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viernes, 25 de julio de 2014

Películas para el verano.- (1)





Sufro al pensar que el destino logró separarnos…

Supongo que el bolero hace referencia a la programación estival. Parece ser que los industriales que viven de vender sombras proyectadas sobre una pared, no han considerado la advertencia recibida por sus taquilleras y además de mantener las tarifas de la droga que - evita pensar durante noventa minutos - cada día resulta más necesaria para la salud mental del vulgo.

“Pues si el vulgo es necio y lo paga es justo

Hablarle en necio para darle gusto.”

Creo que es de Lope, aunque si es el de Aguirre o el de Vega, ya no lo tengo tan claro.

Y tanto es así la desconsideración de los exhibidores, que estos continúan reservando para la temporada veraniega, los estrenos de todas esas polas a las que hay que dar salida antes de que su mal olor se convierta en apestosidad intolerable.

Afortunadamente estamos curados de espanto y aprovechamos estos días de asueto simulado – el autentico llega cuando ya resulta francamente innecesario – para sumergirnos en las páginas refrescantes de los clásicos. Y esto de los clásicos tiene además la virtud de que cada uno tiene los suyos, a pesar de que los críticos, las listas o los tratados literarios quieran imponernos un canon ajeno, el suyo.

Por eso, y apartando de un manotazo invisible, la bendita censura mental basada en la experiencia, igual que el conocimiento científico intenta conjurar la ouija y los milagros del santero local, despreciamos saludablemente las mil y una sagas nórdicas de crímenes de medio pelo, las recalcitrantes novelas históricas que ya en su enunciado avisan de su doble falsedad, novela e histórica, así como las versiones románticas y tergiversadoras de la melancólica nostalgia de posguerra, y no de cualquier posguerra, ya que solo hay una y eterna, o al menos hay que intentar que dure todo lo posible, mientras siga beneficiando a algunos y el vulgo continué prefiriendo la necedad a la reflexión y al aprendizaje en cabeza ajena.

Hay otras etiquetas que tambien evitan al lector perder tiempo y dinero, pero estas resultan ciertamente evidentes a la par que dolorosas para los ojos, estanterías completas dedicadas a familiares de segundo nivel que escriben sobre sus allegados, políticos de tercer nivel, con argumentos centrados en las vísceras más demandadas en la casquería patria, el corazón y la placenta.
Otros directamente incitan la curiosidad del presunto comprador con títulos espeluznantes que intentan secuestrar la voluntad de la victima vía curiosidad desatendida.

Así recuerdo un par de ellos recién puestos en los estantes de novedades “Petete no existe” o quizás era “Espinete no existe” enunciados ambos que desgarran mi alma y me impedirán conciliar el sueño hasta comprar el libelo y comprobar que tan solo era una broma del autor. Vaya si existen. 
Y al lado, el inevitable manual de autoayuda “No culpes a tu Karma si actúas como un gilipollas”, sic, tal cual, y ahora que estaba yo iniciándome en el asuntos espiritual de la cosa esta de la energía trascendente, invisible e inmensurable que se deriva de mis actos, y viene este cretino a decirme que no me moleste y que con las cosas del carácter no se juega, que 

Tu cabellera sedosa acaricia mis sueños y me estrechan tus brazos amantes al arrullo
del cucurrucú
, como, tambien sic, dice el bolero.

Vuelvo por tanto a “mis”clásicos, y comienzo la temporada con Los Cuentos Completos de ella, de la dueña y señora del corazón solitario y cazador, Carson McCullers, prescindiendo de aquellos ya publicados en anteriores recopilaciones, y comprobando la insistencia que han tenido los norteamericanos, durante los años cuarenta y cincuenta en destrozarse a si mismos, llevandose por delante a la familia si es preciso, con esa droga bíblica que es el alcohol. Cheever y Capote están en idéntica onda, del resto de los narradores que publicaban en New Yorker, hasta que los de la generación beat les enseñaron vicios peores.

Son historias cortas, de lectura fácil, y en las que el cóctel de desamor, nostalgia y esa deprimente sensación de que estás a las puertas del paraíso y una extraña fuerza anula tu voluntad de incorporarte a él. 
Vuelves una y otra vez a esa epoca virginal en la que todas las promesas podían cumplirse, y todavía no habían dado la menor señal de carecer de fundamento, la infancia, y recorres ese espacio de protección compartida con tus hermanos y algún amigo, no necesariamente con tus padres, y en todo caso nunca con los dos, en las historias de esta mujer, como si la entrada al mundo de los adultos  llevase incorporada una herida dolorosa que relegase necesariamente la felicidad al mundo infantil y a la familia perfecta.
No llegas a saber, aunque lo intuyes, que ese desengaño solo resulta llevadero cerca de la botella, y de sus consecuencias.

Y el caso es que no resulta pesimista el envoltorio de sus relatos, no todo lo que podría parecer, la sensibilidad exacerbada de la chica enferma que fue, rebosa desde la mayoría de sus páginas, y te reconforta, como hace el bolero, haciéndote bailar a la vez que escuchas tu propia historia, la de todos, y sientes que, de alguna manera, esa es la gloria de los autores queridos, de aquellos cuya amistad gustas frecuentar, la de  compartir sus penas contigo.

No ha sido un mal comienzo de temporada, como el telonero local  facilitando el próximo encuentro con autores extraños, desconocidos y a la vez imprescindibles. Aunque me temo que no va a ser posible tamaña satisfacción.

 ¡Oh, no, no...satisfaction, i can´t get no! 
dice Mick Jagger.


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jueves, 24 de julio de 2014

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA.- (51)



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martes, 15 de julio de 2014

LA CARA OCULTA DEL DOCTOR CYCLOPS.-




Reivindicando los villanos de ficción. (Los malvados reales no lo necesitan).-


        -Llevo haciendo abuelas desde los diecinueve- confesaba ayer una actriz que  ha cumplido los setenta en los escenarios, gracias a que el papel de abuela sigue resultando imprescindible para el mundo del espectáculo.

        

      Aunque el de “malo” suele ser el mejor regalo para cualquier actor que quiera dedicar toda su vida al oficio, bien en el cine o en televisión. Lo del teatro ya hace tiempo que pertenece a otro circuito del entretenimiento, bastante diferente y restringido, y además aquí, salvo el rol del “galán joven” que, gracias al traje de Armani, algunos de nuestros clásicos han estirado indefinidamente, ejerciendo cuando ya son bisabuelos en la vida real, el resto de los personajes tópicos queda tan desdibujado como cambiante, de manera que los héroes sociales o revolucionarios, y los folclóricos y religiosos -hasta santos se representaban en los escenarios- han pasado a mejor vida.
        
     Sin embargo los “malos” continúan siendo necesarios, quizás como catarsis para el espectador sobre los otros malos, aquellos a los que envidiamos por su valentía a la hora de transgredir leyes humanas y divinas, y  por la impunidad de sus actos, que parece imbricada como séptimo velo, enagua invisible y protectora, dentro de las sucesivas capas que les permiten flotar, cual vampiros diurnos, por encima de sus victimas. Conste que los envidiamos por todo esto, que no por sus principescos modus vivendi. Al fin y al cabo si la de-formación judeo cristiana no nos hubiese  hecho alérgicos al crimen, ahora estaríamos todos, tan aburridos de los placeres que puede proporcionar el dinero (ajeno) que nos veríamos empujados a buscar nuevos atractivos sensoriales y, sobre todo, nuevas victimas a la hora de costearlos. Y de estos nuevos- viejos placeres, va hoy tangencialmente el asunto.
        
      Los malos, requetemalos, y terroríficos personajes cinematográficos que llenaron nuestras mentes infantiles de ese pavor animal que alejaba el sueño, e incluso llegaba a relajar los esfínteres, esas criaturas de monstruosa ficción en su primeras aproximaciones, muñecos de cartón y plastilina, evolucionaron, y maduraron junto al espectador, hacia versiones más elaboradas del mal, de las que su mayor y mejor representación estará siempre encarnada por un ser humano, que es el que al fin y al cabo ha inventado todos los monstruos, cuanto más ficticios más útiles a la hora de enmascarar, de ocultar al otro, al verdadero.
        
        También los malvados del cine no son otra cosa que una pantalla* para distraernos de la realidad infame, pero asumiendo que todo lo anterior sea cierto, o al menos verosímil, me encuentro necesitado de confesar mi cariño hacia ellos, hacia los villanos de las películas, que para mi han sido, y serán siempre, los actores que los han representado a lo largo de toda su vida.  Imborrables y pérfidos, crueles y sádicos, Jack Palance en Shane “Raíces profundas” y Henry Silva en “Green Mansions”, donde le quitaba la chica, la Audrey de quien nos enamorábamos por primera vez, y  digo primera vez de ella, al pánfilo de Anthony Perkins, uno de esos malos tan flojos que si no fuera porque Hitchcok nos lo explica en la última escena de otra película, ni nos hubiésemos enterado.
        
        Si bien esos dos fantásticos y achinados malos, son motivo de mi devoción, hay otros dignos de veneración que no deberían pasarnos desapercibidos, salvo que queramos pecar, otra vez contra el imperio austrohungaro, como citaba Berlanga en todas sus películas, aunque habría que decir contra los mandamientos judeocristianos, que también nos fueron censurados y cambiados por los los malvados judeomasónicos en la época aquella de la dictadura anterior a esta.
        Y hoy es Albert Dekker el protagonista de este panfleto, igual que lo era en sus películas, a pesar de que el “bueno” figurase con letras mas grandes en el cartel.
        Solo por su papel en Dr. Cyclops, ya merece figurar en el olimpo del cine de todos los tiempos, el tener su imagen en el salón de la fama, y en la parafernalia mística, donde residen las imágenes inmortales del terror. El científico loco, que no lo era naturalmente, loco, sino que pretendía dominar el mundo con el invento que permitía disminuir el tamaño de sus semejantes hasta convertirlos en homúnculos liliputienses, con los que pretendía conseguir sus perversos fines.
    
    Todos los fines eran siempre perversos, pero solo en el cine, que en la vida real la historia nos demuestra que la peor de las perversiones y la mas dolorosa para la humanidad es la de justificar las tragedias provocadas, guerras inclusive, con la mejor de las intenciones, el fin que todo lo justifica. Lo de volver pequeñines a los demás era solo una inteligentísima metáfora -tanto que no nos dimos cuenta- de aquello que los nazis primero y los comunistas después, pretendían hacer con todos nosotros. Intenciones que eran frustradas siempre por la rebelión de los “buenos” de la historia ficticia, porque ya sabemos que los de la historia real no se rebelan jamás, y por supuesto no confundir nunca rebelión con revolución, palabra absolutamente proscrita entonces y ahora.

        A pesar del triunfo, en la película, de estos “Muñecos infernales”, otro título en el que el villano travestido de abuela era nada menos que  Lionel Barrymore, segunda capilla a la derecha, eran siempre ellos , monstruosos y malignos factotum quienes quedaban en nuestro recuerdo haciéndose, por supuesto, merecedores de todo nuestro cariño.
        
        Por eso lo uso, al Cyclops, como icono en mi dirección celestial, correo, blog, Google +, etc. con el riesgo, asumido y aceptado, de que algunos lectores piensen que es mi foto de carnet, y que esos lentes, hoy antediluvianos de tropecientas dioptrias, sean parte de mi habitual fisonomía. No he querido desengañarlos. Además que, todos somos malvados a lo largo de nuestra vida, y si hay algo realmente inalcanzable para el resto de mortales es lograr la celebridad en el oficio, la de Albert Dekker.
        
      Y es que, es el malo de Forajidos “The Killers”, sobre el mejor relato de Hemingway, tan bueno que nunca sabremos si lo copió de otro, el de El beso mortal “Kiss me deadly”, jugando con material radioactivo, el de “Suddenly last summer”, De repente el último verano, junto a una “mala” incluso peor que él, Katherine Hepburn, lobotomizando a la pobre Elizabeth Taylor cuyo único y despreciable vicio era que le gustaban los chicos, el de “Al Este del Edén”, y así hasta su penúltimo rol en “Grupo Salvaje” donde era el motor, el Midas de toda la historia. Os aseguro que eclipsaba a todos ellos, y si así no hubiera sido ahora no os estaríais sorprendiendo de que saliese en esas películas que tantas veces habéis visto y que,curiosamente, os haya pasado inadvertido. Esa es la labor de un actor, incluso en la piel del villano. 
       El que además se enfrentase al equipo del senador McCarty, negandose a colaborar en el asunto de quemar brujas (colegas en la maldad), y eso le supusiera el tener que abandonar Hollywood para regresar al teatro, donde la muerte del viajante Willy Loman no habría durado cinco años en cartel sin su colaboración, no fue mas que la confirmación de que detrás del estereotipo había un actor y, detrás de este, una persona.  

                Pero es en su última actuación, postmorten, cuando logra eclipsar a todos los villanos que en el mundo han sido. Hasta, incluso, las escalofriantes escenas de Annibal Lecter, primera a la izquierda, en el silencio de los corderos, donde el malo de verdad es otro, y la crueldad para con sus victimas femeninas nos son mostradas explícitamente a los espectadores, infringiendo la sacrosanta ley no escrita del cine de terror, y del cine en general, donde no hay que enseñar, ni explicar, tan solo insinuar para que la mente del espectador, que pretende ser participe, añada el resto.

      Esas imágenes sangrientas, y todas las que hemos visto en las películas, posiblemente no hagan sombra jamás a las del cadáver real de Albert Dekker, cuya descripción,  nos hace imaginar hasta donde pueden llegar los desvarios de una mente enferma, o dos, que eso nunca lo sabremos.
       Buscaba el actor esos placeres ignotos de los que hablaba al principio, y aparte de conseguir desaparecer de este valle lagrimas, no ha conseguido que olvidemos su papel en Dr. Cyclops. Si se marchó con gusto o tan solo buscándolo, quedará como un misterio en el mundo de las sombras.


         
        Puede que algunos confundan la vida con una mera representación de aficionados y pretendan trascender el espectáculo hasta el más allá. O bien, puede que no pretendan nada , y seamos nosotros los que continuamos buscando el hilo conductor que nos guía a través del mundo de los sueños. Va a ser eso.

  

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domingo, 13 de julio de 2014

HOY SARAMAGO .-





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viernes, 11 de julio de 2014

GALERIA DE SIMPÁTICOS.-(O QUE A MI ME LO PARECEN).- 21






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martes, 8 de julio de 2014

LECTURAS DE VERANO 2.- ¡TODOS AL TREN!




Tren de noche a Lisboa.2013  Director: Bille August. Género: Aventuras. (Según Guía del Ocio).

 

Mal comenzamos. Imagino que alguien puede ir al cine  buscando un film, o filme, de aventuras y encontrarse con una historia que le obliga a pensar, y que esta actividad sea el principio de una enfermedad mental degenerativa y generadora de esa actitud exclusiva de los que disfrutan odiando a los demás, aunque a veces no sea imprescindible lo del disfrute, la misantropía.
Solo le falta al cartel, la etiqueta de “Basada en hechos reales” para que imaginemos la solapa del libro, escrito por un señor de Cuenca, en la que se destaca la autoría previa de un par de sagas nórdicas, leídas – no solo vendidas, puestos a mentir - por millones de amantes de la lectura, y firmada por un nombre femenino, con muchas jotas, kas, y dobles eses, para certificar la falsedad de su procedencia escandinava.


Me pregunto  si alguien resolverá algún día los enigmas que me desvelan.

 -Sacar mocos de la nariz – secos eh – mientras se conduce, ¿Cuántos puntos quita?

 -Los negros de los que dicen escribir libros “de éxito”, aun siendo autoras generalmente monas, cosa improbable, ¿Son negros o negras?

-Y los que escriben erróneamente los titulares de la prensa, en general, y de la sección de cine en particular, ¿Dónde lo aprenden?


En fin, supongo que el personal tiene otras cuestiones, y otras dudas, más interesantes que las mías. Sin ir más lejos, lo imagino ansioso de sumergirse en la próxima edición de la estupefaciente serie nacional, que en la próxima temporada, agotados y exprimidos los exitosos argumentos de las anteriores, referidos a la burbuja, al secesionismo, a la abdicación e incluso al aforamiento, palabras de uso popular que adobadas con lo de “Poner en valor a”  o como leo ahorita mismo en un diario nacional  “Si son elegidos líderes del partido, dicen que se presentarán a las primarias” ellos, los líderes por designación, y la evidencia de que los periodistas en prácticas ya han tomado las riendas estivales del las crónicas del disparate patrio.


Lo de primarias promete para varios capítulos, y lástima que no haya lideresas también, rubias a poder ser, como nos tienen acostumbrados, para la nueva temporada televisiva de la HBO, la LFP, la NBA, o de cualquier otro triunvirato de consonantes que, así en mayúsculas, resulta agresivo, como todo internauta experto bien sabe, pero explica perfectamente el nivel de exigencia de los radioyentes, tres letras máximo es la consigna de la dirección.

Otros patrones argumentales, a pesar del éxito cosechado por la audiencia, en el pasado, como la prima del riesgo (ajeno), el desempleo – mal llamado paro, por razones obvias- la corrupción que, al ser costumbre  ya no tiene tanto gancho, o incluso el desfasado terrorismo, en vías clarísimas de reconciliación entre víctimas y verdugos, no parece que tengan la menor opción de cara a la temporada, que suele iniciarse cuando la tía Eduvigis deja de hacer gazpacho, y vuelve a la legumbre, en otoño.

Lo de la reconciliación entre los que están bajo tierra y los que impulsaron la inhumación, ya me resulta como otra coña insufrible para la razón impura, la de Kant tampoco se por donde iría ante estos disparates. 

Ayer vi.  “The Railway Man” 2013  de Jonathan Teplitzky,  felizmente traducida por “Un largo viaje” - me habían hecho temer por la desaparición del Master en traducción de películas - en la que aparece la leyenda esa de “basada en hechos reales”, y donde, además de la desesperación de los admiradores de Nicole Kidman, al comprobar los estragos de sus primeros planos, prueba fehaciente de nuestro propio envejecimiento, se relata la improbable amistad y reconciliación entre los verdugos y por ende torturadores japoneses, cuando lo del río Kwai, y los miles de soldados ingleses que llenaron las tumbas colectivas de aquella memoria histórica.
Bien es verdad que, aún sin rematar correctamente, ni siquiera intentarlo, el asunto del por qué una raza pretende exterminar a otra por considerarla  más despreciable que los animales ídem, y viceversa - no se dignan los guionistas recordar al espectador el asunto civilizador y progresista de Hiroshima y Nagasaki - terminan culpando a las guerras que, como todos sabemos son muy malas, y no las origina nadie, ni las consiente tampoco, son cosas del destino de nuestro hormiguero inmundo, y mejor reducirlo al sentimentalismo, al perdón individual, al buenismo que tanto gusta a los espectadores – que son, somos, personajes de este documental que es la vida, sin saberlo – de estas series televisivas.

 
En la nuestra no ha llegado todavía, la conversión de terroristas en héroes, pero no desesperemos, que en Irlanda ya lo están celebrando.

Y si he estropeado el argumento a los que pensaban ir a verla, no lo siento, ni pienso reconciliarme con ellos, a pesar de los actores y del lujo de producción y demás, creo que le falta un hervor, y en la fase del guiso donde más resulta más necesario, en el guión, que parece sacado de uno de esos best seller del principio.

 

La de Bille August tiene un patrón similar, el que ofrecían gratis en la primera lección del curso de Corte y Confección de CCC – otro trío - si bien, por motivos que enseguida comprenderéis, se ha ganado un lugar en mi corazón.
A pesar de que el esquema narrativo resulte tan sobado como el comienzo de una historia a partir de un libro que cae fortuitamente en manos del protagonista y el embrujo de la belleza de sus versos, o aforismos, obliga a este a coger el tren nocturno a Lisboa y... Y no voy a destripar el resto, aunque ganas no me faltan.

Estupendos Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Christopher Lee, Bruno Ganz – en su blanca Lisboa de Alain Tanner- o Tom Courtenay, tan estupendos que tuve que buscarlos en los títulos finales para reconocerlos en los papeles asignados. O sea que todavía quedan actores.


Pero lo más estupefaciente del argumento, para mi, es el descubrirnos una realidad tan cercana como oculta, la dictadura portuguesa tan próxima como superponible a la nuestra, que con la propia estábamos bastante entretenidos, y censurados supongo, para malgastar indignación con la del país vecino. 

Necesaria revelación, aun con el agravante de distraernos con la belleza de sus protagonistas, que no son las arriba citadas, y con el final reiterado sobre el que no voy a insistir.
Creo que es una más que digna producción paneuropea, realizada por y para las cadenas televisivas del continente y en la que solo me extrañan el que figure como director Bille August, y quizás alguna localización marginal de exteriores, ciertamente deslocalizada. Lisboa preciosa. 
Digamos que, imaginación la justa, puesta en escena de autentico lujo, y como crónica de una época y lugar cercano, casi imprescindible. He disfrutado con ella.

Maridaje (otro estúpido modismo) obligado: 
 Vino verde y licor de guindas helado si es en la terraza, café torrefacto y pastel de nata si en la sobremesa.

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