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viernes, 11 de enero de 2013

RESPUESTAS DE LOS DIOSES SOBRE CUESTIONES INQUIETANTES. (SER PITONISO, ES LO QUE TIENE).


Reflexiones saludables.-

 


Sanidad pública versus privada.

Derechos sin deberes, y viceversa.

Movilizaciones sociales dieciochescas en una sociedad del veintiuno.

Lo fácil que es opinar sin antes recabar un mínimo de información. Y lo peligroso que esto resulta.

El futuro de la asistencia sanitaria en un sistema que no paga a los proveedores... ni a los trabajadores.

La eficacia de los medios de comunicación y de las organizaciones sectarias en marear la perdiz, primero, para finalmente arribar el ascua a la sardina de los de siempre.

La dudosa moralidad de un país artificial e interesadamente dividido en dos grupos antagonistas, dispuestos a que todos terminemos ciegos si con ello consiguen dejar tuertos a los del equipo rival. Algo totalmente absurdo, por imposible. (todos ciegos al final).

El bien común entendido exclusivamente como el daño infligido a un enemigo ficticio.

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El debate entre sanidad pública y privada lo comparo razonablemente con el de la banca pública y la privada.
La banca pública es, han sido, las cajas de ahorros, cuyos consejeros y dirigentes son habituales comensales, en los mismos pesebres, que los de la sanidad pública y cuya eficiencia gestora debe ser, y es obviamente, idéntica.
Hablo de la sanidad pública que es universal y gratuita, etc. y que supone ser de las mejores del mundo [transplantes, longevidad, etc.] para los crédulos.

Pensad que desde hace décadas los presupuestos anuales asignados terminan sistemáticamente con abultados déficits , que van acumulándose en ese ente mostrenco al que llamamos deuda pública que, por cierto, a todos nos gustaría que fuese privada, pero que va a ser que no.

Insostenible per se, la actualización negativa de nuestro PIB desde hace cuatro años, y su evolución, con ingratas perspectivas a medio plazo, harán inevitable la reducción de la sanidad pública a niveles de país "en vías de desarrollo". Pero si añadimos que está gestionada por los mismos que han hundido las Cajas de Ahorro, los mismos dirigentes elegidos por los mismos partidos, en función del clientelismo sagasta canovista que es el que dirige nuestro país, no resulta difícil preveer su final cercano.
Evidentemente dejar en sus manos el 12% del PIB, que es lo que nos gastamos en sanidad, supone sin dilación, idéntico final que el de las cajas de ahorros. Y creer que puede arruinarse al país tres veces, para mantener la gratuidad y universalidad de un bien como la salud, es mucho creer.



Tengo claro que la gestión de la sanidad pública, su gestión política, es realmente insostenible, y es la que pone en peligro la continuidad del sistema sanitario, si es que este es todavía viable, que es otro tema digno de consideración.
Solamente la disminución DRÄSTICA del gasto, con la correspondiente eliminación de servicios, terapias y tecnologías cuyo coste/eficiencia las hace inviables, junto con la gestión PROFESIONAL y supervisión escrupulosa por auditores imparciales, del magro presupuesto que el país pueda permitirse, podrá mantener la sanidad del mañana que, sin duda tendrá limitaciones insospechadas.

Evidentemente que no será gratis, al menos para todos, ya que habrá que colaborar según la disponibilidad de los beneficiarios. Y esto en un país donde la línea que separa deberes y derechos es movediza y usualmente transgredida por el interés partidista, que fija el objetivo absoluto en el exclusivo recuento de votos bianual, tiene pocas posibilidades de salir adelante. Algo así como justicia sanitaria, o sanidad justa y sostenible, en el reino de la fantasía.

Menos prestaciones, indudablemente, más TASAS – ese es su nombre- sin duda: pero si no se acompaña con una gestión profesional (sin injerencias partidistas) no tenemos la menor posibilidad de supervivencia.

Lamentablemente el eco mediático y las movilizaciones, entre los ciudadanos, y también entre los sanitarios, que todos son parte de eso que todavía seguimos llamando sanidad pública, lleva la consabida dirección habitual de beneficiar exclusivamente a los dueños de las urnas, que son obviamente los que elaboran las listas.

Los que prefieran seguir confundiendo la medicina privada, en la que el paciente abona el 100% de los servicios, con la de financiación pública, confundiendo a los profesionales que trabajan en exclusiva para el sistema público con el total de profesionales sanitarios, y las churras con las merinas, mejor deberían centrar sus pasiones en la dicotomía Real Madrid/F.C.Barcelona, y al menos sospechar que existen otros mundos además de este (y del otro), y que tenemos que buscarlo con expresa urgencia.

Que es el problema sanitario, solo un síntoma del tremendo error en el que está basado nuestro sistema (operativo) político, no me ofrece la menor duda. Que no hemos salido de Canovas y de Sagasta, me temo que tampoco. Claro que entonces teníamos colonias que perder y bienes que expropiar via desamortización. Hoy solo quedan los IRPF, IVA, IBI, Tasas, etc. Que en un paciente prácticamente exangüe, dejan las probabilidades de supervivencia al nivel de las que tiene Mouriño para terminar este año sin cambiar de asiento.


¿Fatalismo? Bueno, como decía el novio de Dafne, nadie es perfecto.


Y conste que lo he visto todo en la bola de cristal. Que no me invento nada.






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