Resulta arriesgado el dejar la dirección del recorrido hacia
nuestro destino, en manos de un aparato de reciente aparición (adolescente la
criatura), a la espera de la tercera o cuarta generación en la que el termino
fiabilidad se superpone al de credibilidad entre humanos, asumiendo la imperfección de esa novísima
brújula y su estupefaciente funcionamiento, estupefacción real y no solo
sustentada en el parecido nominal entre bruja y brújula, ya que todavía nos
parece diabólica la aparición de cualquier nuevo gadget (desconozco el
sustituto legal de esta palabra) facilitador de tareas hasta ahora complejas.
A veces culpamos del presunto error a la actualización
deficiente del mapa virtual que integra el adminiculo (¿sirve esto en lugar de
gadget, o las dos últimas silabas lo descalifican?) debido a la desaforada
modificación de las rutas por los responsables de Obras Públicas y de los
concejales del ramo, cuya única misión
queda reducida a estos dos mandamientos: 1) Gastar mucho y 2) Que se
note.
Pero raras veces nos planteamos las auténticas razones de la
rebeldía del navegador y de los inconvenientes que nos origina.
A mi se me ocurre, de entrada, que resulta impropio llamar
navegador a esta aplicación GPS diseñada como ayuda del genuino navegador y
navegante que, obviamente soy yo.
E inmediatamente surge la obsesión que busca y encuentra
razones del actual desastre y el paralelismo en el error, el de llamar
navegador a quien no lo es y representante democrático a quien tampoco.
Los veo perdidos, balbuceando silabas que parecen repetir
una y otra vez, dicen que están constantemente recalculando el recorrido.
Seguir confiando en quien está recalculando el recorrido
tiene sus riesgos. Personalmente intento apagar el navegador -generalmente sin
éxito- y busco una alternativa sensata que me permita llegar a casa.
Y solo al llegar a ella se calla Sonia. “Ha llegado a su
destino” musita apenada, como si sintiese lástima de mi soledad ante la
ausencia de su excitante conversación: Recalculando el recorrido.
PD.- Absolutamente incapaz de apagarlo, a pesar de haber
buscado las instrucciones en el libro de ídem, 780 inútiles páginas, y de
consultar infructuosamente los foros respectivos. Cuando se raya (por una vez
el neologismo no lo es) la buena mujer, tengo que soportarla hasta que llega a
su destino.
De apagar a los otros ni os cuento, ni lo intento. Presiento
que mi incapacidad se evidencia ya en el
primer nivel, en el del sudoku fácil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Opinar es una manera de ejercer la libertad.