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miércoles, 27 de julio de 2016

STRIPPERS DE ANDAR POR CASA.-





¿Por qué las chicas continúan fumando, y los chicos escupiendo en el suelo?

 


Hay un agujero en el tiempo, un hiato insalvable que la memoria de los desmemoriados se apresura a ignorar, y que a mi me exacerba el prurito del alma, ese picor que en cuanto más rascas, peor., más intolerable se vuelve.

Resulta característico el ejemplo de la mal llamada transición, como si el país hubiese transitado por algún lugar, o hacia algún sitio en el que no hubiera estado antes. Magnífico comodín, si aceptamos pulpo como animal de compañía, en el juego este del desconocimiento, para ignorar lo que no conviene afrontar. Bien está, si bien acaba. Solo que lo último está, siempre, por ver.

Pero hay otros baches en el calendario, y algunos bastante peores. Figuraos el salto, el corte, la barrera infranqueable, entre las generaciones anteriores a la de los internautas y la de estos, los que navegan -navegamos – infatigablemente por las mal llamadas redes sociales, aun admitiendo que tontos los ha habido siempre, y que los de solemnidad han alcanzado gran prestigio en nuestra patria, al menos desde el siglo de oro, que se sepa.

Veo, y quedo estupefacto, al contemplar la carátula del disco, y el mensaje explicito que transmite, el sometimiento femenino al rol más infame – uno de ellos – a que la mujer se ha prestado, en no pocas ocasiones. Algo así como: “ Tu puedes competir con la más eficiente de las pelanduscas, y tu proxeneta es, y será siempre, tu marido”. Incluso en letra pequeña hacen referencia a la profesora, experta y famosa en el negocio, que ha supervisado el asunto.

No me cabe duda que es un producto de la transición, de otra no tan diferente a la nuestra, la de los años de bonanza imperiales en los que la economía boyante y la necesidad de olvidar los malos ratos, y los muertos, de la última guerra, pudo llevar a la sociedad americana a situaciones tan esperpénticas como esta, la de pasar del rosario vespertino en familia, al strip  tease ecuménico.

 Tremenda transición que aquí, afortunadamente, tampoco tuvo lugar. Ni tan siquiera el espectáculo pecaminoso y degenerado, ese, tuvo la menor opción de hacerse popular. Hasta las “animadoras” locales de los conjuntos músico-vocales de la época, tenían sus carnes encorsetadas a unos niveles en los que el burka puede resultar comparativamente como un  paradigma erótico. Gracias a nuestros mentores morales nos libramos de “todo mal, señora, de ese terrible animal”, como cantaba Gato Pérez.

Claro que los sesenta quedaron lejos, y la memoria es flaca, ya digo, pero los que llegaron después se encontraron cosas similares, el hiato digital, sin ir mas lejos, y sus consecuencias incidentales para aquellos que lo hemos sufrido.
Os pongo otro ejemplo de transición inconclusa, o no.

Una canción de Adamo, Salvatore.: “Nada que hacer”.

De mi alegre vida que fue ayer,
 las alegres chicas volví a ver,
a Paula sonreí, y un dedo me enseñó,
al murmurar así: Nada que hacer,
ya tengo a quien querer,
soy la señora fiel,
ya no hay, lo ves bien,
nada que hacer.

Ahora no sería difícil localizar a la paulas o a las nereas de entonces, gracias a facebook o a instagram, e incluso guasapear con ellas sin llegar a mayores. Siempre y cuando,  hayan logrado su autonomía individual, su independencia, o incluso su pareja, con posterioridad al advenimiento del ms dos y del megabite. Porque a los jóvenes de la etapa previa, la cosa les resultó, y a algunos les sigue resultando, diferente.

Buscas a las alegres chicas de tu vida, que fue ayer, como dice Salvatore, y lo haces con los medios extraordinarios de que dispones ahora, y en el caso probable que, como Paula, tengan un dedo que enseñar, sencillamente descubres que han conseguido la invisibilidad, que una nebulosa las envuelve y protege de cualquier intromisión fuera de su estatus matrimonial, cual el más feroz de los burkas, otra vez. No han dejado el menor rastro, ni en las redes estas , ni tan siquiera en la titularidad de la linea telefónica, del auto o de la vivienda que, como la de tantas otras cosas, siguen estando a nombre del marido. Desaparecidas en combate, ocultas, secuestradas por la misma moral quizás, que establecía, y sigue estableciendo salvo contadísimas excepciones, la posición de la mujer en el mundo moderno, y en el de siempre.

Se escandalizan algunos por las teorías, y las practicas, del islam, al respecto de la mujer, tan abominables; y se olvidan, como siempre, de la viga en el ojo propio, que no suele ser en el quevedesco tercero, sino en el de la razón.

Y sigo sin comprenderlo, y no encuentro ayuda, a pesar de que os la suplico:

¿Por qué las chicas continúan fumando, y los chicos escupiendo en el suelo?.

Seguramente la respuesta, que la tiene, despejará también otras incógnitas.

                                         

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