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domingo, 31 de mayo de 2009

NORMAS DE TRÁFICO QUE NO LO SON.-


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La carrera de Yolanda.-

De la rutina del rito.

Ayer pudo ser nunca más.

Cualquiera de los tres vale. Como dirían Guillermo Brown (R.Crompton) y sus secuaces, “sabemos como se escribe”, después de poner en el cartel que eran unos urfanos, guelfanos, erfanos, o uhérfanos, demostrando que lo importante no es hacer bien las cosas, ni siquiera el saber hacerlas, sino que lo importante es hacer ver que se sabe hacerlas, y para eso existe la propaganda, faltaba mas. Así, como los espectadores de Guillermo, los lectores pueden escoger entre los tres títulos del principio y quedarse con el que prefieran, orientando de ese modo el sentido de esta su pagina.

El caso es que uno hace sin darse cuenta, con el automático puesto en las manos y en la mente, el trayecto mil veces repetido desde su casa donde mora hasta el centro de la aldea, donde inevitablemente acontecen todas las otras actividades imprescindibles para su vida cotidiana. Pudiera ser en esta ocasión el llevar o el traer a su hija hacia o desde el lugar donde se celebra alguna de sus tareas formativas. Lo corriente, vamos.

El automóvil, prácticamente lo hace solo, se sabe el camino como aquel burro, Sinforoso, compañero de infancia, al que no había que darle mas indicaciones que "Arre" y "So", y dejar el resto, que no debía ser tanto, de su cuenta. Tan solo presto atención a los pasos cebra, a los ciclistas y a soltar la correspondiente maldición hacia dentro- mierda de corrección política, cuando parece ser que tu eres el único correcto- cuando tengo que transitar cien o quinientos metros detrás de los coches de caballos-Sinforoso nunca muere- que acarrean turistas necesitados de semejantes aperos insalubres en sus viajes, sin los cuales , al parecer, ni las fotos, ni los recuerdos, ni las gentes que habitan sus esporádicos destinos, tienen sentido. Misterios gozosos.

Antes o después de la maldición, según el azar que también es muy suyo, tengo que tomar unas curvas en subida- negociar, en términos railisticos- que obligan a vigilar el bordillo destrozagomas -cien euros la cubierta, tres llevo en la delantera derecha, para no tener que soportar el sarcasmo del chico de los neumáticos: "¿Otra vez que traes el dinero exacto en la mano?. Así da gusto."- y de paso controlar los vehículos que circulan en sentido contrario minimizando la distancia que separa el “No pasará” del “Ya ha pasau”- y no saquemos el texto del contexto, por favor- permitiendo en esos breves instantes de lucidez obligada, por la atención imprescindible para superar el escollo de la curva y de la contracurva , el atisbar, en modo flash, en décimas de segundo, el rostro y la actividad del conductor que vive ese su simétrico destino con nosotros. Nada especial.

Tan repetido que uno, no solo lo olvida inmediatamente, sino que, a veces sufre uno de esos episodios pavorosos de ansiedad en los que podría jurar que ese trayecto no ha existido nunca, que no sabe como ha llegado hasta allí, y que seguramente algún hiato temporo espacial es quien lo ha conducido , puesto que la memoria no quiere saber nada con esos últimos diez o quince minutos. Algo así como el deja vu pero al revés. Intrigantes y desconocidos artilugios mentales que nos permiten dedicar la poca energía que resta a nuestras neuronas , probablemente, a otros cometidos mas interesantes, y que resultarán a la postre, especialmente rentables como indicio acusatorio, para nuestro psiquiatra, seguramente.

Por eso, ayer fue un día como otro cualquiera, y no habría habido lugar para que yo les haga perder el tiempo si no fuese porque, el vehiculo con el que me cruzaba, en la pequeña recta, para él de bajada, entre dos curvas malas- ciegas las llaman los motoristas y a mi me daba risa el nombre hasta que fui motorista, y comprendí lo que se siente cuando uno no puede modificar la trayectoria, ni frenar, ni hacer otra cosa que continuar con la cabeza por delante ante un espacio desconocido, totalmente negro hasta que podemos verlo, y del que esperamos, necesitamos, que esté desocupado y por tanto, practicable.-

Y este vehiculo, el de enfrente, aceleraba en esa circunstancia en que lo prudente habría sido lo contrario, y su conductora, pude apreciar, iba hablando con la cara vuelta hacia los ocupantes de los asientos posteriores, aunque tuvo tiempo para volver un instante el rostro hacia delante -era Yolandita, la vecina, pude reconocer- soltar su mano derecha del volante- al parecer andaba sobrada de recursos automovilísticos, de esos relacionados con la conducción, que para mi son tan parcos- y con ella persignarse. Sí. Eso fue lo que hizo que se me pusieran las meninges de punta y me permitiesen grabar el episodio. Del que salí incólume como pueden comprobar al ver que todo es igual, sin ti nada ha cambiado, como decía la canción de Los Módulos, cuyo cantante no era otro que el superviviente del accidente automovilístico de Los Ángeles.

La señal de la cruz, como el banzai de los suicidas nipones antes de despedirse del emperador-dios y a punto de saludar al dios-emperador. Igualito.

Solo que a veces las cosas no son tan sencillas. Si no tenia la menor consciencia del peligro que supone, para ella y los demás, el acelerar ante la llegada de una curva ciega, con el cuello vuelto hacia atrás, creo que el ritual religioso no podía tener el menor sentido, salvo en el caso del suicida consciente, que no es , ni fue el caso de ella. Había otra razón, que intuí enseguida, y que no era otra que el lugar sagrado en que nos encontrábamos. Nada menos que frente al portal del almacén donde se guarda la imagen sobre la que se fundamenta la cofradía del barrio, una de las diecisiete cofradías – aquí ya deberían ir recapacitando sobre la simbología de los paralelismos. Pistas: diecisiete, y también empiezan por co- y justo unos metros después de pasar junto a la iglesia mayor, y otros pocos antes de otra iglesia - que será menor supongo, puesto que mayor solo puede haber una- y pienso que en todas ellas, en media o en docena y media, le resultará obligado el hacer la señal de la cruz, el persignarse, haciendo peligros, y haciendo ver al mundo y a los espíritus maléficos e invisibles que nos acosan, la protección que semejante ademán confiere a quien lo ejecuta.

Y aquí me encuentro pillado, o piantao como en el tango, incapaz de comprender el sentido de la rutina, el valor del rito individual, y su incoherencia ante la razón, ante la evidencia de los peligros reales, y ante la necesidad de replantearnos tantas cosas, tantas creencias y actividades rutinarias, en unos tiempos convulsos -pese a que la propaganda estatal intente negarlo- en los que resulta fundamental agarrar fuerte el volante de la razón, mirar atentamente hacia delante, a la vez que pensar en que la solución no será efectiva si solo intentamos llegar, individualmente sin daño, al final del camino. Que ahora, mas que nunca hay que dejar ciertos lujos, como son los de la fe de cada uno, fe en el equipo de futbol, en la cofradía o en el partido, tanto da, y plantearnos que el bien de todos, nuestra salvación y la de nuestros hijos, la de mañana y la de pasado mañana, dependerá del tipo de conducción que hagamos.

Pero comprendo que resulte difícil si no imposible, el cambio de actitud propuesto. El quitar de los ojos la venda del fanatismo, de todos los fanatismos, y el intentar de manera voluntaria e individual superar la mayor de las carencias de nuestra sociedad, la insolidaridad que después de casi cuarenta años de libertad - otro día les hablaré del puente de la libertad, también en mi pueblo- ha calado tan hondo en nuestra forma de vida que resulta una utopía, hoy mas que nunca, pensar en conceptos como justicia- el bien común de unos pocos- u honestidad -ande yo caliente…- Así que permítanme insistir, repetirme como un rito rutinario y molesto-otra vez- con la canción de todos los días.

Así no vamos a ninguna parte.

Y como no quiero seguir en la abstracción, debo aclarar que cuando hablo de egoismo estoy hablando en realidad de intereses creados , del empecinamiento de los poderosos y de sus acólitos, los politicos, y de que utopia a lo largo de la historia ha tenido otros sinónimos como por ej. revolución, que me recuerdan demasiado a la curva ciega que se encuentra al final de la cuesta abajo, y a la cual, de momento, seguimos ignorando.


P.D.- Si se fijan bien, Angie Dickinson no conduce. El conductor era y es varón, se llama Polito, y también es vecino. He puesto la metáfora en manos femeninas solo para dar gusto al antimachismo de los/las que no pueden vivir sin algo o alguien contra quien. Lástima.

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domingo, 24 de mayo de 2009

LA BALADA DEL CANTO RODADO

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Balada del canto rodado.

Mi pena es muy mala

Porque es una pena que yo no quisiera

Que se me quitara

(M. Machado)

"I rolled and tumbled,

I cried the whole night long",

"Rodé y caí,

Lloré toda la noche".

(Tradicional)

How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

¿Cómo te sientes?
¿Cómo te sientes??
Al estar sin un hogar
Como un completo desconocido
Como una piedra rodante.

(Dylan)

Rodando y dando vueltas –rolling and tumbling- como piedra rodada – rolling stone- suele ser un tema recurrente en el titulo, y en el contenido, de decenas de canciones melancólicas – melancolía es un humor negro en su origen griego- de coplas a las que llaman blues los poetas del otro lado del mar.

Se pasa uno media vida intentando comprender a sus semejantes, a la jungla en que le ha tocado vivir, y a los seres vivos que comparten el terreno, el cielo o el lago de al lado, y no repara en lo más cercano que a la vez es lo más próximo a su condición. La piedra, el canto rodado.

Tiene que disfrutar de un alto en el camino, de un palmo de tierra blanda bajo la sombra de una encina, y de un leve soplo de conocimiento, de la sabiduría que suele crecer con la caída del cabello o con las arrugas de la cara, para meditar en el extraordinario parecido que tiene con esa pelota de granito, de marmol o de pizarra. De como la vida le ha hecho dar vueltas, y mas vueltas, y como esa fatalidad, la de no tener las raíces que le aseguren la garantía de un horizonte vital repetido cada mañana, que le garantice el calor del hogar, del arrullo materno que le acompañará hasta el atardecer, donde volver a encontrar el mismo, idéntico paisaje.

Y le sale el lamento, el del oscuro cantante de ojos acuosos y dientes gastados, de guitarra de cuerdas de acero, y de dedales hechos con el cuello, y con el morro de una botella de licor. Un lamento que necesita muy pocos acordes para su puesta en escena, una melodía donde el silencio prima por encima de la mínima orquestación, con arreglos cuya ausencia resulta fundamental en la pieza desnuda, y donde el bajo triste y continuo es sustituido a veces por las palmas grupales, por el taconeo, o por el ritmo sincopado de la armónica que, con su insistencia nos recuerdan que estamos ante una salmodia crepuscular.

Demasiadas coincidencias como para no caer en ello. Como para no darse cuenta que, aun ignorando la lengua en que lo han escrito Dixon, o Johnson, o Dylan, el sentimiento es el mismo, y el mensaje idéntico. La pena tan grande por la ausencia de las personas, amantes, amigos, que pasan por tu vida, rodando unos instantes a tu lado, y perdidos para siempre – perdidos a veces, solo a veces- en el siguiente recodo del camino.

Uno mira hacia atrás y recuerda a aquellos otros, sedentarios, que tuvieron la suerte, que tendrán la inmensa suerte de ver salir el sol por el mismo punto del horizonte, del perfil de la sierra cercana, una vez cada año, durante todos y cada uno, tantos como le toquen, y los envidia. Desearía poseer como ellos, el confort, la seguridad que presta esa red invisible que te protege de lo desconocido, de los peligros de las profundidades del bosque, de la jungla en que nos toca sobrevivir.

Y luego sigue meditando, y descubre que no, que no envidia nada. Coloca en la balanza esa seguridad que ciertamente llenó su niñez de felicidad – y ese es uno de los dones de la infancia, la capacidad infinita para ser feliz, y transmitirlo- y en el otro platillo la vida del navegante, la del marinero que hace un ejercicio irrepetible en cada singladura, y que espera con ansiedad cada nuevo amanecer para descubrir un paisaje nuevo, con nuevas compañías, nuevas sonrisas, fidelidades y miradas que le harán olvidar inevitablemente.- aunque afortunadamente solo por un cierto tiempo- todas esa piedras que rodaron a su lado.

No lo cambio. Ni quiero, ni además podría hacerlo. El canto rodado cambia de color y hasta de forma con el transcurso del tiempo, y cuando se moja, como las piedras de la playa, muestra una textura y unos tonos prodigiosos, la magia del tornasol, que vuelven a ocultarse en cuanto se evapora el agua que lo cubre, esperando su renacer hasta la próxima lluvia de primavera, o de otoño igual da. Es su sino, el desgastarse, el cambiar durante su imprevisible viaje, y el amoldarse a las condiciones, a las sorpresas que esconde cada recodo, cada desnivel, cada arroyo, en la confianza de que su destino, al fin, está en el principio, y no es otro que el mar. Y su misión, su objetivo en el viaje, es el de intentarlo, el de vivir, dando todas la vueltas que el destino imponga, para seguir una dirección que no viene en los mapas y que como bien saben los poetas está escrita en el movimiento errático de las piedras al rodar.

Aunque a veces, no esta de mas la copla, ni escuchar o entonar el lamento que le sale del alma, el recuerdo de aquellos seres queridos que dejamos en Itaca, y el volver a probar el sabor de las lagrimas que, mira por donde, es el del agua del mar.

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domingo, 17 de mayo de 2009

IKIRU (VIVIR)


VIVIR (La vida es corta).---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Siempre adelante
Sigue de frente
No mires para atrás
Siente la risa
No tengas prisa
No puede ser peor

(Tonino Carotone)

Luego de treinta años de servicio, justo antes de recibir el sello que lo califica como elemento pasivo a efectos laborales, nuestro héroe recibe la mala nueva de que- es cáncer- no le queda mucho tiempo, ni este va a resultar placentero. Y , tan apresuradamente como las nuevas condiciones exigen, se pone a pensar en toda esa vida anterior, absolutamente estéril, absolutamente vacía de cualquier atisbo de interés por haberla vivido. Repasa sus objetivos básicos como ser humano, los mínimos morales, con su empresa, con su familia, y su resultado. Y el balance le resulta desalentador. Motivado por la inercia, los logros no son otra cosa que el reflejo del paupérrimo estimulo que lo ha empujado hasta ese lugar en el tiempo. Hasta el momento en el que la factura se presenta con la urgencia de saber el dia y la hora. O casi.
Aquí, aparentemente estoy destripando la historia, amargando el placer del espectador futuro, al que realmente quiero invitar, coaccionar más bien, a que con la misma premura del protagonista se disponga a contemplar esta pelicula. Ikiru de Kurosawa.
Mi debate oscila entre el interés por mantener virginal la pagina en blanco que el espectador lleva a la butaca, y que ira rellenando con su propia caligrafía, con el poso cultural y sentimental de que disponga, para lograr una comunión personal con la obra maestra de aquel que solo nos ofrece el borrador de unas siluetas que, poco a poco, iremos completando y coloreando. Así es y así debe ser, y no otra cosa es el arte.
Pero, ante esta máxima moral- no me cuentes el final- surgen las bajas pasiones, el instinto irrefrenable del que esto escribe. Haciendo constar que el esfuerzo de ver una pelicula en una copia en gris y en negro, o sea sin restaurar, de antes, de mucho antes de que yo naciera- y esa distancia es mas o menos la que separa a Watanabe del mundo este de aquí- durante casi tres horas y con unos subtítulos traducidos automáticamente del japonés al español-argentino- que es un idioma, al parecer- y que han supuesto tras cada párrafo la necesidad usar el traductor , el interprete mental que todos llevamos en el chip de fabrica, y que ha ido forzando la historia bajo el vaivén , del balanceo entre el que es lo que ha dicho, que es lo que habrá querido decir, y que es lo que yo he entendido. Y si después de todo ese esfuerzo, tras el que he quedado absolutamente anonadado, maravillado de que exista un arte al que llaman cine, y enamorado de ese personaje entrañable que es el de todos nosotros, comprenderán que si me enterado de lo que ocurría, si la historia me ha llegado tan adentro, no me voy a andar ahora con los remilgos de no contarles de que va la pelicula, no vaya a ser que…
Además que las primeras líneas de la narración ya dicen lo que estoy contando, no voy a desvelar nada importante, es solo la constatación de la necesidad de no molestar, de no privar a nadie del placer que le pertenece cuando abre un libro, del primun non nocere hipocrático, de guardar esa actitud de nadar y guardar la ropa que nos evita tantas complicaciones como nos priva de tantas otras ocasiones de vivir la vida plenamente.
Y de eso trata el tema, del revulsivo que puede cambiar una actitud anodina en otra creativa, creadora de situaciones, de hechos beneficiosos para los que nos rodean que, al fin y al cabo es el haber que a todos nos gustaría tener en el balance final.
Claro que si les digo que el leif motif, el leit motive operístico, el motivo vital del protagonista es un sombrero nuevo durante la primera parte y un conejo de peluche- un conejo de cuerda- en la segunda, tampoco les estoy arruinando nada.
Es mucho mas profundo el asunto, de lo que uno puede llegar a asumir después de llevar un par de días dándole vueltas a la historia. Es la necesaria búsqueda de ese pequeño destello, de ese afán invisible que, después de haber sido contagiados por el personaje, envuelve todos y cada unos de nuestros actos dotándolos de una finalidad, de una utilidad, hasta ese instante ignorada. Es algo tan simple y tan complejo como es la diferencia entre vivir y estar vivos.

La segunda consideración- menor- es la situación lamentable en que un brillante de esa pureza- el tamaño no importa- queda oscurecido por el polvo de las filmotecas y el olvido de la industria. Aunque es de esperar que su restauración no tarde demasiado, al igual que las cadenas culturales de televisión- verbi gratia TVE, ahora que va a prescindir de publicidad y dedicarse a la formación cultural de un pais sediento, no dudará en reponer películas como esta en ciclos de clásicos con los que nos van a obsequiar una noche si y otra también. Salvo….salvo que renuncien a la publicidad pero no a la propaganda, -me estoy temiendo- y tengamos que seguir buscando estas perlas negras en la WWW. - se me acaba de ocurrir que en realidad significa Wonder Women´s World, y no otra cosa-. Y por cierto, qué maravillosamente tratada queda la mujer, en lo bueno y en lo malo, en Ikiru. Pasen y vean.
Sucede que siempre encuentro mas cosas de las que iba buscando, incluso de las que me ofrecen en la pantalla. Así vuelvo a comparar la del drama individual del funcionario protagonista, con el colectivo de cualquier epoca, de cualquier pais, y veo una sociedad, la de ahora, la de aquí, esperando ese revulsivo que hace bullir la cólera del español sentado, la de aquel que espera y por tanto desespera, y lo hace reaccionar de una forma tan molesta como previsible. Me queda el consuelo de que esta “La cólera del español sentado” es de Lope y además es una comedia. Mas vale así.---------------------------------------------------------------------------------------------------

domingo, 10 de mayo de 2009

LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO (G.CELAYA)


---------------------------------------------------------------------------------------------------------Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

(Alberti)
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El animal acorralado busca siempre una salida.
Por ello resulta coherente que un servidor lleve meses dando en pensar. Indagando en los recovecos de la escasa razón con que ha sido dotado, intentando vislumbrar la luz esa que dicen, hay al final del túnel, aquellos que nunca en él han estado, que nunca han vuelto de allí.
Ante la palmaria falsedad de los cada vez mas entupidos mensajes del Gran hermano- Orwell, por favor- ante la intragable propaganda del poder agonizante, uno busca ejemplos, situaciones similares a lo largo de la histeria (sic) para intentar acoplar a nuestro inmediato porllegar, el final de la batalla, el paisaje después de la batalla, de cualquier batalla - Wajda, y Goytisolo -. Y no encuentra nada. Ni un miserable resquicio que no esté basado en la más barroca de las fantasías de mis héroes infantiles. es decir, poca cosa. O nada, como prefieran.
Descartada la guerra interestelar o el advenimiento de la logia global, abandonada la idea del benefactor maná celestial- por culpa de Thomas Mann, como vimos días atrás- y ante la inevitable inminencia de que las golondrinas han vuelto de mi balcón los nidos a colgar, no me queda otra excusa que hacer una pelotilla con las hojas donde iba guardando los bocetos para la gran evasión- Esta de Sturges- y comenzar a pensar de verdad. A reconvenir a mis neuronas - dos - a que dejen de pelearse y/o practicar el sexo axonal al que estan enviciadas, y se pongan a trabajar.
Y no se si mejor seria haberlas dejado a su aire.
Lo primero que se les ocurre es que hay que empezar desde cero. Que ya que lo anterior no sirve, hay que cambiar el escenario y plantear la posibilidad de que el error esté en la base, en el punto de partida.
Pongámonos en el supuesto de que el error no esté en la paloma, sino en el poeta.

Es sabido que los poetas solemos (¿?) ver las cosas desde un prisma diferente, con un algo de melancólico y con un mucho de technicolor. Que vemos el sol a través de la lluvia y no hablamos del sol ni de la lluvia, solo del arco iris. Y esto no es bueno. Puede ser muy creativo y postineroso desde el punto de vista artístico, pero la vida no es solo arte, me temo.
Puede que el poeta al errar, no viese una paloma, sino un pajarraco negro de la familia de los córvidos, para el que el trigo es el refugio de reptiles y roedores, incluso de mamíferos de mayor tamaño cuyas vidas en extinción tienen la virtud de alentar, de alimentar la propia del cuervo.
Puede que el ave en cuestión no se equivoque, no se esté equivocando en absoluto y que su numerosa presencia en las ramas de la arboleda vecina -que no perdida- no sea ningún error sino, como en la pelicula de D.Alfredo, el presagio - esta es de Alcoriza, el cineasta de Badajoz al que allí deben un homenaje- del gran banquete para los plumíferos de azabache.
Temo que estoy equivocando totalmente la base de mi argumentación. Como el escritor adolescente que basa los fundamentos del mundo imaginado en la bondad y en el amor, descuidando aspectos mas prosaicos- la prosa versus el verso- tan necesarios para la despensa.
Comienzo a ver que el ave blanca bien pudo ser una gaviota, tan carroñera ella como su primo de tierra adentro, y que a lo peor el mal que llega, el horror como diría Conrad, viene desde un lugar bastante mas cercano de lo que podía uno imaginar.
Que si bien el individuo - genérico- ligado a su inevitable condición humana, a su calaña -bonito pueblo- queda bastante alejado del angelical "Emilio" postulado por Rousseau, -quien sostenia que solo la influencia del entorno era quien condicionaba su posible maldad- es esa su sociedad ,el caldo de cultivo donde crecemos como personas, la que- con razón de J.J. o sin ella- impone el patrón de conducta que llegará a generar los pecados verdaderos, los sociales, que suelen terminar con la peor de las penitencias, el colapso moral y la ruina, la verdadera, la que no se limita al grupo de los desfavorecidos - miserables en castellano- de siempre, sino que acaba englobando a la totalidad de los vivos y a los hijos que estos puedan engendrar en el futuro.
Seguramente que ese era el sentido del cuento subtitulado "De la educación" donde sugería que tan solo la reforma radical de una sociedad corrupta- con la inestimable ayuda de Monsieur Guillotin"- y con los inevitables ríos de sangre que recoge la historia, lograría el resultado satisfactorio por todos conocido.
Aqui aparece un nuevo protagonista en el desarrollo de la humanidad, el ciudadano, y este, educado en la necesidad de respetar el libro sagrado, el de los derechos y los deberes, resume el ideal, inexcusable del mundo moderno, de una modernidad que ya dura mas de doscientos años.
Pero no estoy hablando de la revolución francesa, como bien saben mis lectores, sigo hablando de Mongo, de los habitantes de Mongo, que sin consentir que los vecinos los superen en el tema de las carnicerías multitudinarias, se han limitado a parar el reloj de la historia en un momento en el que las virtudes colectivas e imprescindibles, como la solidaridad -aka fraternité- la justicia -¿?- o la honestidad de sus gobernantes, se limiten a la repetición de ciertas frases- preferiblemente en latín, lengua muerta- talladas en los frontispicios de los templos de la patria. Mal asunto.

Pero es que la visión que he tenido,- sin necesidad de absenta- va un poco mas allá.
Admitida la igualdad como un logro económico de nuestra epoca, nos encontramos con una base humana- individuos- que ha mantenido sus vicios antisociales a través de los siglos y que los han desarrollado hasta el extremo de dejar los públicos reducidos a nivel de pecado venial.
Usan a los próceres para mantener su estatus de ilegalidad- en sentido amplio, el de la ley natural- para apretar la cuerda insolidaria, elevar la corrupción al nivel de virtud personal o familiar, junto a las otras religiosas, y cuando vienen mal dadas, usan a los dirigentes como monigotes de feria para desahogar sus instintos, culpabilizando a estos demonios virtuales de sus propios pecados, y cambiando si es necesario, el líder amado hasta ayer por otro que será odiado pasado mañana.
El asunto es mucho peor. Estoy que no duermo. Me como a bocados la passiflora cerúlea- flor de la pasión- sin esperar a la tranquilizadora infusión de sus hojas secas.
Resulta que el párrafo anterior pertenece también a la fantasía, a la ingenuidad del poeta.
Ya que la realidad enseña que esos individuos, que son perfectamente conscientes del poder que con sus votos tienen en el paupérrimo sistema político de Mongo, conocedores del progreso negativo -así llaman al retroceso- de su región , elevada a la categoría de madre patria por Juan Benet, a pesar de que algún estudioso ignorante -abundan- quiera entenderla como lugar metafórico del literato que quiso imitar a Forne - y les juro que así pronuncia el sagrado nombre de Faulkner, uno de los expertos monguianos en literatura- retroceso secular que se ha agudizado en los veinte o treinta ultimos años- las cifras hablan con elocuencia- hasta dejar dicha región , también llamada UGI (Unidad de Gasto Inútil) por la confederación imperial, hasta dejarla en el ultimo lugar de todos los posibles. En economía, en educación, y en futuro a fin de cuentas.
Y surge la gran cuestión. El por qué ese individuo - genérico- sabedor de la responsabilidad que le atañe al reelegir periódicamente al equipo que conduce al resto de ciudadanos también, en tan inhóspita dirección, insiste en ello.
Y aqui la respuesta es aterradora. La hipotética respuesta, porque no quiero dar por valida la presunción de que significativos porcentajes de funcionarios,- sirvientes civiles los llaman en algunas democracias- ,de eternos subsidiados- va para cuarenta años en que las ayudas europeas para salir del bache solo hacen que empeorarlo- , o de beneficiarios directos de la inacción en el gobierno- como constructores y parientes, banqueros, e intermediarios de la nada en general- centenares de miles, no dudan en mantener un sistema , a sabiendas de que conduce a la ruina de todos, siempre y cuando suponga una ventaja personal, inmediata para ellos.
Ese pecado no tiene nombre, no se ha inventado todavía, y probablemente nadie tenga interés en hacerlo, siendo ese grupo la base electoral de la continuidad para los que no pueden negar su paternidad en el asunto. Los que van a prestar la etiqueta de su apellido, durante siglos, a semejante ignominia.
Vienen mal dadas al parecer. Y antes de comenzar otra nueva y multitudinaria, me temo, lapidación, convendría ponerse a pensar en quien está libre de culpa antes de iniciar el apedreamiento y sobre todo, y lo mas importante, y lo que mas me desespera en la desesperanza de que llegue a suceder, es cuando va a comenzar por parte de los responsables del colectivo el plantear una educación ciudadana, que lejos de los habituales lugares comunes del bien y del mal pasados por el filtro de la moda, inicien de una puñetera vez el camino hacia una sociedad en la que el responsable lo sea de verdad, respondiendo por sus actos y por sus omisiones, y en la que la energía del colectivo no se limite a la lapidación dominical, por mas que esta sea cada dos o cada cuatro años.
Me temo que aqui ha vuelto el poeta, y que insiste en el error...

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

P.D.-
- ! Cállate Jennifer ! Pájaro tonto de pico largo.-
(De "El profesor chiflado")
Cuando su cotorra -mascota- le dice a Julius aquellas verdades que no quiere oir.
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sábado, 2 de mayo de 2009

MIRANDO PARA OTRO LADO


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“Hola, hidalgos y escuderos
de mi alcurnia y mi blasón,
mirad, como bien nacidos,
de mi sangre y casa en pro.”


MIRANDO PARA OTRO LADO

Por lo visto es uno de esos pequeños detalles, uno de los matices, como el de apretar la mano con fláccida disposición, o el de adoptar la evidente actitud del actor aficionado al que instantáneamente se le nota la impostura. Un signo que a los detectives jamás pasa desapercibido cuando intentan discernir si alguien miente.
Esto, como podrán suponer, pertenece a la ficción. De hecho jamás he visto, nunca he conocido a un detective fuera de la pantalla o de las paginas de las novelas de ídem. Por tanto, no sería de extrañar que el hecho de que tu interlocutor mire para otro lado no signifique otra cosa que una mera distracción hacia tu aburrida plática, una manifestación de desinterés hacia tus argumentos, o un absoluto despreció hacia las preguntas que le planteas. Nada en suma, que indique intencionalidad alguna en alguien que, simplemente, intenta ausentarse físicamente del lugar y de la cuestión ineludible, que tiene enfrente.
El que el interrogatorio lo realice, algo tan alejado de la fantasía como un inexistente investigador privado, o algo tan cercano a la realidad cotidiana, como la propia necesidad de los medios básicos para la subsistencia durante el día de pasado mañana, no cambia en absoluto el desarrollo de la acción.
Podría dejar estupefacto al interlocutor, semejante dejación a la hora de elaborar una defensa razonable ante semejante acusación- y la inevitable condena sin juicio previo- pero siendo, además, el personaje que enumera las preguntas, quien investiga la sinceridad del sospechoso, alguien sin una identidad física – persona física ponen en la declaración fiscal, para diferenciar de las personas del otro tipo. ya saben- y que actúa como tal, no existe lugar alguno para la estupefacción. Tan solo la propia constatación para el interfecto sobre su absentismo cognoscitivo. Vamos que sigue en Babia, algo que, despues de una larga temporada en Jauja, parece de lo mas normal.
Esta situación, es solo un reflejo de una realidad, cada vez mas cercana, ante la que el sujeto de la apatia, que representa a, que es, un país entero, no tiene otra respuesta que el desden, la negativa.
Y es que la pluralidad, la categoría de colectivo, cambia radicalmente la valoración del color de la sospecha. Ya no se trata del elemento aislado, del explorador perdido que puede hacerlo sospechoso de ser la vanguardia de la invasión inminente, o de ser el resultado positivo de un trabajo de investigación, que por su condición de único y experimental deberá someterse a otro nivel de pruebas para comprobar su fiabilidad. Ni siquiera se trata de un grupo numeroso al que, inevitablemente, hay que prestar más atención. Es la comunidad a la que perteneces. Toda la comunidad. Quien manifiesta de forma unánime la postura, el gesto de mirar hacia otro lado. Evitando los ojos implacables frente a ellos, la verdad, la certeza de una realidad harto incomoda, pero absolutamente ineludible.

Yo, ante situaciones así, no me ando por las ramas. Y si se fijan bien, o mal es lo mismo, sobre la imagen inicial, podrán deducir que en poco tiempo, en muy poco tiempo, esas cuatro pobres ¿? criaturas van a sufrir un extraordinario dolor de ojos. La fatiga del músculo recto superior de la órbita, va a generar una sensación dolorosa que probablemente se extienda en sentido centrifugo hasta ocasionar una cefalea intolerable primero, y después, al alcanzar la parte inferior del tronco, justo al lado de la inevitable bifurcación, un mal torturante al que el pueblo, muy sabia y apropiadamente en esta ocasión, llama un dolor de cojones.
Claro que en la ficción, otra vez, fueron solo unos segundos.

-Chicos ya vale. !La foto OK!-
Y pudieron continuar con su tarea de componer temas inmortales en los escasos tiempos libres que les dejaban sus fanáticas seguidoras ( Puse en un principio seguidoras/es, pero al parecer, solo gustaban de las chicas. Otros tiempos) y el humo cegador de las especias combustibles que tan de moda estaban entonces.
El susodicho dolor de las partes -innobles, segun la curia- suele provocar un irritable estado de ánimo que, no pocas veces, desemboca en violencia. No parece una actitud muy higienica, su provocación. Pero seguimos insistiendo.
Aquí, ante la nula colaboración de la presunta victima, el Holmes que todos llevamos dentro- igual que el Quijote que también portamos. Sin menospreciar a nadie- es donde inicia el proceso de deducción detectivesca. Que es mas de indagación hacia delante, la que aprendimos en las otras novelas, las de ficción científica, si es que así pueden llamarse a obras como "Las Crónicas marcianas” de Bradbury, donde aprenderíamos que aquello mas lejano es lo que tenemos mas cerca y que los asuntos mas ajenos, mas extraños, mas marcianos, no son, no serán nada mas que el reflejo de los nuestros. Pero claro aquí habla el poeta y, este también, es sospechoso de rarito, de extraño, de poco representativo para el resto de inmortales, de los de aquí mismo.

Esta deducción no nos lleva mucho mas lejos créanme. Siempre, enseguida, aparece un cartel. Descubrimos maravillados algo que ya estaba ahí desde mucho antes, un letrero con letras enormes, muy fáciles de leer, que nos dice, que nos lleva diciendo desde hace mucho tiempo, aquello que no estamos dispuestos a reconocer.

-Papá. ¿Queda algún marciano en Marte?- Preguntaba el chico del ultimo colono espacial, mientras sentados al borde del lago esperaban el ocaso.
- Si hijo. Los estas viendo reflejados en el agua –


P.D. Los versos iniciales son de un clásico de nuestras letras que firmaba con el seudónimo de Duque de Rivas. Hoy no hay blogs de aristócratas. Lástima. Sería otro excelente motivo para buscar culpables, y quizás soluciones, a los problemas que nos acucian.
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