jueves, 16 de marzo de 2017

SENZA FINE (GINO PAOLI).-





Gino Paoli 1961   

Senza fine
tu trascini la nostra vita
senza un attimo di respiro
per sognare
per potere ricordare
quel che abbiamo già vissuto

Senza fine

tu sei un attimo senza fine
non hai ieri e non hai domani
tutto è ormai
nelle tue mani, mani grandi
mani senza fine



Non m’importa della luna
non m’importa delle stelle
Tu per me sei luna e stelle
tu per me sei… sole e cielo
tu per me sei tutto quanto
tutto quanto voglio avere

Senza fine

La crónica de una realidad inventada es lo que ahora llaman novela de no ficción. El escritor utiliza un filtro interesado para ofrecer relatos sobre vidas cercanas al lector, modificando u ocultando aquellos aspectos que no tienen cabida en el reparto de la función teatral. Al fin y al cabo es el teatro cotidiano y eterno, el que presta argumentos inagotables al guionista. 


Solo serán necesarias un par de condiciones de absoluto cumplimiento, para lograr la satisfacción del espectador. La primera es el respeto que este se merece, el de su consideración de adulto cultivado, con los cánones de la clase media europea actuales, tampoco hay que ir muy lejos, y el respeto también a los tres actos básicos del teatro clásico, presentación, nudo y desenlace, a los que, inevitablemente habrá que añadir especias hilarantes, urticariantes o lacrimógenas, según el género elegido, y en suficiente cantidad y frecuencia para que el espectador no disponga de más de dos minutos de respiro, pasados los cuales, sin nuevos estímulos, desconectará inevitablemente de la historia que le están contando.


La segunda condición, igualmente imprescindible, es el punto de apoyo sobre el que va a pivotar la palanca argumental , y que, en los tiempos actuales, es la presencia de algún personaje cuya proximidad con la realidad cercana del espectador, haga verosímil esa etiqueta de no ficción, absolutamente necesaria, al menos en los géneros que arrasan en las carteleras.

Por eso agradezco que esa proximidad no resulte invasiva para la intimidad del espectador, ni que abunde en sus miserias cotidianas, que para eso ya tenemos los problemas domésticos inconclusos y los noticiarios televisivos. 


El autor ha decidido aquí elegir el patrón del drama cómico, con el apellido complementario de social, comedia dramática social, que contentará a la mayoría, haciéndonos reír además, llevándonos por caminos imprevisibles pero inevitables, en los que las lágrimas apagarán la risa, o quizás solo una cierta congoja se apodere de nosotros hasta que llegue, en dos minutos, la próxima bonanza de los personajes que sin duda nos devolverá la sonrisa.


Aparentemente es muy fácil. La fórmula está suficientemente rodada, y el resto, el envase, no necesita grandes efectos fotográficos, la Toscana y su luz, se dejan acariciar por la cámara, y los actóres , haylos, milagrosamente todavía quedan algunos, solo nos invitan a “empatizar” con ellos, por aquello de que empatizas o te vas, no hay término medio ni palomitas en el pesebre, ni falta que hacen.

Y el punto, delicadísimo, de realidad aparente, lo pone el personaje secundario, magníficos e innumerables todos, el padre añorado, que hubo sido pianista del grupo de Gino Paoli, allá por los sesenta, y que había regalado a su hija el leiv motif musical que ella escuchaba en su smartphone cuando estaba triste, es decir todas las noches de su vida, “Senza fine”.


Canción que escuchamos completa durante los títulos de crédito finales, esos minutos en los que nuestra estupefacción da paso al agradecimiento al director-autor y que termina dejándonos el sabor de boca del postre más exquisito.

No quiero pensar en los pases comerciales de la película, en la amputación previsible de esos minutos finales, y en la más que probable ausencia del subtitulado de la letra, la nata del postre, perdiendo la guinda en almíbar su condición de golosina inimitable.

Os la pongo aquí, para compensar la castración a que os van a someter, e incluso compensar también el (mal) olor de las palomitas. 


La película estupenda, y es lo que quería contar, en absoluto su argumento, que va por otros vericuetos divertidos y a la vez sentidos, algo así como un Ken Loach a la italiana, con prescindibles homenajes a Fellini y a la peli aquella de las dos chicas americanas que se hacían llamar Thelma y Louise
He pasado un rato estupendo y me pongo inmediatamente  a revisar la filmo de este artista, un tal Virzi. “La Pazza Gioia” 2015, “Loca Alegría”.




Sin fin,
tú arrastras nuestra vida,
sin un instante de respiro       
para soñar

para poder recordar
lo que ya hemos vivido

Sin fin,


tú eres un instante sin fin
no tienes ayer y no tienes mañana
todo ya está
en tus manos, manos grandes
manos sin fin.


No me importa la luna
no me importan las estrellas
Tú para mí eres luna y estrellas,
tú para mí eres sol y cielo
tú para mí eres todo,
todo lo que quiero tener.


No me importa la luna,
no me importan las estrellas
Tú para mí eres luna y estrellas
tú para mí eres sol y cielo,
tú para mí eres todo,
todo lo que quiero tener.

Sin fin...

Podeis escucharla en versión de: 

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