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jueves, 3 de marzo de 2016

YOU BELONG TO ME.- ( TERENCE DAVIES )




 

Olvidaba que estoy escuchando “You belong to me” en la versión de Santo & Johnny, motivo principal de la peli de anoche, excelente Terence Davies y su “Azul y profundo océano”, el del amor.

You belong to me. (Me perteneces) (1952 Price-King-Stewart).


See the pyramids along the Nile
Watch the sunrise on a tropic isle
Just remember darling all the while
You belong to me

See the market place in old Algiers
Send me photographs and souvenirs
Just remember when a dream appears
You belong to me

I'll be so alone without you
Maybe you'll be lonesome too

Fly the ocean in a silver plane
See the jungle when it's wet with rain
Just remember
Till you're home again
You belong to me

I'll be so alone without you
Maybe you'll be lonesome, too

Fly the ocean in a silver plane
See the jungle when its wet with rain
Just remember
Till you're home again
You belong to me



Balada pop romántica de los años cincuenta. En versión instrumental de las guitarras hawaianas de Santo and Johnny, formaba parte fundamental, junto a Adamo y Tabajaras, del arsenal terapéutico de los guateques adolescentes. Nunca les pregunté- no podía hacerlo- si era una composición suya, y quedó dando vueltas en la nostalgia en la sección de últimos recursos o como evitar la depresión en dos minutos treinta segundos. Los hermanos Farina, Santos y Johnny, dieron cierta vuelta de tuerca a la guitarra eléctrica consiguiendo un sonido especial, estupefacientes trémolos con los dedales metálicos, las cuerdas de acero y el instrumento inimitable que tanto recuerda al  salterio  medieval. Incluso llegaron a promocionarlo,  una Gibson con tres mástiles y ocho cuerdas en cada uno de ellos. Hay que escucharlos, valorar su “Sleep Walk” su sonámbulo, como himno al mesmerismo de los sesenta, y aceptar que Peter Green, mi guitarrista preferido, se inspiró en ellos para su Albatross. Con ello cerramos el círculo, uno de ellos, y abrimos otro.


“Tú me perteneces” es también el tema principal de  la última película de Terence Davies, The Deep Blue Sea, y escuchándola otra vez, a la vez que descubro que desde Dean Martin a Bob Dylan –quizás no sea la mejor de sus versiones, esta que os ofrezco-, pocos son los crooners que no la han llevado en su repertorio, comprendo su significado, su romanticismo arrollador, el que puede llevar la posesión el sentido de pertenencia al mayor de los desastres, aquí llamado violencia doméstica o de “género”, otra vez el género, para enmascarar su verdadero nombre, el crimen, el asesinato, el homicidio, a quienes los eufemismos le sientan tan bien, que no dudamos inventar otro para los criminales, ladrones en un país empobrecido, a los que llamamos corruptos, como a la fruta pasada e incomestibles o a los cuerpos de las almas que nos abandonaron. Es fácil, y rentable cambiar el sentido de las palabras, y con ellos atenuar o llegar a anular su auténtico significado. Crimen pasional, asesinato.

Afortunadamente – uno ya está para poca sangre- Terence Davies escoge aquí, o más bien  recoge los hábiles consejos que el aya ofrece a Julieta en la obra de Shakespeare, y consigue reconducir la historia hacia un final diferente al de Ana Karenina, aunque el leitmotiv, el fundamento sea idéntico, la pasión ilimitada, la entrega total y la  exigencia de la consiguiente contraprestación por la otra parte de la pareja. El argumento es eterno. Tanto doy, tanto exijo, y cuando uno piensa que uno está dando más de lo que recibe, llega el desequilibrio, la locura, y el amor escribe una de sus páginas negras, que también las tiene.
 La sensibilidad, el exquisito gusto y la moderación del  director inglés, incluso la oportunidad de remacharlo con una canción ad hoc, como es “Tú me perteneces” llega a horadar el manto blanco,-la corteza- de mi incompetencia para comprender el sentido autentico de las historias que cuentan algunas películas. Se agradece que me haya hecho llegar el mensaje, que no es otro que uno de tantos de los que vida enseña, a los que la viven pardiez.

 

He visto, todo lo que ha dirigido este hombre, y lo que al principio me parecía un cine menor enseguida se ha convertido en algo y en alguien familiar, que no es poco, al poseer eso que ansía la mayoría de los autores para convertirse en clásicos, ese estilo personal e inconfundible, ese condado impronunciable que encierra toda la obra de Faulkner, esos interiores donde nunca faltan las hermanas mayores o las tías solteronas, y el niño, el adolescente que crece observando y contándonos después lo que ha vivido, y lo que ha sentido, que es lo más difícil, hacerlo sin aspavientos italianos y sin la afectación propia de los que hacen de su sexualidad, diferente de la mayoría, un reclamo para espectadores obsesos.


Su versión de” La casa del mirto”, aquí titulada “La casa de la alegría”, me devolvió la fe en el cine americano, el como con cuatro actores televisivos, y los medios de un telefilm, puede componerse una versión subyugante de la obra de Edith Warthon.
Difícil poner en escena estos dramas escritos hace ciento cincuenta años, para y sobre la sociedad de entonces, y hacer que el espectador se sienta dentro de los personajes y sus penalidades, agridulces como cualquier comida exótica, y a la vez universales. Hace poco estaba este hombre dirigiendo en teatro “El tío Vania”, otro que tal.

Tiene evidentes puntos en común con Fassbinder, su teatralidad y sus preocupaciones por los problemas sociales que ambos hacen converger en los asuntos sentimentales, melodramáticos, de sus personajes, a los que el entorno, las tradiciones o sus limitaciones económicas  y familiares llevan a tomar decisiones, fuente de su desgracia. La vida misma.

La omnipresencia de la música popular, las canciones coreadas en familia o en el pub de la esquina, los temas intemporales que lograron la popularidad en los años cuarenta y cincuenta para seguir flotando en las ondas desde entonces. La felicidad de los rostros al cantarlos, aun en situaciones tan duras como los refugios antiaéreos o los tiempos de racionamiento y postguerra, te trasmite idéntica impresión que el cine de este autor en su conjunto, que no importa tanto la dificultad o la desgracia si la aceptas como algo transitorio, si consigues evadirte de ella mediante las buenas canciones y, si usas la nostalgia para aprovechar lo bueno de los tiempos difíciles, las enseñanzas que te han procurado, aunque a la postre no te sirvan para recuperar aquello que perdiste. Como si las penas fuesen borradas por la seguridad de que luego, en la próxima vida, tienes las claves para no repetir los errores de esta. 
Sus personajes aparecen siempre pletóricos de esperanza, y te la contagian inevitablemente. Te prestan la dosis suficiente para continuar sobreviviendo durante semanas o meses, con la seguridad de tiene en la reserva  grandes cantidades que nos irá suministrando en próximas entregas. Espero.


We'll meet again  - Vera Lynn  (Aquí el enlace a la canción despedida de los que no volvieron nunca del frente, con el mensaje del pronto reencuentro, allí donde estén). Recordando el título y el nombre de la cantante, que es lo que tiene el perder memoria para ganar sordera. Que no hay mal que…


 

Nos volveremos a ver
No sé dónde,
no sé cuándo
Pero sé que nos volveremos a ver,
cierto día soleado
Continúa sonriendo todo el tiempo
Como siempre lo has hecho
Hasta que el cielo azul
se lleve las oscuras nubes, muy lejos
Podrías por favor saludar
A la gente que conozco
Diles que no tardaré
(no tardaré)
Les encantará saber
que mientras me veías partir
Yo cantaba esta canción…

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