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sábado, 27 de marzo de 2010

CUENTO CORTO CON FINAL ABIERTO


------------------------------------------------------------------------------------------------------------ DENIS HOPPER IN MEMORIAN. Y BORIS KARLOFF lo hace en TARGETS, 1968, Bodganovich.

De cuando los monstruos salen de la imaginación de los otros, de la pantalla, y se hacen carne, y pasean a nuestro lado.
De la ruptura de la barrera invisible entre el mundo ficticio y el real. Y de sus consecuencias.
De cuando la pesadilla no lo es. Te encuentras rodeado de muertos vivientes y el arma que , en sueños, te ha prestado John Wayne, no tiene balas.
De cómo quizás, sea mejor seguir durmiendo, que no dormidos, con el alcohol y con la semblanza, las hazañas de los héroes tribales, que nos faciliten la ausencia durante la noche, durante el rato ese en que la sala de proyección ,del cine que es la vida, es limpiada y aireada para reanudar su servicio en la mañana siguiente.

Se pasa uno media vida reprimiendo, o lamentando, la tendencia a la ensoñación permanente. A ese juego de intentar repetir en primera persona las vicisitudes y sobre todo los sentimientos de los personajes de la pantalla, del tebeo, de la literatura, de esos alter ego que elegimos entre el catalogo infinito de héroes que ocuparon miles de horas de nuestra infancia, que pienso sigue activa.
Tienes que aceptar las reprimendas de los mayores, que siempre por tu bien, te advierten de los peligros de la lectura, te recuerdan la definición del cine del barón aquel: Espectáculo de barraca para ignorantes sin futuro…. o simplemente, rompen en tus narices el cuadernillo del Capitán Trueno, con la mas loable de las intenciones, hacer de ti un hombre, hecho y derecho dicen, que sepa desenvolverse en un mundo adulto. Lo que no te dicen es que ese mundo va a estar lleno de fantasmas.

¿Os suena Sundance?
Supongo que a pocos. Y a menos, es decir, a algunos de esos pocos, les sonará el eco de la palabra. Su etimología iconográfica. Sundance Kid, que es de donde han extraído el nombre del festival de cine independiente norteamericano, auspiciado por el actor, Robert Redford, que encarnó al personaje, en “Butch Cassidy and Sundance kid”, aquí llamada en traducción estrictamente literal “Dos hombres y un destino”.
Hasta aquí, parafernalia cinera de un viciosillo fílmico. O algo así.

Pero el personaje sale de la pantalla, el evento se hace cercano, y el festival, la escuela cinematográfica que lleva anexada, abre una sucursal en mi pueblo. ¿No lo creéis?
Pues ahora estoy en el plano real, en el de las cuatro dimensiones.
La receta es la misma , cien veces vista en los últimos tiempos. Se cogen media docena de instituciones, nobles instituciones que albergan departamentos de dudoso o inexistente contenido: Universidad, en su extensión de cursos de verano, Caja de ahorros, obra social, sección cultural, Ayuntamiento mediante la delegación de formación y autobombo, y Fundación “Benito el del Rincón” dependiente de la Diputación y dedicada al primer proyeccionista de cine que hubo en la provincia. Todas con el mismo objetivo, el marketing, la propaganda sobre la necesidad de su innecesaria existencia, dirigida a sus comunes clientes y patrocinadores, es decir nosotros.
Se cogen y se agitan, ya digo, y sale una prolongación de la escuela de cine americano, una franquicia, aquí mismo.

De esto hace unos diez años mas o menos. De los estudios de cine de alto nivel, de las cursos hiperespecializados , llamados master, desde el pre-guión a la post-producción, o del previsible chorreo de genios del séptimo en nuestras calles, nunca se supo nada más. Ni tiene importancia, ya que el dispendio con dinero ajeno tenía otra finalidad bien distinta, como también era previsible.

Estamos en la presentación de tan ambicioso proyecto, para la que se han invitado, gastos y emolumentos incluidos, al correspondiente congreso, a varios cientos de fantasmas , y a una estrella del cine, a un fantasma de verdad.
Lo cierto es que resulta difícil, si no imposible, trabajar toda la vida, (y no me atrevo a reflejar las horas semanales para no romper la cubierta protectora que a tanta gente sigue aislando de la realidad, de manera tan eficaz, que tampoco iban a creerme), vivir ,el escaso tiempo que te queda, y dedicar tu entusiasmo y tu energía residual a la tontería. Y esa actividad que supuestamente iba a acercar Hollywood a mi barrio, tenia toda la pinta.
No obstante, hubo fastos, comidas principescas y juegos florales, nada nuevo. Y hasta unas lecciones magistrales para cinéfilos de pro, impartidas por el actor invitado. Denis Hopper.
El azar me situó cerca de la historia que intento contar.

Una comida homenaje a un compañero que nos abandona, de la única forma que debería ser posible abandonarnos si la vida solo fuese benéfica, por traslado a otro destino.
Y la coincidencia del lugar, el hotel donde el mismo día y, casi, a la misma hora se iba a impartir la primera clase sobre “Como convertir a un paisano en estrella” por el módico precio de sesenta euros. Porque era una actividad colateral y por iniciativa personal y crematística, lo que suponía un valor añadido, del bueno de Denis.
Un aficionado a la cosa, viejo compañero de cineclub, me informó del evento, en las horas en que el homenaje corporativo y la sobremesa se van extendiendo hasta intentar confundir el mediodía con la medianoche, a la vez que mostraba su extrañeza por el retraso en la aparición del ponente y me invitaba a sumarme a la experiencia o, al menos estar atento al suceso.
Y fue lo que hice. Asomarme al reservado donde una treintena de creyentes esperaban la llegada del apóstol que les ungiría con sus manos transmitiéndoles la luz de la pantalla y el olor del celuloide por tan modesto óbolo.

No me atreví a sentarme con ellos, los fanáticos en general y los feligreses en particular siempre me han producido rinitis, tos seca, escozor de garganta, etc. Por lo que suelo mantenerme discretamente apartado, en un lugar como el vestíbulo, donde siempre hay otro espectáculo simultaneo e imprevisible, y mas relajante en suma que aguantar la contagiosa impaciencia de los que esperan el bautismo, de la irritada exasperación de algunos que culpan a la organización, ausente en este caso, de la tardanza inaceptable.
Horas, me contaron, aunque para mi fueron minutos. El tiempo breve en que la escasa comitiva del actor, tres o cuatro personas con aspecto de llegar desde una fiesta que hubiese comenzado tres días antes y que anunciaba su próximo final por las limitaciones inherentes de la naturaleza humana; y entre ellos el artista, representando el papel que tan bien luciera Jack Lemmon en “Días de vino y rosas” o Dean Martin en “Río Bravo”, sin olvidar el perenne estado etílico de Albert Finney en “Bajo el volcán”, simil para que podáis daros una idea, sin necesidad de vilipendiar a un personaje, en este caso persona, objeto de mi admiración.
Avisado este por un acompañante que , antes de la retirada inevitable a los aposentos, tenia un compromiso pendiente, y del grado de responsabilidad con dicho compromiso, el tambaleante Denis, sin alterar la expresión de su inexpresivo rostro, se acercó a la puerta del reservado, aula ocasional, y apoyando su mano derecha en el marco superior para sostener la figura con la dignidad que se espera de un conferenciante, gritó, lo escuché, algo así como:

-¡First and last lesson!.
-!Don´t give your Money in advance!
!Never!.

- Primera y última lección: Jamás paguéis por adelantado.

Y ahí si, sonrió. Se dio media vuelta, y desapareció junto con las carcajadas de los amigotes, de la célula monstruosa de vividores que Hollywood intentaba mostrar al mundo entero como prueba de poder, de una industria del alma que tiene mas de cien años de vida, es decir eterna.
Me acerqué a la puerta. Esperaba la reacción de los discípulos a la homilía como corolario imprescindible.
Estupefacción, sorpresa, hasta el susurro emocionado de un fiel , en trance místico, al que oí musitar:

-Un genio. Un autentico genio.

De todo, menos indignación. Las sonrisas condescendientes de algunos que como yo mismo, podíamos ser indulgentes con cualquier barrabasada que nos hubiese jugado el chaval rubio que caía por un barranco en “Rebelde sin causa” o el psicópata mafioso que tan mala vida daba a aquella chica tan guapa de “Terciopelo azul”, a cualquiera de los centenares de marginales a los que prestó su imagen. Centenares de fantasmas que eran solo la sombra de los fantasmas reales que constituían el ochenta por ciento de la audiencia de aquel día. Todos, salvo media docena, habían acudido invitados, y pagados, por la organización a la que en cierto modo pertenecían, y la que de cierta manera les pertenecía. Razón complementaria para la ausencia de protesta. Para que se disolviese la asamblea, decepcionante par algunos e intrascendente para los mas.

Y esa es la lección que a mi me dio, gratis e involuntaria, el Sr. Hopper. La constatación, la existencia de infinidad de monstruos, de fantasmas, de parásitos invencibles, a este lado de la pantalla. Y la imposibilidad de abandonar la sala, o de cambiar de género cinematográfico en la vida real.
La barrera invisible, es el titulo de otra película que pretende hablar de racismo pero que en el fondo habla de lo mismo, de cómo en una sociedad aparentemente madura, o feliz, o establecida, como gustéis, existe un muro infranqueable entre los que aportan y los que reciben, entre los que no dejan de trabajar y de cumplir con los demás y entre aquellos que, pudiendo hacerlo, se limitan a vivir del resto, dedicando todo su esfuerzo, inútil para el colectivo, a justificar su existencia.
Aunque el tema de los parásitos, que no es un adjetivo peyorativo, o al menos no es solo eso, ya lo recogió Astilla en el comentario que hizo a al articulo Panem et circenses , del 18 de febrero., parece algo integrado en la humanidad a lo largo de su existencia, no lo es menos la necesidad de un equilibrio entre el numero de ellos y el de la humanidad productora, para permitir la supervivencia de todos, la sostenibilidad del sistema, que dicen ahora.

También la medicina habla de la necesidad del correcto diagnostico e incluso del tratamiento de las enfermedades parasitarias cuando estas ponen en peligro el organismo.
Todo está escrito, una y mil veces, desde Hipócrates, y seguramente desde mucho antes. Mas vale prevenir que curar, y otras verdades tan evidentes como la de que si no hay el mínimo interés de diagnosticar la enfermedad, es porque pensamos que negándola, esta no existe, y así estamos.

Véase:
http://hayquevivirla.blogspot.com/2010/02/veces-escribir-es-solo-leer-en-voz-alta.html#comments

P.D. Denis Hopper está en la fase de la vida, según noticias recientes, en la que va pronto a pasar al estrellato verdadero, al de los Oscar póstumos. Y como no me gustan los panegíricos necrológicos, he intentado darle las gracias por los buenos ratos. Es lo menos que le debo.
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1 comentario:

  1. La mejor manera de valorar la anecdota descrita es su atemporalidad. Es tan gráfica y reveladora si se corresponde con el periodo posterior al estreno de "Easy Driver" (en la que el "interfecto" dilapidó en una única y prolongada juerga el importe correspondiente a toda la producción del film, como si fué hace tan solo cinco años (con un Denis Hopper reciencasado por nosecuanta....vez).
    Ánimo que no Anónimo.

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