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miércoles, 8 de enero de 2014

MÚSICA MAESTRO.- Edición 2014. (III)




- Y Samanta lo hechizó, con un beso que le dio.

Es la coda, el estribillo repetido de esta cumbia. Supongo no sonaría en ningún momento en los episodios de la serie “Embrujada”, y tampoco recuerdo haberla visto con asiduidad, pero indudablemente, su eco mundial tuvo consecuencias musicales como esta pequeña maravilla, que hace bien poco he redescubierto y que, ha abierto la caja de Pandora de la nostalgia combativa. Evidentemente que la hemos escuchado, e incluso bailado, aunque ahora intentemos negar lo evidente, el que estábamos allí, y entonces.

De puro elemental, sencillo y apacible, una cumbia primitiva al fin y al cabo, con la instrumentación  y los arreglos mínimos, propios de la época, resuena tan encantadora como la bruja Samanta. (Por cierto que en la contraportada figura un autor ficticio, siendo el genuino,  Eliseo del Toro y su Conjunto. Ya, ya sé que lo habíais reconocido).
Os aseguro que vais a repetir, cantando, el estribillo.

Hay otras que tienen el mismo origen, y a veces idéntica explicación, sin importar si Nat King Cole ya estaba en los años cincuenta grabando temas añejos, o si Wong Kar Wai los iba a usar como fondo musical insustituible en su “In the mood for love” y en alguna otra , sesenta o setenta años después, confirmando lo cerca de la eternidad que pueden estar algunas canciones.

Con deciros que otra “sale” en una peli de Almodóvar y que, a pesar de eso me parece extraordinaria. Por cierto, no puedo negar el gusto exquisito que tiene el manchego a la hora de elaborar las BSO, el fondo musical de sus películas. Tanto que, muchas veces podría servirnos para clonarlo como recopilación anual.
En este caso, increíbles Manzanita y Duquende, intentaron hacerme olvidar, y casi lo consiguieron, que la había escuchado por primera vez, y memorizado, en la voz de María Dolores Pradera, primero en disco y luego en alguna actuación, acompañada de Los Gemelos claro, en la plaza de toros de la capital.
Por cierto, que mal carácter y que poca mano izquierda la de esta mujer en su concierto. Es de esos artistas que, cuando termina la función, te quedas con ganas de ir a pedirles disculpas, convencido de que esa cara adusta es por tu culpa, culpables de casi todo, ya de puestos. Su emparejamiento con Don Fernando F.G, debió ser un auténtico cataclismo (otro gran bolero, cataclismo).

Creo que más que mentarlas, será mejor que cada uno las vaya descubriendo y asociando a los ratos reconfortantes que pasaron frente a una pantalla.
Aunque fuese frente a las producciones mejicanas del Churubusco Azteca – hay palabras que, unidas, se quedan para siempre grabadas como extraña melodía efervescente, pronunciad “Churubusco Azteca” y veréis – o las de sus rivales patrios, las del Molina, Farina – viene de farinato, ya hablaremos de él y de ella- y  Marifé de Triana que, por cierto, pasaba por aquí, pasaba por aquí… y no lo pude resistir. (Me encanta Aute, solo que… es cantautor y, eso no, de ninguna manera).

Más cosas.
Veréis gazapos hermosos, no importa si en el título o en el autor. No tiene importancia, son absolutas banalidades, y no merece la pena andar corrigiendo –para ello hay que indagar, corriendo el riesgo en la indagación de encontrar cosas más interesantes, que vuelven a hacerme ver que el laberinto musical es harto intrincado y peligroso. Por ello dejemos la rosa como es y, prescindiendo de colores, reconozcámosla por su olor que, pronto estaremos en la época de.
De todas maneras si tenéis interés en reafirmar la identidad precisa de alguna de estas perlas, estoy en disposición de dedicaros un par de páginas para cada una. Lo cual no creo aconsejable, y mucho menos esclarecedor.

Si, debo explicar por qué figura “Flor de Pasión”, y nada menos que en tercer lugar. Todos la hemos visto pegadita a la blanca pared en  un rincón del jardín cuando no era tan siquiera patio, se bastaba con que lo llamásemos corral. Tiempos. Hemos chupado sus hojas, masticados los estambres y succionado ese fluido semi amargo que podía confundirse con algún tipo de miel de anacardo, o de cualquier otra tan distante de la nuestra, o sea, de la miel a secas.
 También quiero recordar las analogías que los creyentes –en analogías- encontraban entre la disposición y el número de piezas que la componen, con los clavos y otros elementos imprescindibles para la crucifixión, motivo central de las fiestas de primavera. Hay que fastidiarse, con lo bonito que está el campo, echarlo a perder con esos rituales tan crueles, y con los malos pensamientos. Los pensamientos también eran flores comestibles, o al menos las hemos probado, y así hemos terminado alguno como hemos terminado.
Pero no, no tiene nada que ver con la Passiflora cerúlea, que sigue pareciéndome una flor bizarra donde las haya, tanto como puedan serlo las salamanquesas o los gazpachinos. 
Fue verla en la lista y sentirme en deuda con Juan de Pablos, paisano él, y con su programa  radiofónico de música pop, de idéntico título, centrado en los años 50 y 60. Lleva tantos años haciéndolo como yo escuchándolo, unos 35, y aunque pretenda convencerme  que el nombre viene de la canción “Passion Flower” de Fraternity Brother´s, sospecho que no. Que después de sugerir dos o tres títulos para el programa y comprobar que todos eran los de ciertas canciones de Julio Iglesias, decidió ponerse a silbar y le salió esta del Trio Guadalajara. Otra falsedad, porque no son de Guadalajara, que son mejicanos. Mundo este.
Con deciros que Passión Flower para los americanos significa Flor del mal, ya iréis comprendiendo en el lio que podemos meternos. Película de William C. De Mille 1930.
A mí me encanta – la canción- es de esas que te hacen bailar desde su comienzo y seguro que a Juan de Pablos también le gusta pero jamás se atrevería a incluirla en su programa. Magnifico coctel de guachi guachi el suyo, con la inclusión de algún héroe de la música hispana de cuando entonces. Deuda de gratitud con el locutor más soso, y que inevitablemente  desprende el carácter que no puede ocultar, el de una buena persona. De su gusto musical no puedo decir más que aquello que lo define,  coincide con el mío y con los miles que  llevamos tantos años pegados al transistor, escuchándolo.  Conste que  hemos publicado ya en lugar honorífico su sintonía de cierre, “Azurro”, de Celentano, esa marcha militar que se ha convertido en himno deportivo italiano y algo más.
Pero lo que sucede siempre frente a un collar de perlas como estas, es que te saben a poco, la adicción se convierte en angustia y esta busca terapia donde puede. En las otras trescientas que están esperando para años venideros.


 



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