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domingo, 9 de diciembre de 2012

EL 2013 NOS HARÁ BAILAR. (ENSAYANDO - 1)





Otra vez comenzamos a preparar la selección anual correspondiente. Y van… 13.

Debo advertir que hemos tenido alguna petición orientadora sobre el tono a elegir, -dentro de las opciones que nos da el teclado de principiantes, con solo cuatro octavas - y ello nos complace ciertamente.
La etiqueta “By Request” -a petición- en los discos, es realmente tentadora para el productor, exento del canon-diezmo vigente en años anteriores, y para el comprador a coste cero; aunque su aceptación en este caso, nos obligaría a despreciar el resto de colores del arcoíris, que como bien sabéis, aparece en los sueños en blanco y negro. Evidentemente y por desgracia, todo aparece en blanco y negro y, a pesar de todo, sueños son.

Nos piden que presentemos una selección del genero “guachi – guachi”, con canciones en ese idioma que a todos nos gustaría dominar, incluso nos gustaría que nos gustase, como diría Homer, y para el que tuvimos  la mejor disposición timpánica, cuando nuestros tímpanos eran Hi FI, y pocas o ninguna oportunidades de aprenderlo, más allá de los títulos de las susodichas. Y aunque la idea es realmente placentera a la hora de desarrollarla, no dejaría de convertirse en labor, más que hercúlea, sisífica, de Sísifo – que lo de sáfico es otra cosa - rodando con su piedra cuesta arriba para caer una y otra vez.
Infinitos son los temas, e infinitos los estilos y autores presentes en una discografía de cien, o quizás mil a uno, respecto a nuestra querida y entrañable verbena rústica, amenizada por aquellos conjuntos rítmicos músico-vocales, propios de los tiempos en los que estamos centrando nuestra tesis. Tiempos de Imposible el ademán (El alemán para los que ahora intentan aprenderlo).

Afortunadamente, el desconocimiento de la legua sajona, nos ha evitado la comprensión de las letras de esas miles de canciones que, como casi todas, suelen  no decir nada, absolutamente nada. Tanto es así que inventaron unos subgéneros como la música bubble gum (chicle, por lo pegajoso) o jingle por aquello de las brevísimas melodías de los anuncios publicitarios, que han permanecido igualmente en la memoria a la vez que rememoran el ejercicio discotequero o guatequil  en los instantes esos en que nuestras manos sostenían el vaso duralex, luego tubo, previos a aquellos en los que las manos y los brazos se iniciaron en la lucha cuerpo a cuerpo, en la inevitable batalla de géneros, y no precisamente musicales..
Conste que su utilidad, la de los mony mony, chirpy chirpy o balla balla,  para nuestras mentes habría sido la misma que la de los cantautores con la guitarra americana (doce cuerdas) y la cinta en el pelo. A pesar de que nuestros afinadísimos oídos flotaban en niveles acústicos dignos de la excelencia, no en vano fueron los años del estéreo,  nuestras mentes, pobrinas ellas, daban de si lo que podían, impenetrables a otra cosa que no fuese la supervivencia ante los efluvios hormonales propios de la edad. 
A veces resultaba ser el texto realmente profundo, centrado en temas sociales, no necesariamente reivindicativos o revolucionarios, cuando no en el eterno existencial del cantautor que, en el caso del blues, como en el bolero, se convierte en monotemática y lacrimosa obsesión.
 Alguno se ha ido colando en anteriores selecciones, y este año no faltamos a la costumbre al incluir “The days of Pearly Spencer” aunque sigamos sin conocer y lo que es peor, sin el menor interés en comprender su contenido. Triste es por cierto, como triste era el de "Lady Madonna", o el de tantas otras.
Comprenderéis que no necesitábamos dominar idiomas lejanos para saber que es lo que nos convenía y, al parecer, nos sigue conviniendo (irregularidad en el gerundio, en lugar de conveniendo).

No obstante, no diremos que no al guachi- guachi, si bien en esa docena de recopilaciones anteriores ya hubo un par de monografías en el terreno de la maravillosa e ininteligible música cantada con voces tan alejadas de la nuestra, la vernácula, ( esta palabra será sin duda la más altisonante y obscena que podréis encontrar en este blog, y conste  que he obviado su masculino). Aunque siempre nos quedará la esperanza, la sensación de que el futuro perfecto puede esconderse en lo desconocido. ¿Que querrán decir en la letra? Mejor quedarnos con la incógnita, y dejar la confirmación de las sospechas para la narrativa barata, y para los traductores-traidores..
La idea de su continuidad queda prendida con alfiler de cabeza gorda (cabezón o arpetón) y negra, para futuras ediciones. Es un mundo, ciertamente, inabarcable, a la vez que fascinante. Su título será otro nuevo quebradero, objeto de no pocos plebiscitos y controversias: “Lo mejor de…” “Grandes éxitos del…” “Los indispensables del… Guachi Guachi”. Vaya que se admiten, y se necesitan, sugerencias.



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