domingo, 31 de mayo de 2009

NORMAS DE TRÁFICO QUE NO LO SON.-


------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

La carrera de Yolanda.-

De la rutina del rito.

Ayer pudo ser nunca más.

Cualquiera de los tres vale. Como dirían Guillermo Brown (R.Crompton) y sus secuaces, “sabemos como se escribe”, después de poner en el cartel que eran unos urfanos, guelfanos, erfanos, o uhérfanos, demostrando que lo importante no es hacer bien las cosas, ni siquiera el saber hacerlas, sino que lo importante es hacer ver que se sabe hacerlas, y para eso existe la propaganda, faltaba mas. Así, como los espectadores de Guillermo, los lectores pueden escoger entre los tres títulos del principio y quedarse con el que prefieran, orientando de ese modo el sentido de esta su pagina.

El caso es que uno hace sin darse cuenta, con el automático puesto en las manos y en la mente, el trayecto mil veces repetido desde su casa donde mora hasta el centro de la aldea, donde inevitablemente acontecen todas las otras actividades imprescindibles para su vida cotidiana. Pudiera ser en esta ocasión el llevar o el traer a su hija hacia o desde el lugar donde se celebra alguna de sus tareas formativas. Lo corriente, vamos.

El automóvil, prácticamente lo hace solo, se sabe el camino como aquel burro, Sinforoso, compañero de infancia, al que no había que darle mas indicaciones que "Arre" y "So", y dejar el resto, que no debía ser tanto, de su cuenta. Tan solo presto atención a los pasos cebra, a los ciclistas y a soltar la correspondiente maldición hacia dentro- mierda de corrección política, cuando parece ser que tu eres el único correcto- cuando tengo que transitar cien o quinientos metros detrás de los coches de caballos-Sinforoso nunca muere- que acarrean turistas necesitados de semejantes aperos insalubres en sus viajes, sin los cuales , al parecer, ni las fotos, ni los recuerdos, ni las gentes que habitan sus esporádicos destinos, tienen sentido. Misterios gozosos.

Antes o después de la maldición, según el azar que también es muy suyo, tengo que tomar unas curvas en subida- negociar, en términos railisticos- que obligan a vigilar el bordillo destrozagomas -cien euros la cubierta, tres llevo en la delantera derecha, para no tener que soportar el sarcasmo del chico de los neumáticos: "¿Otra vez que traes el dinero exacto en la mano?. Así da gusto."- y de paso controlar los vehículos que circulan en sentido contrario minimizando la distancia que separa el “No pasará” del “Ya ha pasau”- y no saquemos el texto del contexto, por favor- permitiendo en esos breves instantes de lucidez obligada, por la atención imprescindible para superar el escollo de la curva y de la contracurva , el atisbar, en modo flash, en décimas de segundo, el rostro y la actividad del conductor que vive ese su simétrico destino con nosotros. Nada especial.

Tan repetido que uno, no solo lo olvida inmediatamente, sino que, a veces sufre uno de esos episodios pavorosos de ansiedad en los que podría jurar que ese trayecto no ha existido nunca, que no sabe como ha llegado hasta allí, y que seguramente algún hiato temporo espacial es quien lo ha conducido , puesto que la memoria no quiere saber nada con esos últimos diez o quince minutos. Algo así como el deja vu pero al revés. Intrigantes y desconocidos artilugios mentales que nos permiten dedicar la poca energía que resta a nuestras neuronas , probablemente, a otros cometidos mas interesantes, y que resultarán a la postre, especialmente rentables como indicio acusatorio, para nuestro psiquiatra, seguramente.

Por eso, ayer fue un día como otro cualquiera, y no habría habido lugar para que yo les haga perder el tiempo si no fuese porque, el vehiculo con el que me cruzaba, en la pequeña recta, para él de bajada, entre dos curvas malas- ciegas las llaman los motoristas y a mi me daba risa el nombre hasta que fui motorista, y comprendí lo que se siente cuando uno no puede modificar la trayectoria, ni frenar, ni hacer otra cosa que continuar con la cabeza por delante ante un espacio desconocido, totalmente negro hasta que podemos verlo, y del que esperamos, necesitamos, que esté desocupado y por tanto, practicable.-

Y este vehiculo, el de enfrente, aceleraba en esa circunstancia en que lo prudente habría sido lo contrario, y su conductora, pude apreciar, iba hablando con la cara vuelta hacia los ocupantes de los asientos posteriores, aunque tuvo tiempo para volver un instante el rostro hacia delante -era Yolandita, la vecina, pude reconocer- soltar su mano derecha del volante- al parecer andaba sobrada de recursos automovilísticos, de esos relacionados con la conducción, que para mi son tan parcos- y con ella persignarse. Sí. Eso fue lo que hizo que se me pusieran las meninges de punta y me permitiesen grabar el episodio. Del que salí incólume como pueden comprobar al ver que todo es igual, sin ti nada ha cambiado, como decía la canción de Los Módulos, cuyo cantante no era otro que el superviviente del accidente automovilístico de Los Ángeles.

La señal de la cruz, como el banzai de los suicidas nipones antes de despedirse del emperador-dios y a punto de saludar al dios-emperador. Igualito.

Solo que a veces las cosas no son tan sencillas. Si no tenia la menor consciencia del peligro que supone, para ella y los demás, el acelerar ante la llegada de una curva ciega, con el cuello vuelto hacia atrás, creo que el ritual religioso no podía tener el menor sentido, salvo en el caso del suicida consciente, que no es , ni fue el caso de ella. Había otra razón, que intuí enseguida, y que no era otra que el lugar sagrado en que nos encontrábamos. Nada menos que frente al portal del almacén donde se guarda la imagen sobre la que se fundamenta la cofradía del barrio, una de las diecisiete cofradías – aquí ya deberían ir recapacitando sobre la simbología de los paralelismos. Pistas: diecisiete, y también empiezan por co- y justo unos metros después de pasar junto a la iglesia mayor, y otros pocos antes de otra iglesia - que será menor supongo, puesto que mayor solo puede haber una- y pienso que en todas ellas, en media o en docena y media, le resultará obligado el hacer la señal de la cruz, el persignarse, haciendo peligros, y haciendo ver al mundo y a los espíritus maléficos e invisibles que nos acosan, la protección que semejante ademán confiere a quien lo ejecuta.

Y aquí me encuentro pillado, o piantao como en el tango, incapaz de comprender el sentido de la rutina, el valor del rito individual, y su incoherencia ante la razón, ante la evidencia de los peligros reales, y ante la necesidad de replantearnos tantas cosas, tantas creencias y actividades rutinarias, en unos tiempos convulsos -pese a que la propaganda estatal intente negarlo- en los que resulta fundamental agarrar fuerte el volante de la razón, mirar atentamente hacia delante, a la vez que pensar en que la solución no será efectiva si solo intentamos llegar, individualmente sin daño, al final del camino. Que ahora, mas que nunca hay que dejar ciertos lujos, como son los de la fe de cada uno, fe en el equipo de futbol, en la cofradía o en el partido, tanto da, y plantearnos que el bien de todos, nuestra salvación y la de nuestros hijos, la de mañana y la de pasado mañana, dependerá del tipo de conducción que hagamos.

Pero comprendo que resulte difícil si no imposible, el cambio de actitud propuesto. El quitar de los ojos la venda del fanatismo, de todos los fanatismos, y el intentar de manera voluntaria e individual superar la mayor de las carencias de nuestra sociedad, la insolidaridad que después de casi cuarenta años de libertad - otro día les hablaré del puente de la libertad, también en mi pueblo- ha calado tan hondo en nuestra forma de vida que resulta una utopía, hoy mas que nunca, pensar en conceptos como justicia- el bien común de unos pocos- u honestidad -ande yo caliente…- Así que permítanme insistir, repetirme como un rito rutinario y molesto-otra vez- con la canción de todos los días.

Así no vamos a ninguna parte.

Y como no quiero seguir en la abstracción, debo aclarar que cuando hablo de egoismo estoy hablando en realidad de intereses creados , del empecinamiento de los poderosos y de sus acólitos, los politicos, y de que utopia a lo largo de la historia ha tenido otros sinónimos como por ej. revolución, que me recuerdan demasiado a la curva ciega que se encuentra al final de la cuesta abajo, y a la cual, de momento, seguimos ignorando.


P.D.- Si se fijan bien, Angie Dickinson no conduce. El conductor era y es varón, se llama Polito, y también es vecino. He puesto la metáfora en manos femeninas solo para dar gusto al antimachismo de los/las que no pueden vivir sin algo o alguien contra quien. Lástima.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opinar es una manera de ejercer la libertad.

Archivo del blog