servicio de la propaganda oficial, no vamos a perder nuestro tiempo con ello.

Tampoco recordar la génesis, la motivación última de Lepanto, que no fue otra que liberar al Mediterráneo, hasta la fecha por lo menos, de los piratas berberiscos que hacían la vida, es decir el comercio, imposible a los países ribereños del lado bueno. Viene en los libros de Historia y en cuanto alguien descubra que quien dirigió la flota vencedora fue una monjita española que estaba harta de que su orden dedicase todo los novicios/as al intercambio por prisioneros en manos infieles, para fines nefandos. En cuanto alguien lo escriba en un bestseller, ya veréis como no es necesario recordarlo.

Lo que hoy importa es desvelar el fraude, la trampa que nos ha vuelto a colocar Joseph Goebbels II. El tremendo montaje artístico- mediático que, entreteniendo al personal con un hecho ficticio, con algo que nunca existió (1), ha conseguido absolutamente su fin, que no es otro como pueden suponer que denigrar, humillar y marginar a su próximo y peligrosísimo rival en la urnas. Que no es otro que el partido….Pirata.
Partido que después de haber conseguido representantes en la ultimas europeas, amenaza con infiltrarse masivamente en un segmento del electorado al que: a) Le parece simpática la idea de no pagar por lo que es de todos y b) Si ha de ser esquilmado prefiere serlo por el buen ladrón, por San Dimas, por aquel que ha elegido para ello, y no por otros que le prometen lo contrario.

Ahora piensen ustedes con que cara me presento yo, un suponer, como candidato pirata a las próximas elecciones. Después del irreparable e intencionado deterioro en la imagen, en la figura que hasta hace unos días, sugería la palabra amada, pirata.
Han usado, por decirlo en un lenguaje agrícola, que dentro de nada será una lengua muerta como el sánscrito o el utópico esperanto, un herbicida de preemergencia, que es aquel que se vierte en el suelo, de la madre patria, para impedir que germinen las semillas generadoras de nuevos brotes, de nuevas y fértiles formaciones, tan necesarias para la escena política.
Reconociendo su mérito al rival, el gran triunfo obtenido y el valor de hacerse pasar por perdedores, por ineficaces gobernantes que no dan una a derechas -normal por otra parte- cuando en el fondo han conseguido sus pretensiones. Haciendo de la necesidad virtud, con la inestimable colaboración de esos freaks, monstruos que solo tienen medio cuerpo, de cintura para arriba, que dominan las pantallas a la hora de las noticias. Sin olvidar la prescindible actuación del cuerpo diplomático, alias “El Cuerpo”, y del servicio de inteligencia, magín o mollera según el DRAE.

Si se fijan un poco verán que, afortunadamente, quedan instituciones, con la suficiente dignidad para negarse a participar en la pantomima. Por no olvidar las más importantes y queridas del país, Las del Real Madrid CF y el FC Barcelona, que con su silencio durante todo este tiempo de ignominia, no han hecho otra cosa que condenar tácitamente la evidente maniobra yuguladora del partido del futuro hasta hace unos días, del partido pirata, ya digo.
Yo comencé a sospecharlo cuando los diarios deportivos, los únicos que no mienten, y por tanto los únicos que leo, han denunciado la situación ninguneando – palabra bonita, bonita palabra- la noticia. Y pude confirmarlo al apreciar la broma, el chiste que Hitchcock mete en todas sus películas y que nuestro cinéfilo ministro de la cosa no ha podido reprimir. Se trata en esta ocasión del nombre del barco, del nombrecito, absolutamente imposible para ningún pesquero de por aquí.
Todos, rigurosamente todos comienzan su nombre por Mari, como las novias las hijas o las madres. Compruébenlo ustedes en cualquier puerto. Y si además consultan expertos en el tema, en la tasca de la cofradía local, serán informados de que nadie en su sano juicio pone a un barco un nombre de suegra, Alakrana.

Yo acuso. Je Accuse , como mi tocayo Zola.
Son cosas que todo el mundo piensa pero que nadie se atreve a denunciar.
Afortunadamente, llevo dos días sin tomar la medicina y no hay quien me pare.
O quizás sea un efecto adverso leve, y espero que reversible de la vacuna contra la gripe A.
Juzguen ustedes, juzgad vosotros, porque me temo que a los actores que pillaron en el esquife (otro palabro de risa) el proceso les va a resultar bastante dulce. Y a los que acaban de arruinar mi brillante futuro político, ni les cuento.

Y es denuncia que hago ante ustedes en Mongo, a tanto de tanto de ni se sabe.


(1).- Busquen entre familiares y conocidos si alguno ha estado en Somalia, comprobaran que no. Y es que NO EXISTE. Como no existen los niños, millones, que han muerto de hambre, y que siguen muriendo mientras aquí jugamos al tu mas y dedicamos nuestro mayor esfuerzo intelectual a decidirnos por una de las dos, si la WII o si la Playstation.
Y (2).- La literatura infantil tiene un lugar preciso en una edad determinada, como todo en esta vida. Dejemos los “malos” para esas historias, y preocupémonos por los “buenos” que nos rodean, en un mundo de adultos.
Igual comienza a irnos mejor.
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lunes, 16 de noviembre de 2009

ATAVISMOS INCONCLUSOS.-


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Van Morrison, cosecha del 87, Poetic Champion Compose.

Bebida. Más quisiera yo.
Dicen los hijos de Juan Benet que, un vaso de güisqui cada tres páginas. Una botella, un capitulo. Tampoco es eso.

Un pequeño chorro de agua fresca, un torrente de voces continuas, femeninas, coros que sirven como acordes, en continuo fluir entre la armónica, la “Fado Portuguez” de Hohner, cuarenta voces, -que no encuentro en el bolsillo trasero¨, perdida en el recuerdo-, en dialogo con el saxo, presumo tocado por el dueño de la melodía y de la voz prodigiosa, en ritmo de blues lento, de balada interminable.
Una bendición para mis endorfinas, las criaturitas.

Tengo sueños en los que gente acogedora me invita a comer, en su hogar, comida sencilla y sin duda apetecible, y observo que alguien me observa de reojo. Que uno de los anfitriones no puede ocultar su desagrado, su sospecha, o su afirmación de que no merezco esas atenciones, mientras los demás, amables comparten su tiempo conmigo, como si fuese parte indiscutible de la familia.

Y detrás del confort, de la confirmación de que no puedo quejarme del trato que la vida me presta, al menos hasta el momento, la sospecha, la duda, la mirada sombría de quien no puede, o no debe, decir con palabras lo que siente, lo que sabe, y que yo ignoro.

A veces pienso que no es otra cosa que el gesto habitual de un enajenado, de los que responden con una mueca sistemática a todo lo pasa ante su mirada. Otras que no es otra cosa que el reflejo de unas intenciones, posiblemente injustificadas, sobre el interés que le despierta mi persona y que, no me presagia nada bueno.

Las mas, me queda, después de pasar la servilleta bajo el bigote, y dar las gracias por algo que considero gratuito, inmerecido y prueba, exclusivamente, de la generosidad de quien la posee, esa virtud, me queda la sensación, como al protagonista de Bergman, al anciano de Fresas salvajes, de que tengo que pedir perdón a alguien si quiero pasar la prueba, sin saber por qué, ni a quien pedirlo. Y que la etapa no termina hasta que uno no realiza correctamente la ceremonia debida, dar las gracias y pedir perdón.

Quizás sea culpa de las películas. No puede ser bueno ver tantas buenas películas, sin que uno no se contagie de la irracionalidad, de la poesía, de la sabiduría de alguno de sus personajes.
Pero tampoco la explicación me acaba de convencer, no completamente.

Incluso los clásicos, ellos más que nadie, tienden a seguir el desarrollo tradicional del drama, presentación, nudo y desenlace, con tiempos idénticos y con final perfecto, con el cierre del circulo en la apoteosis de la historia, sin que tengan que recurrir jamás a un epilogo aclaratorio, ni mucho menos a una posdata que vuelva a abrir, a dejar inconcluso el hilo inicial, como es mi caso.

Porque yo tengo el hilo en mis manos, el hilo de Ariadna, lo he encontrado en el laberinto, que no es poco. Pero como estoy dentro de él, tengo un hilo entero, no un cabo, con dos extremos que no me indican cual de los dos caminos, incompatibles, debo seguir.

Y así es el sueño, la duda. Y no es la del abuelo que, sospechando que la sangre de su sangre puede que no sea tal, la manda al carajo, a la duda, y es feliz viendo al nieto tropezar una y otra vez, sabiendo que va a levantarse, y que lo seguirá haciendo cuando el tiempo, afortunado, haya cambiado los papeles entre ellos.
La duda es eterna, como supongo viene siendo desde el inicio de los tiempos, la culpa.
Afortunadamente uno sabe que no está solo entre los enfermos con esta patología milenaria.
Sabe que desciende de Caín, y que aunque Abel se las hizo pardas, tiene que cargar con el mochuelo en el hombro por los siglos de los siglos, y que, aunque temporalmente pueda descargarlo, -con la confesión mijito, gran invento-, no hay manera de evitar que vuelva al atardecer, cuando la luz se apaga, y escuchar otra vez el inevitable aleteo, la presión de las garras cerca del cuello y el olor, familiar, de las aves nocturnas.

Quizás los urbanitas, los que vieron su primera vaca a los diez años, los que creen todavía que las palomas son pájaros, o los que nunca han cogido una serpiente con sus manos, no entiendan lo que estoy contando. Quizás ellos tengan otros fantasmas que yo jamás llegaré a conocer y que son la sombra del mismo dolor, de la misma culpa, de la misma duda.

Cuando uno lee a aquellos que lo escribieron antes, y que lo hicieron para siempre, - no todo va a ser cinefilia- comprueba que no hay nada nuevo, nada extraño bajo la cama. Que solo queda adornarlo, al dolor, ponerle un lazo de colores, para hacerlo llevadero, y aprender a pasar página, a asimilar las enseñanzas del capítulo anterior, pasado, e iniciar uno nuevo, donde las dudas y las culpas volverán a estar presentes, y volverán a estar compartidas, asumidas, no superadas porque ello es privativo de dioses, ya que, hasta los semidioses tenían que soportarlas.

Y, de momento, me atrevería a decir que afortunadamente, esa mirada torva, esa sombra justiciera, no es otra cosa que la sal de la vida; y como tal, absolutamente necesaria para motivarme cada jornada en la búsqueda de una solución al enigma, a lo largo de la noche que tengo por delante.

Sucede que acabo de terminar la copa de Morrison. “The mistery”, donde vuelven las voces de las sirenas que llamaban a Ulises, para que no volviese a Ítaca, acompañadas ahora por las cuerdas, los violines que sabiamente dosificados siguen siendo insustituibles a la hora de aflorar sentimientos, y las frases entrecortadas y esporádicas del que nació con un instrumento de viento en las cuerdas vocales, voz con timbre de saxo tenor, que intercala con el soprano que cuelga del cuello.

Entiendo palabras sueltas con las que compongo la letra que quiero, o puedo: cielo, día, dar vueltas, corazón, ahora. Y la guitarra coge la melodía durante unos segundos hasta devolverla a su dueño. Verdad, sueños, dar vueltas, día, a través, cielo, otra vez, libres.

Una bendición para mis endorfinas, las criaturitas.
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miércoles, 11 de noviembre de 2009

BIENAVENTURANZAS DE LA 9ª A LA 24ª. Y ME QUEDO CORTO.-


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Bienaventurados los que hacen del respeto a los demás su modo de vida. Sin duda ellos esperan ser respetados. (Y la esperanza…).

Bienaventurados los que creen que hay instituciones fuera de toda sospecha, y libres de toda crítica, porque son hombres de mucha fe.

Bienaventurados los que desconocen que una depresión económica no se mide por su intensidad sino por su duración, porque ellos están bien desinformados.

Bienaventurados los que esperan que los causantes de sus males sean quienes los alivien, porque realmente necesitan una buenaventura...

Bienaventurados los que convierten sus derrotas cotidianas en triunfos de “su” equipo, porque así cualquiera.

Bienaventurados los que creen que detrás de cada nombre propio, detrás de cada hombre público, existe una persona, porque para esos, ellos son solo eso, unos bienaventurados.

Bienaventurados los que se andan por las ramas, lapidando a famosillos perecederos y olvidándose del tronco, de los pilares del mal, porque al estar ofuscados, ciertamente no tienen culpa de su error. (Fusca: Maleza, Hojarasca).

Bienaventurados los que saben nadar, no saben la envidia que me dan.

Bienaventurados los que tienen salud, dinero y amor, porque el que tiene esas tres cosas luego tendrá solo dos. (Si acaso).

Bienaventurados los que piensan, siempre y cuando no se lo cuenten a nadie.

Bienaventurados los que sabiendo leer, no practican, porque ellos son sabios en verdad.

Bienaventurados los que tienen las ideas muy claras, porque así sus neuronas están descansadas.

Bienaventurados los que esperando que el predicador les de el trigo que necesitan, descuidan la alacena, porque ellos aprenderán gramática parda.

Bienaventurados los cadáveres exquisitos, porque ellos beberán el vino nuevo. (Según los surrealistas, yo realmente siempre he dudado de ello).

Bienaventurados siempre los otros. En tercera persona, como si tu, ustedes, vosotros o yo, no tuviésemos derecho, al menos, a las buenas intenciones del destino.

Bienaventurados, por tanto, los que no creen demasiado en bienaventuranzas, y hacen lo que deben y pueden, cuando es el tiempo de hacerlo.
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miércoles, 4 de noviembre de 2009

¿QUIEN ES MERSAULT?


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ALBERT CAMUS O “EL HOMBRE REBELDE” ..-

Yo no tengo padre, yo no tengo madre
Yo no tengo a nadie que me quiera mí
Yo no tengo padre ni madre que sufran mis penas
Huérfano soy
Solo llevo tristeza y martirio en el alma
El cruel dolor...

.
Se enfrenta uno a una cita ineludible. De esas que lleva aplazando media vida, un poco porque hasta ahora no ha supuesto una necesidad inminente, y otro poco por cobardía, por miedo a enfrentarse a un reto, a mirarse en el espejo que le devuelve la imagen de su realidad. En este caso de tu capacidad para digerir un ensayo de cuatrocientas paginas sobre filosofía, sobre historia, sobre ¿La condición humana? Ni tan siquiera tengo claro cual debería ser la etiqueta, el estante donde debo colocarlo. No resulta extraño el temor inicial ante una tarea que va a requerir un esfuerzo mental extraordinario y para la cual, dudo de estar capacitado. Conste que no es la falsa disculpa del humilde presuntuoso, que no lo soy. Que es, sinceramente, la necesidad de acercarme, de una vez por todas, al conocimiento de los padres de la filosofía, del arte o de la literatura, que lo han sido del poder y de las religiones a lo largo de los siglos, y conseguir comprender las ideas en un sentido mas cercano a ellos que el de los libros de texto o el de los panfletos mediáticos al que he dedicado esa media vida de que antes hablaba.
Acepto el desafió, y no lo hago con la intención del deber pendiente, ni de probarme si todavía, es decir si ya, estoy preparado para sacar provecho. Lo hago, como se hacen la mayoría de las cosas, por simpatía, porque , el atractivo de su autor me induce en parte a leer cualquier escrito suyo que caiga en mis manos, y porque estoy seguro que nunca voy a encontrar mejor compañía, la de un hombre sabio y bueno, para intentar atravesar el Hades, el mundo de los muertos y el desierto de las ideas, para intentar la peligrosa ascesis que tan fácilmente puede llevar de la tontuna, como es mi caso, a la locura, privativa de los que tienen excesiva lucidez.
Camus, que es listo como hemos dicho, acota desde el principio hasta el final, y eso es bueno. Se centra en la rebeldía del hombre, en esa actitud de enfrentamiento continuo con la sociedad y con los dioses, sus fantasmas. Y es con esa virtud de intentar intentarlo, que Homer Simpson no ha hecho mas que recordarnos, con la que perseguimos la luz desde Caín, desde Lucifer y otro centenar de malditos mas cercanos, hasta la génesis de la hecatombe a que condujo la penúltima ola del océano del pensamiento, en medio del siglo veinte, el siglo de “La Inteligencia” según algunos.
Lástima que en la edición de Alianza Editorial hayan olvidado incluir el dato, sin duda intrascendente para editores y libreros, de la fecha en que el texto fue escrito. Todo pensador utiliza un punto de apoyo para la palanca con la que pretende mover el mundo, y generalmente es el tiempo en que esto sucede, es la referencia sobre la que van a pivotar los sucesos del pasado que van a condicionar los del futuro inmediato, que son, además de los que el sabio nos intenta prevenir. Nada nuevo, solo es desprecio del mercado de las ideas a facilitarnos, por pura negligencia, el indispensable punto de apoyo. Afortunadamente hay otra edición, también actual, de Losada, en cuya trasera leemos, en caracteres ciertamente discretos: escrito en 1951, y ya nos quedamos tranquilos. Empezamos a contar hacia atrás, con los dedos, ya digo que la mente no anda muy sobrada para tamaña abstracción, y llegamos hasta esa fecha. Fundamental para saber el terreno en que nos movemos, y para comenzar la andadura del que suscribe estas lineas.
Guiados en medio de la niebla, de la mano de D.Alberto, sin importarnos si vamos en una barca atravesando el lago, o el rio, cuya otra orilla es siempre, el paso de cada página, de cada breve capitulo, la prueba de la irreversibilidad del conocimiento. De cómo los maestros del pensamiento han ido rompiendo barreras sin cesar, matando y aboliendo todos y cada unos de los tótem anteriores, han desenmascarado a la moral de los múltiples disfraces prestados por las distintas ideologías y han reivindicado la terrenalidad de pioneros como Confucio, Buda o Cristo, en su mensaje altruista, desmontando las motivaciones interesadas de sus respectivas iglesias que han supuesto una losa infranqueable sobre el mensaje original.
Todo ello aderezado, en continua pugna con los sesudos comentarios del autor que brotan en cada línea de cada página haciéndote parecer irrelevante la mas brillante de las teorías ajenas.
Tarea ingenua la mía, la de ir marcando con el rotulador las genialidades que iban apareciendo. Al revisar, totalmente verdes, las primeras diez páginas, comprendí que en casos así no procede enmarcar ni resaltar nada, porque el brillo es tan absoluto y cegador que, no tiene sentido ir buscando destellos y anotándolos de uno en uno.
Son centenares de nombres propios, familiares la mayoría y desconocidos en alguna ocasión, de personajes literarios, de figuras mitológicas, de políticos o de poetas, de maestros del pensamiento, que abundaron en la misma tarea, la rebelión del hombre contra la injusticia del cielo, contra la esclavitud y contra cualquier obstáculo impuesto en la libertad del ser humano. Conceptos, todos ellos, igual que el bien y el mal, que sucesivamente rodarían por el suelo en la búsqueda de la perfección que supone el continuo esfuerzo, la acción positiva que intenta mediar una y otra vez sobre un futuro mejor.
Seguimos, junto al autor, la evolución este pensamiento unas veces en el ascenso y otras en el retorno hacia los orígenes, la tierra, el mar…
Solo he leído, y parcialmente digerido, el primer tercio. No tengo prisa, más bien tengo miedo de terminarlo. Es un placer demasiado insólito como para no estirarlo en lo posible. Pero es que además mi lectura ha adoptado el esquema de un extraño paso de baile que no termino de ubicar. Dos líneas a la izquierda, una a la derecha, dos adelante y una hacia atrás. Unas veces porque no entiendo correctamente su significado hasta la segunda, otras porque las maravillas de colores que desprenden ante mis ojos, me obligan a volver a ellas, a repetirlas. Sin duda este va a ser un libro de relectura. Un descubrimiento feliz que, de momento, me ha condicionado a la compra compulsiva de media docena de ejemplares para ir preparando el stock de regalos navideños. (Por una vez el consumismo irresponsable no me parece tan malo, y además, he incluido en el pedido el lapidario IV de Kapuscinski – me bajé los cuatro tomos desde la biblioteca celestial para comprobar que estaban en polaco y aprender que editado en castellano solo esta muestra- y otro, tratado gastronómico de Josep Pla con el que pienso reírme un rato largo, que va haciéndome falta).
Cuenta Camus que matamos al padre, cuando Iván Karamazov lo hizo también estaba matando a Dios, solo que yo no me había enterado. Matamos a la madre, Iglesia, con la seguridad de que el nuevo estado, socialista, la haría innecesaria, entre otras razones porque volvería a ser la misma cosa, la misma religión, con nombre diferente, y yo tampoco me había enterado. Los enterramos junto a la moral, la libertad y todos los que se pusieron delante y…quedamos huérfanos.
Una orfandad que el superhombre de Nietzsche deseaba y soñaba para generar un nuevo mundo que no contaba con la realidad, con la condición de las masas, las que inevitablemente se rebelarían de una manera harto diferente a la esperada, siguiendo la versión de Ortega, José.
La reflexión del lector, a setenta años vista es aun mas deprimente, y mas enriquecedora si cabe, al encontrarse en una época en la que a la ausencia de dioses milenarios mas o menos implacables o divertidos, según se mire, y a la inexistencia de Estados con visos de durar una generación al menos, se añade la ausencia de nuevos focos de pensamiento, de esos que marcan una raya indeleble en la historia de la humanidad, de un antes y un después, o, al menos, de los que reconfortan el camino que nos queda por delante, que estimo tan infinito como la capacidad de la mente ajena para seguir enriqueciendo la nuestra, aun a riesgo de hacernos perder la razón.

Creo recordar como sigue la canción

..de no hallar una mujer,
una mujer buena..
Que me llene el vacío tan grande que ellos dejaron
con tierno amor…
Huérfano, huérfano soy
Yo soy, el huerfanito.

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