domingo, 26 de agosto de 2018

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA (96).-


------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

martes, 21 de agosto de 2018

LOS MAIA.- ECA DE QUEIROZ.- LA ÚLTIMA NOVELA.-


Cronología de un prodigio.-

Flaubert. Madame Bovary 1856. La educación sentimental 1869
Tolstoi. Ana Karenina 1877
Leopoldo Alas. La Regenta 1884
Eca de Queiroz. Los Maia 1888
Thomas Mann. Los Buddenbrook 1901. La montaña mágica 1924
Fellini. I Vitelloni 1953


Los Maia. Eca de Queiroz. La última novela.

Cuando uno se introduce en un universo inexplorado, un intrincado y extenso lugar del que desconoce todas sus claves, puede sentirse como cualquier personaje de Verne, descubriendo un mundo exótico en el que se encuentra inmerso y, por supuesto, perdido. En plena aventura.

Acaba de pasar ante mis ojos, una abubilla en vuelo rasante, un nuevo espécimen que añadir a las aves que merodean por el jardín. Con los murciélagos que deleitaban la observación de nereidas hace dos noches, ya se acercan a la docena las especies pajariles avistables, de los que el único exótico es el que los mira disfrutando de su cercanía. Supongo que el murciélago quizás pertenezca a otra categoría más próxima todavía, y bien podría ayudarme en la imprescindible orientación que voy a necesitar navegando por estos mares, o charcos, tan cercanos como desconocidos.

Ya están harto desfasadas las clasificaciones de los géneros literarios, tanto que recoger la etiqueta impropia de novela naturalista o quizás realista, es de una falsedad ostensible cuando uno se enfrenta al circulo intimo y aristocrático de una familia portuguesa adinerada del XIX, entendiendo que el naturalismo o el realismo quedarán siempre fuera de las páginas que intenten retratarla. Un mundo feliz y exclusivo para disfrute de la cúspide de esa pirámide social donde los niveles inferiores, innumerables y superpoblados, son sistemáticamente ignorados por los autores de estas novelas inclasificables a las que hoy calificaríamos sencillamente como obras de ficción, por tanto denostadas y dirigidas a a quienes tienen necesidad de otra vida más ficticia que la propia, que ya son ganas.

Ausente pues el pueblo llano, la saga familiar, el rio literario por el que van a discurrir tres o hasta cuatro generaciones de personajes, va encajonado en el pródigo despilfarro donde se instalan sus protagonistas desde el primer capitulo, cuando escuchamos manifestar al administrador su certeza de que el patrimonio familiar no peligra por mucho que dilapiden sus señoritos. Y este secretario y amigo, quizás sea el único al que podamos asignar un trabajo real, un empleo eficaz, proveer libras y countos de manera incansable a sus amos. El resto, cocheros, prostitutas, aparceros o guardias, si son citados ocasionalmente, siempre lo serán bajo el estigma de la suciedad, brutalidad o el etilismo.

Pero es que, el lector exigente busca siempre la pompa, la ostentación y el placer, y sabe donde encontrarlo. Entre cretonas, paletós, cordobanes y reposteros, palabras cuyo significado junto al de otras decenas de ellas, he tenido que buscar en el diccionario, para poder olvidarlo inmediatamente. Ni tan siquiera, los lujos de mil ochocientos han resistido su avanzada edad, y las modas, efímeras por su sustancia, todavía menos.

Y a pesar de todo, desde hace semanas, sigo perdido dentro de esas calles lisboetas, de esas mansiones del centro o de las afueras señoriales donde el spleen y el dinero portugués se unieron, como casi siempre suelen hacer, para recrear a su manera la decadencia imperial, a base de ostras y champan, hábitos que habían vislumbrado en Londres, en París o en Berlin, pasando por alto los austeros y temidos vecinos de quienes tan solo sus mujeres sirven para identificar con su gentilicio a las meretrices.

A pesar de todos los pesares, hay magia torrencial que te absorbe haciéndote adicto a sus innumerables paginas, rayando estas en la infinitud, intrigado y absorto en las vicisitudes del protagonista que sirve de puente entre las distintas generaciones y a quien sigues convencido de que sus aventuras, si las hubiera, convertirán tu lectura en placentera. Así hasta el final, ese que te sabe a poco, a poquísimo, sin tener claro si la escasez, la penuria, la atribuyes a la situación vital del personaje cuando termina el texto despidiéndose, o a que habrías seguido leyendo gustosamente otras novecientas páginas.
Eso es la literatura, la buena, y su inevitable comparación con sus fuentes, las del Nilo, que vas ubicando en el mapa de las lecturas que atesora tu memoria.

Tiene elementos e incluso estructura comunes con otras obras maestras coetáneas, anteriores unas, quizás fuente de inspiración, y posteriores otras, quizás deudoras de Queiroz. Y son estos nexos argumentales los que me sugieren estar leyendo una única novela, la madre de todas, la última por tanto. Un cóctel de sabor previsible donde no van a faltar las escenas hacia y desde el palco del teatro, siempre reservado, siempre de abono a cuenta del ilustre y generalmente cornudo aristócrata, príncipes si rusos o alemanes, marqueses o condes si franceses, italianos o portugueses. Palco desde donde ver y ser vistos, donde exponer a la diosa de la historia, como admirada mujer florero, y donde van a generarse las pasiones que el novelista conducirá al lugar común de todas ellas. El pecado es lo que tiene, su castigo.

Pero, aparte de este escenario, común junto a otros, como los escarceos de los amantes dentro del coche de caballos, en pleno transito ciudadano, transgresión inverosímil para los que tan difícil lo tuvimos en un Simca 1000 parado, me sorprende la obsesiva fijación de todos los autores citados, con el amor casto y utópico, antaño platónico, de los protagonistas masculinos por alguna señora mayor, casada con maridos absentistas de ellas o quizás tremendamente agotados por sus inevitables amantes.
Estos sublimes enamoramientos que suelen ocupar hasta dos tercios de las novelas, se satisfacen en cuatro lineas sin llegar a manifestar atisbo de erotismo o de éxtasis placentero por los protagonistas, nada más allá de una faldas arrugadas, del crujido del vestido al tropezar con las botas del galán o de las sabanas desordenadas la mañana siguiente al día de autos.
Algo sospechoso además, el que todos ellos persigan idéntico ideal femenino, obviando las jóvenes bellezas que, sin duda, amenazarían con casamientos finalizadores de la historia, con aquello de las perdices, pero que, también, ofrecerían a los lectores, siglos después si fuera menester, la presencia de vida real, fresca y atractiva, más allá de la omnímoda presencia de las pelucas y polvos de arroz, inevitables en estas figuras del siglo diecinueve, en estos estereotipos femeninos que nos hacen sospechar el inevitable edipismo de sus autores, esa fijación por mujeres que podrían ser sus madres, a la vez tan asequibles al adulterio sin contrapartida, cuando no sea la suprema de ocasionar un divorcio incivilizado e incluso algún amago de duelo por aquello del deshonor perdido. El honor y la dignidad siempre quedaban a buen recaudo en la billetera.

Lo auténticamente meritorio de este genero literario es el que consiga que el infeliz lector se enamore también sin remedio de todas sus heroínas, sean Ana Ozores, Karenina, Emma Bovary, Madame Arnoux, Clawdia Chauchat o la María de Los Maia. Inalcanzables modelos de un erotismo ficticio en una época común donde el sexo, al parecer, solo podía ser de pago o adulterino.

En el caso portugués, al menos habían asimilado ciertos avances sociales y cierto distanciamiento de la monarquia, desde la Ilustración a la trascendental revolución francesa, y al menos, aparecen indicios de cambios social, igual que a lo largo de toda la obra de Tolstoi, o en La Educación Sentimental flaubertiana, ambientada en plena comuna parisina.

El parecido que atribuyen al Don Quijote, puede limitarse a la presencia de un numero considerable de personajes, admirablemente descritos, y alguno de ellos rayando el esperpento de los quijotescos, siempre en perpetuo viaje, mientras que los que rodean a Carlos Maia y a su abuelo, no tienen a un Sancho glorioso a su lado, ni van a distanciarse jamás de la Baixa, o del Cais do Sodré. Ambiente hermético donde van a ir destilando y malgastándose los restos nostálgicos de un imperio colonial que perteneció a tiempos pretéritos. Tanto como el tipo de historias, adictivas todavía, propio de estas novelas de “época”, de las que no suele ser necesario especificar época alguna, porque ya la sabemos muy lejana, lejanisima.



Me queda leer ahora “El crimen del padre Amaro”, anterior novela de Queiroz, y compararla con la de Georges Bernanos, “Journal d'un curé de campagne”, un puro vicio que me posee, aunque pretenda justificarlo haciendo ver los diferentes planteamientos, y desenlaces, del drama de los curas rurales de entonces, de cuando había curas rurales, y de lo que supuestamente esperaba de ellos su feligresía, que es mas o menos lo que los lectores esperamos de estas historias y de sus consagrados autores.

¿Influyen los escritores sobre el modo de vide de sus lectores, o más bien, al revés, son los consumidores los que condicionamos las historias que estos nos cuentan?

Dicho de otra manera: ¿Quién puso el Bomp? 

Los Teen Tops de Enrique Guzmán (pinchar)

Who put the Bomp? Barry Mann 1961

Who put the bomp
In the bomp bah bomp bah bomp?
Who put the ram
In the rama lama ding dong?

Rama lama ding dong. Va a ser eso.


P.D. 1.- Murciélago, como eucalipto, son palabras preciosas, que contienen las cinco vocales sin repetir ninguna. Seguro que encontraré otras parecidas.

P.D. 2.- Antes terminaban las historias de amor siendo felices y comiendo perdices. Ahora lo hacen con una precuela del próximo divorcio, al que llaman "Despedida de soltero/a". Irremediable.

P.D.3.- Inevitable parecido con “I Vitelloni.” de Fellini, que nos cuenta en hora y media de excelente cine, el drama de personajes parásitos, muy parecidos a los que pululan por estas novelas. Además está Sordi.

P.D. 4.- “Que dificil es hacer el amor en un Simca 1000” es una canción de Los Inhumanos, de 1988. (Inhumano).

P.D. 5.- “Mamá, la nuestra es la más guapa”, refiere la hija a su madre, trás la exahustiva revisión de los palcos. Esa “nuestra”, hacía referencia a la amante de su padre, y marido de su madre, orgullosas todas. Genialidad de Tolstoi, creo recordar.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

jueves, 16 de agosto de 2018

LECTURAS ESTIVALES Nº 4.- FERLOSIO, BEEVOR, CAMUS, BAREA.-




"El Geco" Rafael Sánchez Ferlosio



Pecio ferlosiano que sirve de pretexto para que recopilen los editores, benditos ellos, hojas sueltas del maestro, entre las que sobresalen un par de cuentos sobre el lobo, magistrales, dedicado uno de ellos a Delibes, autor de “Los santos inocentes” quien a su vez había dedicado este santoral a Félix Rodríguez de la Fuente, poco antes de su fallecimiento en la nieve. Y es que los tres gozaban de amplios conocimientos sobre los lobos, sin excluir aquellos de aspecto humano. Tanto el cuento citado como las lineas dedicadas al geco, nos dan a entender lo errados que estamos juzgando a los animales y a las personas por algo tan engañoso como son las leyendas, los prejuicios adquiridos dios sabe donde, o la presunta fealdad generada ante nuestra mirada inexperta. 
El geco es la salamanquesa, tan repulsiva como inofensiva, tan repugnante como utilisima para librarnos de los indeseables mosquitos. De estos no hacen panegírico ninguno los tres mosqueteros. Al tiempo.



"Caligula" Albert Camus



Conclusión primera: El teatro no se escribió para ser leído por los espectadores.

Conclusión segunda: No existe la función teatral fuera de la capital del reino, y aún así...

Conclusión tercera: Caligula no es ni era solamente un emperador romano, ni un loco. Es, y son, todos y cada uno de los gobernantes que abusan de ello, no solo con la crueldad inherente a su rango, siempre justificada por la búsqueda del bien común, sino también con el esperpento de nombrar cónsul o ministro a su caballo favorito, Incluso a toda la cabaña equina de su extensa cuadra. Aviados estamos.



"Ardenas 1944" Antony Beevor



Terrible y trágica locura de ese anteayer cercano en el que otros doscientos mil jóvenes perdieron la vida en el frente del oeste, mientras en el del este lo hicieron millones.

Hemingway sale varias veces en esta monografía de hazañas bélicas, confirmando su impostura. 
A Montgomery no lo conocíamos tan inepto, sin duda los tebeos nos dieron una imagen distorsionada del mariscal.

Curiosa la aventura del héroe liberador de Mussolini en el Gran Sasso, Otto Skorneny (Cara Cortada) coronel de Waffen-SS, infiltrado en las lineas aliadas disfrazado de americano junto a su tropa, consiguiendo poner nerviosos a los mandos enemigos. 
Más curiosa todavía su estancia como héroe de guerra entre nosotros, hasta su fallecimiento en Madrid en 1975, protegido y admirado por los autarcas, patrocinando grupos políticos de ultra-derecha, ayudando a huir a criminales de guerra, y auspiciando una tercera guerra mundial que derrotaría al comunismo, cosa que, afortunadamente, no llegó a ser necesaria. Además de convertirse en pionero del turismo alemán de sol y playa balear, en una iniciativa mucho más exitosa que otras de la suyas. 
Un figura, de quien hay tanto escrito, real o ficticio, que daría para una película, una serie completa, o quizás para tirar de un montón de hilos que nos descubran aquello de: Quienes somos, de donde venimos, etc.





"Imperiofobia y leyenda negra" Maria Elvira Roca Barea



Libro de no ficción más vendido en nuestro pais, justo detrás del “Manual clásico de cocina” de La Sección Femenina, sección que, curiosamente, no era feminista.



Obra titánica y recomendable sobre la historia del imperio español, que nunca existió salvo para los nostálgicos de los tebeos de “Vidas ejemplares”, que tampoco.

Al parecer esta exhaustiva revisión, que lo es, de cuando fuimos ricos y poderosos por aquello de que nunca se ponía el sol en la parcela, se centra obsesivamente en otras leyendas complementarias y especulares, imprescindibles para la génesis de la presunta historia de aquí, o al menos en la falsa atribución de errores a los gobernantes patrios en aquellos tiempos. Leyendas que son habilemente desmontadas por la autora.  A saber:



1.- Y tu más. Desde la quema de brujas o las condenas a cosas feas por parte del santo oficio, siempre queda demostrado que ellos más, muchísimas mas brujas y herejes sacrificados religiosamente. Si aquí doscientos, allí diez mil. No hay color. Y eso sin nombrar la doctrina Parot.



2.- Los enemigos de España han sido por este orden: La Reforma Lutero un horror-, La Ilustración -Voltaire un don nadie- y La Propaganda, que siempre ha funcionado demoledoramente en nuestra contra, por mera envidia. Esto se puede constatar en el asunto de La Armada Invencible, de la que realmente se perdieron poquísimos barcos, casi todos de transporte y extranjeros además, franceses o flamencos. Sin tener noticias apenas de las dos contra armadas vencibles, inglesas ellas, que sucumbieron malamente, millares de marinos muertos de hambre (sic) o hundidos en su intento de conquistar Lisboa, las Azores, o Cartagena, donde el “Medio Hombre” Lezo, al que faltaban una pierna, un brazo y un ojo al menos, hizo añicos -así escriben en los comic- a la escuadra inglesa.

La crónica inversa de lo que siempre nos han contado.



Y 3.- No ha habido conquistadores ni colonizadores tan benéficos como los propios. No hay más que ver la situación de Sudamérica, mal llamada latinoamérica por la propaganda interesada, o la de África, y su comparación con la Norteamérica infiel. (Infiel adj. y s. Dícese, en New York, del que no cree en la religión cristiana; en Constantinopla, del que cree. Según Bierce).

Francia, al parecer, no ha tenido más que fracasos en este terreno, y de ello les queda la picazón, el mal carácter.



Pasa silenciosamente sobre el despropósito de unir religión con poder civil, tanto durante el imperio fundado por el nietisimo de Isabel y Fernando, como su continuidad en tiempos posteriores, sine die. 
 Su particular división entre buenos y malos, otorga la bondad celestial a la religión de sus mayores, y realmente podría haber sido de otra manera, siendo heredera la autora de altos cargos de la francmasoneria nacional, en la que tanto la política, como la religión y las “mujeres” han sido ignoradas preceptivamente. 

Incoherencias inconexas que deslucen el voluminoso acopio de textos sobre un tema tan innecesario. Salvo que pretendamos responsabilizarnos eternamente de los errores de Adán, Cain, o Viriato. Y seguir ignorando los errores presentes y los del inmediato mañana.



P.D.- Otra cosa que he aprendido en el ensayo es que soy semítico. Somos todos semíticos, y así nos va. 
Todos los dias se aprende algo.

 ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------


jueves, 9 de agosto de 2018

ALTERNATIVAS A LA SANIDAD PÚBLICA (95).-






-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

martes, 7 de agosto de 2018

SEÑAS DE IDENTIDAD,- (LECTURAS Nº 3)


SEÑAS DE IDENTIDAD .-



 

Vuelta a las novelas que no lo fueron nunca. A las que serían homenajeadas después. No veo otra cosa en el “Crematorio” de Chirbes, que el preámbulo, la ceremonia y las reflexiones de los protagonistas durante el funeral de alguien que influyó en sus vidas. Idéntico pasaje que el reflejado por Goytisolo en su novela, cincuenta años antes.



Hay que reconocer a Goytisolo su testimonio, tan valiente como proscrito, sobre una época infausta y desmesurada en su duración, de la que apenas existen publicaciones en castellano que merezcan el calificativo de testimoniales, descriptivas de un país y de una sociedad a la cual, la generación del 27, que no practicaba el realismo social precisamente, dejó absolutamente huérfana al desaparecer de aquella mala manera.



Los escasísimos escritores que eran conscientes de su doble labor de artistas y de intelectuales, me retrotraen la imagen de “Las Palmeras” en el desierto, el apodo con el se conocían a Bardém y Berlanga, coetáneos de Goytisolo, ignorada la tercera B, de Buñuel, en el exilio forzoso y que, como tantos otros exiliados tiene otra tarea más importante que la creativa, la alimentaria, para sobrevivir.

Estaban también Martín Santos y Benet, comprometidos en aquel erial, con profesiones de cierta consideración económica, trabajos que les permitía escribir, e incluso conspirar desde dentro, esperando el advenimiento de algo que no llegarían a conocer. Al menos hasta una cierta apertura, moral y mental, que facilitó la aparición de otra generación de novelistas, en la línea discrepante, cuando no abiertamente militante, como Marsé o Vázquez Montalbán, quienes partiendo de ambientes obreros y populares se atreven a retratar la misma época, la misma Ítaca que Goytisolo, sin lamentaciones ni jeremiadas estériles.



Goytisolo pertenece a esa generación puente, a los que mantenían la palmatoria literaria encendida, como los personajes de Fahrenheit 451, a los que Bradbury hacía memorizar las novelas imprescindibles para la humanidad, hasta que llegase otra vez el siglo de las luces, al que aquí, por cierto, todavía estamos esperando.

Pero el Goyti juega con ventaja, y de ella nos beneficiamos todos. Resulta ser el observador ideal, el que lo ve todo desde fuera, habiéndolo conocido desde dentro y… pudiéndolo comparar con la situación en aquellos años del blanco y negro, en los que el autor vuelca su rabia personal, su indignación a la que no faltan dardos sobre su propia persona, la del escritor-protagonista.

En este sentido, el panorama que se ofrece al observador externo, presuntamente imparcial, como casi todos los hispanistas que no suelen serlo, imparciales y a veces ni hispanistas, es un autentico lujo para los que no estuvimos allí, es decir aquí y entonces, y para quienes la revisión de la prensa de aquellos años, de autocensura feroz, solo puede servir como confirmación de la nada.



Tenía este hombre otra ventaja añadida, que quizás habría que entender como desventaja. Como procedente de familia acomodada, al parecer en estéreo (matrimonios sumatorios), nos ubica sus vivencias en esa zona del glamour social tan querida por los lectores de todos los tiempos, a los que la ubicación de personajes principales en ambientes aristocráticos permite evadir de la realidad, menos afortunada, tan distante de los coches deportivos y los teléfonos blancos. Esto resulta innegablemente atractivo, y a lo largo de la historia, el arte ha ido a la par de quienes podían disfrutarlo en directo, sin necesidad de hacerlo a través de las imágenes literarias de terceras personas. Solo que aquí, desde la debacle de los años treinta, cualquier recreación del lujo, y del poder político que lo encubre u origina, no esta bien vista, al menos para los escritores del realismo social, los del tiempo de silencio- inmarcesible título- o los sufridos personajes de Región, el país de Benet.



No obstante, el primor de la escritura justificaría por si solo esta novela, que no lo es, además de la generosidad del autor a la hora de repartir culpas, de las que no se exime, permitiendo validar la ambigüedad de quien se reafirma, asqueándose, contra unos y contra otros pero siempre desde la seguridad del puesto elevado en las alturas de quien viene voluntariamente de un país vecino y presuntamente superior, para terminar en otro país vecino, presuntamente inferior, pero siempre desde el confort y la seguridad del patrimonio - colchón- familiar hasta su definitiva extinción, como tantos otros artistas.



A cualquiera que guste de la historia-cercana- y de la sociología –el de donde venimos y adonde vamos, etc.- le debe resultar imprescindible esta obra, probablemente sobrevalorada y con toda certeza censurada, al igual que el resto de trabajos del autor, como también lo fuera su persona, en tiempos en que esto no solo era posible, sino también habitual.

Editada en Méjico y publicada en España después de transcurridos los idus del 20 de noviembre de 1975, en un tiempo en el que el aluvión de textos y películas, hasta entonces prohibidos, hizo difícil su asimilación por un organismo sediento de conocimiento y escasamente especializado en digestiones pesadas.



Personalmente he admirado a los valientes opositores o al menos discrepantes con el sistema, desde la asunción de que su indudable categoría intelectual y sus vicisitudes personales los pueden convertir en oráculos valiosos para los que nos movemos a ras de tierra, reptando. Este es el caso.



Es el relato de una osadía inadvertida. De un atrevimiento que habría resultado imposible salvo para alguien que, ausente, desconocedor de las claves internas de aquel tiempo de silencio. Quizás el título de Martín Santos resultaba más apropiado para estas señas de identidad, salvo que sea de la identidad colectiva de lo que estaba escribiendo.

El tema era tabú absolutamente, y lamentablemente lo sigue siendo en muchos aspectos. En los primeros sesenta no se hablaba en absoluto de la Guerra Civil, de “La Guerra”, termino que se usaba ocasionalmente para referir algún suceso, ubicándolo en el tiempo , antes o después de, silenciando forzosa y colectivamente la consistencia de aquella.



Cercana la efemérides de los veinticinco años de “Paz”, o de “La Victoria” como especificaba Fernán Gómez en “Las bicicletas son para el verano”. A este hombre, no se le ocurre otra cosa que aparecer por España y ponerse a preguntar por la cosa, y a filmar en 16 mm lugares y costumbres con reminiscencias de aquello. Una flagrante ruptura del tabú que, si bien no estaba establecida como delito en el código penal, si era vigilada por las fuerzas de seguridad. Del resultado, los efectos de la dictablanda para quienes podían así llamarla, nos cuenta en esta búsqueda de identidad personal y, evidentemente, colectiva.

Panorámicas preciosistas sobre paisajes de la España profunda, con un exceso de términos en desuso o realmente desconocidos, presentes en cualquier descripción detallista del ambiente rural, incluso para los que hemos crecido en él, y algunas lagunas imperdonables, de señorito, al confundir los pinos con las encinas a la hora de carbonearlos.



A veces me arrepìento a media lectura, de no haber ido recogiendo las palabras cuyo significado desconozco para después pasarlas por el liendre (una) del diccionario e incorporarlas a mi léxico para que parezca sublime. Después pienso que resulta una perdida inaceptable de tiempo, y las dejo pasar, limitándome a leer como en el ingles rengo (otra), o en el francés que jamás dominaré, dando por bueno el sentido que puedan tener en el contexto de esta o aquella frase. Analfabeto políglota.



Insiste en tópicos como caciques o taifas, de los que corroboro su eterna actualidad y por tanto asumo como verosímiles en la España que describe, y en otros igualmente tópicos pero fuera de lugar, como la función exclusivamente represora, no exenta de crueldad, de la guardia civil. Algo que resulta extemporáneo e injusto en los tiempos actuales.



El aspecto sentimental de la novela, parece estar incluido como algo de obligado cumplimiento, para lectores exigentes con la estructura clásica del relato, sin establecer relaciones cercanas , y en absoluto intimas, entre sus personajes. Los cuales se limitan a compartir la bebida, la borrachera y el tabaco como actividad humana que muestra al lector el nivel afectivo de sus protagonistas. Aquí intuyo que sí funcionó el tabú, la autocensura de quien prefiere dejar a buen recaudo esa intimidad, esas señas de identidad que le eran privativas.



Solo que releyendo esta, su obra magna, estas señas de identidad de hace casi sesenta años, tomo consciencia de que ya no está uno para muchos ídolos, aparte los de la canción, claro está, y descubro en esas memorias apócrifas, que resultan ser las citadas señas, un planteamiento xenófobo, explicito y reiterado, que me produce una comezón ligeramente cubierta de repugnancia. El desprecio hacia el charnego, al que Goytisolo no denomina de modo de tan explicito mal gusto, lo empeora acotándolo geográficamente usando el termino andaluz, para establecer el hecho diferencial con la primera persona, la del autor o la de alguno de sus interpretes en la novela, poco importa.



Lástima de sermón moral que se escabulle por el desagüe de las aguas fecales. Máxime cuando parece evidente la compasión, y la comprensión, incluso la defensa de los marginados, que le inducen los pobres charnegos.

Y lamentablemente no es el único de los popes de nuestra literatura, ni tampoco son exclusivamente catalanes, aunque el Cónsul de Sodoma (Gil de Biedma) o el genio de Palafrugell (Pla) me lo hayan demostrado fehacientemente, quién destila esta falsa condescendencia hacia quienes creen, obvia y demostradamente, inferiores. Lástima.


AÑO 2000




AÑO 2014





JUAN GOYTISOLO GAY Barcelona 1931 - Marrakech 2017

----------------------------------------------------------------------------------


Archivo del blog