sábado, 11 de diciembre de 2010

LO MEJOR DE LO PEOR. 1.-


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Estamos en lo mejor… de lo peor.

Hay dos cosa que odio de los chistes. Una es no tener gracia para contarlos, y la otra tener que explicarlos para poner en evidencia dos veces, mi ineptitud.

Por ello, me limitaré a dar pistas.

Estamos llegando a una edad en la que el eje de la balanza ha alcanzado un equilibrio que se supone temporal. La otra mitad que nos queda por delante va a desequilibrar el fiel, y lo va a hacer cada vez con más evidencia. Por tanto, aprovechemos el tiempo presente que, sin duda va a ser, lógicamente, mejor que el venidero.

(Ahora comprenderéis lo que antes os decía y, como, después de la explicación, me quedo mas tranquilo).

Por supuesto, que ese es el título del disco de este año. 2011.


2011. Apología del Chin-pun. Para variar.

Buscando la complicidad, sin dejar claro los medios usados, ni el fin del crimen, o sea la pequeña transgresión, la inocente heterodoxia que en el fondo solo busca una sonrisa, supongo que he dejado en blanco a los lectores en ocasiones incontables, al igual que a los escuchantes de las recopilaciones musicales cuyo mayor y quizás único mérito sea el remordimiento, ante la ausencia de placer.

-¡Pecado!, ¡Pecado!-

Gritaba ¿? el sordomudo gigante en medio de la noche, cuando la tentación de sus interminables quince años superaba la barrera del mal, que le habían incrustado en la mente inocente, y eternamente infantil, en el colegio especial donde también habían logrado hacerle pronunciar media docena de palabras,” mama” era una de ellas, otra “pecado”, la mas conveniente para la salvación de su alma angelical.

Diría que es uno de los personajes de “El corazón es un cazador solitario” de Carson MacCullers, si no fuese porque realmente, he escuchado el grito del mudo en la noche. Y además creo que he entendido su significado, al menos en lo que me atañe.

Pecado es pretender que alguien comprenda aquello que escribo, ocultando las claves a sabiendas, por sabidas. Por pretender que el pensamiento es algo único y universal y basta un eco individual, un ligero matiz en la más compleja de las reflexiones existenciales, para que inmediatamente se contagie y crezca en los demás como premio a la mezquina apuesta del amago de idea, del embrión que, sin llegar a feto, es lo máximo que puedo aportar.

Pecado y remordimiento es la ausencia de empatia, la falta de ponerse en lugar del que lee, del que escucha o del que oye las canciones sin la imprescindible referencia del hilo con el color preferido de sus recuerdos, o de sus sentimientos, consiguiendo que el poco espíritu que sobrenada en la nada del mensaje, se confunda con esta.

Y es que, si la nada no es lo que parece, no siempre estamos dispuestos a desentrañarla, a investigar lo que hay detrás de una pregunta sin respuesta, o de una perogrullada, boutade aparente, cuando no de una música que a alguno retrotraerá a una época cuando las carencias eran inexistentes porque desconocíamos que existiera todo aquello que no estaba a nuestro alcance. Ni falta que hacia.

Pero resulta difícil dejar de pecar, dejar de contar las cosas a medias, dejando el resto, el fundamento, a la generosidad del espectador indefenso cuando no – y es justo – desinteresado.

Como el alacrán dijo a la rana antes de clavarle el aguijón que condenaría a los dos, “Es mi condición”.

Y si uso el subterfugio de la confesión o de la contrición es solo para alejar el fantasma de la culpa ficticia, -y todas lo son-, que nos inculcaron en el asilo de alienados de donde, como los delirantes personajes de Eduardo Mendoza, o los deficientes – ahora discapacitados- de MacCullers, nunca debimos haber escapado.

Dicho esto. Vuelvo a las andadas.

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