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domingo, 29 de enero de 2012

GRANDES - Y NO TAN GRANDES - MOMENTOS DE LA HISTORIA.- VI.-




A ellos les costó cuarenta años y centenares de miles de vidas, conseguir eso tan baladí que ahora llamamos democracia. Esa que aquí nunca hemos querido, al menos lograr de manera tan difícil, y tan costosa.

Con lo fácil que resulta ir a la cama monárquicos y despertarse republicanos. El eterno milagro español. O dos eones después, esperar a que el emperador autóctono, nos deje en testamentaria, un legajo atado y bien atado, en el que de pronto, y gracias a la transición, -que no solo significa lo que aparenta- volvimos a ser la envidia del orbe con un nuevo milagro. ( la magia siempre ha estado mal vista).

Claro que transición viene de tránsito, y nadie puede negar que de esto hubo, entre la vida y la muerte. Pero hacerlo extensivo a todo un país y a una nueva forma de entender la convivencia, es asomarse al abismo que hay entre la fantasía y la realidad; entre los espectadores y las imágenes que reverberan en la pantalla.

En ello estamos, entre la duda de los escépticos optimistas, como el que infraescribe lo anterior, que creemos que el tiempo, cuando dura los suficiente y necesario, por largo que lo fíen, puede conseguir idénticos logros que los cambios traumáticos y revolucionarios. Y la seguridad fingida, o inconsciente, de los que calman la irritación de sus articulaciones gotosas, en bañeras con hidromasaje, en exclusivos balnearios, rodeados de jóvenes inofensivas y generosas, y costeados por los sans culottes de la patria, que de momento no se plantean nada discrepante con los spots televisivos.

Unos buenos guionistas siempre han sido la base de cualquier negocio de masas. Y este, el cinematográfico, por supuesto, lo es.

Hoy encontré el argumento durante el desayuno con churros, que aquí llamamos rueda - el tamaño que mi estomago puede negociar - siendo la ración, el equivalente a dos ruedas que, suele ser lo habitual en la parroquia.

Son churros tejeringos que, sin explicar con precisión su esencia, vienen a ser algo así como la mezcla improbable entre el churro y la porra madrileños; y que, aparte de que son lo que hay, que diría un castizo, es que en sitios donde disponen de un aceite excelente y un harina de primera, que es el caso, además de unas manos dispuestas, logran hacer de la “masa frita” – su equivalente portugués - una excelente forma de comenzar el día.

Durante los cinco minutos que viene a durar mi festín, escucho la respuesta negativa que recibe mi compañero de barra por parte de la dueña:

- No, no hemos encontrado todavía la cocinera que buscamos, y van tres meses-. Solo aparecen “moritas” y ecuatorianas, pero como ya tenemos una rumana, buscamos alguna de por aquí.

¿Qué si las hay en el paro? - Por docenas- Según refiere. Pero no se acercan. Dice que algunas dan un rodeo para no aproximarse peligrosamente al bar y exponerse a dar explicaciones. Difíciles explicaciones en un lugar donde el desempleo supera “oficialmente” el 40% de la población. (El 60% si consideramos el género).
Luego comprenderéis que, ante mi incapacidad para desentrañar un misterio tan simple, como el del empleador frustrado, tenga que limitar el pensamiento a niveles mas livianos como es el de contemplar cine histórico, con mucha pólvora, que exige poca meditación, y que aun así, derrape en ocasiones por los cerros de Mágina – mejor os pego abajo lo que escribe al respecto Muñoz Molina- o tenga que refugiarme en CCR y sus blues de garaje setentero. Cualquier cosa que sirva para aliviar, para enmascarar al menos las visiones que encuentro en la Cueva de Montesinos, antro al que Don Quijote desciende entre cuervos y grajos para contemplar maravillas y terroríficos encantamientos sobre cuya realidad o falacia no se atreve a concretar.

–Habría mucho que hablar sobre ese asunto- afirma el hidalgo cuando le preguntan al respecto.

Cueva en la que debo entrar, necesariamente, todos los días, por el simple hecho de escuchar el despertador y mantener una postura erguida. Quizás ahí radique la causa de nuestras turbaciones, en la postura, en la actitud ante la vida, y en que, como el loco de Criptana, no podamos hacer otra cosa que, una vez erguidos, caminar en el único sentido posible.

Aseguraban a cada uno de sus súbditos: "Por el solo hecho de haber nacido aquí te lo mereces todo; has tenido la suerte de pertenecer por nacimiento al pueblo elegido; y si algo te falta no es culpa tuya, ni nuestra, sino de esos de fuera, los que nos invadieron y ahora nos sojuzgan". (Muñoz Molina).



P.D.-
Los protagonistas de la Guerra y Paz que pudimos ver, sonrien por motivos ajenos al evento. El cartón piedra y la imposible síntesis en dos horas de la novela interminable, me han invitado a descargar la versión completa, 4 DVD iíntegros, sin comprimir ni nada, de la soviética Voyna i Mir. También lo hago como homenaje a la ineptitud de los que quieren poner puertas a la cultura universal.
Napoleón Tolstoi, Bondarchuk, Mosfilm... ¿A quién pertenecen los derechos de autor?.
Sin duda alguna al Corte Inglés. a FNAC, a la SGAE... De locos.
Ni en la cueva de los encantamientos cervantinos pudieron verse semejantes despropositos.

La imagen inicial es fruto de otro descubrimiento. La época de gloria del cartelismo cinematográfico, en la que Ballester, su autor, ennobleció algo tan vulgar a priori como la locandina del cine italiano. Tengo más.

miércoles, 25 de enero de 2012

GRANDES - Y NO TAN GRANDES - MOMENTOS DE LA HISTORIA.- V.-


Por eso volvemos sobre Napoleón. O sobre la imagen que el cine, ha proyectado en la memoria de unos cuantos. A los demás siempre les quedará el Kindle de Amazon. (Lo siento por el patrocinador de los canapés, pero es que su tiempo, también, se agota).

Y, como no, valorar la figura de Bonaparte más allá de su papel de verdugo del directorio o del de loco ególatra que arruina la vida europea durante diez años convulsos, cuando acabo de contemplar en la pantalla –siempre- la causa de su derrota en Waterloo, en su intento fracasado de revival, que deberá esperar otros ciento cincuenta años hasta que el revival de Creedence Clearwater consiga imponerse. (estoy escuchando “ I put a spell on you”, disculpad. O pinchad el enlace, para fijar las ideas).

http://

I PUT A SPELL ON YOU
BECAUSE YOURE MINE.
YOU BETTER STOP
THE THINGS THAT YOURE DOIN.
I SAID
"WATCH OUT!
I AINT LYIN, YEAH!

Otra vez, el loco bajito, que en el manicomio se hace pasar por Napoleón, nos recuerda que, mas allá de las batallas, deberíamos valorar la expansión por Occidente de los vilanos, las semilla del nuevo mundo, el nuevo contrato social – Rousseau – que ofertaba un amanecer mitad utópico, mitad real, marcando un antes y un después en los libros de historia – contemporánea desde entonces – y que aquí rechazamos con el grito casi unánime de “Vivan las caenas”.

Pero la causa de nuestro destino, el punto de no retorno, Waterloo mediante, no fue otra que las hemorroides imperiales, y su castigada próstata, en ataque agudo que, unidos a los planetas, al agua pura y a los planetas unidos, los tres vieron la hermosura de los troncos retorcidos (Hernández). Todos fueron la negrura, la premonitoria e insomne compañía del emperador en las interminables horas de la batalla final. Sic transit gloria mundi.



Y es que hay razones que motivan a los personajes, que los mueven a lo largo de sus momentos de gloria y de ocaso, más allá de las 24 imágenes por segundo, ahora 25, y de los tópicos que los envuelven sus interesados cronistas.

Sin ir más lejos, resulta incoherente que, una lumbrera como Marat le pregunte a Charlotte la razón de la puñalada. Tan ausente de su culpabilidad en la traición y en la masacre, que no comprende, no quiere comprender la fuerza que guía la mano femenina. Tan obtusas puede volver el poder a las mentes más brillantes. Y lo malo es que también suele hacerlo con otros que no brillan en absoluto. Recientes y cercanas experiencias nos confirman el aserto.

Y sin necesidad de salir del territorio gabacho, añadiendo doscientos años a la caída del emperador, nos encontramos a otro, De Gaulle, presuroso en tomar el cetro de jefe de estado, sin necesidad de preguntarles el parecer a sus paisanos. Estupor entre los herederos de Wellington que acababan de liberar el territorio francés de otro clon.

De la película, el Napoleón de Abel Dance, 1926, de su estreno, recuerdo nítidamente una única y breve secuencia, aquella en que el joven Bonaparte, contempla tras los cristales del bar en el que se encontraba con sus amigos esperando el partido- del Real, supongo- la turba asesina que arrastra por el suelo los símbolos y las vidas de lo que hasta entonces habían sido el orden establecido.

Cine mudo, secuencia sin palabras, solo el rostro asombrado, luego irritado, del cadete, y la iluminación, en la serena mirada del actor irrepetible, la visión del domador ante la fiera tan peligrosa, y a veces tan dócil, en que se convierte la masa humana, tanto mas fácil de manejar cuanto mas descontrolada e irritada parece.



sábado, 21 de enero de 2012

GRANDES - Y NO TAN GRANDES - MOMENTOS DE LA HISTORIA. IV


Tan lejos y tan cerca.

Releo la presentación pública del tocho editorial, oficiada por los tres representantes de nuestro superguay estado moderno, es decir los príncipes auto designados, de los jacobinos y girondinos de la cosa, además del tercero y más noble en cuestión, el corte inglés, patrocinador.

Y aprendo, 27 de noviembre del 2011, como hacen mofa y befa, de los “siniestros movimientos callejeros” de los “atajos revolucionarios”, de “la masa sometida a los dictados de los lideres manipuladores” y de que “bajo el eufemismo de democracia directa se suele esconder el golpe de estado”.
Se refieren, todos ellos, más directamente que otra cosa, y mucho mas que al libro en cuestión, a los movimientos de protesta popular que germinaron hace poco en base al terrible problema social en que continuamos sumergidos, y cuyo origen está absolutamente definido por la ineptitud de todos ellos, los oficiantes, y sus colegas. Y lo hacen mediante el acto de autobombo, risas y canapés, con el que piensan arreglar, o al menos encalar, el entuerto.

“Labor hercúlea para el nuevo cesar, dice el presunto autor”. “Donde estén las urnas – las suyas, entiendo- que se quiten las masas parisinas” responde el presidente del congreso, olvidando que sin las masas parisinas las urnas seguirían cumpliendo exclusivamente su función funeraria primigenia, y nada más. Como Sinuhe nos mostraba anteayer.

!Anatema pues a las revueltas callejeras! ! A la pobreza en las calles!. Que tanto afean nuestras ciudades. ¡Que horror! Y ¡Que error! Supongo que sería el corolario al acto que condena al ostracismo los últimos doscientos y pico años de la historia universal.
Por si las moscas y porque Luis XVI -el primo de-, nunca vivió mejor de como lo hacen ellos, y no es cosa de despreciar el micuit en tempura, y el papillote de caviar, por cuatro indignados de tres al cuarto. “Masa, hasta cierto punto” ironizó el agudísimo presidente.

Entre los libros de ciertas estanterias “ficción y no ficción” y las películas… no hay color.
Permitidme que prefiera la hoguera, la hoguera, como dice Javier Krahe. ¿O es Brassens?

Regreso a la eterna pantalla de los sueños perdidos, y vuelvo a intentar comprender algo más sobre el origen de cada capitulo. Por más que haya de buscar entre toneladas de escoria, de basura no degradada, y de las voces que atruenan desde los altavoces oficiales. A veces, miracolo, aparecen restos de película en formatos obsoletos y con unas imágenes tan degradadas que nos permiten imaginar, mas bien inventar, las historias según nuestras melancólicas y obsesivas preferencias. O lo que es lo mismo, con absoluto rigor histórico.



Al fin y al cabo, como alternativa, nos queda la libertad de escribir, y de leer, infinitas y divergentes opiniones en Internet. Aunque las redes sociales estén invadidas paulatina e inexorablemente por las mentes de los hasta ayer usuarios de la telebasura - en regresión esta, al parecer- y probables futuros cómplices en el ciego apoyo a los representantes de la democracia “indirecta” (sic), sucesora inefable de la anterior democracia “orgánica”, y probable madre, o suegra, de la próxima dictadura, cuyo apellido, o forzado eufemismo nominal, está todavía por decidir.


Los vecinos marroquies, licenciados sin trabajo, se quemaban ayer en protesta por el paro.
Los parados de aquí, callados. "Ni están ni se les espera" , según el renglón legitimador de nuestra restauración postnapoleónica.

Los "mensajeros" de la derrota, en su moderna denominación , agencias de calificación, anatemizados. Reducidos a meros diablillos de pacotilla por la propaganda oficial.

Mágnifico panorama, en el que los optimistas nos maravillamos con las florecillas que se atreven a abandonar sus bulbos maternales y alegrarnos las mañanas de este invierno tan suave.

Lástima que uno no esté dotado para la cosa lírica -de lirios, claro está-.


miércoles, 18 de enero de 2012

GRANDES -Y NO TAN GRANDES- MOMENTOS DE LA HUMANIDAD III




Escribir sobre cine es escribir sobre libros, lectores, espectadores, ciudadanos al fin.

No, afortunadamente no celebramos ningún centenario de la revolución francesa.
Viene a servir de pretexto, en tanto que ¡Horror!, me he perdido la exposición de Delacroix en el Caixaforum, y en cuanto a que, he tenido en mis manos estos días atrás un extenso ensayo sobre el asunto, miles de paginas (es decir 1,3 miles) en un solo tomo, versión tapa dura reforzada – si cambiamos tapa por cara, precisamos - de autoría atribuida a un periodista que dirige un diario de máxima tirada, programas de televisión en los que participa y produce, amen de un sinfín de actividades propias de un Tycoon de la cosa.

De como tiene tiempo para escribir simultáneamente, libros (varios) de semejante complejidad, no me pregunten. Doy fe – esto es relativamente barato- de que lo ha escrito el mismo. Al menos lo dedica a su esposa, lo que no hace nadie sin fundamento para ello.

Aunque las triquiñuelas de esta gente de escritura tan fácil son, lógicamente, imprevisibles.

El asunto es que, el libro en cuestión, resume en sus primeras tres paginas, la cronología de aquellos diez años que cambiaron al mundo, y ellas me permitieron comprender que revolución francesa no era aquello de que el pueblo toma la Bastilla, ejecuta al señor de la peluca, y se sienta en el trono. No era así exactamente, o quizás no era solo aquello.

Aprendí en tres paginas mas de lo que mis libros de bachillerato recogían concisamente sobre el suceso, pero sobre todo recordé palabras tan sobadas como prostituidas cuyo significado hace tiempo que les ha dado la vuelta en el sentido contrario del enunciado original.

De entrada, la palabra pueblo no parece del todo correcta en una revolución protagonizada por la aristocracia y la burguesía, pero tampoco el termino jacobino se adapta a ciertos próceres actuales que sencillamente ignoran su significado, aunque pretendan escudarse tras el.




Asamblea nacional. Tercer Estado. Después de 30 o 40.000 guillotinados, y media docena de héroes de mi infancia que, a la vista de sus travesuras previas a la propia inmolación en el altar de la patria, tendré que poner en revisión. Robespierre oficiando una misa pagana. Danton colándose entre los congresistas sin haberse presentado a las elecciones, el genio de Marat preguntándole ingenuamente a Charlotte, su ejecutora, el por qué. Hasta Saint-Just, el de mas noble corazón (según los moralistas que ocupan la mesilla junto a mi cama), todos ellos, en compañía de otros, equivocándose como buenos humanos, parieron aquello qué, sometido a las oportunas revisiones, sigue siendo la base de nuestra civilización: “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Habrá que leerla, a ver si aprendemos algo.

La movida les duró diez años, algo mas que la madrileña de los ochenta, y si bien la primera republica terminó en la correspondiente dictadura del emperador bajito, que volvía de Egipto, contemplado por tres mil años (llegó el comandante, mandó aparar), no dejó el país vecino de insistir, de trabajar duramente durante cuatro décadas, elaborando y corrigiendo interminablemente esa magnifica utopía a la que llamamos democracia.






domingo, 15 de enero de 2012

GRANDES - Y NO TAN GRANDES - MOMENTOS DE LA HUMANIDAD.- II


Así, pudimos pasar del Egipto de la inolvidable Ankesenamón, hija de Nefertiti y momia intocable en “La Momia”, a Charlton Heston, y su Moisés precursor de los lideres que no cesan de imitarlo desde hace mas de tres mil años. Seguimos con el Sinuhe de Mika Waltari, - tampoco estaba mal la Nefernefernefer-, para continuar con Tierra de Faraones, Howard Hawks con guion de William Faulkner - pesos pesados-, y Joan Collins en el papel de ídem, y terminar con el Faraón de Kawalerowicz, cine polaco. Que es, en cierto modo, la representación del cine periférico, anti Hollywood, y que nos aportaba la otra cara de la versión incompleta de los hechos que nos estaban contando.

Rivalizando en medios con las superproducciones americanas, aunque su suntuoso envoltorio sea sin duda prescindible ante la profundidad de su planteamiento. Nos ofrecía una lectura inédita y necesaria sobre los orígenes de esta cumbiamba en la que estamos inmersos, y a la que llamamos civilización. (Que me perdonen los cumbieros). Y es, cuando la relación entre el poder religioso y el establecido por los emperadores, generalmente después de exterminar generosamente a un tercio de la población, inicia una andadura fructífera, para ellos, que todavía sigue en vigor en la mitad del planeta.

Claro que, tuvimos que ir al cine un montón de veces, durante media vida, para ver otra vez las películas amputadas por la censura – ¡Oh! Nefernefernefer (Gene Tierney, ella). ¡Oh! Ankesenamon (Zita Johann), ¡Oh! Nellifer (Joan Collins), ¡Oh! Kamá (Bárbara Bryl)- o simplemente verlas mal y tarde, para descubrir los “milagros” desvelados en la cinta polaca, muchos, demasiados años después de su realización.

Y esto es reduciendo a mera anécdota los conocimientos que hemos recibido sobre Egipto, cuna de nuestra cultura, si aceptamos las tesis actuales sobre la inexistencia de la Grecia clásica fuera de nuestra fantasía de mitómanos adolescentes, inducida por ciertos poetas británicos. (Azua et cols.). Pero ya es algo.

Lo justo, lo necesario e imprescindible, para llenar el hueco dejado por el lapsus educativo. Los muñecos de Ray Harryhausen explicándonos la mitología griega. Todo el cine imperial de postguerra, alejándonos imperativamente –obvio- de nuestra propia nación; y todo el infinito cine de propaganda de los años en que el mundo estuvo dividido en dos bloques antagónicos, que nos inculcaron, a su manera, la necesidad de desconfiar de la propaganda, venga de donde venga.

Aprendimos pues, otras cosas interesantes para la vida que, aunque no nos sirvan de mucho en los momentos presentes, nos reconcilian con los pecados de nuestros antepasados –Adán, naturalmente- y nos permiten comprender algo sobre los misterios del organismo. (Esa, en España se llamó Helga, y también estuvo prohibida).

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Las chicas arriba, o abajo mencionadas (vayan ustedes a saber como quedan en el blog), que a la vez fueron excelentes profesoras de Historia universal. En este primer episodio.


P.D.- La imagen inicial corresponde a nuestro tío Ramsés II.

Privado de su modesta caja de pino –profanado, y no solo como divinidad, tambien como ser humano, que lo fue- y fotografiado como un delincuente para incremento del acervo cultural de nuestro tiempo. O quizás para mero regocijo de aquellos ignaros que no aprendieron nada, pero que nada, de las lecciones cinematográficas.

Espero que Boris Karloff, se libere también de sus vendas, e invoque otra vez a Ankesenamon para hacer algo de justicia.

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miércoles, 11 de enero de 2012

GRANDES - Y NO TAN GRANDES - MOMENTOS DE LA HUMANIDAD.-



De como aprender historia de la peor manera posible, a golpes de aniversario.

Y conste que, a aquellos que nos pilló el aprendizaje “oficial” celebrando los 25 años de paz, no salimos tan mal parados. Después de todo era “La Paz” lo que se festejaba, que no es algo baladí. Aunque luego algún escritor memoriado nos contaría en su autobiografía que para muchos, la paz no fue exactamente el final de la batalla, sino algo más temible aun. Cosas de los abuelos, o los ya bisabuelos, en el mejor de los casos.

Pero a la ausencia de una formación mínima, imparcial, y sobre todo formativa para el enriquecimiento personal del alumno, se nos sigue añadiendo el disparate de los centenarios, o bicentenarios , que suelen usar la letra gorda de los titulares, los escuetos y a la vez inmensos carteles informativos que, a la vez que no explican nada, oscurecen , ocultan y tergiversan todo lo que sucedió, entonces y ahora. Todo los que nos sea útil para aprender de los errores, y de los aciertos, propios y ajenos.- que es, en resumen, la finalidad de esa mirada hacia atrás, a la que llamamos historia- para que no cometamos la torpeza de pensar, de reflexionar sobre lo que nos cuentan en los libros de texto, que en los años cruciales para nuestra formación, lo fueron con la exclusiva finalidad de memorizar datos, nombres y fechas, con la misma encomiable intensidad, con que los olvidaríamos inmediatamente después de cada examen.

Tuvimos, bien es cierto, el complemento alimenticio aportado por los rescoldos europeos del plan Marshall - ¡Americanos, os recibimos con alegría..! Justo, cuando en nuestro país la gente había dejado de morir de hambre, por motivos climáticos añadidos, y también justo cuando los benefactores toman posesión estratégica de media docena de bases militares, a la vez que nuestro jefe de estado aparece, por primera vez, vestido de civil. Ya digo que hay que mirar, siempre, el lado bueno de la historia. Que lo tiene.

El complemento a la formación en la materia que hoy nos ocupa, fue de mayor enjundia, de amplia aceptación popular y de extensión educativa a aquello que entonces se denominaba “cultura general”. Me estoy refiriendo al cine, naturalmente. A las películas históricas, si bien este genero no ha sido nunca reconocido por los eruditos del séptimo arte, ya que se desdobla desde sus principios en media docena de subgeneros con nombre propio: romanos, western, bélico, etc.
Y gracias a ellas logramos desaprender, a la vez que fijar en la memoria colectiva- nada que ver con la memoria histórica, como se vio algo después- aquellos sucesos claves en la cuestión del porqué estamos donde estamos, y del porqué estamos como estamos.

Al igual que las películas, ahora y siempre, la literatura popular continúa alimentando el hambre insaciable de conocer los hechos remotos y otros no tan remotos. En los libros, al menos han respetado la etiqueta, para no engañar a nadie, novela histórica.

Cierto es que la cocina, con el esplendor propio del bien yantar, unido al inefable bienestar, no ha dejado de evolucionar en el sentido correcto, a mejor. Aunque quizás su exceso de velocidad nos esté jugando algún traspiés con resultados ingratos. Exceso de velocidad que en el cine que pudimos ver se convirtió en lentitud apacible y en obstáculos facilitadores de la digestión, de la comprensión del mensaje que, muchas veces, las películas encierran.

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