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martes, 26 de enero de 2016

RADIO ANDORRA II.- (Fósiles y otras curiosidades).





El soldado, prisionero de guerra, mueve cascotes entre las ruinas de Dresde y, sorprendido al encontrar semienterrada una figurita de porcelana idéntica a la que tiene sobre la repisa de la chimenea de su casa, se la muestra emocionado a su amigo, el protagonista de “Matadero 5”- la imprescindible novela de Vonnegut- quien apenas tiene ocasión de vislumbrar como el guardián lo acusa de robo y lo ajusticia inmediatamente, pistoletazo en la nuca.
Tremenda escena que marca el devenir del personaje, el testigo, el superviviente, y también la del espectador, quien continúa encontrando paralelismos, aunque estos sean incruentos e incluso festivos.

Puedes descubrir una imagen evocadora, luminosa para ti, en los lugares más insospechados, y este hallazgo puede hacerte perder la noción del sitio donde te encuentras, de las condiciones que debes respetar si pretendes seguir indemne.
Por otro lado esas señales celestiales, esos signos particulares son inequívocamente individuales  o en todo caso mensajes dirigidos a un número reducido de individuos, jamás resultan ser guiños universales.
Es el caso que nos ocupa, a una generación determinada, de aquí y de entonces, y florecidos en un hábitat específico, chicos de pueblo nacidos en los años cincuenta.

La exclusión, siempre discriminatoria, del resto de los mortales, no es en absoluto intencionada. La figurita de porcelana no les va a decir nada, seguramente no van a agacharse a recogerla, y podrán continuar, inmunes a la barbarie, hasta que la luz del cielo los ilumine, si es que tienen esa suerte.
Podrán, los más jóvenes, valorarlo como un compendio breve y modesto en su intención, sobre sociología o sobre historia, de un tiempo de amnesia en el que estas voces, estas coplas, puedan entenderse como lo que eran en cierta forma, la tapadera, el telón que ocultaba la realidad.

Seguramente les va oler a naftalina, a plexiglás  o a higos pasos, y lo van a despreciar como lo que también resultar ser, chocheces de jubilata; pero también es posible que encuentren una canción que les llegue al alma obligándolos a sospechar sobre la existencia del antesdeayer. Para ellos también, traemos aquí docenas de piezas selectas, de trufas negras, malolientes para los ignorantes y apreciadísimas para aquellos que sean receptivos a la magia de la música, los que estén dispuestos a descubrir y disfrutar con algo nuevo, de puro viejo.

Pero no es este el objetivo princeps, que sea esta la finalidad del twist, del bolero o del cha cha chá, los temas lentos, las baladas, o las guitarras eléctricas primitivas, sin apenas trémolos, vibrator o twang, tan solo la melodía, el punteo del solista y el acompañamiento, los acordes del que estaba a su lado, quedando el bajo o el órgano eléctrico Farfisa (1) en un segundo y prescindible plano, es más bien la intención de  que su escucha vuelva a recordarnos las tardes de verano o los guateques de primavera, el tiempo aquel que no debemos olvidar si no queremos que la memoria nos borre el lugar de donde vinimos.
Vade retro. Seguiré tomando estas capsulas del tiempo siempre que las necesite, es decir, casi todos los días. Os invito.

Si es algo de lo que suelo arrepentirme enseguida, aunque no por ello llegue al propósito de la enmienda, al menos de momento, es de no dejar al gamberro que levamos dentro, al iconoclasta sacrílego y descerebrado, darse el gusto de escandalizaros con ciertas canciones malditas, proscritas, acusadas en justicia de la peor de las acusaciones, la de pertenecer a esa categoría infame, la del mal gusto.
Y vuelvo a prometer que el próximo año quizás lo haga, a sabiendas de que la edad si es algo de lo que no te libera es de los prejuicios de la autocensura, pendientes de no molestar, de no incordiar, de no caer tan bajo como para pretender venderos que las fotonovelas en color sepia eran el mayor aporte que la literatura universal haya hecho a nuestra generación. Aunque visto lo visto.. quizás sea conveniente sumergirme sin escafandra en esas recopilaciones bizarras, esos cassettes de las gasolineras, y dar por buenas ciertas horrorosas grabaciones que, hasta ahora, he conseguido evitar. Nunca se sabe lo bajo que uno puede llegar a caer.


(1) Simulacro europeo de los genuinos Hammond, cuyo elevado peso, y su mayor precio, los hacía inútiles para los conjuntos y sus bolos musicales. Afortunadamente han sobrevivido, los Hammond a toda la parafernalia electrónica digital y continúan siendo instrumentos imprescindibles para el Jazz, el Funk, y las manos hábiles de tantos teclistas postineros. 

(2) La foto inicial, tomada ayer en un rincón de Medina Sidonia, corrobora todo lo anterior, si escarbais un poco. 
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