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jueves, 11 de febrero de 2016

RADIO ANDORRA IV ( Donde el autor confiesa sus razones)

                             


¿Por qué Andorra?  (Digging My Potatoes)


La Pirenaica, hubiese sido más apropiada para nostálgicos de la radio. Los que cuentan que escuchaban junto a sus abuelos -mienten con seguridad, era un tostón- la única emisora española “Sin censura de Franco”, con cuyo eslogan le hacían propaganda al dictador y de paso daban a entender que no estaban libres de censura, de la otra, prima hermana de la que nos enmudecía. Además de mentir –el eslogan- en lo de española, al estar localizada en Bucarest y tener la mayoría de sus locutores el acento propio de ivanes que hubiesen aprendido el castellano en algún curso de CCC del otro lado del telón, que entonces ni siquiera era de acero, aparte de de que CCCPP no significa costo de capital medio ponderado sino que era el acrónimo de aquello.

En fin que, poco de Pirenaica hubo en mis tiempos de radioescucha, los plomizos panfletos me disuadieron pronto de que la onda corta resultaba escasamente divertida, y que el rosario en familia, junto a Matilde Perico y Periquín, que daban en la otra banda, eran motivos suficientes para salir corriendo a la plaza, donde estaba el lugar de mis juegos, y el de mis amigos.

Ciertamente que años después, tuvimos la fortuna de poder crecer políticamente escuchando Radio Paris, que ya era otra cosa. Tan solo sesenta minutos de informativos en castellano, con voces autóctonas e invitados de prestigio, a una hora de la noche que pronto sería sustituida por “Hora 25”, y donde aprendimos que había otras opiniones, otras libertades, y otro mundo más allá de la sintonía de la generala, que afortunadamente ni recuerdo si era la de  “El Parte”, su secuela militar, o la del “Nodo” que nos obligaban a ver en el cine antes de las películas. “El mundo entero al alcance de todos los españoles” era su titular de cabecera, y  todavía me sigue dando pesadillas cada vez que paso por Sevilla, donde NO DO es el logotipo de su ayuntamiento, al seguir mezclando en mi memoria los flases del antes y del después, en esa zona sentimental y vulnerable que todos poseemos debajo de la calota craneal, al menos eso es lo que dicen algunos.

No voy a negar que he seguido escuchando ocasionalmente emisiones en castellano en onda corta, divertidísimas la albanesa “Radio Tirana” y sus planes quinquenales, o la indescriptible “Radio Vaticano”, gracias a la llegada del Internet de hace cuarenta años, los transistores japoneses que te hacían posible dar una vuelta por el mundo, cuestionarte los intereses que podía haber detrás de aquellos mensajes sin apenas audiencia, y agradecer a sus mecenas la somnolencia inducida, el sopor benefactor que tan necesario resulta para las almas inocentes. Más o menos lo que ahora hago con la tele encendida, cuando veo la tertulia política nocturna mientras escucho a través de los auriculares enchufados al lector de mp3, las canciones que me hacen revivir todo el tiempo este que os estoy contando, y que inevitablemente me conducen al mejor de los sueños, mitad despierto, mitad dormido.

Radio Andorra era la emisora que escuchaban las madres y las abuelas,  y lo hacían mientras preparaban y servían la cena, y quizás tambien las tardes de los domingos cuando todo el `pueblo esperaba ansioso la referencia al niño merecedor de algún disco dedicado, previamente alertados por los familiares y vecinos. Los primeros héroes mediáticos, los cinco segundos de gloria que vaticinaba Orwell para el futuro lejano de….1984. Por eso, por las mujeres de la casa, por  la facilidad de oír sin necesidad de escuchar consignas políticas, y tambien porque emitían en varias frecuencias simultaneas para poder llegar a todo el territorio nacional, sin los inconvenientes añadidos de tener que superar la sombra herciana de las potentes emisoras del regimen, intentando anular la propaganda comunista. No era el caso.

De esa Andorra solo me quedaba realmente la carta de ajuste, las sintonías de apertura y cierre de las emisiones, su recuerdo  y la obsesión de recuperarlas. Cuando he podido conseguirlo, compruebo la calidad del sonido, en las antípodas de cualquier reproductor digital, y me planteo si merece incluirlo en el disco, para considerar inmediatamente que “ese” era el mejor de los sonidos de entonces, y que es un autentico milagro haberlo encontrado antes de que cualquier desalmado lo haya limpiado con un par de filtros, lo haya “restaurado” y convertido en un clip sin alma.  Ahí queda, tal cual.


Digging My Potatoes (Big Bill Broonzy)

Baby, they diggin' my potatoes
Lord, they trampin' on my vine
Now I've got a special plan now baby
Lord, that a-restin' on my mind
Now, I don't want no cabbage sprouts,
Bring me a solid head.
S'pose they call the wagon . .
I catched him in my bed
You know they
Now my vines is all green
'Tatoes they all red
Never found a bruised one
Till I caught them in my bed
You know they
Now, I've been all around
Lookin' up and down
Never found my baby
'Cause she was layin' in another town
I know she's diggin' my potatoes
Lord, she's trampin' on my vine
Yes, now I got a special plan now baby
Lord, that a-restin' on my mind


Quizás sea solo una copla, quizás de Antonio Molina, o solo una canción anónima y triste (blues) que rememora lo que se ha perdido. Viene a ser lo mismo.
El caso es que tenemos sembradas unas patatas, humildes y sencillas patatas, y no es cosa de dejar que otros vengan a llevárselas, y a beberse nuestro vino; como le sucede a Big Bill Broonzy, y a tantos otros, puesto que la canción tradicional es universal y los recuerdos son de cada uno. No vaya a ser que se los apropien también, e incluso nos los cambien por otros, que de todo he visto ya en este huerto.







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