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martes, 17 de septiembre de 2013

¿QUIÉN QUIERE IR A MALABO?





Pero yo quiero ir a Malabo.-

Cuando de la realidad secuestramos, censuramos, aquellos aspectos que sobresaltan a la imaginación del lector, estamos sin pretenderlo, invadiendo el terreno de la ficción, a la vez que desvirtuamos el soporte que la certeza presta a nuestra posible reacción ante los hechos.
Pero es obstinada ella, como ya sabemos, y el ignorarla solo lleva a la repetición, a pisar otra vez los mismos e indeseables charcos.
Bien es cierto que Bill Murray nos hizo reír con su disco rayado en “El día de la marmota” y que el aspecto divertido de las cosas, incluso de las más negras, tenemos que apreciarlo en su sentido reconfortante, cuando lo tenga.

Los vuelos entre Guinea Ecuatorial en el continente africano, nuestra penúltima colonia, y sus islas, han estado durante años servidos gratuitamente – nos va eso de universal y gratuito- por aviones del ejercito español, que cubrían regularmente el trayecto entre Santa Isabel (Malabo) y Bata, como auténticos autobuses con alas, en los que, curiosamente, no había que pagar billete alguno.
Con cierta, y pertinaz frecuencia, la salida de los vuelos se veía obstaculizada por el excesivo número de pasajeros, y sus variopintos equipajes, que hacían imposible el despegue.
El comandante, no obstante, explicaba al pasaje, a veces uno por uno, la imposibilidad de realizar el trayecto, si no bajaban del avión, la mitad, más o menos, de los pasajeros.

-¿Entienden lo que les digo?- preguntaba el piloto.

- Si Masa, pero yo quiero ir a Malabo- respondían invariablemente los guineanos.

Era un dialogo reiterado, un disco rayado, que solo ofrecía un surco truncado al oyente, y que terminaba siempre justo antes del maldito clic.

-Si Masa, pero yo quiero ir a Malabo-.

Allí, en ese momento, después de media hora de conversación inútil,  terminaba el viaje. Los pilotos abandonaban el aeropuerto, sin poder realizar su trabajo, y con la esperanza de encontrar un auditorio mas receptivo, al día siguiente.

Esta anécdota diaria, real, que debido al excelente juicio de los pilotos, quedaba reducida a la ejecución de un servicio inservible, de un trabajo inacabado al que tan acostumbrado estamos entre los servidores de la función pública, podía haberse transformado en tragedia si la lucidez de los aviadores no se hubiese impuesto una y otra vez a eso tan peligroso que es la insistencia del interlocutor.
Aunque supongo que un factor importante en el resultado de este pacto, consenso, acuerdo cotidiano, debió ser el que una de las partes, tenia en sus manos las llaves y la capacidad de hacer volar el aparato, y la otra solamente su empecinamiento irracional.

Ahora bien, cuando ciertos gestores de la administración pública, amparados en una crisis desgraciada que, curiosamente no les afecta a ellos, en cuanto a su numero, a sus emolumentos - mínimamente- o a su carrera profesional, deciden aplicar ese entusiasmo temerario a la hora de exigir cada día más, a trabajadores a su cargo, a subalternos que han sufrido una quita del cincuenta por ciento en sus salarios, y una merma constante, dirigida a la más que probable extinción de sus derechos, la escena cambia radicalmente.

El “Si Masa, pero yo quiero ir a Malabo” escuchado en la voz de quien ostenta el poder, y enfrentada al silencio forzado de una masa de funcionarios, hasta ayer más o menos eficientes – pese a las leyendas urbanas , propias de la ignorancia, que confunden la incompetencia del trabajador con la de los gestores que los dirigen -  ese argumento de sainete, puede provocar autentico pavor en quien lo contempla, y en quien lo sufre, aventurando un mas que probable final desgraciado, en la singladura de cualquier día venidero. La inminente catástrofe absolutamente orquestada por quien, dirigiendo los mandos del avión, no dejan de repetir “Si Masa pero yo quiero ir a Malabo”. !El Horror! que diría Conrad, Joseph. !El Horror!…

Pretenden conseguir más por menos, esa es su cantinela, su objetivo, sin establecer límite alguno en el más ni en el menos, y sin, en ningún momento, aceptar que en la desgracia de todos, en ese todos, entran ellos que, autoexcluidos, niegan la evidencia causal de todo el desastre, la incompetencia de los gestores – políticos – de la función pública, y la corrupción que los partidos – políticos, de quienes son cargos de confianza- han extendido hasta los niveles intermedios, los de ellos, en la pirámide del poder.
El caos está servido, sin necesidad de cenizos , de jeremías , ni de los inevitables pescadores en aguas revueltas.
Me temo que nos llevarán a Malabo, y que ni el viaje, ni el destino nos van a gustar.



1.- El último episodio de este tipo de viajes absurdos, lo vivimos como espectadores lejanos en 2010, cuando el Tupolev Tu-154 se estrelló en Smolenk pereciendo todos sus ocupantes, entre ellos el presidente polaco, 89 delegados gubernamentales y los miembros de la tripulación.
La causa fue el autoritarismo temerario de los que, a toda costa, querian ir a Malabo, imponiendo su dictado sobre los pilotos quienes se negaban a aterrizar en medio de la niebla.
Curiosamente, iban a realizar un homenaje a los masacrados en Katyn, otro Malabo que no conviene olvidar.
Después del desastre nadie asume responsabilidades, y menos los muertos.

2.- EL PAIS 3 de Enero de 1987 (Más lejos, pero más cerca).
"Diecioocho personas murieron ayer al estrellarse en Guinea Ecuatorial un avión de la Fuerza Española destinado en funciones de cooperación en aquel pais. El accidente en el que no hubo supervivientes, se produjo a las 16.30, al despegar el aparato, un Aviocar fabricado en la factoria española de Construcciones Aeronáuticas. La superiora general de las Calasancias figura entre las víctimas".

 

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