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jueves, 12 de junio de 2008

Carta al Director











Ni gestos ni ademanes.-


Oscuro y confuso presentábase el reinado de Witiza... Y tampoco es que fuera una crisis, también era... otra cosa.
Desconozco si todavía figuran esos pasajes visigóticos en los programas de Historia de nuestros escolares. Si conozco historias que se repiten y sé que, siempre, podemos aprender de la Historia.
Ahora nos acercamos peligrosamente a uno de esos puntos de inflexión económica y social, de intensidad, alcance y duración desconocidos; por mas que con gestos y ademanes, que no con buenas razones, se nos induzca a pensar que el daño será corto, breve y en todo caso poco doloroso, como la eterna cantinela del novio apasionado. Solo que, sus consecuencias no se resuelven con el aborto, que, además, no seria legal ni efectivo, por inverosímil y absurdo, en este caso.
Ante la evidencia de que en años, legislaturas los llaman ahora, anteriores no se ha hecho nada desde los responsables de la gestión publica para anticiparse al evento, véanse actuaciones eficaces sobre el control de excesos en el consumo de agua y energía, o en la política económica que ha permitido endeudarse al ciudadano en la creencia de que el euribor al 3% seria eterno, o con la tolerancia hacia los medios financieros a conceder hipotecas al 130% del valor ilusorio del mercado de los sellos o de los ladrillos. Por poner un par de ejemplos de abandono en los deberes básicos del buen gobernante.
Ante esa evidencia, ante esta realidad, y ante el futuro imperfecto que se avecina, viene lo peor. Las válvulas reguladoras de la presión social, presión revolucionaria en épocas de hambruna según esa Historia que nadie quiere aprender, están rotas. Están hechas mixto, decíamos en mi infancia.
Resulta que los agentes sociales hace tiempo que dejaron de serlo. Tras décadas de dedicación, en exclusiva por cierto, a labores de figuración teatral y de duplicidad en las labores de asistencia social, más propias de un ministerio ad hoc, que de intermediarios entre los intereses de los trabajadores y de los empleadores, como fue su motivo fundacional. Véase su actuación en el paro del transporte; y en sucesivos, si nadie lo remedia.
Resulta que la oposición, hecha trizas por meritos propios, ha sido ayudada desde un gobierno democrático, cuyo mayor esfuerzo, y logro, dios santo, ha sido el confundir el objetivo de, volver a, ganar las elecciones por sus créditos merecidos, con el ataque ilimitado a la primera fuerza de la oposición democrática, con dejar detrás el terreno yermo para que no salgan otras hierbas, malas o buenas, que la producida por su semilla certificada, que además tiene,¿tiene todavía? asegurado el beneficio gracias a la beneficencia europea, que no tiene en cuenta para nada la cosecha producida. Es una metáfora agropecuaria. Le ruego vaya un poco mas allá.
Resulta que la sociedad en una situación de crisis, necesita mas que nunca esas válvulas de escape, esos aliviaderos que reconducen y unifican la energía que produce el descontento popular, hacia un horizonte de solidaridad y entendimiento que evite daños mayores. Y hay datos históricos de que ese sistema ha funcionado, en países a los nos gustaría que nos gustara parecernos, como diría Homer Simpson.
Y como, a mi, no me gustaría, para nada, volver a las rogativas a los santos, ni a seguir esperando que los aliados, ya de paso, crucen los Pirineos, y además de una constitución europea, esa es otra, nos hagan soñar con otro plan Marshall; no me queda otra, señor director, que rogarle haga llegar esta información a quien proceda para que comencemos desde ya a trabajar en el sentido correcto: Gobierno a gobernar. Oposición a convencer a los ciudadanos de que, en el peor de los casos, existe una alternativa. Y ciudadanos, a la espera de que la educación para los ídem, los instruya dentro de un par de generaciones, no nos queda mas que comportarnos como lo que somos, o deberíamos ser; miembros deudores de una sociedad democrática, donde los deberes son sagrados y su cumplimiento será la única solución para los problemas presentes o venideros, ficticios para unos o reales para otros.

Un saludo.

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