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jueves, 4 de diciembre de 2014

LA GRAN ESPERANZA BLANCA .-




La gran esperanza blanca

La diferencia entre el cine y la realidad  es que en la pantalla cinematográfica, que no en las televisivas, todo lo que asoma por ella es falso a ojos del espectador, consciente de la ficción que contempla, mientras que ante la realidad, y ante la impostada e interesada imagen de esta que le presentan los medios, se deja llevar por sus sentimientos, su fe absoluta en que las cosas son como su ilusión se las muestra, ciego y sordo ante las evidencias más flagrantes.

Por ello la película de hoy, hay que verla como lo que es, como casi todas, un ejercicio de argumento forzado, la ficticia actitud heroica del protagonista y un final tan falso como satisfactorio para el espectador poco exigente. Aunque tengamos que usar este símil cinematográfico de palanca para la nueva esperanza, esperanza eterna, si queremos continuar vivos.

Que no es otra que la prevista oferta de cambio político, de regeneración democrática, usando estos tópicos obsoletos hasta la exasperación, ofrecida por el nuevo púgil en el cuadrilátero, sobre cuya victoria depositamos, otra vez, las ansias de supervivencia, como hace un siglo lo hizo la sociedad norteamericana, aquella marginada por el color de su piel, reflejando sus sueños de justicia, en la figura simbólica del campeón de boxeo, hermano de color. Boxeo hoy políticamente incorrecto,  socialmente mal visto en un mundo que presume de humanismo y ejerce de todo lo contrario.

Aquí y ahora observamos a nuestras jóvenes, y virginales, promesas del espectáculo electoral, en un país donde continuamos delegando ciegamente nuestra responsabilidad individual, que no es poca, en lejanas estrellas deportivas, del rock, y de la prensa amarilla o rosa, que tanto da. Cualquier cosa menos aceptar  que de los espectáculos con entrada gratis nunca podremos esperar otra cosa que la peregrina justificación de su excelencia, en cuanto a la relación entre  coste y beneficio, siempre que el coste sea cero. Aparentemente cero. El votar cada cuatro años es gratis, el reconocerse demócratas por gracia y milagro de la magnificencia divina, y no por aquello tan sensato y razonable como por los méritos propios o por el esfuerzo y a veces, la sangre de sus ancestros.

Al menos cuando fui al cine, pagué mi entrada y las emociones que me suscitó la historia, derecho a emocionarme, las consideré acordes con el deber satisfecho previamente en taquilla.
Mi primera confusión, basada en lo que considero un fraude, un incumplimiento del contrato social por la parte contratante dela primera, y de la segunda parte, es si considerar el voto como un deber o como un derecho, o lo que es lo mismo si el contrato social se basa únicamente en derechos o en deberes y no en ambos. Si habrá que releer la biblia que sobre este dilema escribió J J Rousseau o limitarnos a creer ciegamente en las promesas electorales de la parte realmente interesada  en que el espectáculo debe continuar. Envidia me dan los que tienen las ideas claras al respecto, y la fe incólume. Por gracia recibida, y universal supongo.

Tenemos una gran promesa, blanca además, y no es necesario recordar a Paulino Uzcudun o a Urtain, el morrosko de Cestona., y sus respectivas carreras, para comprobar que no hay nada más efímero y engañoso que el discurso de los charlatanes para llenar el estadio. Aunque necesitados como estamos de modificar el rumbo hacia la nada, no podemos negarnos a ante la probabilidad, por remota que aparezca, de la existencia de alguien o algunos que puedan manejar el timón de manera más honorable, al menos. En ello estamos.

Bien es cierto que vistos los innumerables combates ofrecidos en las últimas décadas, el tongo irredento y recidivante no nos va a sorprender, pero como la necesidad es la madre de la irracionalidad, volveremos a asistir a la función cuatrienal en la que tanto nos jugamos.

Como en la película, conocemos datos de los contendientes que nos hacen desear, más que esperar, actuaciones heroicas y sorprendentes que, por una vez, echen a perder las apuestas de los que presumen amañado, a su favor, el combate, aunque en el caso improbable de que esto suceda, siempre, siempre saldrán ganando los corredores de apuestas, los intermediarios en este negocio.

Y ese es el único cambio que necesita, con urgencia, nuestro sistema político, el eliminar la grasa sobrenadante del cocido, cuyo exceso lo hace indigesto y peligroso, muy peligroso para las arterias.
Solo que ese asunto vital, como otros de la misma índole no van a ser sometidos a las urnas, previsible y desgraciadamente, en mucho tiempo.

Limitémonos a acudir a ver el combate, unos pagaremos la entrada, otros cobraran por ella, y bajo el paraguas de la paz social seguiremos apostando por los atletas del futuro inmediato. Sin más problemas, y sin hacernos mala sangre.

Al final, y al principio, en la película que estoy contando, la auténtica gran esperanza es la negra, mira por donde, por donde mis ideas y el paralelismo entre ellas, la ficción del cine, y la realidad, solo son el fruto de una mala digestión, el resultado de una cena ligera o de la naranja del postre, que han debido ser un exceso superlativo para las cuatro neuronas que  me restan.

Interesantes sin duda los prolegómenos del combate. Estamos ya viviendo ciertos sucesos, escalofriantes esperpentos, como la afirmación sobre la  voluntad de pactar por unos y otros, o la voluntad de lo contrario, mucho antes de que resultado del combate los sitúe en posición de pactar cosa alguna. Si añadimos las acusaciones de populismo que hacen los populistas, las descalificaciones ad personan, y ad infinitum, hacia el aspirante, hacia la gran esperanza blanca, y las zancadillas que los medios afines al poder, es decir todos, interponen en el camino de su equipo, y el hecho de que semejante actitud solo consiga incrementar la venta de entradas y consiguientemente el beneficio de los reventas, ilegales, economía sumergida pero menos, dinero opaco pero solo para el que no lo maneja, etc. etc., nos encontramos ante un nuevo viejísimo fenómeno, el de considerar el espectáculo de los gladiadores en el circo como algo ajeno y divertido, olvidando que el número que viene a continuación es el de los leones y los mártires, siendo los leones los de siempre y los mártires….

                                       

P.D.-

DRAE  recoge "populista" con el significado de "perteneciente o relativo al pueblo (idénticamente a la primera acepción de popular -ambas palabras proceden de la latina popŭlus, ‘pueblo’-

Trama
El gran boxeador afroamericano Jack Jefferson, acaba de derrotar en Reno, Nevada, a su contrincante Frank Bardy. Se convierte así en el primer púgil de color que gana el título mundial de los pesos pesados. Pero, corren los años 50 y Jack, que viaja junto a su novia Eleanor, una mujer blanca, ha cruzado los límites de un estado donde aún impera el racismo. El púgil es arrestado bajo la acusación de mestizaje, procesado y condenado a tres años de cárcel que no llega a cumplir porque se evade de prisión. La pareja deja los Estados Unidos, su vida se convierte en una constante huida y su reputación como boxeador cae en picado. Más tarde, le ofrecen pelear en Cuba en un combate amañado que le devolvería el título a un hombre blanco a cambio de su libertad y de retirar todos los cargos contra él. Jack no acepta, pero Eleanor, que no soporta por más tiempo la constante presión a la que se encuentran sometidas sus vidas, se suicida., Finalmente, Jack acepta participar en el combate que tendrá lugar en La Habana. Ese día toda su rabia contenida le lleva a boxear como jamás antes lo había hecho.
(De Wikipedia).

La “Nueva Esperanza”, canción de Carlos Puebla, hace referencia a los tupamaros, grupo terrorista que perdió su guerra y enseño al resto del mundo que las revoluciones no triunfan jamás si el pueblo no está suficiente mente hambriento (Marx dixit). 
Y como  no son en absoluto deseables semejantes alternativas, va a ser cosa de buscar otras más amables, que indudablemente no lloverán del cielo, y que van a tener algún coste que tendremos que asumir entre todos. 

Deberes tengo madre, y temo no poder demorarlos mucho.




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