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jueves, 5 de junio de 2014

Buscando la calma, inútilmente.-

                                  


Tantas novedades en el firmamento, que apenas me dejan un hueco para digerirlas. Puede que se me escape la noticia importante, la que mayor repercusión va a tener sobre mí, y puede que al final de todo - somos humanos- solo pruebe, deguste, ingiera, y me aproveche de aquella que simpatiza con mis ideas.
Al fin y al cabo las ideas que uno asume como de su propiedad,  son las que alimentan su ego, lo reconfortan en los momentos difíciles, aunque sea solamente con el perogrullesco “Ya lo decía yo”, y son las que le dejan conciliar el sueño nocturno, que del diurno no tiene posibilidad alguna de conciliación, tal como están los tiempos. Y no, no estoy hablando del penúltimo fichaje de este o ese club, que el deporte ya ni necesitamos especificarlo.
Aparece el muñeco en el informativo, con su demediada sonrisa, en la sección deportiva, e inevitablemente me obliga a hacer lo mismo que cuando me preguntan mi opinión sobre la casa real, la sagrada institución, me sale idéntica respuesta: “Hombre, mientras tenga en mi mano el mando a distancia…”.
Tampoco voy a hablar del asunto del que hoy es la fecha para anotar en los libros de la historia de la nada, o mejor, de lo mismo.

Más provechosa ha sido la digestión, ya a nivel de mitocondria celular, de los resultados del último contest europeo, de ese festival de eurovisión en el que dejan votar a todos los derechohabientes, que  los deberes nadie quiere mentarlos, salvo la inoportuna presidenta del círculo de empresarios diciendo cosas de las que inmediatamente ha tenido que arrepentirse -.lo de retractarse es otra cosa diferente, sin arrepentimiento, dolor de los pecados, no hay razón para pedir perdón- cosas tan sublimes para un alto cargo como que “Los ninis, nini”. Es decir que (las personas sin formación no valen para nada, y que hay que bajar el salario mínimo para que salgan del limbo en el que viven), sic, que diría el otro.

                                           
De este incidente surge el artículo que escribe el ínclito Javier Marías, razonando que “Nos dirigimos, terrible realidad, a la época anterior a la Declaración de los derechos humanos – como si las declaraciones sirviesen para algo – a los días del absolutismo, al mundo anterior a la modernidad” titulando el speech: “Como antes de la Revolución Francesa”. Avisándonos del peligro en que nos encontramos, en ese camino de vuelta hacia un lugar donde jamás hemos estado.
Sin duda debe ser alguna licencia poética que yo no he debido apreciar en justicia. Porque, vamos a ver, por lo que yo sé, aquí nunca hemos vivido revolución francesa alguna, ni tan siquiera la de los claveles. Hemos rechazado, con sangre por cierto, las provechosas enseñanzas de la Ilustración, y cualquier posibilidad de integrarnos en eso que llaman modernidad, a la que por cierto hacen pasar por algo muy bueno, sin aclarar el por qué.

De derechos humanos mejor no hablar, salvo mentar que el inventor del asunto fue un español – la roja, ya sabéis- creo que con sotana, y que sirve para refregarlo periódicamente a aquellos estados que “tampoco” los respetan.
Por eso no comprendo el argumento, el que estemos en riesgo de volver a ese pozo del que nunca hemos salido. Aunque entiendo que la felicidad colectiva es muy importante, y que después de la copa de Europa, no convenga mirar el terreno donde pisamos, en el que , por cierto, el asunto caca de perro ha pasado a un segundo plano, y no porque hayan desaparecido, sino porque ahora tenemos algo peor, la caca de caballo, sobre cuyo volumen, olor, e impacto visual no dicen nada las ordenanzas municipales, ni tampoco sobre la obligación de los jinetes de portar una escoba, una bolsa, y un retrovisor para apreciar cuando sus maravillosos corceles demuestran fehacientemente que, al igual que algunos políticos, no disponen de esfínteres para regular el asunto.

                                                                  
Sobre el tema de las elecciones al parlamento europeo, los resultados dan para mucho más, aunque solo sea para que el gurú que todos llevamos dentro, desde pequeñitos arrimando el ascua, tenga que esforzarse mínimamente en profetizar la inmediata actuación política de los grandes partidos, cuya mejor y más placentera dedicación pretérita, con el beneplácito de sus votadores, sea la de vilipendiar al otro partido, al rival. Y como esos enemigos odiados, van a unirse próximamente en nupcias de amor eterno, pasando por la piedra, una vez más a su electorado, y siempre por un fin licito, según ellos, -el fin siempre justica lo injustificable, al menos para los poderosos- el de impedir que tomen las riendas otros partidos, más votados que los suyos, y cuya posibilidad es definida con la palabra caos, o catástrofe (Felipe). Y seguramente lo fuese para ellos, al apearlos del poder, aunque quizás no tanto para esa utopía llamada democracia, a la que dan otra lanzada en el costado, ninguneando  -nini- a la mayoría del pueblo europeo.
Pero como Europa parece ser otra utopía, centrémonos en la tierruca propia, en la que va estrenar un nuevo jefe dentro de unos días.

                              
Y es que quiero rematar la provocación del Sr. Marías, insistiendo en que nunca hemos abandonado la época inmediatamente posterior al medievo, y que por tanto no hay riesgo alguno de un retorno imposible, que nos hemos asentado plácidamente en el siglo de oro, felices con nuestro estatus pos imperial, y que el barroco es la única corriente artística que llena nuestros corazones (toros y procesiones lo confirman). Veámoslo.



-          “La comparación es el origen de todos nuestros males”
(Kierkegaard, Soren.)

A eso ahora lo llaman benchmarking, y sirve para manejar los números y mostrar lo que estos solo insinúan. A saber, frente al resto de países europeos, destacamos en:

-          Cannabis, coca, noche...

-          Pan más caro y alcohol más barato

-          Mayor número de días festivos, y de jornadas laborales más largas

-          Escasos gastos culturales

-          La mayor brecha social.

-          Más seguros y pacíficos.

-          Más paro

-          Y más longevos y felices (eso sí).

Ese es el cuadro que nos ofrece la estadística (y el diario El País), sobre los datos que los eurodiputados ofertan a los dioses (me he fijado en que los columnistas listos, dicen siempre dioses cuando quieren decir dios, y creo saber por qué lo hacen) en la catedral de la cosa, donde unos presumen de esto y otros de aquello.

                                    

Ahora bien, no me cabe la menor duda de que eso no es solo lo que tenemos, sino también lo que queremos. Que son ya muchos siglos de aceitunas, los pies y las manos presos, sol a sol y verso a verso… y luego a morir tuberculoso en una cárcel de mierda para que se te olviden de ti, tan solo porque no estas de moda, y mucho peor, querido  Miguel, porque ya no te necesitan. Con la roja, la otra, es suficiente.


P.D.- La película de hoy es “Beat the Devil”, un orgia italiana que se corrieron,  Bogart, Peter Lorre, Robert Morley, Jennifer Jones y Gina Lollobrigida (he puesto inconscientemente, las chicas al final, machista irredento, o algo peor), a cargo de los productores que llegaron a suspender el interminable rodaje. Dirigida por John Huston, y que aquí llamaron “La burla del diablo”, que es el título que convendría mejor a estas impertinencias que nos afligen.




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