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miércoles, 4 de diciembre de 2013

MRS. MILLER, ESA VIEJA AMIGA QUE CONOCIMOS JUSTO AYER.-




Una vez, cuando  le preguntó su hija: '¿Cómo puedes soportar oír al viejo John Bell (quien era el mejor albañil en la ciudad)  bramar fuera de tono como lo hace en las reuniones campestres'? su respuesta fue:
`”El viejo John es un músico supremo. Fíjate en su rostro y escucharas la intemporal música de los siglos. No prestes demasiada atención a los sonidos. Si lo haces, es posible que  pierdas su música. Renunciarás a realizar un viaje celestial a través de esos pequeños sonidos inaudibles”.

 Charles Ives, de “Ensayos antes de una sonata”.



 Supongo que los responsables en el negocio del entretenimiento tienen perfectamente estratificado el mundo de los consumidores, tanto en sus apetencias pasionales – nada que ver con lo que nos han vendido tradicionalmente como concepto exclusivo de las pasiones, hay muchas otras – como del grado de incultura o estupidez – de estas gozamos todos, y en grado superlativo aquellos que creen estar exentos- aunque esto sea un factor probablemente secundario a la hora de hacer caja, pero sobre todo insisten en el aspecto del quorum, de la mayoría, la que forma la base de la pirámide y por tanto más beneficios puede aportar.
Periódico y endémico es el intento, casi siempre satisfactorio, de someternos al dilema de si nos parece honesto y razonable el reírnos de aquellos a los que se les supone algún defecto risible, pagando claro está, o bien si realmente están riéndose de nosotros. Situación harto frecuente y enigma para el que tampoco tengo respuesta.
Ahora y aquí, no habría más que encender el televisor para situarnos en la cuestión.
Pero, afortunadamente hay otros mundos, infinitos, que insisten en poner a prueba nuestro concepto de humanidad reflejada en el espejo de cada cual.

Esos mundos, al menos para mí, no son otra cosa que lo que aprecio cuando sigo uno de los hilos que cada mañana intento apartar de mi cara, esos que la imaginación de Ariadna nos ha ido colocando enfrente, desde nuestro nacimiento, para que busquemos la felicidad, el placer, o al menos las ganas de seguir vivos.
Y este, que he seguido hoy, pertenece al género de las leyendas, como las de Poe o Becquer, solo que dentro del mundo inexplorado de la fantasía musical que me ha acompañado o que ha dejado de hacerlo, misteriosamente, hasta ahora.
Sabía que existía, como pueden existir esos mundos de ficticios del horror en los cuentos de Hawthorne,  en el Necronomicon, o en el mismísimo de Juan Pimiento de Juan Pizarra, el que nunca se acaba pero ya se acabó, y si quieres otra vez te lo cuento. El terror interminable.

En esta ocasión experimentamos la magia de lo desconocido, pero con certificado de autenticidad, Billboard mediante. Incluyó dos canciones en sus principales del 66. Existir, existió.

Pero sospechosa era su similitud con aquel single que cantábamos la pandilla adolescente en cuanto tomábamos dos copas – a la tercera entrabamos en un mutismo comatoso del que no recuerdo generase memoria aprovechable alguna- las de menta anisada o las del genuino “Del Mono”, harían estragos similares. Se llamaba "They´re coming to take me away ha haaa" o sea "Que vienen a encerrarme ja ja", después nos poníamos la cara B, que era la misma cara A pero con la cinta al revés, y no estoy diciendo que las palabras del salmo fuesen a la inversa, no. Era toda la grabación al revés, estupefaciente y extraterrestre canción que nos provocaba la risa tonta, hasta que  pasó la edad de reírnos por nada.
Era solo un single, y su globo universal resulto pinchado por un desaprensivo que puso nombre a su autor, hasta entonces desconocido. Resultó ser una broma del chico de los recados en el estudio de grabación, y los millones de discos vendidos quedaron como un magnifico reclamo para futuras aventuras comerciales en el terreno de la estulticia infinita..

Supuse, por las referencias de los navegantes de ultramar -aquí era inencontrable, y hasta ayer mismo inaudible- que el éxito de la Señora Miller respondió a una maniobra similar. Ese superventas que te invita a reírte de  él, si previamente lo has adquirido, permitiendo que se rían de ti. Bendita simbiosis.

Se desvaneció enseguida la buena señora, según los cronistas musicales, no sin antes grabar cuatro o cinco Lp y ser estrella de los prime time de la época, de acompañar a Bob Hope en las giras patrióticas para animar a los chicos que morían en Vietnam, o incluso figurar en la banda sonora de dos o tres películas de postín. Evidentemente la tontería, o lo que fuera, dejó constancia de su existencia.
Y ese desvanecimiento, en todo caso  no fue definitivo. Más de treinta años después la exitosa Ultra Lounge, colección discográfica, relanza su primer disco, irónicamente titulado “Grandes éxitos de la Sra. Miller”. Y el resto, la cadena de favores de la red, la discoteca de Alejandría lo ha conseguido, la inmortalidad.

Dicen que su voz suena como las cucarachas corriendo a través de una tapa del bote de basura, considerando que los botes de basura americanos son metálicos y que si están vacíos su efecto amplificador es superlativo. Que sus interpretaciones son estridentes y fuera de tono, y que sin embargo…

Creo que la voy a tener de fondo musical esta navidad.
Es un auténtico bálsamo para nuestras almas doloridas y pisoteadas durante estos meses tan crueles que parece no van a terminar jamás.
La reina de karaoke la han llamado en alguna ocasión. Y es que la escuchas y te convences de que  tú no puedes hacerlo peor, y que por lo menos debes intentarlo.
Si bien no debes hacerlo imitándola, no. Debes ser consciente de tu propio ridículo, y así aceptarlo. Resulta maravillosa la experiencia.

Aquí pasan a un segundo plano las reflexiones sobre la banalización del mal, ya que no se trata de banalizarlo, sino de reconocerlo como parte de cada uno de los amantes de la música, que es de lo que estamos tratando.

Ya sé que el hilo de hoy os va proporcionar un placer inenarrable durante estas fiestas. Que no vais a quedaros únicamente con la muestra que os invito a escuchar, ya que otra docena de joyas os están esperando, y si no quereis bucear en el proceloso océano de bits  y  links, no preocuparos que yo las pondré a vuestra disposición. Y también sé que vais a agradecérmelo. Solo os ruego que no seáis en exceso efusivos en el agradecimiento, que a mí los enfrentamientos no me sientan nada bien.

Disfrutadla, y cuando se haya incorporado a vuestra panoplia de talentos imperecederos, por favor, recordad que somos mortales. Todos.











 Pinchad y disfrutad que, total, son dos días




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