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lunes, 23 de marzo de 2015

! VENCEREMOS !




Ya el sol asomaba en el poniente,
ya el cóndor surcaba el firmamento
y la Patria, gloriosa heroica y valiente
de victoria profiere el juramento...

(Marcha homónima de Les Luthiers. Vol. 3.  1973)

Que termina... bueno. Ya el comienzo nos da una idea, con el sol asomando en el poniente.
Da mucha risa, lo reconozco, y lo disfruto. Y es que el humor que exagera los contrastes, entre deseos y realidad, cubriéndolos con los artilugios que se suelen encontrar en la panoplia patriótica, no está ausente de las sugerencias que las marchas militares, las bandas multitudinarias, y los desfiles interminables, hacen aparecer inevitablemente en los estómagos de quienes los contemplan, e incluso de sus protagonistas. Sobre todo cuando el partido no termina a gusto de los aficionados de uno de los bandos, cosa que sucede también inevitablemente, salvo en los empates que obligan a aplazar la batalla, a alargarla interminablemente hasta el agotamiento de uno de los rivales, el país perdedor. Esto tiene aún menos gracia que los chistes sobre soldados y batallas, que habría que censurarlos aplicándoles el filtro del buen gusto, al igual que hacemos con los chistes de..., de..., de, y de casi todos aquellos en los que la risa pueda provenir del dolor, o la marginación ajena. No es el caso de la marcha de Luthiers.

Resulta anacrónica la grandilocuencia del planteamiento, si bien se usa como envoltorio adecuado, como idea seminal que los flautistas de los hamelines de todo el orbe, siguen usando para pescar con trasmallo, que sin ser un estilo excesivamente noble  a la hora de recoger proteínas por parte de los depredadores mínimamente orgullosos de su oficio, siempre será más defendible que la caza con farol, aquella en que el barón columbra, deslumbra y atiza con la estaca al verderol, según Muñoz Seca, quien fue realmente atizado como tal verderol.

Ya sabemos, algo tarde, que determinadas banderas son tan abstractas como utópicas, y que aun en el caso de lograr la victoria gloriosa, corremos el riesgo de que nos arrebaten la bandera de las manos, justo un segundo después, y nos recuerden aquello de... ¿Libertad para qué?, frase que le atribuyen los propagandistas de nuestro mundo, a los malvados líderes del otro. Vaya usted a saber quién fue primero.

Lo cierto es que no es solo la libertad, ni cualquiera de sus heterónimos, son también las innumerables consignas que mueven las masas, los titulares de prensa que nos seducen para sumergirnos en relatos estúpidos cuando no intrascendentes, los eslóganes electorales condensados hasta el tamaño de las mentes de aquellos a quienes van dirigidos, la propaganda de cualquier producto milagroso, o las promesas de paraísos de los que nadie ha vuelto. Cualquiera sirve para demostrar la inconsciencia de los que marchan con música o sin ella.

Sentado me encontraba en el umbral de la casa-museo, cuando me retrataron , aprovechando quizás la sintonía que se presentaba entre los tonos azules de la pintura gastada, los pantalones vaqueros y el cielo que, desgraciadamente solo quiso asomar en el cuadro. Digamos que entonado, e integrado en el entorno, apacible, orgánico y natural - ahora casi todo lo bueno es orgánico, superado el palabro obsoleto: ecológico-, y es al volver a ver la foto, cuando descubro el texto que sin duda iluminó las noches y los días del artista, del fundador y factótum del museo, la palabra mágica, mayúsculas, azul sobre blanco: VENCEREMOS, semiescondido tras el naranjo cuajado de azahar, sabia naturaleza.
Y lo primero que me viene a la mente es ¿A quién?. No me importa tanto saber si vencieron o si volverán a intentarlo otros, el pintor no creo que tenga fuerzas para volver a hacerlo, solo me gustaría saber a quién o a quienes, aunque puedo intuir, y casi asegurar los destinatarios, pero me quedo con la euforia de quien se lanza hacia el acto violento sin siquiera explicarnos donde, cuando, y contra quien, y me envuelve el terror cuando pienso en lo que escuchaba al abuelo. “Los pescuezos no retoñan”.
Los mismos, probablemente, que seguían ciegamente esa palabra, tenían otra igual de sugerente, que daba nombre a la fiesta del PC en el país hermano, el AVANTE. Y vuelvo a cuestionarme la luz que me ilumina, avanzar… ¿Hacia dónde?. Ignoro donde está ese delante que se supone debemos conquistar a cualquier precio, y por supuesto que es lo que voy a encontrar en él, en el caso improbable de alcanzarlo.


 Escucho hoy en la radio a FFG relatando como no pudieron hacer un apocalipsis, porque un apocalipsis como dios manda, cuesta un dineral, y la película no andaba muy sobrada de posibles. Era una parodia de los apocalipsis en general que también tienen sus seguidores y a los que no quiero privar de anatema, si bien es una idea de futuro tan negativa y abrumadora, la aniquilación total, que prefiero reservarla para las historias de ciencia ficción de bajo perfil (otra que tal, perfil).
Esos motivos, o cualidades que esperamos alcanzar, o que creemos poseer, véase dignidad, honestidad, sinceridad o cualquiera de las virtudes de las que osamos presumir, solo me sugieren la duda sobre todos y cada uno de ellos, la duda y la consideración del precio que algunos están dispuestos a pagar, aunque sea a expensas de la ruina y de la sangre ajena.  Estoy incluyendo también a ciertos grandes éxitos,  estrellas conductoras del pensamiento, y sobre todo de los sentimientos. Sin olvidar que todas juntas son incompatibles, a veces una mera pareja ya lo es, haced la prueba, y creo recordar que solo las teologales eran siete, y digo eran porque seguro que los vendedores de la moral universal ya le han añadido media docena a las que a mí me enseñaron las monjitas.

Escepticismos en absoluto nihilista. No niego el valor de las ideas que iluminan los días oscuros de la humanidad, tan solo me planteo la necesidad de responder preguntas, de buscar esas respuestas antes de ponerme en camino por algo que no sea la mera supervivencia. ¿Cual es la dirección hacia donde nos dirigimos? ¿A quiénes vamos a vencer? ¿No sería mejor llegar a un acuerdo pacífico? ¿Que estamos haciendo con la libertad, la parte de ella que nos ha tocado en suerte?.

Allí nos vemos.





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