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martes, 2 de abril de 2013

La colina del adiós.- (El Pere Lachaise).- (3)






              En todo caso, me resulta obscena la idea de plantarme frente a una piedra, una losa, o un monolito, e imaginar que esa persona admirada, esté representada de esa manera. Dudo que esa extraña representación comercial – Evelyn Waugh otra vez- lleve a evocar la devoción que pueda tener por ellos. Me limito a observar el paisaje, el panorama circular, y solo ocasional e inadvertidamente, fijarme en el nombre, de la familia aristócrata, es decir ajena, que presta titularidad a cada cripta.

Una de ellas, la única realmente familiar para mi magro diccionario mental de ilustres, la de Rossini, me trasladó inmediatamente a su creación gastronómica por excelencia, a sus canelones, y más concretamente su  relleno con foie grass de pato/oca y su pizca de trufa, plato que los catalanes disfrutan en fiestas señaladas y que dada la hora del mediodía en que me encontraba, dirigió presurosamente mis pasos hacia un restaurante…coreano.
Aunque esto sería motivo de un gratificante, doblemente, relato, será por razones, que luego se verán, obvias, Gioachino Rossini, el protagonista forzoso del siguiente capítulo.

P.D.- No, Pere Lachaise no es el inventor de los Lacasitos. Yo también caí en ese error.


(1).- El asunto de las preferencias, exagerado por el paroxismo surrealista de Javier Krahe, no es ningún tema baladí. Con gusto no pica decían los abuelos, y lo cierto es que nunca sabremos si nos gusta porque la hemos elegido o viceversa. Aunque, evidentemente, si no hemos podido conocer las demás opciones, al menos alguna de ellas, la elección viene condicionada por la disponibilidad, a veces única, del motivo que satisfará nuestro gusto. Obviamente, el sujeto de los versos anteriores no conoció en primera persona los placeres de la pena capital, en sus diferentes formulaciones, ni tan siquiera su, obsesivamente preferida, la hoguera.


Conclusión que extraigo en mi humilde nivel de aprendiz en el terreno de la vida: Debes conocer todas las opciones que estén a tu alcance, y en caso de que no lo estén, moverte hasta alcanzarlas. Viajar o leer, igual da, escuchar hasta que dispongas de suficientes datos para elegir aquella que te parezca mejor. Solo entonces tendrá sentido el que intentes incorporar a tus señas de identidad aquella obra o aquel autor que, sin tu saberlo te habrán incluido entre sus afinidades electivas. Y, por supuesto, mantener abierta la puerta, el ojo avizor del rapaz que llevamos dentro, para en el momento en que aparezca otra versión mejor en el horizonte, permitir que desplace sin misericordia a la titular de tu pasión.

Bien entendido que estas reflexiones servirán exclusivamente para los pequeños tótems, dioses menores, que nos ofrecen las aficiones gratificantes que nos alegran la vida. Afortunada o desgraciadamente, otras circunstancias básicas en nuestra supervivencia como la familia, el trabajo, o el lugar de residencia no figuran entre las opciones intrascendentes que tendremos que valorar y seleccionar todos los días. De la pena capital ni os cuento.


(2).- Simone Signoret no está sola, sus restos descansan junto a los de su marido, también actor y excelente cantante, pero sobre todo luchador comprometido con las causas de los perdedores, de aquellos que la injusticia somete a unas condiciones inmerecidas. Hablo de Yves Montand quien, además de haber sido amante de Edith Piaf, enterrada por allí cerca, con el yuyu eterno que eso de descansar entre "dos mujeres a la vez, y no estar loco", puede producir. Aunque tambien lo fue de Marilyn, y ello no resta mérito alguno a su labor política, la del artista que no duda en ofrecer su imagen, y algo más, en favor de los necesitados.



 Y los necesitados éramos nosotros, compañeros, o camaradas, en los últimos años del paganismo, en los que tuve el placer de conocerlo y hacerme la foto, que ahora no repetiré ante su tumba, al lado de Melina Mercouri y otros adalides de la intelectualidad europea en su versión antifranquista, en  Torrelodones, y en vida de. Lástima de las malas compañías que frecuentaron y de ser creyentes de una fe que estaba claramente en vía de extinción. Pero insistiré una vez más, nulla estética sine ética, y los que viven de ellas deberían saberlo.

Torrelodones está cerca de Hoyo del Manzanares donde tan solo dos años antes habría tenido lugar el trágico suceso – fusilamientos, no les ofrecieron elección - que motivaba la canción de Krahe que, en modo alguno se limita a la comicidad de su primera lectura-audición.
 (Cerramos el círculo, uno de ellos).

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