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miércoles, 14 de mayo de 2014

Matar al mensajero.(Que aburrimiento).






Vuelvo a percibir la ciega e inútil persecución de aquellos que han dejado de amar, o de los infelices que no han amado nunca, los desafectos.
Ahora, y siempre, se movilizan las fuerzas del orden público buscando al peor de los enemigos, al terrorista que lo es, por pensar diferente, y lo que es peor, por manifestarlo.

Usuarios de redes sociales, moderna versión del corrillo de la peluquería donde hasta hace poco, resultaba ser el único lugar donde uno  podía expresar sus opiniones, a riesgo de que el parroquiano aparentemente absorto en la lectura de la necrológica del diario local, fuese informador de los defensores de la autoridad suprema, y de este modo añadir algún renglón negativo en la ficha policial. Fichero que pasó de las agendas  de los adictos al partido ista (y son muchos, los partidos totalitarios, o afanosos en serlo), al de la benemérita, que ya tiene cojones el eufemismo que siguen usando para los compañeros (por lo del uniforme verde). De ahí a pasar a Internete, a la red, al mismísimo Google, solo ha habido un pequeño cambio en el calendario, en la forma  actual de la tertulia que circula por las mal llamadas redes sociales – más bien trasmallo para gambusias-  un discreto cambio formal.
 Los censores del Zistema (llamarlo sistema me parece un disparate) siguen intentado pescar el pensamiento disidente y cambiarlo – como si fuese posible- y desde luego siguen insistiendo, razonablemente, en considerar inane el cuerpo social al que pertenecemos.

Ha habido un asesinato – que no ejecución- de un político, y ha surgido una marea en la que destaca la espuma que dejan las olas, cuyo olor (olor de las olas, figura para eruditos) no gusta a los responsables de que las olas huelan mal. (L´ecume des jours).
Hay una desafección galopante y manifiesta hacia los políticos (hacia estos políticos, los de este sistema, no confundirse, no generalizar con otras épocas o países) y la única manera de evitarla, no es identificando o castigando a los desafectos - desafetos los llamaba el anterior y gallego jefe del estado, con consecuencias bastante crueles para los susodichos- sino reflexionar sobre las causas de ese desamor, de ese desencanto popular hacia una falsa democracia en la que cada día cree menos la población (los desafectos ,se entiende).

Ya se que esto no va a cambiar, que la persecución de los que piensan o sienten de modo diferente, va a continuar. Demonizados en prensa (en extinción) y radio, en Los NODO que ahora llaman telediarios, tienen, tenemos, un destino tan negro como va a ser el de los responsables, lo quieran o no, más tarde o temprano.
Otra vez en idéntico y estúpido ciclo de nuestra historia, fomentado por unos y aceptado por otros, todos los votantes que van a resultar “colaborador necesario”, cómplices, en la próxima ocasión en que se les exija pensar - de sentir ya ni les cuento – y decidan que paqué, que estamos conformes, y contentos, con el estado de las cosas.

“El castigo de los hombres buenos que no se ocupan de la cosa pública es ser gobernados por hombres malvados”.
Eso dijo Platón ,que terminó su carrera intelectual, y la otra, como esclavo.

Como votar es gratis, no ponen la misma atención, ni la misma responsabilidad que en sus asuntos personales y profesionales y actúan en la política como niños irresponsables”.

Esto es del nobel  Joseph Schumpeter, que tampoco explicó lo más importante de la cuestión, el que los malvados son siempre los otros, y los hombres buenos nosotros -faltaría más- y así nos va.


P.D. En la estampa, de Alexander Cabanel, vemos a Cleopatra probando venenos en los condenados a muerte. Y vuelve la pregunta que nunca harán en saber y ganar:
 ¿Estaban realmente condenados a muerte antes de probar el veneno?.

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