
La Última Película del Cine Colón.-
(Sic transit gloria mundi).
Vendrá un tiempo, dentro de nada, en que la memoria de los que recuerden el cine siga idéntico camino, el del olvido, que el de los rollos del celuloide y las salas extintas donde se realizaba la función. Que así se llamaba, función de cine.


Llegamos no obstante, a disfrutar los
estertores de su edad de oro, y nombres como Tony Curtis o Burt
Lancaster se convirtieron en iconos para nosotros, llegando a la
cumbre con las películas programadas en las fiestas locales, los
toros y la feria, en la que ambos locales rivalizaban con títulos
realmente inolvidables. Carteles colgados en sus paredes durante
semanas y que nos excitaban en la espera. Cartelera de cuadros
sueltos en cierta fachada de La Laguna, hacia donde sigue desviándose
mi mirada cada vez que entro en ella.

He visto al proyeccionista bajar hacia
el público después de ver el "FIN" en aquella película tan corta,
para escucharlo gritar: “No os vayáis, que me he equivocado con
los rollos, y ahora os pongo el comienzo de la película”.
He visto suspender la proyección para
invitar a los varones a subir a los camiones para apagar algún
incendio, y los he visto escabullirse hábilmente.
He visto el intento de reclutar
espectadores entre los paseantes de la carretera, para poder realizar
la última proyección, al menos con ocho entradas, y no conseguirlo.
En lo que se presumía final de una época y de un entretenimiento
que pasaría años después a otro estado y otro lugar, la gran
ciudad.
He visto hundirse una desvencijada
silla de madera con su ocupante entrado en carnes, en el cine de
verano, y las risas del publico felizmente recompensado al encontrar
respuesta a la pregunta que realmente justificaba la hilaridad:
¿Quién ha sido?

He vuelto a ver “Surcos” hace poco,
y he descubierto en ella, y en otras de aquellos años, la razón del
mote de algún paisano al que sin duda encontraron parecido con el
personaje que desde entonces le prestaría el nombre.
He disfrutado, no hace mucho, de un tinto garnacha de cepas viejas, y su olor... mira por donde era el de la mistela. Aquella bebida, licor, que solo vi y pude oler a veces, en el ambigú del cine Colon en mi tiernos años. Algo que nunca probé, obviamente, y que en ningún otro lugar del pueblo, ni de otra parte, he vuelto a encontrar. El olor persistía en el recuerdo, devolviéndome con su prodigiosa reaparición , a un lugar y a un tiempo felices que seguirán existiendo en la memoria.
Curiosamente, estas sensaciones, y
estas vivencias añoradas, se han repetido con seguridad en aquellos
lugares para los que el cine tuvo la misma importancia que para
nosotros. Hemos participado en una experiencia que nos ha marcado de
alguna manera en el desarrollo personal, en la manera de madurar ante
la vida, y ello ha sucedido también y a la vez en otros sitios del
planeta. Quizás viendo “La última película” de Bodganovich, o
las italianas “Cinema Paradiso” o “Esplendor”, podamos
comprobarlo.
-¿Como es la del domingo que viene,
señor Manolo?
-!Buenísima! Le escuchábamos entre
risas torpemente disimuladas, ya que conocíamos con antelación la
inevitable y ritual respuesta del buenazo de Manuel Ligero. A
sabiendas de que seguramente era otro tostón u otra “java” la
que le iban y nos iban a colocar los distribuidores. Y es que nadie es perfecto, cosa que también aprendimos allí.
P.D.- La foto de las ruinas es de Ribadeo.
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