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domingo, 18 de diciembre de 2016

CONVERSACIONES CON MI PELUQUERO (SORDO).-






El humo ciega tus ojos, y te permite ocultar las lágrimas. Por ello aconsejan contemplar las hogueras desde una distancia prudencial, y si lloras.. no lo ocultes, hazlo para desahogarte;  y busca las causas para evitarlas en lo sucesivo.


A pesar de que una imagen suele despertar la atención en el espectador distraído, no es del todo cierto que diga más que las palabras, pocas o muchas, ni mucho menos que sea más locuaz que una cifra, o dos. Si bien habrá siempre que leer las segundas y relativizar, en el buen sentido, las terceras.


Viene a cuento de las perspectivas del presupuesto sanitario de nuestro país para 2017.

Resulta elocuente la tendencia negativa, desde casi el 7% del PIB al 5.9 % en menos de una década. Si añadimos a la calculadora el descenso del PIB durante estos años, nos acercamos al gasto real en salud y nos haremos una idea del futuro que nos espera.


La comparativa con otros países europeos, aparte de insistir en aquello de las curvas divergentes, o del futuro asimétrico, no nos va a ayudar para nada. El escuchar los consejos de  Christine Lagarde, directora del FMI, respecto a lo inadecuado de la gestión, tampoco.

Pero no estaría mal, o mejor dicho, resulta absolutamente necesario, es decir imprescindible, que se desarrolle cierto grado de pedagogía sobre el asunto, entre aquellos que no miran, no leen , ni quieren echar cuentas.



Cada vez que leo la palabra “recortes” me entran picores en las partes más innobles de mi alma, que las tiene. No es la palabra adecuada para describir ciertos eventos.

 1)      No hay dinero. Y menos que va a haber. Parafraseando al anterior presidente de gobierno, aclarando a Muñoz Molina que había mucho dinero y más que iba a haber.



 2)      Universal y gratuitas son las promesas electorales, pero la sanidad no puede serlo, es carísima, con un coste imparable debido a los avances técnicos y a la prolongación de la sobrevida en los idosos (en portugués, añosos). Y es de una temeridad escalofriante pretender que continúe por esa senda, como las vaquitas de Yupanqui, que al final resulta que son ajenas, y las penitas son nuestras.



 3)      Contemplar las movilizaciones para mantener abiertos dos o tres hospitales en sitios donde el presupuesto no llega para uno solo, me produce cierta reagudización de los picores de antes.



 4)      Añadimos que, al cántico ancestral del “Todos queremos más, y más y más…” solo habría que cambiar la palabra queremos por la de debemos, para hacer ver a los ciegos y oir a los sordos, del disparate que supone gastar energías, y voluntades, en empujar al carro cuesta abajo.



 5)      Y sí, ahora más que nunca, habría que reconocer el error sublime de dejar la gestión del mayor gasto social, el sanitario, en manos de políticos harto tolerantes con el despilfarro y con los amiguetes que guardan  junto a su corazón la mejor presa del cerdo que están despiezando en estos días de matanza. (Eso hacían, como parte del salario, las matanceras en tiempos no tan pretéritos).



 6)      Y final. Todos cómplices, los gestores ineptos, los corruptos impunes,  y los votantes, sin cuyo encomiable apoyo jamás conseguiremos hacer desaparecer la sanidad pública.





Por ello seguiremos buscando alternativas, cascotes y tableros en el paisaje después de la batalla – esa es de Wadja- para construir un refugio con los restos.


 

Feliz Navidad
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