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martes, 27 de agosto de 2013

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (33).


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sábado, 24 de agosto de 2013

¿Quién es el melón? Apología cucurbitácea.- (2)




3.- Intermedio sinfónico.  

 

 (El de “Cavallería rusticana”, que aparte de estar ambientada en un melonar, nos encanta , a Coppola hijo y a mí).
 Para las más verbeneros, sugiero tararear “Corazón de melón”, mientras reflexionan sobre su característica, ya que este es huero, y no rebosante de jugo y sabor como el de la sandia.  Por mi parte, reconozco mi incapacidad para comprender la relación que pueda existir entre el estribillo , Corazón de melón, melón, melón..., y el resto de la letra:. 

Luna, desde que te conoció
No hace más que pensar,
Que pensar en ella
En ella, en ella.

Dime, dime que pasa por tí
Que no puedes ya vivir
Sin ella, sin ella, sin ella, sin ella

La semana pasada, salí de la autopista buscando el puesto de melones bajo la lona, habitual en cierto punto al sur de Despeñaperros, y encontré en su lugar , tras un todavía esperanzador recodo, una gigantesca, elefantiásica y megalomaniaca área de servicio, donde restaurante cafetería y tiendas diversas se mezclan, haciendo difícil incluso el que pudiera alcanzar mi segundo objetivo propuesto. Observo la llegada simultanea de tres autocares y apuro la búsqueda de los servicios antes de que también resulte imposible el desagüe. Pero los autocares estaban ocupados exclusivamente por chicas, japonesas, con lo cual la disponibilidad del aseo  resultó  plena..
Ofrecian en la tienda, alemanes  de Guarromán y miguelitos de la Roda – sobre los que glosaremos otro dia -  de los melones ni rastro.


4.-  Prosigue el ascenso imparable

Me aferro a los signos externos de riqueza, como último recurso. A aquellos estigmas que antes obligaban a pagar impuestos por ellos y solo por ellos, y que hoy quedan exentos al resultar de difícil separación la tipología de los dueños de los Porsches y los Stingray, entre narcotraficantes, proxenetas o, más abundantes, corruptos a cargo del Estado. Y no es cosa tampoco de molestar a nadie, mejor mirar para otro lado y dejar los signos externos para… los melones.

Etiquetas en primer lugar, vistosas, tradicionales con la foto de la primera comunión del abuelo fundador, o incluso de diseño, con la firma del artista, que de todo hay. De dar a calar ni hablar, venta al peso, ignorante el consumidor de que un buen melón puede llegar a pesar lo mismo que un buen jamón y concretarse en un ticket de varios dígitos.
Pero este verano han hecho añicos mi paciencia, y de virtudes teologales ando en precario, también. He estado comprando la variedad más costosa de las ofertadas, obviando que solo el necio confunde el valor con el precio, aun aceptando el estigma de la etiqueta de marras “Melón de autor”, y me he callado, como lo haría ante el humilde melonero de mi pueblo, con la duda, el temor, de que el “Creador” del melonar anduviese cerca con la consabida garrota espanta depredadores, que no es mi caso. Estaban ricos, a pesar de la sandez. Aceptable relación precio calidad y un consuelo para la nostalgia de lo dulce.

Vuelvo a casa, donde el control de insumos suele ser más fiable por cercano y, donde además, no dispongo de mayor tentación que la  oferta semanal del tío de la furgoneta que llama a la puerta con sus tomates, papas y… melones absolutamente incomestibles. Por lo que decido posponer la deliciosa exquisitez del secano patrio hasta la próxima temporada.
Pero encuentro la oferta en el email  -ya ni en el buzón de las cartas, saltándose pasos en el progreso - con descuentos del 25%, mi perdición, regalo de botella de tinto crianza de la misma denominación de origen – un maridaje doblemente imposible, por la región y por “la” color del vino – y con el envío gratuito en pedidos superiores a... cantidades de tres dígitos que no citaré para no asustaros. ¿La etiqueta? “Selección Platinum”, y supongo que lo de Platinum Pro lo tienen reservado para la temporada próxima. La oferta que me hacen de melones septembrinos es, porque ignoran que, como ellos, los melones, soy de también de pueblo, y conocemos las fechas en que el paso de la madurez a la podredumbre resulta indiscernible.

Por cierto que, como podréis comprobar en la imagen, vienen en cajas individuales de madera de roble francés, supongo, cubiertos de virutas de ídem, y ofreciendo el aspecto herético del niño en el belén navideño. Lástima de no tener inquisidores a mano, están todos en Madrid.. 

Digo yo que alguien tendrá que parar nuestra inmersión lingüística y sin salvavidas, en el terreno de la estupidez colectiva. Melones de autor, categoría platino, vendidos en tiendas “exclusivas” a precios que se acercan demasiado al presupuesto semanal para la alimentación de una familia media de un país en crisis. Creo que  solo es un síntoma, otro más obviamente, de este descenso a los círculos de Dante.

5.- Corolario previsible.

Encuentro imágenes, fotos, del monumento al melonero erigido en bronce, a nivel de la calzada en medio de la calle, impostando cercanía con el transeúnte y posiblemente realizado por el mismo autor que modelaba los indios pieles roja y los marines, en plástico monocolor y que tantas alegrías nos dieron a los chicos , a pesar de su extrema fealdad. Otro disparate a cuenta de préstamos pedidos a nombre de terceros, nosotros, y etiquetado seguramente con el nombre, inmortal ya, del cacique de turno.

Falso a simple vista, desde la composición en la que se intuye como la figura que observa el paso del pollino cargado de melones, saluda al melonero con el mismo signo de cortesía que ofrecería al dueño del melonar, descubriendo su cabeza, tocando el ala de su sombrero o gorra visera, algo imposible, jamás visto. Ya digo que los meloneros que conocí no tenían nombre, ni probablemente alma, en su modestia, como los seis millones de parados, o los inmigrantes que siguen arriesgando sus vidas en el mar de Alborán. Efusivo recibimiento con el que llevan años agasajandonos , rebosando falsedad, en las instituciones que se aprecian en las fotos - solo os castigaré con una de ellas- , según el ángulo de la toma, en ambas aceras de la calle, Caja Rural de Badajoz, y Caja de Ahorros de Extremadura, una frente a otra. Ayer mismo ya no se llamaban así ninguna de las dos. La próxima temporada de melones quizás ni existan como tales oficinas bancarias y tan solo sirvan para volver a cobijar, en el local vacío, al melonero en cuestión. Ya conozco casos similares.

Y digo yo: 

-  ¿Quien es el melón?


P.D.- Adjunto definición de “Calar el melón”, según la Real Academia de la Lengua


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miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Quién es el melón? Apología cucurbitácea.-




1.- Breve apunte histórico.

Invariablemente, con la firmeza que imponen las estaciones en el paisaje y en los paisanos, el comienzo del verano estaba marcado en mi caso, por el montón de melones apilados junto a la puerta. Una  mañana determinada, un camión se desprendía, como cada año, de su verde carga y  su correspondiente melonero. 
Este hombre, sin rostro reconocido, sin nombre salvo el apodo de su oficio, forastero, nómada en cierto modo, era una parte inseparable de su montón. Vivía, comía y dormía junto a él, y no desaparecía, tan sigilosamente como había llegado, hasta vender la última pieza. 

Un recuerdo borroso tomado al vuelo por el escolar cuyo reloj estaba sincronizado con el del melonero, tiraba la cartera en un rincón al terminar el curso, coincidente con la aparición de la montaña  verde bajo los soportales, e inmediatamente la bicicleta y los amigos ocupaban toda su atención.  Pero ahí está la sombra del vendedor ambulante, junto a  la báscula romana y su navaja de calar, que eran todo su  control de calidad y su certificado de garantía.

Relación estival, sin solución de continuidad alguna.

Es más, una vez superados los tabúes  vernaculares – por la mañana es oro, por la tarde plata y por la noche mata- junto a otros, mucho más dañinos , impuestos por la censura política y religiosa, que tanto monta, propios de esos últimos cincuenta años, nos encontramos la sorpresa agradabilísima de comprobar que no solo no mata, sino que está riquísimo a todas horas, y de muchas formas, si bien la de la tajada –prefiero dos- a la hora del postre, no parezca la más conveniente, a priori.

 Junto  a la eliminación de los impedimentos gastronómicos, tan solo en cantidad y horario, que tampoco había mucho más donde pecar, fueron cayendo otros, en facetas de la vida tan importantes como la alimenticia y que al postre, hicieron esta más agradable, liviana, y hasta merecedora de cierto Shangri lá para optimistas irredentos, que estará, sin duda, a la vuelta de la esquina, para ellos. 


No resulta fácil, llegada la fecha actual, para un servidor, tan nómada como el melonero de la infancia, encontrar en lugares diferentes, el melón idóneo, tan dulce como la miel y tan prieto como una caña de lomo en punto justo de curación, aun conservando la inolvidable navaja de calar, albaceteña ella,  y convertida en arma blanca, según criterios policiales que creímos olvidados para siempre, y que va a ser que no. A pesar de que una rosa siempre será una rosa, y la mía, de negras y nacaradas cachas será siempre la de calar. 

2.- El  Irresistible ascenso de Arturo Ui (Sobre textos de Bertolt Brecht que , como sabeis, son una alegoría satírica de un personaje real).

No resulta fácil encontrar uno de los buenos, o medio bueno. Imposible el dulcísimo de entonces, enfriado junto a las tinas de agua y cuyo fluido vital escurría por las comisuras de nuestra boca casi adolescente.
Por ello debemos fijarnos en signos externos , algunos todavía fiables, como el peso relativo observado en ambas manos consecutivamente para descartar el error de paralaje, la apreciación del peso sobre la mano derecha habituada a mayores esfuerzos y por tanto menos sensible a la hora de usarla como balanza.

El peso y poco más, resultarán de fiar. La forma de balón de rugby característica del de Villaconejos, aun cuando nunca habíamos visto uno, dejó de existir junto con la variedad que la detentaba. La piel rugosa, de sapo, tampoco es indicativa de calidad certera- El color o los círculos concéntricos, pajizos sobre la superficie no certifican gran cosa.
Nos queda pues, desgraciadamente, la etiqueta y el precio. El marketing y la fe, la creencia en que algo costoso es indudablemente mejor.  Poca cosa.
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domingo, 18 de agosto de 2013

TIEMPOS FELICES




Ficción y realidad eran realmente conceptos diferentes, incluso antagónicos.-
- Hoy, amigo Flash...

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viernes, 16 de agosto de 2013

EL DISCRETO ENCANTO DEL SURREALISMO. (BUÑUEL EN EL MANUAL DE USO CULTURAL).






Alguien dijo que todo exiliado lleva siempre dos mochilas a la espalda, la nostalgia y el resentimiento. Y que no podrá desprenderse de ellas durante el resto de su vida, desde aquel momento cruel en que violentamente es desprendido del cordón umbilical que lo fija a sus raíces.

Aún en el caso del hipotético regreso, resulta difícil apaciguar el dolor de la memoria que se vuelve incapaz de reconocer personas y lugares que se volvieron diferentes, tanto como el que retorna, el mismo Ulises.

Buñuel es un paradigma del maño errante, el que tiene que abandonar su país, sin la esperanza ilusoria del indiano – su padre- sobre un confortable regreso. La guerra civil supuso la imposición del billete de solo ida para los perdedores. Y las escalas en Paris, Nueva York o Méjico, fueron solo estaciones del viacrucis que no lograron sino exacerbar ambos componentes que formarán parte esencial en la paleta del artista.
 
Los gritos de “Vivan las caenas” que aparecen como caprichos de procedencia goyesca en sus últimas películas, su actuación como verdugo – aplicando el garrote vil – en “Llanto por un bandido”, de su presunto sucesor Saura, y todos los ecos de la España negra, del esperpento filmado, no son otra cosa que el reflejo del dolor, la nostalgia por la Calanda de su infancia, y por el Madrid prodigioso de los años de su generación, finales de los veinte, cuando la aurora del arte y la política llenaban interminablemente sus días  en la residencia de estudiantes.

El resentimiento, más explícito que sugerido, como sentimiento ambivalente  amor-odio, lo polariza, aparte de la añoranza imposible por un país perdido,  en otros dos aspectos fundamentales de su obra   ( y de su vida), el anticlericalismo y la misoginia. De cómo con esos mimbres puede conseguirse un cesto prodigioso que encierre dos docenas de películas imprescindibles, solo podemos entenderlo si creemos en los misterios gozosos, como el del experto religioso D. Luis, que consiguió  pasar de blasfemo y hereje a ser propuesto como modelo de beatitud, debido a su constancia en el anatema. Dogma religioso: “Habla de mi aunque me detestes, que todo lo aprovecharé”. Desde “La edad de oro” 1930 hasta “La vía láctea” 1968, una constante. 

Pero, si bien el iconoclasta presta su sello irónico, escandaloso para algunos, sobre ciertas incoherencias eclesiales, es su recalcitrante visión morbosa, francamente patológica, sobre la mujer, la que ofrece innumerables pretextos para que la psiquiatría tome cartas en el asunto,  ofreciendo un novísimo y personal enfoque cinematográfico en la relación hombre/mujer, y  prestando un singular atractivo a casi todo su cine.
Fetichista, necrófilo, sádico, masoquista, o ambas cosas, pequeñas o no tan pequeñas desviaciones del comportamiento que ponen de relieve, incesantemente, esas situaciones límite del ser humano, en la frontera invisible entre la normalidad y la desviación enfermiza. 

Quizás la etiqueta de surrealista quede demasiado pequeña, y sobre todo obsoleta, para calificar su estilo, eminentemente buñueliano, claramente inclasificable, único, como el de todos los genios que en el mundo han sido.
Sus comienzos, condicionados por la moda de “épater le bourgeois”, procedente de los decadentes del XIX y motivadora de aquella cosa que se dio en llamar surrealismo, sufrieron un traumático corte debido al fenómeno 36-39, y debieron pasar casi veinte años hasta que el Guadiana volvió a fluir. Por cierto, Alcoriza nació en Badajoz y todavía estoy esperando que le dediquen algún edificio costoso. O mejor algún ciclo de cineclub de barrio, se lo merece. 

Buñuel, descubierto, y santificado por los sacerdotes de la escuela parisina, Cahiers du Cinéma, pasa de ser un oscuro realizador mejicano a figurar en la galería de los genios consagrados.
Hoy “Los olvidados” está considerada patrimonio de la humanidad, con todos los merecimientos, Viridiana es una de las cinco películas españolas imprescindibles para nuestra filmoteca e incluso nuestra historia del siglo veinte, y él mismo, junto a los otros B, Bardem y Berlanga, son  realizadores españoles motivo de orgullo patrio. Si bien D. Luis siempre prefirió ser comparado con otro B, Bergman, con quien compartía obsesiones y admiración mutua. 

Impagable toda su etapa mejicana, cine de ínfimo presupuesto, y de excepcionales resultados, una docena de huevos de dos yemas, con la marca inconfundible, la sublime obsesión por el onirismo exaltado de este otro maño sordo e inmortal.
Inestimables colaboradores de su hazaña, Rabal, Alcoriza, Silvia Pinal y su abnegado marido, el productor  Gustavo Alatriste; románticos cineastas inmersos en el neorrealismo, y no otra cosa, pasado por el filtro de la nostalgia de Calanda y el resentimiento, la misantropía implícita en la serie negra de Goya.

 

Escasas y geniales sus películas españolas, inolvidables Tristanita con su patita quebrada, y  Lola Gaos en la sagrada cena de Viridiana,  aunque españolas lo fueron todas de alguna manera.
Lástima del final alimenticio, de su trilogía francesa. Del abuso inevitable de los productores codiciosos, sobre los genios seniles, fenómeno repetido con Wilder, Hitchcock, y otros octogenarios presentes en la parodia-homenaje, el oscar honorífico a Don Luis.
Pero es que, si la vida resulta dura para algunos, la sobrevida suele ser peor. Incluso para los genios.    

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domingo, 11 de agosto de 2013

PURO TEATRO


Teatro,
Lo tuyo es puro teatro
Falsedad bien ensayada
Estudiado simulacro
Fue tu mejor actuación



Y todavia algunos espectadores siguen pensando que la función es gratis.

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viernes, 2 de agosto de 2013

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (32).


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